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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-07-2012

Camino sin retorno?

Fernando Luengo
Pblico.es


La crisis econmica ha destruido millones de empleos. Detrs de cada uno de ellos, no podemos olvidarlo, hay trabajadores que quieren trabajar, que no estn desempleados porque prefieran el ocio al trabajo (como todava, lamentablemente, se sostiene en muchos manuales universitarios de economa); detrs de las fras estadsticas, hay personas y familias, derechos y compromisos, sueos y dignidad. Tambin son muchos los jvenes que, alcanzada la edad laboral y dispuestos trabajar, no tienen un empleo, ni bueno ni malo. Para estos jvenes (o, mejor dicho, para los que pueden permitrselo) prolongar los estudios representa un escaso aliciente, pues se sabe que un plus de formacin no les sita en mejores condiciones a la hora de encontrar un empleo.

El resultado de todo ello es el persistente aumento del desempleo o, en el mejor de los casos, su mantenimiento en niveles inaceptablemente elevados. En paralelo, crece entre la poblacin la decepcin, la impotencia y la frustracin. A pesar de la (ensima) reforma laboral, la que sin duda ha ido ms lejos a la hora de suprimir derechos de los trabajadores (privilegios, los llaman los impulsores de estas reformas) y desregular las relaciones laborales (precisemos de nuevo: flexibilizarlas), dotando de un poder sin precedentes a los empresarios frente a los trabajadores y las organizaciones sindicales (a esto le llaman descentralizar la negociacin colectiva).

Qu ha cambiado desde su aplicacin? El Gobierno, rizando el rizo, se cur en salud: la reforma laboral, en s misma, no generara empleo, pero s creara las condiciones para que esto se produjera. Lo cierto es que ni directa ni indirectamente ha mejorado la dinmica ocupacional. No ha servido entonces para nada? Gran error!! Esa reforma laboral (y las precedentes) han sido muy tiles para el capital y los famosos (y opacos) mercados.

Las empresas han encontrado el terreno frtil para despedir a ms trabajadores (ajustes de plantilla, si utilizo la acepcin polticamente correcta), para reducir los salarios (digamos, continuando con las falacias del lenguaje, moderar los costes laborales), cambiar, a favor de sus intereses, los convenios colectivos, o desentenderse de las clausulas que no les convienen. Y ah no ha quedado la cosa. En un contexto de creciente intimidacin lgico, pues los trabajadores que tienen la suerte de conservar su empleo sienten sobre sus cabezas la espada de Damocles de ser los siguientes en la lista de despedidos-, las empresas han encontrado un filn para mejorar su productividad, al menos corto plazo, y hacer caja: prolongando la jornada de trabajo e intensificando los ritmos (qu despiste!!, volvamos al redil lingstico: mejorar la eficiencia y mitigar el absentismo). Y aqu est, precisamente, uno de los logros ms importante de la reforma laboral: reducir los costes (laborales, por supuesto) y aumentar los beneficios, y de esta forma mejorar la competitividad. Y el empleo?: continuamos deslizndonos por la pendiente, cada vez ms inclinada.

Quienes permanecen desempleados durante un largo perodo de tiempo han agotado su prestacin, cada vez ms liviana (los que antes tuvieran una ocupacin y esa ocupacin les hubiera generado ese derecho, un factor de rigidez, para los economistas neoliberales). A partir de ese momento, pasan a depender de una menguada asistencia social (sometida asimismo a continuos recortes) o de las tambin debilitadas redes familiares, en el caso de que existan. Estos desempleados, muchos de ellos han desaparecido de las estadsticas (qu bien para quienes juegan a interpretarlas de manera complaciente!!), quedan as atrapados en una dinmica personal, social y profesional que hace difcil su reincorporacin al trabajo. Ah se quedan, engrosando las desdibujadas filas de los desempleados de larga duracin, cada vez ms cerca o incluso inmersos, en la pobreza. Qu difcil es salir de ese agujero!!

En esa sombra situacin, cada semana nos despertamos con nuevas y ms profundas reformas estructurales, sin duda el campen de los trminos ambiguos, que podemos utilizar para un roto y un descosido, al tiempo que se insiste en perseverar en las muy mal denominadas polticas de austeridad. Rajoy acaba de anunciar un brutal paquete de recortes (reformas? austeridad?) donde, entre otras medidas, se sube el impuesto sobre el valor aadido (en descarada y cnica contradiccin con el programa que le llev a ganar las elecciones), se reduce la prestacin por desempleo y se suprime una de las pagas de los funcionarios.

Digmoslo con claridad, sin eufemismos, sin dejarnos seducir por una terminologa supuestamente tcnica y sofisticada: ni esas reformas, ni esas polticas crean empleo y mucho menos empleo decente. Meter la tijera en el gasto educativo y sanitario, privatizar los servicios sociales, reducir los salarios de los trabajadores, aumentar los impuestos sobre el consumo, rescatar a los bancos con fondos pblicos nos hunde an ms en la recesin, al tiempo que agrava, quiz de manera irreversible, la fractura social. Eso s, abre las puertas, si es que antes no estaban suficientemente abiertas, para que algunos grupos continen enriquecindose, ampliando sus privilegios y encontrando nuevos y suculentos negocios en el desmantelamiento del sector pblico, la degradacin de las condiciones laborales y el desorden financiero.

Escribo estas reflexiones, autnticos gritos del silencio, el da siguiente de haber acompaado en la calle, agradecido y emocionado, a los mineros asturianos. Poco me importa en este momento entrar en disquisiciones acerca de la viabilidad de sus reivindicaciones. Me quedo, y estoy seguro que una parte de la poblacin se ha quedado tambin, con su mensaje de resistencia, dignidad y solidaridad. Un mensaje que invita a invertir la peligrosa deriva actual y a poner coto a los intereses de las elites econmicas, sociales y polticas. Antes de que sea demasiado tarde, antes de que nuestra capacidad de protesta haya sido vencida y pisoteada, antes de que slo nos quede apelar al slvese quien pueda. Hay alternativas? S, por supuesto. Es posible, adems de necesario, poner el mantenimiento y la creacin de empleo en el epicentro de la poltica econmica, no slo por razones de equidad, que tambin, sino como va para superar la crisis.

(*) Profesor de Economa Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid, investigador del Instituto Complutense de Estudios Internacionales y miembro del colectivo econoNuestra http://econonuestra.org/

http://blogs.publico.es/otrasmiradas/305/%C2%BFcamino-sin-retorno/



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