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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-07-2012

La mquina electoral

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final


Con la inscripcin de los candidatos a concejales y alcaldes de las 346 municipalidades del pas, oficialmente se pone en marcha, el 30 de julio, la mquina electoral. En realidad ella viene triturando principios y digiriendo pactos, alianzas y compensaciones desde hace varios meses. Alrededor de trece millones de ciudadanos -la inscripcin automtica incorpor casi cinco millones a los registros electorales- podrn votar el 28 de octubre. La incgnita es cuntos lo harn ahora que el voto es voluntario y que el desprestigio de los partidos ha crecido a niveles nunca antes vistos.

Es posible que, a falta de otro instrumento ms eficaz para castigar a los partidos, la abstencin sea bastante ms alta de lo que suele ser en elecciones municipales. Y que junto con la abstencin se intensifique la protesta social, que viene haciendo temblar la institucionalidad heredada de la dictadura. La abstencin activa podra convertirse as en factor de impulso de un vuelco en la situacin poltica. La sancin ciudadana permitira emerger a una fuerza distinta, leal a los intereses del pueblo, que levante propuestas patriticas, democrticas y anticapitalistas que interpreten a los ms amplios sectores sociales afectados por la economa de mercado y por la explotacin de las transnacionales.

Chile necesita esa alternativa. Lo pone de manifiesto la protesta social que desde hace ms de un ao reclama un cambio. Lo evidencia, asimismo, la indigencia del discurso poltico que se consume en banalidades y disputas artificiales para ganar algunos segundos en televisin.

La mquina electoral determinar desde ahora, y hasta las elecciones presidencial y parlamentaria del ao prximo, cada paso y cada palabra de los partidos y sus dirigentes. Todo lo que digan o hagan estar framente calculado para producir determinados efectos que se miden en votos.

Ningn partido escapa a esta lgica, que incluye la afanosa bsqueda de recursos financieros para sostener una campaa larga y costosa. Miles de millones de pesos se destinarn a gastos electorales. El aporte del Estado no alcanza a cubrir esos gastos. Entonces, quin los paga? Lo hacen los sectores -pocos y bien conocidos- que invierten en poltica, que es otro negocio rentable en el pas. En esa relacin se encuentra el origen de muchas leyes, decretos y resoluciones que los lobistas se encargan de afinar con parlamentarios y funcionarios agradecidos. Y el primer escaln de la corrupcin institucional reside en las municipalidades, donde se comercia desde el permiso para instalar un quiosco de diarios hasta un plano regulador a la medida de las empresas inmobiliarias.

La falta de una alternativa electoral -que nacer desde el propio movimiento social cuando la protesta social se transforme en propuesta poltica- permite que los partidos institucionales inventen trampas para conseguir votos. Una consiste en cambiar nombre a la Concertacin, que pasar a llamarse oposicin. Pero son los mismos partidos, ms el Comunista, que pretenden hacer creer que se trata de algo diferente. Para ello se argumenta que la tarea de las tareas es derrotar a la derecha. Una invencin poltica inconsistente, porque la derecha no ha hecho otra cosa que continuar aplicando las polticas de los gobiernos de la Concertacin. En lo esencial consisten en entregar bonos y subsidios a la poblacin ms vulnerable y en otorgar toda clase de beneficios tributarios a las grandes empresas nacionales y extranjeras.

La oposicin que hoy pide los votos de los ciudadanos de Izquierda, no se diferencia en nada sustantivo de la derecha gobernante. Ambos bloques -Concertacin ms PC y Alianza- plantean lo mismo en cuestiones esenciales para el futuro del pas. En la oposicin no hay siquiera un atisbo que permita suponer, por ejemplo, que se propone rescatar la soberana secuestrada por las transnacionales de la minera, la energa, las finanzas, la telefona, la pesca, la educacin, etc. Chile es vctima del asalto a mano armada de una pandilla que se lleva en bruto nuestras riquezas naturales y obtiene enormes utilidades gracias a la complicidad de los partidos que administran el Estado.

Este despojo brutal se acentu bajo la dictadura militar, que revirti la nacionalizacin del cobre, pero lo llevaron a un extremo vergonzante los gobiernos de la Concertacin, sobre todo los de Lagos y Bachelet, los presidentes socialistas de la Concertacin. Las ganancias que las transnacionales remesaron a sus casas matrices en el periodo 1996-2010 ms que duplicaron el monto de la inversin extranjera. Mientras la inversin alcanz a 62 mil millones de dlares, la renta total que produjo lleg a 132 mil millones de dlares. O sea, que las inversiones extranjeras en Chile en ese periodo se han pagado solas en un plazo de catorce aos. Por cada dlar que entra a Chile como inversin, el pas le paga dos dlares al inversionista. Esto sin contar la prdida fabulosa que representan las exportaciones de concentrados de cobre que llevan gratis otros minerales.

Esta situacin vejatoria para la dignidad nacional es un robo descarado. El Estado podra financiar -si impidiera, como es su deber, este despojo- la educacin gratuita y salud pblica de calidad, la vivienda digna y el trabajo estable y con salario justo que reclama el pueblo. Pero esto no le pasa por la mente a la oposicin y por supuesto mucho menos a la derecha gobernante. Tampoco plantea convocar a una Asamblea Constituyente que elabore la Constitucin democrtica que necesita el pas para liberar sus potencialidades creadoras.

A remolque de esta oposicin caradura, la Izquierda chilena no tiene ninguna posibilidad de rehacerse. Alguno de sus partidos, en el mejor de los casos, puede lograr unos cuantos diputados y alcaldes. Ser una pobre ganancia si se considera el costo que le significar navegar en la estela de una de las dos derechas -segn la acertada definicin de Sergio Aguil- que hoy se reparten la institucionalidad poltica.

El camino de la Izquierda, vale decir del pueblo, es ms largo y difcil. Pero es ms seguro y permitir construir desde sus cimientos la mayora social y poltica que haga posibles los cambios. Hablamos de una alternativa patritica, socialista y democrtica como ya ha ocurrido en Venezuela, Ecuador y Bolivia. Esta construccin permitir -si se hace necesario- establecer amplias alianzas sociales que ayuden al proceso de cambios, sin someter a la Izquierda a la triste condicin de furgn de cola de una de las dos derechas.



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