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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-07-2012

Los peligros de pensar

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final


Cuando un pueblo comienza a pensar su presente y a discutir su futuro, el sistema de dominacin se pone a temblar: es un sntoma claro que vienen grandes cambios en la sociedad. Eso es lo que est sucediendo en Chile.

El pueblo ha comenzado a reflexionar. Empieza a mirar cara a cara su realidad, sin intermediarios ni vendedores de espejismos. Aunque todava no es una categrica y organizada mayora, son cada da ms los sectores que logran sustraerse al embrujo de la tarjeta de crdito y escapar a la dictadura ideolgica de la televisin comercial. El artfice de este cambio -que va ganando terreno- es la protesta social, que comenz con los pinginos y que ms tarde resurgi en Magallanes. La protesta desat el ao pasado las movilizaciones de estudiantes universitarios y secundarios ms grandes que registra la historia del pas. La ira, fruto del pensamiento que hurga en la realidad, se rebel tambin en Aysn, Freirina, Pelequn y Coronel, y detona casi a diario en el campo y en las ciudades, motivada por los reclamos ms diversos.

Desde las demandas histricas del pueblo mapuche -cuya lucha ejemplar e indomable causa admiracin-, hasta las sorprendentes acciones de los deudores habitacionales en los centros urbanos, la protesta social anuncia que la paciencia y la resignacin han llegado a su fin. Ya no son vlidas las intermediaciones polticas. La humillacin y el dolor acumulados durante aos, incuban un ya no ms! que se expresa dramtico en el calvario que tiene lugar en los consultorios, postas y hospitales, incapaces -por ms esfuerzos que hagan sus funcionarios- de entregar la atencin de salud que necesitan nios y ancianos. As tambin ocurre con las humillantes condiciones del transporte pblico en Santiago -nos tratan como animales! es el grito crispado de multitudes atascadas en el Metro, y en la superficie lo repiten miles de hombres y mujeres que pierden gran parte del da esperando movilizarse en el Transantiago-. A la creciente protesta social se une la exigencia de los trabajadores de un salario mnimo que permita ir emparejando la desigualdad. El sindicalismo, sin embargo, es el sector que aparece ms retrasado en este proceso de recuperar la identidad luchadora que lleva adelante el resto del pueblo. Es probable que se deba a la extrema facilidad con que el empresariado puede hoy castigar con la cesanta a trabajadores alborotadores.

Pero esa relativa pasividad tiene tambin su origen en la grave ofensa a la dignidad e independencia de la clase trabajadora que constituye el maridaje de la CUT con el empresariado. La Declaracin de voluntades que las directivas de la CUT y la Confederacin de la Produccin y el Comercio (CPC) dieron a conocer en marzo, es uno de los episodios ms sucios en la historia de la CUT y, sin duda, un tremendo factor de desaliento y confusin para los trabajadores. La protesta social necesita mostrar todava mucha ms fuerza para imponer sus exigencias, que pueden resumirse en ms democracia y ms igualdad. Hacia all apunta la magnfica movilizacin de los estudiantes universitarios y secundarios del jueves 28 de junio. Fue una vibrante demostracin de que el movimiento estudiantil no slo no ha perdido fuerza, sino por el contrario, ahora articula a nivel nacional a la mayora de los alumnos de la educacin pblica y privada. Revela tambin el ejemplar proceso de maduracin colectiva que produce la protesta social. En este caso lo representan las cinco exigencias fundamentales que el movimiento estudiantil universitario y secundario hace al gobierno y al Parlamento (ver pgs. 8 y 9 de esta edicin). El documento merece ser conocido por millones de ciudadanos, porque permite comprender que la crisis de la educacin guarda estrecha relacin con las dems manifestaciones de la crisis institucional, poltica, cultural y social que vive Chile. Se trata de un pas escindido por la desigualdad, donde la clase dominante se atrinchera en sus privilegios mediante una tupida red en que la mercantilizacin de las relaciones sociales est garantizada por los instrumentos de coercin del Estado. Los intereses privados -mientras ms cuantiosos ms influyentes- han desplazado al bien comn de la naturaleza y estructura del Estado y de su Constitucin Poltica. La desigualdad ha adquirido carta de ciudadana y es el eje rector de la sociedad chilena.

El verdadero poder no radica en las instituciones del Estado sino en la CPC y los gremios empresariales que representan a la minera, el comercio, la agricultura, la industria, la construccin y los bancos e instituciones financieras. Basta ver cmo el presidente de la Repblica y sus ministros de Hacienda y Economa han debido dar todo tipo de seguridades a la CPC sobre reforma tributaria, salario mnimo, flexibilidad laboral, etc., primero en sus propias oficinas y luego al conjunto de los gremios empresariales en La Moneda. El gran empresariado no parece estar contento con el desempeo del empresario Piera como gobernante. Sus medios de comunicacin -que son casi todos- traslucen una crtica persistente al gobierno. Lo acusan de debilidad e ineptitud que han permitido que aflore la crisis institucional que la Concertacin mantena ms o menos a raya a travs de la cooptacin clientelar de sus partidos, sindicatos y organizaciones sociales.

Por eso no sera extrao que en las prximas elecciones presidenciales el empresariado entregara su apoyo a la candidatura de la Concertacin. Sin embargo, ya es tarde para comprar la paz social que necesita la explotacin capitalista. La crisis del sistema seguir avanzando porque no tiene solucin en los estrechos marcos del Estado actual. Lo demuestra la profundidad propositiva del documento de los estudiantes. Sus cinco exigencias fundamentales abarcan el conjunto de la desigualdad y la ausencia de participacin democrtica de los ciudadanos. Solucionarlo significaran un cambio social y poltico profundo, que slo puede intentarlo una alternativa popular, democrtica y socialista. Hay que jugarse a esa opcin de esperanza.


Editorial de Punto Final, edicin N 761, 6 de julio, 2012

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