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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-05-2005

Crtica de libros: Los vencidos, de Antonio Ferres

Constantino Brtolo
Rebelin


En el campo de lo literario una de las asignaturas a reconsiderar con urgencia dentro de eso que el escritor Guillem Martnez viene llamando con sarcasmo y acierto la Cultura de la Transicin corresponde a la valorizacin del llamado realismo espaol del medio siglo y de modo muy especial en lo que afecta al juicio inequvocamente negativo y paternalista sobre la novela social. El denominado realismo social engloba una escuela o movimiento literario que puede y debe ser caracterizado por el empeo polticamente consciente que pusieron sus componentes - Armando Lpez Salinas, Jess Lpez Pacheco, Antonio Ferres, Alfonso Grosso, entre otros- para dar testimonio y voz a la realidad humana y social de los componentes de aquellas capas ms afectadas y desprotegidas, individual y colectivamente, por la derrota del movimiento obrero y revolucionario en la guerra civil. A su lado los autores que usualmente se encuadran en el realismo crtico u objetivo Carmen Martn Gaite, Ignacio Aldecoa, Jos Mara de Quinto, Rafael Snchez Ferlosio, Daniel Sueiro, Garca Hortelano- han mantenido o recuperado un lugar de prestigio que hace que sus textos se estudien, interpreten y comenten dentro de esa especie de canon institucional que constituyen los programas y libros de texto de las enseanzas medias y universitarias aunque, ciertamente, su consideracin, salvo excepciones, tampoco disfrute en estos momentos de muy alto reconocimiento pero s, al menos, de respeto crtico y acadmico. Un realismo crtico que surge tambin con voluntad de testimonio y rebelda antifranquista pero que, en la mayora de las obras que en l se encuadran, abordan temas, problemas y problemticas con protagonistas ms cercanos a las clases medias que a las clases trabajadoras. Conviene incluso sealar que, acaso la obra ms emblemtica de ese tiempo, El Jarama de Snchez Ferlosio, si bien introduce como protagonistas a miembros de la clase obrera no deja de centrar su peripecia en un da de asueto o fiesta, es decir, focalizando la accin narrativa en un espacio tiempo de no-trabajo, o que una obra sobre trabajadores como Gran Sol de Aldecoa contempla ms el trabajo como faena, avatar o quehacer humano que como lugar de explotacin, alienacin o dominio.

Retomando la expresin de Cultura de la Transicin habra que volver la mirada atrs, sin ira pero con memoria, para recordar que la mencionada cultura se erige sobre una sensacin general de tabla rasa o borrn y cuenta nueva que presupone entre otras cosas la erosin o el abandono de las esquinas ms agudas de lo que durante aos se forj como cultura de la resistencia antifranquista. Y para ese trabajo de demolicin la presencia en el paisaje literario de la novela social espaola constitua una dura y molesta roca en medio del terreno que el nuevo jardn de la transicin requera. La tarea de acoso y derribo se realiz a base de dos estrategias: la condena y el elogio. Por un lado se dictaba que las novelas y los novelistas del realismo social haban cado en la fatal tentacin de hacer una literatura militante, excesivamente politizada y, por tanto poco literaria, con un uso por parte de los autores simple o romo del instrumental lingstico o narratolgico que se asociaba con el llamado y anatemizado realismo socialista sovitico al que les habra llevado el marxismo vulgar de sus integrantes. Por otro se alababa sus buenas intenciones, la buena voluntad literaria de sus autores, su entrega a la causa (a la causa poltica que no a la literaria que habran lamentablemente sacrificado en aras de la primera). Con dos palmaditas en la espalda y dejar caer simpticamente el calificativo de generacin de la berza en cuanto se alejaban un poco se efectu el trabajo de desvalorizacin desde las pginas del Suplemento de la Artes y las Letras del diario Informaciones, desde revistas como Triunfo o Cuadernos para el Dilogo (donde la polmica entre Juan Benet e Isaac Montero cumpli el papel de epitafio) o desde los escasos pero influyentes programas de libros de nuestra TVE con Fernando Snchez Drago como lancero mayor. En realidad y como tantos otros aspectos de nuestra transicin la historia de la demolicin habra que remontarla a la crisis de 1965 que tiene lugar dentro del PCE, que se manifiesta con la expulsin de Claudn y Semprm y donde se columbraba un giro socialdemcrata en el que la clase trabajadora dejaba de ser considerada sujeto de la ruptura hacia la democracia que luego devino, con el consentimiento del PCE, en esa reforma democrtica que las nuevas clases empresariales con la mano de Adolfo Suarez escribieron en clave de democracia liberal con la Monarqua restaurada al fondo. Cuando la democracia liberal nos lleg, en el Parlamento de las Letras la novela social haca ya tiempo que yaca enterrada en medio del desprecio, la ignorancia y el olvido. Y no parece que en estos momentos haya demasiado inters en remover aquellas cunetas literarias a pesar de que nos llegan algunas seales editoriales que pareceran indicar que algunas losas literarias empiezan a levantarse.

En ese sentido la edicin de esta novela por parte de la editorial Gadir constituye una recuperacin necesaria y significativa. Escrita en 1960, por problemas con la censura no lleg a publicarse hasta hoy en ninguna editorial espaola si bien fue traducida a diversas lenguas y ocup un lugar en catlogos de editoriales tan referenciales Feltrinelli o Gallimard. Para los lectores en castellano, Los Vencidos, hasta esta edicin, era un libro secreto.

Cierto que desde hace unos aos, no muchos, parece haberse despertado un nuevo inters editorial y literario no slo haca la obra y la escritura de Antonio Ferres sino tambin hacia el conjunto de obras y autores que conformaron el llamado realismo social de los aos sesenta. Algunas de las novelas del autor, Con la manos vacas (Editorial Viamonte 2002, Tierra de olivos (Editorial Gadir 2004) se encuentran ahora afortunadamente en las libreras. Tambin en fechas recientes Ferrs public un libro de poemas En la inmensa llanura (Ediciones Fuentetaja 2001) que mereci el premio de poesa Villa de Madrid y se publicaron sus Memorias de un hombre perdido (Edit Debate. 2002) al tiempo que apareca la novela pstuma de Jess Lpez Pacheco, El homvil (Edit Debate 2002). Una golondrina no hace verano pero no cabe despreciar la idea de que el clima literario est cambiando y obligue a nuevas relecturas y juicios.

Esta reaparicin de una obra que habitaba en el olvido - y no olvidemos que lo contrario de la verdad no es tanto la mentira como el olvido- podra enmarcarse acaso dentro de ese movimiento de recuperacin de la memoria que en los ltimos tiempos ha surgido con fuerza y polmica teniendo como centro la guerra civil y sus secuelas de crmenes y represin cruenta. En mi opinin la vuelta a Ferres y de Ferres es anterior a ese movimiento y sera mejor hablar de un momento histrico de ms amplio alcance a la bsqueda de la memoria perdida- en la que esa recuperacin y la literatura de Antonio Ferres tienen claras concomitancias. Convendra sealar sin embargo que la memoria Ferres no es una memoria que mira hacia atrs, ni trata de purificar ritualmente el pasado, ni menos an es una memoria de coyuntura. La memoria que Ferres aporta es una memoria que mira hacia delante, hacia ese futuro que hay que construir. Y creo que es dentro de esa memoria activa desde donde hay que leer Los vencidos.

La accin narrativa de la novela abarca un espacio temporal que se inicia en los ltimos das de la guerra civil en Madrid y finaliza en los momentos en que la derrota del eje es ya una hecho evidente con el doble avance aliado en los frentes oriental y occidental, ya liberada Pars y casi toda Francia. Ese momento marcado por las expectativas de una intervencin liberalizadora en Espaa que nunca llegara a producirse y que supuso para muchos derrotados una derrota ms. La novela que rompe con naturalidad y eficacia el desarrollo lineal con continuos flash back, al tiempo que multiplica sus espacios de atencin con giles cambios de escena y foco narrativo, se centra en la historia de tres personajes: Asuncin , la mujer que desconoce el destino de su marido de quien slo sabe que cay prisionero despus de la entrega de Madrid por parte del mando socialista y que, al parecer, fue condenado a muerte; Frederic Vidal, mdico cataln y compaero de aqul durante un tiempo en las duras crceles de la postguerra , y Miguel Armenteros, oficial del Cuerpo de prisiones , antiguo capitn de artillera en el ejrcito franquista y cuyo padre, empresario, fue fusilado en Madrid por las fuerzas republicanas. Alrededor de ellos gira toda una constelacin bien perfilada narrativamente de personajes secundarios: presos, guardianes, estraperlistas, sobrevivientes, funcionarios, que funcionan como un teln de fondo sobre el que sobresale con rasgos realistas y a la vez simblicos la figura del aprendiz Juanito, nio an al final de la guerra, protegido y protector tanto de Asuncin como de Federico y que al final del relato toma la decisin de sumarse a los grupos guerrilleros antifranquistas, los maquis, que se preparan para coadyubar a la esperada intervencin aliada.

La novela se reparte en dos grandes bloques narrativos que giran alrededor de dos esperanzas fallidas: En el primer bloque se trata de una esperanza individual: Asuncin espera encontrar vivo a su marido. En el segundo bloque se aborda una esperanza colectiva: que la deseada intervencin aliada mande al rgimen establecido por los vencedores a las cuevas de la Historia. Ambas esperanzas no se cumplirn. Ferres entrelaza con brillante estrategia narrativa a travs de la figura del mdico prisionero el derrumbe de las dos esperanzas. La primera esperanza est en el texto y el lector es testigo de su derrumbe. La cada de la segunda, la centrada en la esperable intervencin aliada, no forma pare literalmente de la novela pero est presente en la memoria del lector que conoce el fracaso de esa expectativa vindose obligado as a tomar una posicin casi cruel frente al nimo optimista de los personajes. Sabe lo que ellos no saben y ya ese juego de implicaciones dice mucho de la astucia narrativa de un autor que, repetimos, nuestros historiadores de la literatura, han venido alabando por sus buenas intenciones para mejor hacer valer la simpleza estructural con que definen su obra y la de aquellos que con l conforman el llamado realismo social.

Curiosamente y frente a lo que la doble desesperanza hace esperar esa es la magia del realismo de Ferres lo se nos queda entre las manos despus de la lectura no es ninguna sensacin de fatalidad o desnimo aunque tampoco se nos inunda gratuitamente con un sabor final optimista. Simplemente se nos dice narrativamente es la historia de la desesperada Asuncin que ha vuelto a encontrar en su relacin con Frederic y con Juanito un nuevo sentido a la vida que el futuro no est nunca definitivamente escrito. Y por esa puerta abierta, estrecha sin duda, pero abierta gracias al arte, la maestra en el oficio, del narrador, se cuela y amanece una lectura global de la novela que est lejos de ese conformismo de la pasividad que siempre se encuentra detrs del pesimismo.

Como ya se ha comentado el movimiento literario en el que se inscribe la narrativa de Antonio Ferres ha venido siendo despachada en nuestra memoria literaria con el rtulo de realismo social o novela social que en su momento fue malamente caracterizada con dos juicios altamente temerarios: la pobreza de sus lenguajes y su sectaria simpleza ideolgica.

Me voy a detener aunque sea brevemente en dos aspectos presentes en esta novela, Los Vencidos, que rebaten estos dos claros prejuicios.

Los vencidos se caracteriza, como otras obras ya mencionadas de Ferres, por el uso de una frase seca, contenida, cercana al laconismo, de cadencia armnica y de honda calidez que se ve reforzada por el acierto en la seleccin de los detalles: alguien que juega con el asa de un botijo, la cabeza curiosa de un gato que asoma por debajo de una cortina, unos labios embadurnados de carmn. La escritura de Ferres, que ya en su momento se relacion con el timbre bblico de la prosa de Faulkner, nos recuerda el odo sintctico presente, por ejemplo, en esa gran novela del siglo XX que es Conversacin en Sicilia de Elio Vittorini ( reeditada recientemente por editorial Gadir), mientras que su mirada lingstica esa capacidad para extraer el adjetivo justo de un sustantivo aparentemente plano o rutinario- nos obliga a recordar la inteligencia gramatical de un Cesar Pavese o un Patrick Modiano.

Destaca tambin, y de manera muy especial en esta novela, la sensibilidad e importancia del tiempo meteorolgico como recurso narrativo. Un uso que dota de atmsfera palpable a todos los escenarios al tiempo que, y valga la redundancia, desgrana un espacio temporal en donde el transcurrir del calendario parece haber cesado, tindose as toda la novela de un tempo lento que marca el ritmo y el significado de la historia. Quedan aguardando las dos mujeres, arrimadas a la pared del edificio, que est todava caliente del sol. Pero ahora sopla un viento fresco, casi fro. Se agradece el calor del muro en la espalda y en las palmas de las manos. Solo este Se agradece de Se agradece el calor del muro en la espalda y en las palmas de las manos, que permite al lector pasar en un instante de lo impersonal y objetivo a lo subjetivo y personal, refuta cualquier interpretacin reduccionista de la escritura de Ferres. Por no hablar de la sutileza con que salpica de color los escenarios de la historia. Colores de un Ortega Muoz, un Benjamn Palencia o de Caneja, para aproximarnos a veces y muy osadamente al gesto expresivo de un Saura, Continuaron un rato grande sin hablarse, medio dormidos, por una calle larga y oscura. El cielo estaba raso, de color morado, o al retratismo desencajado de un Barjola. Y algo semejante podra sealarse sobre su trabajo tonal con los sonidos y ruidos: pasos que se deslizan, verjas que se cierran, persianas metlicas que suben o bajan (ese sonido todava tan urbano), piedras que se desprenden, traqueteos, un silencio repentino. Es precisamente el dominio de esta amplia pluralidad de registros y recursos lo que define con exactitud la voz narrativa de Antonio Ferres.

Que en el tringulo de protagonistas a los que la novela da cobijo bajo el nombre de Los vencidos ocupe un lugar relevante un miembro significativo de los vencedores nada menos que un oficial del Cuerpo de prisiones y antiguo oficial de las tropas franquistas -, deja claro que el mundo de esta novela, poltica, ideolgica y humanamente hablando, est a aos luz de los tpicos maniqueos, la simplificacin del panfleto o las anteojeras de una visin partidista torpe o sectaria. Miguel Armenteros, el oficial de prisiones, no se siente cmodo con su destino de vencedor. Ni lo que ve ni lo que oye, ni lo que hace o deja de hacer responden a su idea de lo que las cosas deban de ser. Es un ser desasosegado y no por su mala conciencia social o porque una conciencia poltica ajena a su condicin de vencedor se vaya abriendo paso en l. No es un converso. La delicadeza con que est construido este personaje, clave en la historia que se novela, proviene del mero dar cuenta de la realidad sucia, triste, turbia por la que se mueve, sea entre las cuatro paredes de la prisin que a l tambin le encierra, sea por los paisajes mezquinos de un Madrid donde todo, desde el alma al sexo, es material de corrupcin y estraperlo.

Pero tan importante o ms que esta presencia significativa de lo otro, los otros, los vencedores, es la propia estructuracin de la novela que, al modo clsico, y hoy esta novela tiene el empaque de un clsico, avanza a travs de la combinacin pautada de los dos vectores que movilizan la lectura: la intriga qu esta pasando- y el suspense qu va a pasar- que se entraman equilibradamente, de ah su clasicismo, dando lugar a una trama muy slida sobre la que la argumentacin del argumento la tragedia global y concreta que represent la guerra civil- funciona con una apariencia sorprendente de objetividad que origina a su vez un tono documental, de testimonio pico pero que paradjicamente deja un lugar de relieve, pertinente en extremo, a ese eco lrico de fondo que en mi opinin singulariza a la obra de Ferres dentro de su generacin.

No creo que el argumento ni su puesta en escena proponga una lectura de ni vencedores ni vencidos, aunque sea evidente que en Los Vencidos la resolucin trgica del conflicto civil afecta y engloba narrativamente a zonas que van ms all del propio campo de los vencidos, y algo ms que un eco de reconciliacin resuena en la novela como trazo y horizonte de convivencia para el futuro: Solo duran las ideas que tienen razn de ser, las que ayudan a la gente a avanzar y a superarse; pero los hombres terminan por reconciliarse y por convivir al menos

Para que esa convivencia que se propone, y si se quiere entender que convivencia es todo lo contrario de la tolerancia ciega o la indiferencia exculpatoria, la lectura de esta novela es una lectura necesaria para acabar de una vez con los tpicos y manipulaciones ideolgicas que encerraron a la narrativa social de posguerra en el bal del olvido. Parece que sea hora de que obras como La mina de Armando Lpez Salinas, Central elctrica de Jess Lpez Pacheco, La piqueta del propio Ferres o La zanja de Alfonso Grosso salgan de ese Gulag esttico donde la mirada literaria de raz socialdemcrata las ha sepultado. No sera mala noticia que se empiecen a desenterrar las fosas literarias de la posguerra.

Los vencidos. Antonio Ferres. (Edit Gadir. Madrid 2005)


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