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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-07-2012

La Revolucin inminente

Miquel Casals Roma
Rebelin


Todo movimiento ciudadano que se enfrente al poder, es un movimiento poltico. No tiene sentido acampar junto a Wall Street o frente a los ampulosos rascacielos de la aristocracia financiera. Ellos se encargan de acumular beneficios, especular sin control, sobornar a los polticos, estafar a los ciudadanos, evadir capitales. Pero no mandan. No pueden hacerlo. El poder, entendido como la capacidad de influir y decidir sobre los resultados, reside en los Estados, porque ellos controlan la fuerza (ejrcito, fuerzas y cuerpos de seguridad), dictan las reglas del juego (leyes) y gozan de recursos humanos (empleados pblicos) y econmicos (bienes y hacienda pblica).

Nos hemos pasado 70 aos (tras la II Guerra Mundial), creyendo que el remedio a todos los males de la humanidad lo encontraramos en la Economa, la gran superestructura, la ciencia madre. Detrs de cada accin humana slo haba motivos crematsticos. La Historia se explicaba como un encadenamiento de causas econmicas que provocaban cambios sociales y polticos. Intelectuales de todo el mundo se han dedicado a razonar y discutir sobre las bondades o maldades del capitalismo y sus variantes (liberal, Keynesiano, tercera va). Cegados por esta falsa opinin, dispuestos a encerrar el mundo en ecuaciones macroeconmicas, hemos dejado de pensar, de criticar, de discernir sobre nuestro modelo poltico, la democracia representativa.

La democracia representativa, como las dems formas de gobierno (monarqua absoluta, dictadura, democracia participativa) tiene un principio, un desarrollo y un final. Todo sistema humano crece como un rbol: germina a partir de la semilla de una ideologa, va extendiendo su tronco hasta ramificarse (en instituciones) y adquirir su forma definitiva. Cuando la copa se ha completado, ya no puede cambiar. A partir de entonces el rbol (o sistema) no se adaptar a las transformaciones externas y, para protegerse, se ir encerrando en s mismo, deslizndose por la de la senda de la decadencia.

Hace ms de un siglo que Occidente vive bajo la hegemona de democracia representativa. Naci como una exigencia de las sociedades europeas que tuvieron que rebelarse y demoler el sistema de clases sociales. Renovamos nuestros valores (con los derechos humanos) y surgieron nuevas instituciones polticas: elecciones, partidos polticos, constituciones, los tres poderes del Estado, que se consolidaron con el tiempo, hasta adquirir un perfil definitivo. Desde hace dcadas, los procesos electorales y las organizaciones polticas se han enquistado, siguiendo un irreversible proceso de decadencia. Encerrados en sus propias reglas, no estn dispuestos a adaptarse y su principal funcin se ha convertido en resistir a toda costa.

Las Constituciones polticas (como la espaola de 1978) son un formidable blindaje para las democracias representativas. Sus artculos son murallas que impiden el asedio de cualquier proposicin innovadora. Pero el verdadero motor del sistema, el que hace funcionar sus rgidos resortes, son estas estructuras monolticas que conocemos como partidos polticos.

Los partidos polticos, que se declaran como los depositarios de la libertad ideolgica (cuando su objetivo es eliminarla), manejan a su antojo las piezas del ajedrez poltico, es decir, los polticos. Seleccionan a los candidatos (eligiendo a los ms corruptibles, que son aquellos dispuestos a vender su alma de servidores), los instruyen, los moldean a su antojo y los reparten en todas las parcelas del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial).

Una vez controlado el poder, los partidos lo desvan hacia sus propios intereses. Movidos como tteres, los polticos ejecutan las rdenes de la organizacin y anteponen sus intereses a los del ciudadano, pese a que su deber y responsabilidad es servir a la sociedad.

Los partidos son mafias dedicadas a enriquecerse, administrar sus privilegios y, sobre todo, a cerrar el paso a nuevos intrusos. Desde hace dcadas no hay Estado democrtico donde el poder se lo repartan dos opciones aparentemente distintas, pero que en el fondo representan lo mismo (estas opciones se llaman demcratas y republicanos en EEUU, PSOE y PP en Espaa, conservadores y laboristas en GB) El sufragio universal ha perdido su valor y los ciudadanos nos limitamos a poner una cruz entre estas dos alternativas (y otras de minoritarias), en una tendencia cuyo horizonte futuro es infinito. Cuntas dcadas, siglos si cabe, sobrevivir nuestra ingenua creencia en que dos alternativas idnticas garantizan la libertad ideolgica? La situacin de cada votante puede compararse con la del cautivo del mito de la caverna que, atado de grilletes, slo contempla unas pocas sombras. Estas sombras son los logotipos de los partidos polticos, que se turnan eternamente. Qu reglas son las que permiten dicha perpetuacin? Las que fijan el reparto, entre los dos grandes, de las cuotas publicitarias, de la financiacin, las listas cerradas, la ley dHont y la psicologa del votante (que slo votar al que conozca, al que sea til y que se juzga, ingenuamente, responsable de esta situacin).

Para enriquecerse mutuamente, partidos polticos y aristocracia financiera han llegado a una secreta y demonaca connivencia. Un acuerdo que ha dado carta blanca al mundo de la especulacin y ha convertido a los polticos en clase privilegiada. A cambio de su mutuo enriquecimiento, la sociedad y la economa productiva ha entrado en la una crisis econmica profunda, sin precedentes. Para cubrir sus agujeros, han recurrido al dinero pblico y a los recortes, sin ningn tipo de escrpulos. Han socavado el Estado del Bienestar, porque a los poderes financieros no les conviene un sector pblico amplio, sino una sociedad de cotizaciones y pensiones privadas.

Las relaciones econmicas se dividen en dos mundos antagnicos: uno superior y parasitario, el especulativo, que se dedica a acumular riqueza impunemente con el beneplcito del poder, y otro inferior, el productivo, que aporta las plusvalas del trabajo y del capital y se encarga de soportar las cargas pblicas.

Qu me ha hecho pensar, ingenuamente, que el pasado no volvera a repetirse, que no incurriramos en el mismo error? Como en los ms retrgrados aos del Antiguo Rgimen, el poder ya no necesita justificarse, se justifica por s mismo. Los polticos afirman que no pueden hacer nada, que estn atados de manos y pies. Y es cierto. Pero el compromiso que les inmoviliza no es con el ciudadano al que simulan representar, sino con las entidades financieras que les han prometido una feliz jubilacin poltica en un consejo de administracin, o en una fundacin privada.

No nos queda otra salida que la revolucin: demoler el sistema y fundar otro de nuevo, donde quepan viejos (derechos humanos) y nuevos valores (transparencia, independencia de los tres poderes, meritocracia). No hay revolucin sin un proyecto y un camino claro, o con pretensiones de ello. Pero, qu nuevo modelo poltico debe alumbrarnos? La respuesta sigue estando en la democracia. Una democracia con frmulas de transparencia, que prescinda de los partidos polticos, donde el voto y el mrito seleccionen a los mejores, que impida al ejecutivo acceder a los cargos parlamentarios, que convierta al ejecutivo en un poder gestor, que agrupe a los ciudadanos en plataformas polticas A este nuevo modelo, an sin nombre, me atrevo a fijar sus lneas maestras en El fin de la democracia.

Cmo hacerlo? Pocas son las alternativas cuando los partidos polticos controlan la mayora de la prensa y de los poderes coercitivos. Una accin rpida y contundente sera la de recuperar los centros de poder: parlamentos (estatales y autonmicos) y gobiernos, desvalijar las sedes de los partidos polticos y los sindicatos y, con el brazo de la justicia, limpiar esta atmsfera irrespirable de polticos ineptos y corruptos. Las revoluciones rabes nos han abierto el camino. Sin olvidar que la accin revolucionaria (el movimiento) debe ir paralela a la accin constituyente (plataforma). Como en el pacto de San Sebastin (1930) hay que preparar una asamblea de expertos, que redacte una carta magna abierta al futuro.

Miquel Casals Roma. Profesor de geografa y historia, licenciado en derecho, escritor

Blog del autor: www.elfindelademocracia.blogspot.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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