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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-07-2012

La impunidad de la amenaza

Javier Couso
Hablando Repblica


Si hace unos meses me asustaba ante la brutalidad policial contra adolescentes valencianos y la presencia de elementos simpatizantes de las ideas ultraderechistas o neonazis en los cuerpos de intervencin policial, las ltimas semanas muestran un repunte de las ciber-amenazas fascistas contra personas relevantes en el mbito de la izquierda o el activismo social.

Que los grupsculos de la extrema derecha estn muy vivos lo sabe cualquiera que haga un mero ejercicio de observacin y que su actividad no ha sido jams perseguida con firmeza por los dos grandes partidos es evidente.

Desde las tramas negras vinculadas a la red GLADIO de la OTAN desveladas por el Juez italiano Felice Casson, que en Espaa dependan directamente de los servicios secretos del Almirante Carrero Blanco, a las pandillas de nazis articuladas en torno al hooliganismo futbolero, han pasado ms de cuarenta aos para que, en mayor o menor medida, el espectro de la derecha extrema mantenga una presencia sostenida en el tiempo debido a la colaboracin directa o a la laxitud indirecta.

Desde luego, las denuncias sobre conciertos, campamentos de entrenamiento, publicaciones, agresiones,... no han venido solo del activismo antifascista que, desde finales de los aos 80, investiga y combate de manera directa esta amenaza. Onegs como el Movimiento Contra la Intolerancia o SOS Racismo vienen sealando la tolerancia de instituciones polticas, judiciales y policiales.

Recientemente he podido ver el documental Ojos que no ven [1], un gran trabajo de investigacin del realizador Luis Moles. En l se visualiza y se da voz a las vctimas del odio fascista en democracia, personas invisibilizadas bajo el velo del discurso de la mejor Transicin, aquella que supuestamente acab con los vestigios franquistas.

Pero la realidad, cuando se busca, es tozuda y, por lo menos, 85 asesinatos con nombres y apellidos recogidos en la web del documental [2] empaan ese relato de cosas del pasado con el que la derecha y la pseudo-izquierda cierran cualquier debate sobre la presencia del odio faccioso.

No es nada extrao esta indiferencia en un pas que dej las heridas abiertas, que no compens ni honr a los hroes que se enfrentaron a un golpe de estado de inspiracin fascista que condujo a una guerra civil y a un rgimen que se dedic al exterminio sistemtico de cualquier identidad fsica o cultural diferente.

Hoy, 37 aos despus de la muerte del dictador, ms de cien mil compatriotas permanecen enterrados en fosas clandestinas, lo que nos otorga el segundo lugar del mundo en nmero de desaparecidos. Subcampeonato del horror conseguido con el tesn de los dos partidos de la alternancia bipartidista en construir una cultura de la desmemoria renunciando a la reparacin y a la justicia.

Un Partido Popular que no se puede permitir mostrar su ADN franquista en hijos y nietos que hoy ocupan cargos de alta responsabilidad partidista o institucional. Un PSOE que comparte con el PP la doctrina de dejar tranquilas las cloacas del Estado para recurrir a ellas en momentos de excepcin como nos dej claro el GAL, terrorismo de estado que aun en la chapuza asesina a la ultraderecha patria con los restos de la OAS francesa, engarzadas las dos como es habitual, por la hez de la mafia, en este caso marsellesa.

Que no se toquen las tramas negras o pardas parte de una concepcin putrefacta del ejercicio del poder. Servicios que se dejan fermentar a su antojo para recurrir a ellos cuando hay que traspasar la fina lnea de la legalidad. Los camorristas, los escuadristas, los Freikorps, las SA, los grupos de tareas, los matones mafiosos,... son ejemplos del uso ilegal de la violencia en defensa de una supuesta razn de estado.

No s si ser el caso, pero todas estas reflexiones me surgen al pensar en la inaccin institucional, judicial y policial ante las amenazas, con filtracin de datos personales y evidencias de seguimiento, a la Diputada de IU en la Asamblea de Madrid, Tania Snchez Melero [3].

Si existe esta dejacin con alguien aforado y especialmente protegido, puedo imaginar lo que le sucede a cualquier persona sin proyeccin pblica que est en el punto de mira de estos pistoleros.

Las amenazas a gente conocida son la punta del iceberg de la presencia soterrada de un terrorismo de baja intensidad que, con decenas de asesinatos y agresiones, pretende amedrentar a la izquierda real.

Partidos, organizaciones sociales y sindicatos deberan tomarse ms en serio esa dejadez gubernamental sospechosa y exigir de manera enrgica investigacin, denuncia pblica, comparecencias al ms alto nivel y, por supuesto, castigo legal.

La impunidad es la cueva donde se incuba la peste y ya sabemos por los millones de muertos que nos muestra la Historia como se las gasta la peste parda cuando est desatada.

Notas:


[1]: http://www.ojosquenoven.org/Ojos_Que_No_Ven/Inicio.html

[2]: http://www.ojosquenoven.org/Ojos_Que_No_Ven/Las_victimas.html

[3]: Amenazas

Fuente: http://hablandorepublica.blogspot.com.es/2012/07/sihace-unos-meses-me-asustaba-ante-la.html



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