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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-07-2012

Con los ojos abiertos. Una mirada para cambiar de disco

Yayo Herrero
xodo


Dice Jorge Riechmann en un poema titulado Con los ojos abiertos:

Quiero ver todo lo que va a venir () quiero estar en la calle / dentro del laberinto / amaestrando el hambre y la angustia / sin ovillo de hilo y con los ojos abiertos.

Mirar lo que nos est viniendo en los ltimos meses no es fcil. La ofensiva neoliberal sobre todos los aspectos que afectan a la vida de las personas es brutal. En apenas unas semanas vemos desintegrarse delante de nosotras una buena parte de las conquistas sociales que ha costado siglos construir.

Los llamados recortes sociales son verdaderas amputaciones de las condiciones bsicas de humanidad. Es la destruccin de los resquicios de reciprocidad, de los escasos retazos de solidaridad que permiten que seamos sociedad.

Mirar dnde estamos hoy es realizar un imprescindible ejercicio de amargura. Imprescindible, porque sin realizarlo, no es posible atisbar las pautas que nos permitan establecer salidas viables, porque sin abarcar la magnitud de la devastacin no es posible acumular la fuerza necesaria para resistir y construir.

Con los ojos abiertos y mirando desde diferentes rincones podemos construir un relato que nos permita entender por qu vivimos en un mundo que le ha declarado la guerra a la vida y quines son los que han dado la orden de abrir fuego.

Para ello, es preciso salir de la respuesta a cada golpe concreto y tratar de comprender globalmente qu est pasando. Confrontar con cada medida neoliberal concreta es difcil. Este sistema necesita un rdago, ya no valen pequeas victorias parciales, aunque no hay que despreciarlas.

Volver a las preguntas bsicas. Quines somos? Qu sostiene nuestra vida? Qu necesitamos? Cmo podemos producirlo para todos y todas? Cmo nos organizamos?

Mirar con nuestros propios ojos dnde queremos y podemos estar es un ejercicio de esperanza porque no es cierto que no haya alternativas, slo nos falta construir poder colectivo para construirlas y para parar a ese 1% que sacrifica todo lo vivo en los altares de la acumulacin.

Somos en un mundo con lmites y restricciones

Si nos preguntamos de qu depende la vida humana, nos encontramos de inmediato con dos importantes dependencias materiales.

En primer lugar, dependemos de la naturaleza. Somos parte de la naturaleza. Respiramos, nos alimentamos, excretamos y somos en la naturaleza. Sin embargo, las sociedades occidentales son prcticamente las nicas que establecen una ruptura radical entre naturaleza y cultura; son las nicas que elevan una pared entre las personas y el resto del mundo vivo.

Comprender la cultura y la naturaleza en trminos de opuestos impide comprender que destruir o alterar de forma significativa la dinmica que regula lo vivo, pone en riesgo la vida humana.

La dependencia ecolgica nos sume de lleno en el problema de los lmites. Vivimos en un mundo que tiene lmites ecolgicos. Aquello que es no renovable tiene su lmite en la cantidad disponible, ya sean los minerales o la energa fsil. Pero incluso aquello renovable tambin tiene lmites ligados a la velocidad de regeneracin. El ciclo del agua, por ejemplo, no se regenera a la velocidad que precisara un metabolismo urbano-agro-industrial enloquecido. Se renueva a la velocidad que los miles de millones de aos de evolucin natural han determinado. Tampoco la fertilidad de un suelo se regenera a la velocidad que quiere el capitalismo global; se regenera al ritmo marcado por los ciclos de la naturaleza.

En estos momentos el metabolismo econmico ha superado totalmente los lmites del planeta. Hoy, ya no nos sostenemos globalmente sobre la riqueza que la naturaleza es capaz de regenerar, sino que directamente se estn menoscabando los bienes de fondo que permiten esa regeneracin.

En cuanto a la segunda dependencia humana, hay que decir que somos seres profundamente interdependientes. Desde el nacimiento hasta la muerte las personas dependemos materialmente del tiempo que otras personasnos dedican. Somos seres encarnados en cuerpos vulnerables que enferman y envejecen y la supervivencia en soledad es sencillamente imposible. Dice Santiago Alba en El naufragio del hombre, que hasta para amarse a s mismas las personas necesitan hacerlo a travs de una instancia colectiva, de una comunidad social, poltica y cultural elaborada mediante una accin compartida.

En trminos de vida humana, los lmites los marca nuestro cuerpo, contingente y finito. El sistema capitalista vive de espaldas a este hecho y considera el cuerpo como una mercanca ms. Siempre tiene que estar nuevo y flamante (Alba, 2010). Y si no se asumen la vulnerabilidad de la carne y la contingencia de la vida humana, mucho menos se reconocen aquellos trabajos que se ocupan de atender a los cuerpos vulnerables, realizados mayoritariamente por mujeres. No porque estn mejor dotadas genticamente para hacerlos, sino por el rol que impone el patriarcado en la divisin sexual del trabajo.

El sistema capitalista y la ideologa neoliberal viven de espaldas a ambos tipos de dependencia e ignoran los lmites o constricciones que stas imponen a las sociedades. Operan como si la economa flotase por encima de los cuerpos y los territorios sin depender de ellos y sin que sus lmites les afecten. La economa feminista seala que existe una honda contradiccin entre la reproduccin natural y social y el proceso de acumulacin de capital (Piccio, 1992).

Compatibilizar la reproduccin social y el mantenimiento de la vida con la acumulacin creciente ha sido difcil siempre, el movimiento obrero, el ecologismo y el feminismo pueden dar testimonio de ello, pero cuando hablamos de un planeta parcialmente devastado y de una cantidad creciente de personas que son residuos para el sistema, es ya imposible. Ambas prioridades no pueden convivir. Si los mercados no tienen como principal objetivo satisfacer las necesidades humanas, no tiene sentido que se conviertan en el centro privilegiado de la organizacin social.

A partir de esta crisis econmica-financiera que estallaba en 2007 y que mostraba los burdos costurones que sostienen ese sistema que se autopresenta como infalible y ante el que no hay alternativa, estamos viviendo la aplicacin de lo que Naomi Klein denominaba hace unos aos la Doctrina del Shock. Una aplicacin que hasta ese momento slo habamos visto a travs de las pantallas y en otros pases pensando que eso nunca se iba a producir en medio de la civilizada Europa.

Las sociedades supuestamente democrticas estn recibiendo una serie de golpes tan brutales y rpidos, estn encarando unos hechos tan terribles, que las personas se aturden y no son capaces de calibrar el alcance de lo que est sucediendo. Ante esta prdida del relato, de la mnima racionalidad con que comprendemos lo que pasa, el capitalismo se aprovecha para tratar de quebrar todo aquello que le pone algn tipo de freno, incluida la capacidad de construir una explicacin y un proyecto alternativo.

Un golpe de Estado global

La forma actual que ha tomado el capitalismo es diferente de los modelos clsicos de produccin y distribucin que tena el capitalismo clsico y desbarata todo lo que se haba definido como Estado social.

El hecho de que el sistema financiero ofrezca mayores rentabilidades a los capitalistas que el sistema productivo ha convertido la economa en un proceso loco en el que lo nico que importa es producir capital para producir ms capital. Lo de menos es si por el camino se resuelven algunas necesidades (Fernndez Liria, 2010).

El capitalismo clsico se ha desarrollado de espaldas a los lmites ecolgicos y la dependencia de los trabajos no remunerados en los hogares, pero esta nueva dimensin sigue ignorando las mismas cosas y ha ahondado y acelerado vertiginosamente el proceso de destruccin.

Si miramos lo que est pasando, nos encontramos con una situacin francamente inquietante. En apenas un ao, hemos visto volatilizarse muchos de los elementos constitutivos del Estado de derecho.

Despus del estallido financiero lo que se produce es una ruptura en el proceso de acumulacin y de valorizacin de capital en los circuitos financieros. Era una crisis fundamentalmente del capital. Es la presin de los mercados ante su crisis la que obliga a poner en marcha una serie de polticas que permitieran regenerar rpidamente las tasas de ganancia. Y son estas polticas de recuperacin de la ganancia las que implican un ataque masivo a las condiciones de vida. Tal y como seala Amaia Prez Orozco, se colectivizan los riesgos para el capital, mientras que se recluyen, se privatizan en los hogares los riesgos para la vida.

Los golpes se suceden velozmente y como dice, hasta con un toque de chulera, el presidente del gobierno cada viernes habr nuevos recortes. Apenas somos capaces de darnos cuenta de cunto perdemos en esta sucesin de declaraciones que abren decenas de frentes en los que manifestarse y resistir.

Fue premonitoria aquella Directiva de la Vergenza que permita recluir a las personas migrantes que no tuvieran papeles. Hemos visto aterrados cmo deja sin atencin sanitaria a 150.000 personas migrantes, cmo se pretende que aquellos jvenes de ms de 26 aos que no hayan cotizado tampoco tendrn derecho a sanidad pblica?

Se ha dinamitado la negociacin colectiva y cada persona que trabaja debe negociar individualmente con la persona que le emplea. Con esto se rompe una de las mayores conquistas que haban logrado las luchas obreras.

Hemos visto cmo en Grecia o Italia han llegado a los gobiernos tecncratas de Goldman Sachs que han entrado por la puerta de atrs. Sin ni siquiera participar en la parte ms ceremonial de la democracia.

Se esgrimen criterios de austeridad (en realidad una llamada a la resignacin ante el expolio) y se culpabiliza a una sociedad que vivi por encima de sus posibilidades. Se aprovecha para recuperar un aejo discurso de la domesticidad, y el feminismo y el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, se convierten en movimientos e ideas a criminalizar.

Entidades como las agencias de rating, privadas y fuera de cualquier control democrtico, califican, basndose en criterios oscuros, el riesgo o solvencia de un pas. La deuda de un Estado pasa de solvente a insolvente de un da para otro y se convierte en un elemento de especulacin.

Que se reforme la Ley Laboral, se recorte la ya raqutica Ley de Dependencia, que suban las tasas universitarias o se deteriore la calidad de la educacin pblica, depende de una esotrica prima de riesgo cuyo designio escapa al control de cualquier gobierno democrtico.

Muchas de las medidas anteriores se han tomado con la excusa de crear empleo, pero el hecho real es que el nmero de personas paradas no deja de crecer y se percibe la aparicin de mecanismos de luchas entre pobres: personas precarias o paradas perciben como privilegiadas a aqullas que todava tienen un contrato decente y un salario digno.

Y por si alguien pretende oponerse a estas medidas brutales, tambin se pretende modificar el Cdigo Penal, de modo que la resistencia pacfica, la huelga o la protesta se conviertan en delito. Se trata de que tengamos miedo de confrontar y de que nos tengamos miedo entre nosotros, de crear la idea del otro violento que impida sumar poder colectivo. Parece que, como dice Fernndez Liria, para dar libertad al dinero hay que encarcelar a la gente.

Los elementos invisibles de la crisis

Debajo de la crisis financiera se ocultan varias dimensiones de la crisis que son estructurales y que deben estar presentes en los anlisis si queremos hacer propuestas viables. Vamos a referirnos de una forma muy somera a la crisis ecolgica y a la crisis de cuidados.

La crisis ecolgica

En el plano ecolgico, podra decirse que tambin se ha dado un golpe de Estado en la biosfera. Se ha condenado a los ecosistemas a trabajos forzados no al servicio del mantenimiento de la vida, sino al servicio de la acumulacin.

Nos encontramos en primer lugar con la crisis energtica. Incluso instituciones perfectamente alineadas con el sistema como la Agencia Internacional de la Energa (AIE) reconoce que en 2006 se alcanz lo que se denomina el pico del petrleo, ese momento en el que se han extrado la mitad de las reservas existentes de petrleo convencional. A partir de ese momento cada ao se ha venido extrayendo un 6% menos que el ao anterior.

Qu implicaciones tiene que se est agotando el petrleo en un mundo que podra decirse que come petrleo? Obviamente las consecuencias son de una dimensin enorme.

Los pases denominados enriquecidos han perdido su soberana energtica. Son absolutamente dependientes de las materias primas que vienen de terceros pases. Si se pusieran fronteras a las materias primas del mismo modo que se le ponen a las personas migrantes, nos encontraramos con que las economas ricas no aguantaran mucho tiempo, porque aquello de lo que nos alimentamos, lo que sostiene nuestro sistema de distribucin de bienes y servicios, las canalizaciones de suministros bsicos, lo que nos viste, lo que nos mueve, depende del petrleo y viene de fuera.

Pensemos, por ejemplo, en una ciudad como Madrid, donde no se produce absolutamente nada que sirva para estar vivo, donde todo lo que necesitamos entra en la ciudad en camiones o a travs de canales. Las personas recorren cada da decenas de kilmetros para ir a trabajar, a cuidar a sus familiares o hacer la compra. Hay personas, incluso, que van y vienen todos los das desde Toledo, Cuenca o Valladolid... El sistema de movilidad es una absoluta locura que funciona slo porque existe energa fsil barata.

Ante esta hecatombe, resurge el sueo nuclear. Aparte de la peligrosidad de las instalaciones de produccin de energa nuclear y los residuos que se generan y que continan siendo peligrosos varios miles de aos despus, existe otro problema estructural. La energa nuclear depende del uranio, otro recurso no renovable. El pico del uranio est calculado para dentro 50-60 aos, aunque algunos sectores ms optimistas hablan de la existencia de reservas para 200 aos, en ambos casos al ritmo de consumo actual. Huelga decir que si actualmente la produccin de energa nuclear satisface aproximadamente el 2% del consumo energtico, aumentar hasta un inimaginable 20% supondra en el caso de la previsin ms optimista el colapso por inanicin de combustible de las centrales nucleares en 20 aos. Eso s, despus de haber dejado el planeta lleno de centrales peligrosas y de residuos que deberan ser gestionados los prximos milenios.

Qu nos queda entonces? Nos quedan las energas renovables y limpias, esas a las que el gobierno espaolha aplicado una moratoria.

Las renovables pueden dar satisfaccin a las necesidades humanas, pero no con los niveles de consumo que tenemos hoy, y menos en el marco de sociedades que pretendan seguir creciendo. Basar la vida en la energa renovable y limpia no da para vuelos low-cost, no da para consumos individualizados y generalizados, por ejemplo, de aire acondicionado, no da para un uso generalizado de coche privado, no da para comer carne todos los das de la semana... Da para mantener niveles de vida dignos, pero mucho ms austeros en lo material.

Es decir, que tenemos un problema estructural bastante gravey los gobiernos de momento parece que no tienen ningn plan B. Y lo nico que sugieren es una huida hacia delante.

Un segundo problema ecolgico central es el cambio climtico, que ha desaparecido de las agendas polticas y mediticas. El calentamiento global que causa un metabolismo agro-urbano-industrial sostenido sobre las energas fsiles est provocando una alteracin global de los regmenes de precipitaciones (cantidad de lluvias, distribucin, fenmenos catastrficos), de las dinmicas de las aguas marinas (nivel, temperatura, corrientes), de las interacciones que se dan en los ecosistemas, adems de una diferente distribucin de tierras y mares por el ascenso del nivel del mar.

La subida rpida de la temperatura media del planeta influye en los ciclos de vida de muchos animales y plantas que, sin tiempo para la readaptacin, sern incapaces de alimentarse o de reproducirse. Tambin supone la reaparicin de enfermedades ya erradicadas de determinadas latitudes. La alteracin del rgimen de lluvias implica sequas y lluvias torrenciales que dificultan gravemente la supervivencia de las poblaciones que practican la agricultura y ganadera de subsistencia. El deshielo de los polos derivar en la inundacin progresiva de las costas y la prdida de hbitat de sus pobladores. La reduccin de las poblaciones de determinadas especies animales y vegetales repercute en la supervivencia de otras especies dependientes de estas, y la cadena de interdependencias arrastra a todo su ecosistema. Estos cambios dificultan la produccin de alimentos para los seres humanos.

De no reducir de una forma significativa las emisiones de gases de efecto invernadero la situacin puede ser dramtica. Pero una reduccin significativa de emisiones en los pases ms ricos, que son los que ms emiten y mayor responsabilidad histrica tienen, significa un cambio importante en los modos de produccin, las tasas de ganancia, el consumo, el comercio y la movilidad en estos pases. No es de extraar que al mismo tiempo que los pases pertenecientes a la Unin Europea aprueban drsticos recortes sociales para transferir riqueza de las personas a los capitalistas, en la Cumbre del Clima de Durban, los pases ms contaminantes se negasen a reducir sus emisiones, aunque eso ponga en una situacin tremendamente vulnerable a muchas personas en los pases de la periferia.

El panorama de deterioro global se completa si aadimos el aumento de incertidumbre que suponen la proliferacin de la industria nuclear, la comercializacin de miles de nuevos productos qumicos al entorno que interfieren con los intercambios qumicos que regulan los sistemas vivos, la liberacin de organismos genticamente modificados cuyos efectos nocivos cada vez estn ms documentados o la experimentacin en biotecnologa y nanotecnologa cuyas consecuencias se desconocen.

La crisis ecolgica tambin tiene su expresin en el mbito social. El sistema econmico basado en el crecimiento continuado se ha mostrado incapaz de satisfacer las necesidades vitales de la mayora de la poblacin. Hasta el presente los sectores sociales con ms poder y ms favorecidos han podido superar los lmites de sus propios territorios recurriendo a la importacin de biodiversidad y servicios ambientales de otras zonas del mundo poco degradadas y con abundancia de recursos. Pero esto est dejando de ser as, y estas reas tambin se comienzan a deteriorar, agravando la situacin de las poblaciones ms empobrecidas del mundo que llevan ya dcadas sufriendo esta guerra ambiental encubierta.

Son ms conocidos los datos que muestran las enormes desigualdades sociales entre el centro y la periferia en trminos de renta. Pero las diferencias en trminos fsicos son tambin enormes.

La sexta parte de la poblacin mundial, principalmente ubicada en los pases enriquecidos, consume el 80% de los recursos disponibles, mientras que los 5/6 restantes utilizan el 20% de los recursos.

Segn el informe Planeta Vivo (WWF, 2010: 38-39), se calcula que a cada persona le corresponden alrededor 1,8 hectreas globales de terrenos productivos. Pues bien, la media de consumo mundial supera las 2,2 hectreas y este consumo no es homogneo. Mientras que en muchos pases del Sur no se llega a las 0,9 hectreas, la ciudadana de Estados Unidos consume en promedio 8,2 hectreas per cpita, la canadiense 6,5, y la espaola unas 5,5 hectreas.

Si toda la poblacin del planeta utilizase los recursos naturales y los sumideros de residuos como la media de una persona espaola, haran falta ms de tres planetas para poder sostener ese estilo de vida. Es la tnica de cualquier pas desarrollado y pone de manifiesto la inviabilidad fsica de extender este modelo a todo el mundo.

El deterioro ambiental impacta de lleno en las comunidades humanas y sus modos de vida. En todos los lugares del mundo la irracional y creciente explotacin de los recursos naturales no slo da origen a problemas ambientales, sino tambin a numerosos y gravsimos conflictos sociales que Martnez Alier (2004) ha caracterizado como conflictos ecolgico distributivos.

Los impactos fsicos y sociales de estos conflictos han conducido a acuar el concepto de deuda ecolgica (Martnez Alier, 2004) para reflejar la desigual apropiacin de recursos naturales, territorio y sumideros por parte de los pases enriquecidos. Estos pases habran contrado una deuda fsica con los pases empobrecidos al superar las capacidades de sus propios territorios y utilizar el resto del mundo como mina y vertedero.

La crisis de cuidados

Del mismo modo que los materiales de la corteza terrestre son limitados y que la capacidad de los sumideros para absorber residuos no es infinita, los tiempos de las personas para trabajar tampoco lo son. Si la ignorancia de los lmites biofsicos del planeta ha conducido a la profunda crisis ecolgica que afrontamos, la ignorancia de la interdependencia a la que hacamos referencia al comienzo de este texto y los cambios en la organizacin de los tiempos que aseguraban la atencin a las necesidades humanas y la reproduccin social, tambin ha provocado lo que se ha denominado crisis de los cuidados.

Por crisis de los cuidados entendemos el proceso de desestabilizacin de un modelo previo de reparto de responsabilidades sobre los cuidados y la sostenibilidad de la vida, que conlleva una redistribucin de las mismas y una reorganizacin de los trabajos de cuidados (Prez Orozco, 2007: 3 y 4).

En primer lugar destaca el acceso de las mujeres al empleo remunerado dentro de un sistema patriarcal. La posibilidad de que las mujeres sean sujetos polticos de derecho se percibe como algo vinculado a la consecucin de independencia econmica a travs del empleo. Sin embargo, el trabajo domstico no es un trabajo que pueda dejar de hacerse y el paso de las mujeres al mundo pblico del empleo no se ha visto acompaado por una asuncin equitativa del trabajo domstico por parte de los varones.

Dado que es un trabajo del que depende el bienestar de muchas personas y que no puede dejar de hacerse, y que los hombres no se responsabilizan de l, las mujeres acaban asumiendo dobles o triples jornadas y ajustando las tensiones de un sistema econmico que se aprovecha de ese trabajo, pero que no lo reconoce.

El envejecimiento de la poblacin, la destruccin de espacios pblicos para el juego y la necesidad de supervisar el juego en la calle, las transformaciones urbansticas y el crecimiento desbocado de las ciudades; la precariedad laboral que obliga a plegarse a los ritmos y horarios que impone la empresa y la prdida de redes sociales y vecinales de apoyo, ha agravado las tensiones entre el mundo pblico de los mercados y el mundo privado de los hogares de cara a gestionar el bienestar cotidiano y a resolver los problemas de reproduccin social.

Los recortes sociales que estamos viviendo agravan enormemente esa situacin.

Cuando el gobierno decide recortar en sanidad, congelar las dotaciones de la ley de dependencia, recortar los salarios, favorecer el despido, permitir los desahucios... Dnde recaen las consecuencias de esos recortes?

Aquello que los servicios pblicos dejan de cubrir y que corresponde a necesidades vitales, de vivienda, de cuidados, de salud, etc., cae de lleno en los hogares. Y en los hogares nos encontramos con las corporaciones del patriarcado, que son las familias. En las familias patriarcales son las mujeres quienes asumen mayoritariamente las tensiones y una buena parte de los recortes que se estn produciendo en estos momentos. No es casualidad, que cuando lo que ha aumentado fundamentalmente, sobre todo al principio del estallido de la crisis, es el paro masculino, las encuestas de uso del tiempo muestren que con los maridos en casa, el tiempo de trabajo domstico de las mujeres aumenta. Los hombres se quedan parados pero no asumen el trabajo del hogar y son ellas las que cargan con la mayor parte de las tensiones que provoca la precariedad vital.

Alguna claves para orientar bien el camino

El ejercicio de amargura que hemos realizado nos muestra un escenario en el que el proceso emancipador y la transformacin social no es fcil, pero tambin nos muestra caminos que, a nuestro juicio, son imprescindibles para orientar la accin.

Con las reglas del juego del capitalismo no hay solucin...

Estamos atrapados en un sistema que cuando crece devasta y cuando no crece tambin. No tenemos ms que ver lo que pas entre 1994 y 2007, el perodo de crecimiento econmico. En ese perodo de euforia econmica los salarios descendieron una media de un 15%. No en todos los sectores se perdi, pero en trminos de media los salarios descendieron.

En 1994 de cada 100 euros, hablamos de media, que reciba una persona remunerada, estaba endeudada por valor de 60. Despus del perodo dorado, cuando en 2007 explota la burbuja inmobiliaria nos encontramos con el panorama que describimos a continuacin:

De cada 100 euros que tena una persona remunerada, estaba endeudada por valor de 140. El litoral espaol estaba mayoritariamente cementado y adornado con unas casas que tienen un nivel de ocupacin medio de 22 das al ao. Ese proceso urbanizador ha destruido la costa irreversiblemente, y salvo que se demuela y se deje pasar mucho tiempo la costa no tiene arreglo; se han construido aeropuertos que no se usan y hacen perder dinero; trenes de alta velocidad que no pueden alcanzar la velocidad mxima porque la distancia entre las estaciones no lo permite y que tienen una fluencia muy escasa; se han instalado campos de golf en zonas de fuertes sequas, justo en uno de los pases en los que ms va a afectar el cambio climtico a la disponibilidad de agua; el modelo orientado a la construccin masiva de segundas residencias que iba a generar tantos puestos de trabajo ha sido un fiasco y es precisamente en las regiones que abrazaron ese dogma con ms fe donde el paro azota con ms virulencia...

Es decir, le hemos llamado crecimiento econmico y progreso a un proceso que en realidad ha sido de expolio, de apropiacin de los ahorros que tenan las personas y de dejarlas endeudadas los prximos 40 aos. La sociedad supuestamente beneficiada de este crecimiento alimentaba la ilusin de sentirse inversionista. La gente se endeudaba para los prximos 40 aos y se crea que inverta, cuando en realidad una minora inverta y ha salido muy reforzada de esta crisis, y el resto lo que haca era endeudarse, desclasarse y convertirse en esclavos.

Por tanto, nuestro sistema cuando crece, destruye, en lo social y en lo ambiental.

Pero este sistema cuando no crece tambin devasta. Y ahora cuando se desploma todo el sistema econmico, esas personas endeudadas y muchas de ellas sin empleo, quedan en una situacin absolutamente vulnerable en lo material y profundamente aturdidas y desorientadas porque no entienden nada de lo que est pasando.

Por tanto, desde nuestra perspectiva, el primer elemento que debe orientar la reflexin es que las soluciones no las vamos a encontrar dentro de este sistema. En un sistema que si crece destruye y si no crece tambin. El 15 M lo expresaba bien cuando en las pancartas deca: Ni cara A, ni cara B. Queremos cambiar de disco.

El capitalismo es un sistema que invierte gran cantidad de recursos en presentarse como eterno e inevitable. No hay alternativa. Arropado por una tecnociencia desvinculada de la tica, formula el progreso como la superioridad sobre la naturaleza y las personas de las que, sin embargo, depende. Este autorrelato mtico es lo que permite ocultar y a la vez acelera el camino hacia el colapso natural y antropolgico.

Pero el capitalismo no es una ley natural. No siempre se vivi as, ms bien es un leve parpadeo en la historia de los seres humanos. Y ni siquiera se vive bajo la lgica capitalista en todo el mundo. Las relaciones en los hogares no son capitalistas, ni persiguen la maximizacin del beneficio (sin obviar el hecho de que se basan en la lgica de dominacin patriarcal), tampoco son capitalistas las relaciones que mantienen muchos pueblos todava hoy en el mundo.

El capitalismo no es como las leyes de la termodinmica o el hecho insoslayable de que el planeta tenga lmites, es una construccin social y como tal se puede cambiar.

...Y podemos empezar a construir otras reglas del juego ya

No es condicin imprescindible, aunque ayudara, tener el poder para poder construir otros proyectos y lgicas alternativas. En nuestra opinin la dicotoma estanca entre planificacin poltica-econmica y autogestin es estril e innecesaria.

Parece evidente que afrontar problemas como el cambio climtico, el declive energtico o la deuda ecolgica requiere articular polticas democrticas coordinadas. Dar la vuelta al modelo energtico en las grandes urbes o proporcionar alimentos a toda la poblacin del planeta en escenarios de transicin hacia la sostenibilidad requiere planificar y tener una dimensin global de las necesidades que hay que satisfacer y de los recursos que existen para satisfacerlas.

Esta constatacin, sin embargo, no se contrapone y de hecho es sinrgica y complementaria con la existencia, y necesidad, de una gran cantidad de iniciativas alternativas autogestionadas que en los ltimos aos han ido surgiendo con mucha fuerza.

Las cooperativas de consumo agroecolgico resuelven hoy las necesidades de alimentacin de varias decenas de miles de personas en el Estado espaol. Son testimonio evidente de la posibilidad de superar las ficticias divisiones entre campo y ciudad; de la capacidad de hacer poltica de un hecho bsico como es la alimentacin; rompen la lgica capitalista que ha convertido la agricultura en una actividad dependiente de subvenciones; instala una cultura de la alimentacin que respeta los ritmos de la naturaleza; aglutina personas que se organizan en los barrios para participar e incidir...

Las iniciativas basadas en las finanzas ticas, como Coop 57, educan sobre el dinero y el papel que debe jugar. Consiguen financiar proyectos de la economa solidaria y canalizan el ahorro de personas hacia actividades productivas socialmente necesarias. Crean formas democrticas de organizar las finanzas...

Las redes de cuidados compartidos permiten hacer colectivo el cuidado de la vida humana, sacndolo del mundo estrictamente privado de los hogares y haciendo de l una responsabilidad social...

Las okupaciones o la oposicin a los desahucios llaman la atencin sobre la atrocidad de una propiedad privada vinculada a la acumulacin y sobre el necesario debate social que cuestione una propiedad que no est ligada al uso. La reflexin en torno a la vivienda, en un Estado lleno de casas vacas, puede conducir a la elaboracin de propuestas claramente viables, porquepuede satisfacer la necesidad de un sitio para habitar, las viviendas, estn ah y estn vacas.

Propuestas como las cooperativas integrales o el mercado social ponen de manifiesto que es posible organizar otras redes econmicas, incluso en el corazn de la bestia. Con todas sus dificultades y contradicciones, estos espacios ofrecen un campo de prctica e investigacin econmica que hay que mimar.

Si hemos visto cmo el software libre, nacido a partir del trabajo autogestionado de miles de programadores que cooperan, ha sido capaz de plantar cara a Microsoft, cmo no apoyar las iniciativas que nacen y flotan contra la corriente del capitalismo?

Es perfectamente posible articular dinmicas polticas globales y democrticas y a la vez potenciar los proyectos autogestionados. Los pueblos originarios lo hacen constantemente. Por una parte, mantienen su organizacin social y econmica basadas en su conocimiento tradicional y por otra se articulan entre ellos y con sus gobiernos o contra sus gobiernos cuando se trata de luchar contra una megainfraestructura, contra el extractivismo o a favor de la nacionalizacin de los recursos energticos.

Despreciar las pequeas iniciativas es un error garrafal. Primero porque los seres humanos, y ms en estos momentos, necesitamos experimentar la construccin de la alternativa para no caer en el derrotismo. Segundo porque se satisfacen necesidades reales de otro modo. Tercero porque la nica forma de construir una nueva realidad es ensayndolo y ponindolo en prctica.

Decrecer en la esfera material no es una opcin

Reducir el tamao de la esfera econmica no es una opcin que podamos o no aceptar. El declive energtico y de los minerales, el cambio climtico y los desrdenes en los ciclos naturales, lo imponen. De hecho, ya se est reduciendo.

Lo que est en juego es si esa inevitable reduccin se produce favoreciendo que una cantidad cada vez menor de personas siga manteniendo sus niveles de sobreconsumo y sus estilos de vida, mientras que sectores cada vez ms grandes de la poblacin queden fuera.

Esta poltica es ecofascista cuando es explcita (no hay para todos y nuestro estilo de vida no se cambia) y tambin cuando se viste de todo tipo de excusas polticamente correctas, incluso de guerras humanitarias. Talcomo seala Pedro Prieto, los invasores de Irak no slo pretendan apropiarse de los yacimientos de crudo, sino tambin que la poblacin iraqu, que hasta entonces tena uno de los mayores consumos per cpita de petrleo, disminuyera ese consumo hasta ratios propios de la poca medieval, de tal modo que lo que dejasen de consumir, se pudiese poner a disposicin de las economas que ostentan el poder.

Los recursos escasos y los procesos especulativos sobre estos recursos hacen negocio de la exclusin material de cantidades cada vez ms grandes de personas. El declive material del metabolismo econmico global favorece los procesos que pretenden, de forma explcita o implcita, seleccionar a travs de los mercados y la guerra quienes acceden a los recursos. Cuando el discurso sobre la escasez de recursos explicita que sobra gente es fcil identificar el ecofascismo y rechazarlo, pero cuando se insiste en perpetuar el modelo de crecimiento econmico sin tener en cuenta que ya se ha superado con mucho la capacidad de los propios territorios, lo que se hace es consolidar la prctica de la apropiacin del espacio vital de otros pueblos. Por ello, es importante insistir hasta qu punto las economas que no comprendan los lmites fsicos y los asumen, aun sin quererlo, devienen en ecofascistas.

La otra opcin, la nuestra, es que nos ajustemos a los lmites del planeta a partir de un proceso de reduccin controlada impulsada por criterios de justicia y equidad. Y ah es donde se juega el futuro, no en si vamos a reducir o no la esfera material, sino en si conseguimos que esa reduccin se haga o no por una va autoritaria.

En este sentido, algunas propuestas de corte neokeynesiano que buscan revitalizar la economa productiva corren el riesgo de no ser viables por falta de recursos materiales, o a pesar de su buena intencin, seguir profundizando en un modelo que no se puede sostener desde el punto de vista material.

Es imprescindible contar slo con lo que tenemos. A ninguna ama de casa se le ocurre intentar preparar cocido para cien si slo tiene un kilo de garbanzos. Por ello, es de crucial importancia la reconversin del modelo productivo con criterios ecolgicos. Por puro sentido comn.

Aprender a desarrollar una buena vida con menos extraccin y menos residuos es una de las claves para salir del atolladero, de forma que la buena vida se pueda universalizar. Romper el sagrado vnculo entre calidad de vida y consumo es una premisa inaplazable. En este camino, como dice Jorge Riechmann: no tenemos valores garantizados metafsicamente pero tenemos la convivencia humana, la belleza, el erotismo, los placeres de lo cotidiano, el acompaarnos ante la enfermedad y la muerte. Una enormidad de bienes relacionales y placeres que podemos hacer crecer hasta que nuestro cuerpo aguante.

Distribucin y reparto de la riqeuza

El reparto de la riqueza es un eje nodal. Si tenemos un planeta con recursos limitados que adems estn parcialmente degradados y son decrecientes, la nica posibilidad de justicia es la distribucin radical de la riqueza.

En este sentido existen muchas propuestas elaboradas por diferentes sectores de la economa crtica. Desde las propuestas encaminadas a imposibilitar la acumulacin y la especulacin, por ejemplo de ATTAC; desde las propuestas de establecimiento de una fiscalidad progresiva y verde; la posibilidad de explorar la renta bsica; el establecimiento de rentas mximas...

Es tambin urgente abordar un debate prohibido como es el de la propiedad. No tanto el de la propiedad ligada al uso, sino sobre todo el de la propiedad ligada a la acumulacin.

La simplicidad voluntaria es una magnfica actitud pero, qu hacemos con quienes no lo quieren ser? Necesitamos instrumentos polticos, porque la nica posibilidad de que haya gente que acceda a los mnimos de supervivencia es que a quien le sobra, se le anime a cederlo.

La produccin, una categora ligada al mantenimiento de la vida

De cara a construir una economa centrada en la vida, que desbanque a los mercados como organizadores de los espacios y los tiempos de la gente, es fundamental desmantelar algunos conceptos que, al no ser sometidos a la crtica, sostienen la puntita del iceberg capitalista.

La produccin tiene que pasar a ser una categora ligada a la vida y su conservacin y no, como ahora sucede tantas veces, a su destruccin.

En la economa convencional, la produccin se mide en dinero. Da igual la naturaleza de la actividad que sostenga esa produccin. Vale lo mismo producir bombas de racimo que trigo, porque como lo nico que cuenta es el crecimiento econmico, ni siquiera nos preguntamos qu es lo que se produce.

Para reconvertir el modelo econmico en un marco de fuertes limitaciones fsicas, es fundamental pensar en qu necesidades tienen que satisfacer todas las personas. Y sern producciones socialmente necesarias aquellas que satisfagan necesidades humanas sin destruir las condiciones materiales que permiten que precisamente puedan satisfacerse.

Superar la dicotoma produccin-reproduccin es importante. Si la economa se define como el proceso a travs del cual se obtienen bienes o servicios que permiten la reproduccin social, ser la reproduccin social, que es la finalidad, lo que hay que poner en el centro. Y cmo vamos a hacerlo si el mbito en el que se da la reproduccin social, los hogares, es invisible?

Repensar el trabajo

Pensar en las necesidades a cubrir y en las producciones socialmente necesarias nos lleva a pensar directamente en los trabajos socialmente necesarios.

Existen sectores que claramente deben crecer (rehabilitacin energtica de la edificacin, agroecologa, los vinculados a los circuitos cortos de comercializacin, transportes pblicos, servicios sociocomunitarios relacionados con los cuidados, energas renovables, educacin y sanidad, etc.). Sin embargo hay otros que deben disminuir o desaparecer porque satisfacen producciones dainas. Las transiciones justas que protejan a las personas que trabajan en esos sectores deben ser apoyadas colectivamente y ser objeto de prioridad poltica, pero no se puede seguir ahondando la crisis estructural. Cuanto ms se profundice, ms difcil ser salir de ella.

En estos momentos es importante reforzar la lucha para que no se contine perdiendo masa salarial, pero a la vez es necesario abrir un debate sobre las diferencias salariales en funcin de los tipos de trabajo. Algunas propuestas de cooperativas de trueque de servicios han avanzado interesantes reflexiones sobre los diferentes valores que nuestra sociedad otorga a los trabajos remunerados y ofrecen vas para dar la vuelta a ese criterio de valoracin que con frecuencia no tiene nada que ver con la necesidad social del servicio que se presta. Slo eso explica quequienes, por ejemplo, cuidan a personas mayores a cambio de una remumeracin tengan los salarios ms bajos y las condiciones ms precarias de nuestras sociedades. Es vergonzoso que sea legal que a una empleada domstica interna con el salario mnimo interprofesional se le pueda detraer hasta un 30% en concepto de alojamiento y manutencin, mientras que a un ejecutivo de cualquier empresa, si le mandan tres das fuera de casa se le paguen las dietas y el viaje. Es la muestra de que incluso dentro de lo legal, hay personas que no son sujetos de derecho.

El reparto del empleo es un tema a recuperar y, junto a su distribucin, habr que pensar tambin en los trabajos no remunerados imprescindibles para la vida.

No deja de ser paradjico que cuanta ms gente queda sin empleo, ms aumenta la masa de trabajo neto que se realiza dentro de los hogares con unas constricciones cada vez ms grandes.

La democracia y la construccin del poder colectivo

Si estructursemos las propuestas que se han venido elaborando en medios acadmicos, polticos, de los diferentes movimientos sociales y diversos sectores de pensamiento crtico; si trabajsemos sobre ellas y limsemos las incoherencias que puedan plantear, tendramos con toda seguridad un programa extenso para caminar.

Puede que las propuestas no estn bien articuladas, que no compongan un relato coherente... eso est por llegar. Pero desde luego, no se puede decir que no haya alternativa.

El gran problema, a nuestro juicio, es el enorme salto que hay entre la dureza del ajuste y la capacidad para hacerle frente. El aparato neoliberal aprovecha para demoler los cimientos de cualquier Estado de derecho porque piensa que es ahora cuando puede hacerlo.

Ah es donde se encuentra el reto principal, el de poder construir una mayora social que obligue al cambio. El 15-M ha supuesto un revulsivo importante y ha obligado a los movimientos sociales a repensarse y a trabajar juntos.

La histrica dinmica de desconfianza pesa a la hora de articular. La izquierda y los movimientos sociales tienen serias dificultades para gestionar la diversidad. Las viejas lgicas que recitan como una frase hecha es ms lo que nos une que lo que nos separa, fijmonos slo en lo que nos une no han funcionado. Y no han funcionado porque sistemticamente se machaca o desprecia lo que nos separa. Lo que separa a dos colectivos que en una buena parte piensan lo mismo, es probablemente algo a lo que ambos conceden una enorme importancia. Por ello, pensamos que hay que hacer hueco a lo que nos separa. No quiere decir que lo tengamos que incorporar en nuestro colectivo como prioridad, pero s abrirle espacio y no negarlo. Si no es imposible poder articular. Y es ah donde se juega todo.

El activismo social y poltico ofrece la posibilidad de dotar de sentido a nuestra propia experiencia. Es cierto que no va a ser una vida tranquila y descansada, pero desde luego sabremos qu y por qu lo hacemos. Tambin sabremos que lo que hacemos lo compartimos con las mejores personas que existen, las ms generosas: nuestras compaeras.

Fuente: http://www.exodo.org/CON-LOS-OJSO-ABIERTOS-UNA-MIRADA.html

rCR



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