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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-07-2012

Carta a quienes defienden la idea de una revolucin cultural en Venezuela

Edgar Borges
http://cultural.argenpress.info


Si la personalidad humana no adquiere toda su fuerza, toda su potencia, entre las cuales lo ldico y lo ertico son pulsiones fundamentales, ninguna revolucin va a cumplir su camino.

Julio Cortzar

Para quienes asumimos la literatura como el salto superior del ser humano (del suelo a la nada por inventar), no es sencillo participar en la eterna diatriba sobre el compromiso del escritor. Ante todo reconozco que mi compromiso, como escritor, es con la palabra como puerta abierta hacia las sensaciones. La palabra como camino, nunca como llegada. La palabra sobre los hombros del equilibrista que atraviesa los bordes an sabiendo que quiz nunca encontrar suelo firme (El ser, como la ruta, en consecutiva construccin). La palabra que renuncia a ser maravilla discursiva para asumirse intrprete invisible de un mensaje necesario. Mas, tambin asumo mi compromiso como ser social que se reconoce en los otros. Si bien a veces pareciera que ambos intereses habitan en espacios diferentes (no opuestos), porque la ficcin es un consecutivo salto hacia la nada mientras la sociedad requiere de realidades concretas que nos ayuden a llegar a acuerdos justos para la necesaria convivencia colectiva, la literatura, con su juego de locura y de sobresaltos una y otra vez me ayuda a comprender los intereses que se esconden detrs de toda realidad. La literatura, ms como lector que como escritor, me permite descubrir que toda realidad se construye. Es necesario, para el equilibrio de los factores sociales, construir una realidad comn a todos. Otra cosa es que la propia sociedad deba atreverse a cambiar esa realidad cada vez que la misma resulte contraria a la dignidad humana.

En ambos compromisos intento abrir puertas a travs de la palabra. Con la literatura aprend que la ficcin no es un lujo de burgueses como lo cree cierta izquierda y lo asume cierta derecha. La ficcin es la mejor posibilidad que me permite la imaginacin para confrontar mi realidad con la de los otros. Slo desde el salto de la ficcin me ubico en las diversas perspectivas. Desde la ficcin me acerco a la mirada de los otros y percibo el por qu responden (o no) ante una determinada circunstancia. Ese es el juego de las perspectivas que me involucra, de manera consciente, como una parte (diferente) dentro del todo. Dicho esto, ante las dos prximas presentaciones que, despus de cinco aos de ausencia, tendr en Venezuela (julio: 14 en Feria del Libro de Maracaibo y 17 en la librera Alejandra II del C.C. Paseo Las Mercades, Caracas), considero necesario escribirle esta carta a las personas que defienden la idea de revolucin cultural en Venezuela, entre quienes me cuento, pues, estoy convencido de que ningn ser humano o pueblo podr lograr revolucin alguna si antes no participa en la transformacin radical de su espacio cultural. (Ya ah nace de nuevo la ficcin). Crear un nuevo espacio cultural renacido desde el yo de su dirigencia y de sus participantes.

No es esta una carta de disculpas. La literatura es libre y me gusta pensar en una literatura abre caminos. Es una carta escrita para esos muchos lectores que una y otra vez me preguntan (y no comprenden) por qu tus libros no circulan en un pas (tu pas) que como Venezuela pregona publicacin masiva para todos? Y siempre les respondo lo mismo: es un asunto de secuestro especfico, amigos, Venezuela tiene una muy vieja deuda con sus creadores y esa deuda an sigue ah, acumulando intereses (lo que un grupo hizo ayer otro lo hace hoy, en nombre de la masa se censura personas). Casi parece que desde esos grupos te dicen: T no vas al baile porque no nos da la gana. Es ah cuando yo les respondo (parafraseando al Che Guevara con aquello de que si no hay caf para todos no hay caf para nadie) que si al baile no entran algunos (como venezolano tengo derecho a ser uno de los algunos) es porque se baila en un club dudosamente reservado. He aceptado dos invitaciones, como seguramente hubiese aceptado cualquier otra, no surgidas desde las actuales instituciones del Estado Cultural que se presume revolucionario (hago nfasis en la denominacin Estado Cultural para diferenciar sus actuaciones de las del resto del Estado), por la simple razn de que tena la necesidad de llevarle mi obra literaria al pueblo venezolano. As de simple, literatura, ficcin y palabra en vuelo rebelado a quien la necesite. Durante estos cinco aos de residencia en Espaa, altos funcionarios de diversas instituciones culturales del Estado venezolano me han negado, arbitrariamente, el derecho a la publicacin y a la difusin de mis libros. Con cinismo barato ms de un funcionario me lleg a decir que en Venezuela se le publica a todo el mundo (y en silencio, tambin barato, pareca decir menos a ti). Incluso, algn funcionario de la agencia del Estado lleg a dirigirme un correo en el cual deca que era conveniente hacerme una entrevista porque sus compaeros de redaccin pensaban que yo era un personaje de ficcin. Bien, queridos lectores que defienden la idea de revolucin cultural en Venezuela (y en el mundo), debo decirles que presumo que a estos burcratas con sus historias de apago la luz de algunos y enciendo la luz de muchos, lo que les ocurre es que son ms escritores que funcionarios. Algo contradictorio con la idea de revolucin: ellos generan la nocin masa publicada (y no promocionada) por debajo de la nocin grupo gestor que tambin escribe. Es decir, ellos necesitan ser los nicos y pocos nombres que brillen en el escenario nacional (y en todo evento internacional en el cual puedan mostrar su misteriosa aura de poetas) sobre los muchos nombres que se saben publicados pero no reconocidos. Toda obra necesita el reconocimiento de un lector. Invito a cualquier venezolano a hacer una lista de los escritores de la revolucin. Es muy posible que en esa lista, por razones de la memoria (pues son los que se autopromocionan) slo figuren los cinco o seis nombres de los funcionarios que han tenido la voluntad de organizar ferias y festivales en su nombre. Esto es un secuestro que contradice la capacidad de servicio que debe tener todo revolucionario; esta es la cultura particular (yo y aquellos) contra la cual tantas mujeres y tantos hombres de Venezuela han luchado. Hasta cundo tendremos que tolerar la prctica de los clanes? Ser que debo tener paciencia para comprender que lleva tiempo la transicin para demoler el reino de las cpulas y consolidar el espacio abierto del poder popular? Y mientras, debo aplaudir los homenajes que se montan los burcratas? Es posible, entre tanto es necesario empujar la rueda para conmocionar la paciencia y la voluntad del uno que se asume como una posibilidad de revolucin del todo.

Sirva esta carta como la declaracin de algunos principios. Carta que dejo en este espacio donde se debaten ideas de izquierda. Jams ser yo quien se preste, como hombre, ni en el debate ni en las acciones, a contradecir mis ideales siempre opuestos al concepto capitalista que a nivel global nos enmascara (y niega) la belleza de la vida. Ocurre que no conozco otra forma de amar que no parta de la confrontacin interna. Despus de todo, las puertas que algunos me cerraron me permitieron construir un camino literario calle abajo y de cara a la vida. Ya sabemos que la literatura siempre ha caminado sobre la nada, muy lejos de la seguridad que (a costa de los otros) ofrece la burocracia. Y que la ficcin siga abriendo puertas!


Fuente: http://cultural.argenpress.info/2012/07/carta-quienes-defienden-la-idea-de-una.html


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