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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2012

Del masoquismo y de la felicidad

Florent Marcellesi
Pblico


Las polticas anti-crisis actuales son el reflejo de una macroeconoma masoquista. Segn el concepto acunado recientemente por el economista Wren-Lewis, toda la lrica de nuestros dirigentes sacada del mismo lxico de los recortes no deja lugar a dudas. Ya sea Cameron en Reino Unido o el Rey en Espaa, el espritu de sacrificio tiene que dominar el tiempo y debate poltico-social. Por su parte, Monti y Senz de Santamara hablan del dolor necesario para crear la Italia del futuro o salvar el pas. Mientras tanto, la ministra italiana del Trabajo, cuya voz se entrecortaba de lloros al anunciar el plan de ajuste, se encarga de simbolizar la culpa nacional a travs de una catarsis colectiva meditica.

Asimismo, de norte a sur, de este a oeste de Europa, la nica solucin es la austeridad asentada en la socializacin de un sentimiento central: la purga de los pecados. La austeridad se convierte poco a poco en una enfermedad patolgica colectiva de quien goza verse humillado o se complace en sentirse maltratado. Para los pecadores de los tiempos (insostenibles) de bonanza y de la burbuja inmobiliaria, hoy toca la redencin y la flagelacin patriticas a golpe de desmantelamiento generalizado del Estado de bienestar, de subida del IVA, de reduccin de las prestaciones por desempleo, de diabolizacin de lo pblico, de reduccin del nmero de concejales (y aumento del bipartidismo), del aumento de la jornada laboral y de la edad de jubilacin, etc. Estas polticas anti-crisis masoquistas, sean conservadoras o social-demcratas, son una verdadera perversin intrnseca de las economas del crecimiento, su cara ms oscura. No hay cosa peor para ellas que el decrecimiento econmico, es decir una recesin, y lo que conlleva de personas paradas, pobres, marginadas, desesperadas Al mismo tiempo, tampoco habra nada peor para la Tierra que una vuelta a la rueda del crecimiento, verdadero abismo abierto hacia el colapso ecolgico y la fustigacin de las generaciones futuras.

Sin embargo, no se trata solo de masoquismo: hay tambin parte de sadismo. Lo denota por ejemplo la reaccin de la diputada Andrea Fabra, cuando escuchaba a Rajoy explicar los recortes a la prestacin de desempleo, con el ya mtico y tan elegante que se jodan (las y los parados). Al fin y al cabo, vulgariza y verbaliza en alto la teora neoliberal: las personas desempleadas son unas vagas (as que mejor cortarles sus subsidios) y los trabajadores pobres ocupan el eslabn que ocupan por falta de mritos propios (no es Botn quien quiera). Es la ley del ms fuerte donde los dueos del capitalismo exhiben sin vergenzas ni pudor su podero institucional y econmico, pisando y denigrando la gente comn. Adems, existe otra dimensin que va ms all de las enseanzas del marqus de Sade: en una crisis, no todos salen perdiendo. Al revs, unos salen ganando. Ya sea con la amnista fiscal, considerada como inmoral e ineficaz econmicamente por la muy poca rebelde Comisin europea, o la amnista al ladrillazo, que regulariza la vulneracin constante de la Ley de costa desde hace dcadas, los olvidos legales de delito se convierten en un estratagema para poner la crisis al servicio de los ms poderosos, de los defraudadores y del dinero sucio.

A quin no le guste esta huida adelante hacia ms vejaciones, baja estima y culpabilizacin extrema, he aqu otro concepto: la microeconoma de la felicidad. Suelo escribir, tras los pasos de Tim Jackson, que la prosperidad no es otra cosa que ser felices dentro de los lmites ecolgicos del planeta. Cun feliz fui valga la redundancia cuando tuve el placer de escuchar el discurso que Mujica, el presidente uruguayo, realiz en Ro+20 donde recordaba ante la crme de la crme internacional que venimos al planeta para ser felices. Para serlo y cambiar el mundo al mismo tiempo, no hay que esperar a que en el prximo consejo de ministros espaol o la prxima cumbre europea nos vengan a salvar con su ltigo anti-crisis. Desde lo local, tenemos entre manos los ingredientes para a la vez resistir a los azotes y practicar la revolucin de los pequeos y grandes pasos.

All mismo, abajo de nuestra casa, nuestro poder-hacer es enorme y placentero, y altamente rebelde y resiliente. Somos capaces de vivir sin intermediarios para cultivar y comprar productos de calidad y ecolgicos, somos capaces de relocalizar la economa sin el euro, somos capaces de trabajar menos y mejor sin la losa cultural del pleno empleo, somos capaces de producir y consumir localmente energa limpia y finanzas ticas sin multinacionales, somos capaces de recuperar sin decreto-ley el sentido de la solidaridad, de la ayuda mutua y de la comunidad En definitiva, sin tanta flagelacin impuesta y autoasumida, somos capaces de atenuar los efectos de la crisis e iniciar una transicin social y ecolgica desde la fraternidad y el disfrute. Por supuesto, seremos capaces de terminar con la macroeconoma masoquista si a nivel regional y global tejemos redes, cooperamos y cristalizamos nuestros xitos en los diferentes niveles institucionales las millones de personas y colectivos que sembramos las semillas de un sistema alternativo, plural y enfocado a vivir bien y feliz con menos.

No digo que la resistencia y la revolucin estn exentas de lgrimas, pero estoy seguro que si queremos otros mundos posibles parte de ellas pueden y deberan ser tambin lgrimas de alegra.

Fuente:  http://blogs.publico.es/dominiopublico/5524/del-masoquismo-y-de-la-felicidad/



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