Las comunidades indígenas y campesinas del Cauca se levantan frente al asesinato de Éduar Fabián Güetio

Los habitantes de la vereda El Crucero-El Rosario del Resguardo de La
Laguna Siberia se levantaron hoy muy temprano, pero no para ir a
trabajar la tierra sino para juntar sus manos y colaborar en cocinar los
alimentos para ofrecer a centenares de indígenas y campesinos que
permanecían desde hace dos días acompañando a la familia de Éduar Fabián
Güetio, asesinado por la fuerza pública. A Éduar Fabián, de apenas 22
años de edad, la guerra le arrebató su sonrisa y sus sueños: “Mi sobrino
quería estudiar mecánica y la otra semana se iba para Bogotá, donde su
tío que vive allá; pero mi sobrino no fue para Bogota sino para el
cielo”.
El miércoles 18 de Julio de 2012 no fue un día normal para Luis Arbey,
padre de Éduar Fabián, comerciante que se levanta todos los días a las 3
de la mañana para, desde El Crucero-El Rosario, llevar a vender las
cargas de frutas a las plazas de mercado de los pueblos más cercanos.
Ese día, cuando apenas comenzaba su primera venta, recibió una llamada
anunciándole el asesinado de su hijo.
“Éduar Fabián era un joven alegre, con muchas chispas y mujeriego. Por
eso, ese día se había quedado donde su novia y se regresó muy temprano a
su casa, para preparar el desayuno de sus hermanos que iban al
colegio”, recuerda Rubén, su tío. Como a todo joven, le gustaba la
música y ese miércoles llevaba puestos sus audífonos, escuchando música
desde su teléfono celular. Ya llegando a su casa, a unos 50 metros de
ésta, se encontró con un grupo de soldados que habían llegado el día
anterior al lugar para ‘prestar seguridad’. Los habitantes de la
comunidad de El Crucero-El Rosario manifiestan que no hace falta la
presencia de la fuerza pública pues es un lugar tranquilo, donde la
gente madruga todos los días y transita por las carreteras sin ningún
problema. Sin embargo, el Ejército, como de costumbre, se atrincheró en
medio de la población civil; en este caso, en el tanque principal del
acueducto, en medio de las casas.

Sin avisar ni requisar, uno de los soldados, al distinguir la silueta
de Éduar Fabián, le disparó un tiro en su rostro, dejándolo muerto. Los
soldados quisieron en un primer momento presentar lo sucedido como el
suicidio de uno de sus soldados. Decidieron trasladar el cuerpo a un
lugar cercano, cubrirlo con una sábana e impedir que la comunidad que se
acercaba al lugar pudiera destaparlo. Sin embargo, los comuneros
desconfiaron de la versión de los soldados y decidieron llamar a las
autoridades indígenas para que vinieran a averiguar la situación. El
gobernador reconoció el cuerpo del comunero e impidió que los soldados
se lo llevaran. La Guardia Indígena se hizo cargo de cuidar al cadáver y
de apaciguar a los familiares y vecinos indignados. Como contó un
guardia, la gente tenía mucha rabia pues mataron a Éduar Fabián a sangre
fría. Cuando la comunidad manifestó su cólera y rechazo frente a estos
hechos criminales, aun cuando la Guardia Indígena trataba de controlar
la situación, los soldados dispararon al aire y a los guardias les
amenazaron con disparar si se acercaban a ellos.
Ahora la comunidad indígena y los familiares piden justicia. Ellos
reportaron los hechos a la Fiscalía General de la Nación y llevaron a
cabo el mismo 18 de Julio una audiencia en el casco urbano de Caldono.
Piden que el soldado que disparó no sea juzgado por un tribunal militar,
sino civil, pues saben que los militares no suelen hacer justicia
cuando el inculpado es uno de sus integrantes. Sin embargo, hasta ahora
las demandas de la familia han quedado en el aire. La comunidad reunida
en asamblea emitió un ultimátum a los grupos armados, dándoles tres días
para desalojar la zona, exigencia que, de no cumplirse, aseguran los
comuneros, implicará que adopten medidas de hecho para retomar el
control del territorio.
Este viernes 20 de julio, unas quinientas personas marcharon detrás del
ataúd de Éduar Fabián. Desfilaron desde la iglesia hasta el cementerio,
expresando su dolor e indignación. En las calles de Siberia, pasando al
lado de las trincheras de la Policía, gritaron su rechazo a la guerra.
“Fuera militares”, se desgañitaba una tía de Éduar Fabián, entre
lágrimas: “fuera los grupos armados de nuestro territorio. No queremos
más muertos. Ya basta de esta guerra”. Además de la comunidad del
Resguardo, vinieron a apoyar numerosos comuneros y guardias de otros
Resguardos y zonas. Todos manifestaron su solidaridad y el rechazo a la
violencia ocasionada por la presencia de los grupos armados legales e
ilegales en los territorios indígenas y campesinos.

El asesinato de Éduar Fabián no es un error ni un accidente; hace parte
de la estrategia del Plan de Consolidación Territorial elaborado por
Santos, quien quiere imponer el terror en los territorios indígenas para
retomar su control y, sobretodo, tener control de las riquezas
naturales que se encuentran allí. En estos momentos, en el Cauca, está
llegando más y más fuerza pública, negando a los indígenas el derecho a
ejercer su autonomía. Las comunidades se levantaron desde hace unas
semanas a rechazar la política del gobierno y los hostigamientos por
parte de los grupos armados; ante lo cual, la reacción del Estado y de
sus perros guardianes que son los medios de comunicación oficiales, han
sido estigmatizar y violentar aun más a los indígenas.