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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-07-2012

El Cauca, sntoma del agotamiento de la Unidad Nacional y desafo para el movimiento popular

Jos Antonio Gutirrez D.
Rebelin



  No puede observarse la lucha de clases a travs de los vitrales de una catedral, ni a travs de las leyes de los capitalistas (William Big Bill Haywood, 1910)
Chen Gen Kat Pat, Men Se Yon Sel Wout Li Fe
(El perro tiene cuatro patas, pero puede ir slo en una direccin. Proverbio haitiano)


Sin lugar a dudas que la afirmacin de Marx de que Todo lo slido se desvanece en el aire cae como anillo al dedo al rgimen presidido por Juan Manuel Santos, que hace un ao pareca casi inexpugnable, la maquinaria de consenso ms impresionante que haba vivido Colombia desde la instauracin del Frente Nacional en 1958. Hoy, el santismo est acosado por las mltiples crisis del sistema de salud y educativo, por fuertes diferencias en su seno que han resquebrajado la Unidad Nacional, por el descrdito generalizado de las instituciones y una falta de credibilidad ante una poblacin frustrada a la cual se le prometi mucho, sin que ninguna de las propuestas demaggicas hayan sido hasta ahora implementadas de modo sustancial. Ni en el campo de la restitucin de tierras, ni en el campo de las vctimas, ni en el campo de la paz, ni mucho menos en el campo de la prosperidad el gobierno ha cumplido en lo ms mnimo . El rgimen ha comenzado a enfrentar un desgaste generalizado, a la par que el ciclo de luchas populares abierto a finales del 2008, ha seguido acumulando fuerzas: dos victorias para el campo popular, como son la derrota de la reforma al sistema educativo a fines del ao pasado, y la derrota a la reforma a la justicia por una ola de indignacin ciudadana hace apenas unas semanas, son prueba de ello. A su vez, el fracaso de la Marcha Guerrerista de Diciembre del 2011, con la cual se pretenda alinear el consenso de la poblacin en torno al escalamiento del conflicto, son prueba del creciente agotamiento de la Unidad Nacional como frmula de gobierno. La actual agitacin en el Cauca plantea otro escenario importante de la crisis que enfrenta el rgimen santista.

La realidad del conflicto en el Cauca

Con el asesinato del comandante fariano Alfonso Cano, en Chirriadero, Norte del Cauca, en Noviembre del 2011 [1] , la oligarqua pens que el fin del fin estara cerca, que el Cauca se pacificara y que la guerrilla, desmoralizada, se desmovilizara a raudales. En realidad nada de eso ocurri, y antes bien, una victoria militar del rgimen se convirti en una derrota poltica, pues pareciera que, como han afirmado varios guerrilleros, la muerte de su mximo comandante reforz su moral y conviccin. Tal pareciera ser la conclusin lgica que se desprende del escalamiento del conflicto en el Cauca, particularmente en el Norte y en el Oriente del Departamento [2] . Desde comienzos de Julio, ha habido una seguidilla de hostigamientos y enfrentamientos en toda la zona del Norte del Cauca: Toribo, Jambal, Caloto, Corinto, Argelia. Un comunicado de la Columna Jacobo Arenas de las FARC-EP, fechado el 12 de Julio, plantea que en los pasados 12 das desarrollaron 32 acciones militares en el Norte del Cauca [3] , lo cual demuestra la renovada capacidad de accin de la insurgencia y la eficiencia poltico-militar de la estructura adelantada por Alfonso Cano antes de su asesinato. La estrategia insurgente en el Cauca, que se extiende por todo el pas y es parte de las orientaciones del movimiento guerrillero desde el 2009, se basa en la utilizacin de los accidentes geogrficos para sorprender al enemigo, el camuflaje en todas sus formas imaginables y el ataque permanente como mejor estrategia defensiva han permitido a los insurgentes mantener una iniciativa feroz en la regin. Como repiten una y otra vez los generales, son grupos muy pequeos que hostigan da y noche a la tropa () El impacto sobre la moral de los soldados es evidente, hasta el punto que se refieren a la regin como el infierno caucano. Para todo el mundo est claro que las FARC han hecho del Cauca su nueva Marquetalia. [4]

Pero la insurgencia ha logrado combinar hbilmente estos pequeos destacamentos guerrilleros (las Unidades Tcticas de Combate) conocedores del terreno y que cuentan con la confianza de un sector importante de la poblacin, para enfrentar fuerzas concentradas muy superiores [5] . Como lo relata un reportaje de Semana, describiendo un combate en Toribo:

No fue el tpico hostigamiento de dos o tres milicianos de civil que disparan un tiro o lanzan una pipeta y se camuflan en una casa. Fue un ataque protagonizado por grupos de guerrilleros uniformados que la fuerza pblica no pudo repeler por tres das, con 15 puntos de fuego contra el pueblo desde los cerros cercanos, segn lo describi un oficial. Al menos uno de esos grupos, segn los pobladores del lugar y varios militares que lo combatieron, tena 30 integrantes. [6]

El 11 de Julio, Santos lleg a Toribo para realizar un consejo de Ministro s en el cual anunci que no se desmilitarizara ni un solo centmetro del Cauca [7] , afirmando adems que el Estado tena el control del Departamento. Como teln de fondo, se escuchaban rfagas de la insurgencia y caa derribado un avin Super Tucano en el Plateado, en Jambal. Si bien el gobierno desmiente que haya sido derribado por la insurgencia, las FARC-EP no solamente afirman haberlo derribado sino que revelaron videos de pruebas de misiles tierra-aire artesanales, de elaboracin autctona, realizados en el Municipio de Surez, Cauca, a finales del pasado ao [8] . No es necesario insistir en la importancia que la elaboracin de estos misiles tendra para el destino militar de la guerra en Colombia, dado que la estrategia militar del Estado se ha sustentado, desde los inicios del Plan Colombia, en la superioridad militar otorgada por el podero de fuego areo [9] .

El presidente lleg, rodeado de 70 cortesanos, en un helicptero, porque todas las rutas de acceso estaban en manos de la insurgencia, que instal varios retenes desde los cuales algunos comandantes farianos adelantaron improvisadas conferencias de prensa con los reporteros que se aventuraban por los caminos y decan a quienes pasaban en vehculos, luego de chequearlos Dganle al presidente que para llegar a Toribo tuvieron que pasar por un retn del frente sexto de las Farc [10] . Claramente, el control de la situacin era una fantasa imposible de sostener.

Indignacin indgena


El consejo de Ministros de Santos en Toribo fue una clara muestra del autismo tradicional de la clase dominante colombiana, que viaj a una comunidad rural, alejada, para reunirse solamente entre ellos, entre gente que no tena necesidad de viajar al Cauca ya que podran perfectamente haberse reunido en Bogot. Al movimiento indgena y a los campesinos se les ignor completamente. Es por ello que los indgenas y la mayora de la poblacin en lugar de sumarse a un circo en el cual solamente podan ser espectadores, prefirieron manifestarse con una pared de abucheos contra la cual se estrell el pas poltico. Denunciaron el hecho de que nadie mand llamar a Santos y que ste no les consult nada.

En una lnea tan propia de lo que ha sido la poltica social del santismo, es decir, sin ninguna consulta a las comunidades sobre sus necesidades y sin tener e n cuenta en absolut o sus demandas, el mandatario anunci un programa de inversin de $500.000.000.000 (unos 278 millones de dlares); sobre este programa, las propias organizaciones indgenas se han mostrado reacias a creer en palabras hermosas que rara vez se traducen en realidad, temiendo que de esta inversin nada terminar en manos de los campesinos ni de los indgenas, sino que estar al servicio de las locomotoras del Plan de Desarrollo Nacional, fundamentalmente de la expansin de los agronegocios y de las actividades minero-extractivas. A la vez, se sigue aumentando el pie de fuerza y la militarizacin de la regin [11] . El mismo nombre dado por Santos al programa, Plan Cauca, revela que est diseado desde una perspectiva ms militar que otra cosa (o cvico-militar, como se dice en la jerga del poder).

La indignacin indgena pronto se tradujo en una masiva movilizacin en contra de tropas de la Tercera Brigada del Ejrcito acantonadas en el Cerro Berln, en Toribo [12] . Esta movilizacin fue parte de un ultimtum que ya haban dado los indgenas para que los soldados se retirasen de un sitio que consideraban sagrado, y se sum a las acciones que ya antes se haban desarrollado en el Norte del Cauca, en la vereda de Monterredondo en Miranda, contra la base militar de Tres Cruces, que se planea instalar en esa zona. All, miles de campesinos e indgenas desde el 8 de Junio vienen ocupando los predios destinados a servir a la Brigada Mvil No. 28 de la Tarea Conjunta Apolo, fuerza contrainsurgente de lite que opera en la regin [13] . En una clara muestra de las posibilidades de resistencia frente al militarismo por parte de la accin directa de masas de un pueblo organizado y decidido, el 17 de Julio, 500 guardias indgenas, apoyados por unos cuatro mil indgenas de las comunidades, lograron expulsar a 100 soldados del Cerro Berln, sacndolos a la rastra mientras algunos de ellos lloraban de impotencia como chiquillos al verse sobrepasados, en una imagen diametralmente opuesta a la tradicional violencia, prepotencia y agresividad con que se relacionan con las comunidades [14] . Estas imgenes fueron utilizadas hbilmente por los medios colombianos, siempre al servicio del militarismo y de la defensa del status quo, para decretar unilateralmente la indignacin de todos los colombianos de bien por la agresin contra su ejrcito. Como lo denunci amargamente el profesor caucano Fabin Moreno: Quizs un Estado de furor meditico sea el que haya llevado a la prensa colombiana en conjunto a registrar con mpetu la accin de desalojo que ejerci la Guardia Indgena contra los militares dispuestos en el cerro Berln de Toribo (Cauca). El Espectador titul: Desplazados; Noticias Caracol destac la imagen del sargento Rodrigo Garca llorando y al final concluy con que los colombianos estn indignados. El Tiempo, fiel a su estilo (el de defender el statu quo), realz en primera pgina las palabras del presidente Santos que se refiri al hecho con la desptica frase: Todo tiene un lmite [15] .

La ley y el orden se impone con gases y metralla

Que los soldados no hayan herido a ningn indgena durante su desalojo fue ms una muestra de impotencia e incapacidad de reaccin, que de grandeza como quisieron mostrarlo en los medios. Esto fue sealado claramente por el general Jorge Humberto Jerez, comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta Apolo, quien dijo "Tengo en esta montaa a suficientes soldados para combatir a la guerrilla, pero para enfrentar a ms de 1.000 indgenas no son suficientes" [16] .

La supuesta agresin fue desvergonzadamente exagerada como lo denunci el propio gobernador de Toribo: No fue confrontacin, simplemente fue un forcejeo entre un guardia indgena con un sargento, principalmente por las palabras. Insultos de uno y otro lado. Se cometieron errores de pronto en los guardias, al tratar de presionar para que se salieran rpido. Hubo disparos. El soldado trat de disparar a los pies, despus los otros dispararon. Algn soldado bulloso deca que nosotros les habamos disparado primero, pero con qu armas? [17] . Sin embargo, los medios mostraron al victimario (Ejrcito) como vctimas de la irracionalidad y el salvajismo propio de los indios.

Los medios se encargaron as de preparar anmicamente el terreno para la retoma del Cerro Berln el da 18 de Julio por parte de varios cientos de efectivos del ESMAD que llegaron en helicpteros, disparando balas, perdigones, arrojando gases y papas bombas. Mientras las guardias indgenas no hirieron a ningn soldado y los sacaron cargndolos, los efectivos del ESMAD, sus rostros cubiertos con mscaras anti-gases que recordaban aterradoras imgenes de la Primera Guerra Mundial, hirieron a 35 indgenas con perdigones, esquirlas, bombas lacrimgenas [18] . Todo esto, mientras Santos amenazaba, a travs de Twitter a los indgenas, hablndoles como a nios chiquitos, con un paternalismo francamente colonial: No quiero ver a un solo indgena en las bases militares [19] . Para disipar cualquier ilusin relativa la diferencia entre el santismo y el uribismo, Santos recurri, al igual que Uribe ante la Minga del 2008, a la estigmatizacin del movimiento denunciando que la estrategia de desalojo de la fuerza pblica es ideada por las FARC-EP, anunciando a la vez judicializaciones en masa contra ms de un centenar de indgenas acusados de ser parte de la red de apoyo a la insurgencia [20] . Pero esta violencia desmedida de los uniformados no fue reportada como agresin, sino como el restablecimiento de la racionalidad, de la ley y el orden.

Con todo, la violencia oficial no impidi que en Huasan, en la va Caloto-Corinto, otra base militar fuera desmontada por los indgenas [21] . Es que la indignacin acumulada por la estrategia militarista contenida en el Plan Espada de Honor, que convierte al Cauca en una zona estratgica para la Consolidacin ha hecho a las comunidades perder el miedo. Este rechazo de la poblacin a un Ejrcito que balea, desplaza, viola, abusa sexualmente, amenaza, arremete, insulta, humilla, bombardea, que utiliza a la poblacin civil como escudos humanos convirtiendo hogares, escuelas, parcelas y hospitales en trincheras no es exclusivo del Cauca: en zonas como el Sumapaz, Arauca, Caquet tambin ha habido mltiples y valientes expresiones de resistencia civil contra un Ejrcito que slo es capaz de actuar como tropas de ocupacin. El propio general Jerez denunci, con bastante amarillismo, que "los indgenas estn escupiendo a mis soldados, les han quemado la comida, les han quemado el rea donde pueden tomar agua, los empujan, los insultan... Mis soldados han aguantado, han soportado esta situacin de estos indgenas y en este momento pienso que se est desbordando la situacin". [22]

El gobierno est consciente de que esta guerra no se gana slo con el fusil. Sobre todo hay ganarse a la poblacin civil. La disputa es, ante todo, por el corazn del pueblo. Pero la misma guerra sucia, nica manera con la cual el Estado puede enfrentar a la insurgencia, como hemos sealado con anterioridad, es la que explica por qu esta guerra est perdida de antemano. Los mtodos propios de esta guerra irregular confrontan al Estado con toda la comunidad, mientras el ejrcito fomenta el paramilitarismo como un mecanismo eficaz de contrainsurgencia [23] y se multiplican las violaciones contra las comunidades al por mayor: no se puede ganar la guerra sucia con armas limpias. Esta es la dialctica de fondo que explica por qu la estrategia contrainsurgente del Estado incuba, en s misma, las semillas de la derrota y es la causa real de la desmoralizacin creciente del Ejrcito [24] . Esta desmoralizacin de las tropas del Estado es ms clara en el Cauca que en ninguna otra parte de Colombia. Como dice de manera grfica un artculo de opinin: Hay mucho de humillacin en que los soldados tengan que hacer sus necesidades en las mismas trincheras donde duermen y comen por fsico miedo a los hostigamientos, o que frente a las cmaras afirmen que no pueden caminar de da porque la guerrilla les dispara de todos lados. O que lloren como nios pequeos cuando confirman que el pueblo al que dicen defender los odia con furia. [25]

Piden respeto y les dan plomo
 

Juan Manuel Santos, haciendo odos sordos a las demandas indgenas, ha dicho que no cedern en la militarizacin del Cauca: lo dijo en Toribo el 12 de Julio y lo repiti en Popayn el 18 de Julio: La presencia de militares y policas en cualquier lugar del pas no es negociable. No podemos ceder un milmetro [26] . A contrava de la demanda de autonoma, de desmilitarizacin, de respeto a las comunidades, Santos ha ofrecido profundizar la guerra, mediante la implementacin en la regin del Comando Conjunto del Suroccidente, con 5.000 hombres del Ejrcito, Fuerza Area y Armada, al mando del general Leonardo Barrero [27] , relevando as la comandancia de la III Brigada del Ejrcito que hasta entonces lideraba las operaciones contrainsurgentes en la regin bajo el mando del general Miguel Prez [28] . Esto de la mano de una fuerte campaa de criminalizacin del movimiento indgena, al cual no solamente se le muestra como tteres del terrorismo, sino que el comandante de la Brigada 29, Henry Piraquive, les acusa directamente de lesiones personales, tentativa de homicidio, sedicin, asonada, terrorismo y secuestro [29]



El plomo no ha tardado en llegar: en Caldono, el 18 de Julio fue asesinado un joven campesino, de apenas 22 aos, llamado Fabin Getio, en un retn en Laguna Siberia. El ejrcito dice que fue un error, pero en realidad es el resultado directo del ambiente de criminalizacin y del odio que los medios han estimulado contra la poblacin del Cauca de manera incesante durante dos semanas. Los indgenas, indignados, retuvieron a una treintena de soldados por algunas horas [30] . En Huasan, el 19 de Julio, mientras se desarrollaban manifestaciones en la carretera exigiendo el retiro de soldados que estn ocupando las fincas de los campesinos, fue asesinado el campesino Mauricio Largo, de 28 aos, por parte de la Brigada Mvil XIV del Ejrcito, la misma que hace un mes aproximadamente, asesin en Barrio Colorado, Caloto, al campesino y miembro de la Marcha Patritica, Gustavo Londoo [31] . Aparte de Largo, cuatro campesinos fueron heridos, uno de ellos por impacto de bala [32] .

Desde luego, los medios no se indignan con estas muertes ni con las lgrimas de los familiares, como se indignaron al ver a los soldados salir a la rastra, lloriqueando, pero sanos y salvos ni mucho menos, los comandantes denuncian la gravedad de estos asesinatos. Un manto de impunidad rodear a estos daos colaterales, mientras la prensa cmplice seguir justificando el asesinato por parte del Ejrcito, culpabilizando de menor a mayor grado de todo cuanto suceda a los indios y, sobre todo, a la guerrilla que, como una mano negra, estara infiltrando la regin, lavando mentes y poniendo ideas peligrosas en las cabezas de inocentes indgenas, de unos nobles salvajes supuestamente abandonados por el Estado. En realidad, ni hay tal abandono (el Estado se hace presente con la impresionante militarizacin del territorio y convirtiendo escuelas y hospitales en trincheras antes bien, los indgenas lo que piden es menos presencia del Estado), ni hay tal infiltracin guerrillera. Tal discurso es fruto de una labor sistemtica de desinformacin sobre la naturaleza del conflicto social y armado colombiano.

Infiltracin guerrillera en el Cauca?  

La insurgencia no es un fenmeno nuevo en el Cauca. En esa zona ha hecho presencia histricamente, aparte de las FARC-EP, el ELN, el M-19 y la insurgencia desarrollada desde 1984 por las propias comunidades del Norte del Cauca, el Movimiento Armado Quintn Lame, desmovilizado junto al M-19 en 1989. Otras facciones insurgentes tambin han pasado por esas tierras, con menores niveles de implantacin. Pero, a diferencia de lo que digan los discursos tanto del gobierno como de ciertas autoridades indgenas, las FARC-EP han tenido en esa zona un arraigo de ms de medio siglo. No existe ac una infiltracin de la insurgencia, sino que algunas comunidades han tenido vnculos estrechos con la organizacin guerrillera desde hace varias dcadas, an cuando haya conflicto poltico muchas veces entre los insurgentes y las autoridades tradicionales de los indgenas, basadas en los usos y costumbres sobre todo cuando la insurgencia es una alternativa atractiva para sectores de la juventud y de las mujeres que se sienten marginados en sus propias comunidades. El mismo Feliciano Valencia, dirigente del Consejo Regional Indgena del Cauca (CRIC), una persona bastante hostil hacia la insurgencia, se vio forzado a afirmar en estos das que "no vamos a negar que hay milicianos indgenas y guerrilleros indgenas" [33] .

Las FARC-EP tienen en su seno comuneros, hijos, hermanos, vecinos, gente que es parte de las comunidades. Esta organizacin, de hecho, tuvo como uno de sus focos de nacimiento el Cauca. Ya antes del perodo conocido como la Violencia (dcada de 1940), haba agitacin comunista en la regin del Norte del Cauca a manos de dirigentes indgenas como Jos Gonzalo Snchez, quien luch codo a codo con el legendario Quintn Lame. Ciro Trujillo, uno de los fundadores de esa guerrilla, era originario de la regin de Tierradentro y era un indgena Pijao que se alz en los 40 contra la represin conservadora. Hacia 1950 entr en contacto con los guerrilleros comunistas del Sur de Tolima, y en 1953, junto a Jacobo Pras Alape, conocido como Charro Negro (tambin indgena pero proveniente de Natagaima, Tolima) y Manuel Marulanda, fundaron el Movimiento Agrario de Riochiquito en el Noreste del Cauca, en la regin de Pez, en el cual reunieron a los indgenas y campesinos desplazados de otras regiones, en base al mutuo respeto y a un programa poltico comn esta experiencia que fue terminada a sangre y fuego por un ataque militar en Septiembre de 1965, fue uno de los ncleos de los cuales se desarrollara la insurgencia fariana [34] . Manuel Marulanda se desplazaba en el sector de Tierradentro en el oriente del Cauca desde los aos 50, junto a estos guerrilleros; la reunin que dio origen al Bloque Sur, predecesor de las FARC, en 1965 se celebr en la comunidad de Riochiquito [35] . El Sargento Pascuas, nico fundador de las FARC-EP an activo en la insurgencia, comandante del 6 frente que opera en el Norte de Cauca desde 1979, lleva ms de medio siglo combatiendo en la zona.

Difcilmente podra decirse, como se afirma en los medios, que la insurgencia representa una organizacin que se atrincher en el Cauca, cuando ah tiene sus races; que se ha infiltrado en las comunidades, cuando, aunque le pese a algunos caciques, es una organizacin con vnculos orgnicos con sectores en las comunidades que se sienten representados en el proyecto insurgente; o que su inters en la zona se debera a los corredores estratgicos (discurso fomentado desde aquellos que tienen un inters en presentar el conflicto como vaciado de contenido social y como una mera expresin del narcotrfico), cuando, independientemente de la importancia geoestratgica que tenga, esa ha sido una zona de presencia guerrillera de hace dcadas por las condiciones sociales espantosas en que vive la poblacin, que enfrenta el despojo y la represin por parte de las autoridades.

Organizaciones indgenas: qu tan ajeno es el conflicto?


Si bien es cierto que las organizaciones indgenas manejan un discurso segn el cual el conflicto les es ajeno, tal afirmacin, tomada en su sentido literal, ignora la realidad del pas. Y sobre todo , ignora la realidad del Cauca donde un porcentaje importante de indgenas se involucran en el conflicto por sentirse representados por las partes y los proyectos que en l operan, fundamentalmente por la insurgencia que tiene una importante base de apoyo en la regin. An cuando las organizaciones y las autoridades se indignen con la presencia de cualquier actor armado en sus territorios, y que esta opinin represente a un sector importante de las comunidades indgenas, lo cierto es que otro sector tambin importante de las comunidades canalizan su indignacin en el respaldo activo o pasivo a los insurgentes [36] : por ello es que el gobierno, dando palos de ciego, ha adelantado capturas masivas en toda la regin, incluidos alrededor de 30 comuneros, incluidos dos lderes indgenas de Caldono, por pertenecer supuestamente a redes de apoyo al terrorismo [37] . Independientemente de si el gobierno hace montajes o si da palos de ciego, lo cierto es que importantes sectores indgenas ven en la insurgencia su expresin poltica y por ello el gobierno persigue y criminaliza a las comunidades indiscriminadamente. Basta nada ms ver a los cuatro muchachos capturados por algunos guardias indgenas en las inmediaciones del cerro Berln, a los cuales se les aplic justicia comunitaria (un castigo brutal como son latigazos [38] ), precisamente por ser miembros de la comunidad, para comprobar los vnculos orgnicos de sectores de las comunidades con el proyecto insurgente [39] .

Lo cierto es que, aunque sea necesario rechazar los sealamientos de Santos, de los medios y de los generales, as como la criminalizacin de la protesta indgena y los argumentos racistas que plantean al indio como alguien incapaz de movilizarse por s mismo, como si fueran meros tteres de actores externos, las comunidades estn atravesadas por el conflicto y ante ste expresan opiniones diferentes, toman partido. La confrontacin con la realidad en estas semanas demuestra que el movimiento indgena est lejos de ser un bloque monoltico: Luis Evelis Andrade, presidente de la Organizacin Nacional Indgena de Colombia (ONIC), condena la actitud de quienes expulsaron al ejrcito del cerro Berln y llama a las autoridades a tomar acciones contra ellos [40] . La Organizacin Pluricultural de Pueblos Indgenas del Cauca (OPIC), organizacin indgena minoritaria creada por el uribismo en el Cauca, que representa posiciones de ultraderecha, acusa a los indgenas movilizados de infiltrados de la guerrilla [41] y llama a que se quede la fuerza pblica en sus territorios [42] . Las guardias indgenas capturan a milicianos de las FARC-EP pero cuando los van a juzgar, otros sectores de la comunidad protestan contra esta medida [43] . En una entrevista, Feliciano Valencia (CRIC) oscila entre la legitimidad y la ilegitimidad del Estado, revelando las enormes presiones a las que est sometido por parte de las bases indgenas y del poder, la tensin constante entre la movilizacin y la institucionalizacin del movimiento [44] .

La lucha armada que atraviesa todo el pas rural, incluidas las comunidades, es la ms aguda expresin de la lucha de clases en Colombia, de la cual nadie est totalmente al margen. Por ello insistimos siempre en que estamos ante un conflicto social y armado. An cuando el discurso indigenista de las organizaciones histricas indgenas tienda a negar la lucha de clases (al menos en lo relativo a las demandas indgenas), lo cierto es que esta dinmica hace que sectores de las comunidades hagan parte de esta confrontacin junto a campesinos y otros sectores del bloque popular que, de una u otra manera, consideran a la insurgencia el proyecto que las representa en su resistencia contra el bloque en el poder. Es cierto que la insurgencia no es la nica manera de resistir al Estado, ni necesariamente tiene por qu ser la principal, como lo demuestra la resistencia no armada de organizaciones indgenas de larga trayectoria como la Asociacin de Cabildos de Indgenas del Norte del Cauca (ACIN) o el CRIC, pero es una tradicin de resistencia con largas races en la regin, que enfrentan al mismo bloque en el poder que los cabildos y cuyas motivaciones se encuentran clavadas en el seno de las mismas comunidades. Creo que afirmaciones como las del Consejero Mayor del CRIC, Jess Chvez, que explica el crec i miento de la guerrilla debido a que "mienten al interior de los cabildos indgenas para debilitar la credibilidad de la autoridad tradicional, bajo la excusa de la defensa del territorio" [45] , o quienes han explicado el creciente reclutamiento de jvenes indgenas por los insurgentes pues estos les daran radios y otras cosas, es simplista y peca de un paternalismo no muy diferente al de un Santos cuando afirma que los indgenas movilizados no seran ms que tteres guerrilleros. Los indios que se unen a la insurgencia ni son idiotas, ni se unen a ella (una opcin bastante sacrificada) por baratijas y espejos. Es necesario entender las causas objetivas que hacen que la insurgencia sea una opcin legtima, desde la perspectiva de la dinmica del conflicto en las comunidades rurales colombianas, para poder encontrar la manera de aliviar las tensiones entre las diversas tradiciones de resistencia y lucha que existen en el pas, las cuales deben aprender a confluir en la propuesta estratgica de la solucin poltica al conflicto, como un proyecto alternativo de pas, incluyente, el cual no puede sustentarse en las estigmatizaciones recprocas al interior del bloque popular. Esto bien lo sabe el gobierno, cuya estrategia para domesticar al movimiento indgena consiste en atizar las discrepancias para hacer creer que el enemigo comn es la FARC-EP, y no la militarizacin, ni las multinacionales que saquean nuestros recursos y envenenan los ros, ni los gamonales que acumulan tierra mediante el despojo violento.

Conceptos errneos que necesariamente llevan a una estrategia errnea: releyendo el Proyecto Nunca Ms

Cuando lo humanitario se ha vuelto un elemento central en el discurso de las organizaciones populares, y entre ellas del movimiento indgena, ante el conflicto, debemos necesariamente ver qu ha pasado en este terreno en la ltima dcada. Es evidente que la discusin de los derechos humanos en Colombia se ha empobrecido enormemente durante este tiempo, mediante la desaparicin fsica de los defensores de derechos humanos ms comprometidos y consecuentes, y mediante toda clase de presiones desde el rgimen la persecucin, el chantaje, la presin econmica hasta la amenaza abierta y el sealamiento, todo fue aplicado por el rgimen uribista, con bastante xito entre importantes sectores, para domesticar al movimiento de Derechos Humanos. El discurso violento desde el rgimen contra los defensores de DDHH como aliados del terrorismo tuvo el impacto deseado: poner a la mayora de estas organizaciones a la defensiva. As pasaron de agache una serie de conceptos extraordinariamente nocivos, que buscan poner al defensor de DDHH en una situacin de equidistancia de todos los actores armados, ms no as respecto al Estado, el cual se ve como una figura neutral, garante de los derechos de la poblacin an cuando toda la experiencia histrica de Colombia demuestra la falacia de esta utopa que encubre la naturaleza del conflicto social y armado. Conceptos como neutralidad, rechazo de la violencia venga de donde venga (como si todas las violencias fueran iguales), se han convertido en lugares comunes del discurso reciente de muchas organizaciones de derechos humanos. Muchas veces este discurso se ha impuesto de la mano del financiamiento por parte de la cooperacin internacional.

Estos conceptos equvocos han sido incorporados en el discurso de algunas organizaciones populares, muchas de ellas de una indudable consecuencia y una trayectoria de luchas que merece todo el reconocimiento del mundo: recientemente, un comunicado de la Subdirectiva de la CUT del Valle del Cauca sobre la situacin de Toribo, fechado el 19 de Julio afirmaba que esta guerra no es del pueblo colombiano [46] . Afirmacin que es una negacin patente de la realidad que la guerra haya sido impuesta desde arriba al pueblo, no significa que el pueblo no tome parte y que, de hecho, sea el que ponga la mayora de los muertos. Creo que es importante un examen crtico de estos discursos: conceptos equvocos necesariamente llevan a una concepcin poltica y estratgica igualmente equvoca.

Por ello, creo importante desempolvar el famoso Captulo V, Tomo I (Nuestras Reservas Frente a los Crmenes de Guerra), del Proyecto Nunca Ms, de lejos el proyecto ms importante de DDHH y Crmenes de Lesa Humanidad que se ha realizado hasta la fecha en Colombia. Publicado el ao 2000, en l participaron las organizaciones de derechos humanos colombianas de mayor seriedad, las cuales explicitan el marco terico de su trabajo [47] . En l se establecen ciertos elementos que permiten un debate crtico de algunos de los elementos planteados desde el movimiento indgena en el Cauca, como el rechazo, como si fueran lo mismo, de todos los violentos, de los actores armados, de la bota militar de izquierda o derecha y otros lugares comunes que diluyen la naturaleza del conflicto social y armado colombiano. Creo que la discusin de estos lugares comunes es crucial para el avance del movimiento popular; abordo este examen crtico no con la intencin de polarizar sino de facilitar un marco que permita la ms amplia unidad del pueblo. En el marco terico para entender la situacin humanitaria colombiana, el Proyecto plantea, en resumen, los siguientes elementos que tienen plena relevancia en el contexto actual:

1. Insuficiencias del Derecho Internacional Humanitario para interpretar y regular modalidades de conflictos internos como el que se da en Colombia: () El DIH no tuvo en cuenta, pues, la racionalidad propia de la Guerra de Guerrillas () modelo de guerra () diseado para dirimir conflictos de legitimidad dentro de un mismo Estado, y desde los intereses del polo ms pobre de la poblacin () surge y es diseada para enfrentar una estructura estatal, detentora de medios de medios muy poderosos de guerra (como aviones y tanques de guerra, ejrcitos bien financiados y armados gracias al presupuesto del Estado) sin tener acceso a los recursos del Estado, dado que el motivo fundamental de la guerra es justamente el no acceso de las capas empobrecidas a los recursos del Estado. ()

Este elemento fundamental de la racionalidad propia de la Guerra de Guerrillas entra ya en contradiccin con uno de los principios bsicos del DIH, como es la distincin neta entre combatientes y no combatientes.
  Much o s Estados, y entre ellos el colombiano, han tomado pie en esta caracterstica de la Guerra de Guerrillas () para justificar su agresin sistemtica contra la poblacin civil, o para camuflar a los combatientes del Estado bajo fachadas de ejrcitos irregulares o paramilitares que se presentan como no estatales. Pero mal podra justificar un Estado el asumir mtodos caractersticos de fuerzas guerrilleras, mtodos cuya nica justificacin descansara precisamente en la imposibilidad de acceder a los recursos que tiene el Estado.   ()

La Guerra de Guerrillas () no se dirige fundamentalmente a la destruccin de un ejrcito enemigo o de una simple estructura estatal, sino a la destruccin de un modelo de sociedad. Por eso la ventaja sobre el enemigo, en este tipo de guerra, est ligada al boicot o sabotaje de infraestructuras que son vitales para el mantenimiento de dicho modelo de sociedad. () Algo similar se podra decir de los esquemas de financiacin de la Guerra de Guerrillas, que en la racionalidad de sta no debe fundarse en aportes de los sectores pobres de la poblacin, sino en aportes forzados de los sectores ricos, que no los aportaran libremente sino mediante medidas extorsivas.
  ()

Este problema est planteando la necesidad de () construir un Derecho Humanitario que salvaguarde la dignidad humana en los mrgenes de esa racionalidad de la Guerra de Guerrillas, como lo hizo el DIH a mediados del siglo XX frente a la racionalidad propia de las guerras regulares internacionales ()
 

2. Elementos de discernimiento tico frente a la legitimidad de la guerra:
() El haber acompaado durante dcadas a las vctimas de la represin en Colombia y a sus dolientes, nos da un marco slido para afirmar que el blanco de la represin oficial ha sido la poblacin civil que de una u otra manera hace opciones ideolgicas o polticas por luchar a favor de condiciones ms justas de vida para las mayoras, con medios no violentos () Esta experiencia trgica () nos inhibe para deslegitimar el marco motivacional general de la insurgencia.  

3. Discernimiento tico de la Neutralidad:
Desde hace varios aos, las organizaciones no gubernamentales responsables de este Proyecto, nos hemos visto sometidas a extremas presiones, por parte de fuerzas sociales, nacionales e internacionales, para que nuestras denuncias y acciones humanitarias se siten en posiciones neutrales, que no recarguen las censuras sobre ninguna de las partes en conflicto, y para que nuestro trabajo se rija por parmetros de equilibrio que lleve a estigmatizar por igual y a equiparar las diversas violencias que afectan a la sociedad colombiana. Se nos ha presentado como principio rector que debe orientar nuestro trabajo, el de Condenar toda violencia, venga de donde viniere. Muchas veces nos hemos preguntado si tal tipo de neutralidad es ticamente sustentable.  

Creemos que ningn tipo de discernimiento tico puede dispensarnos () de tener en cuenta () los mviles y estrategias globales que comprometen a los diversos actores enfrentados. Imperativos ticos () nos llevan a censurar con mayor fuerza a quienes se sirven de la violencia represiva para defender violencias estructurales e injusticias institucionales que favorecen a capas privilegiadas de la sociedad, mientras victimizan, exterminan o destrozan a las capas sociales ms pobres y vulnerables, sometidas a siglos de despojo e injusticia.
  ()

No es posible ser neutral cuando se es consciente de que un polo de la violencia es mucho ms daino para el conjunto de la sociedad, o acumula en s mismo mayores perversidades, o representa la oclusin institucional de los caminos que podran conducir a una sociedad ms justa, o acumula en su haber mayor violencia contra los dbiles.
 

4. Una opcin por escapar del cerco anti-tico de las Simetras:
El afn de neutralidad se ha expresado en Colombia, en los ltimos aos, como una poltica de simetras. Asume la forma de una presin social, no pocas veces extorsiva, para que los anlisis acadmicos, las denuncias, las estrategias informativas y las acciones humanitarias, se enmarquen en una estricta simetra: se tiene derecho a denunciar los crmenes de una de las partes en conflicto, a condicin de denunciar simtricamente los de la parte contraria.  

Esta presin ha llevado a acuar expresiones simtricas que envuelven en calificaciones equivalentes a los diversos actores del conflicto: grupos al margen de la ley, actores violentos, grupos armados, fuerzas oscuras, los guerreros, trminos todos que fuerzan la simetra mediante la omisin de identidades y mviles. Para no pocos periodistas, comunicadores sociales, analistas, acadmicos y activistas de derechos humanos, asumir la poltica de las simetras ha constituido el obligado precio a pagar para conservar su empleo, y muchas veces para conservar su vida ()
 

Este mismo proyecto del Nunca Ms ha tenido que resistir muchas presiones de agencias
financiadoras, que quisieron condicionar sus aportes a una opcin por la poltica de las simetras.   ()

La poltica de simetras se erige como una barrera que impide enjuiciar el conflicto desde perspectivas no inmediatistas; desde los mviles profundos de cada uno de los actores; desde los modelos de sociedad que el conflicto pone en juego; desde las aspiraciones y pretensiones globales de cada actor; desde perspectivas que permitan evaluar el conjunto de las violencias que afectan a las capas ms vulnerables de la sociedad; desde responsabilidades profundas frente al futuro.
  () La poltica de simetras busca inmovilizar a la sociedad, convencindola de que todos los actores son igualmente perversos y de que lo mejor es marginarse, descomprometerse en toda medida, y entrar a gozar del paraso tico del que condena a todo el mundo menos a s mismo () [48]    

No creo necesario ahondar ms en el tema despus de esta larga cita. Pero me parece importante sealar que la importancia de estas reflexiones no puede ser subestimada en momentos en que tanto desde el movimiento indgena, as como desde la insurgencia y el gobierno, han surgido ideas sobre el establecimiento de mesas regionales para regular temas como derechos humanos o aplicacin del derecho internacional humanitario.

El perro tiene cuatro patas, pero puede ir slo en una direccin


En la medida en que los recientes eventos del Cauca dan una seal ms, quizs la ms crtica hasta la fecha, del agotamiento creciente del modelo de gobierno de la Unidad Nacional y del modelo de guerra impuesto por el Plan Colombia [49] , tambin dan seales de las limitaciones que tienen los de abajo para constituirse en un bloque popular que pueda enfrentar y derrotar al poder oligrquico entronizado en el Estado. Cauca representa a la vez una oportunidad como un desafo para el movimiento popular. Una oportunidad, pues demuestra la capacidad de las comunidades de enfrentar al rgimen y de exigir respeto a su autonoma hecho este ltimo facilitado por las particularidades de la Constitucin de 1991, que garantiza la autonoma indgena aunque rara vez se respete. Pero an cuando es difcil que este ejemplo se reproduzca mecnicamente en otras partes del pas, un cierto contagio es posible, pues se demuestra que un pueblo organizado puede enfrentar a la ms formidable maquinaria de muerte del hemisferio occidental, el ejrcito colombiano.

Sin embargo, la movilizacin del Cauca representa un desafo para el movimiento popular, pues demuestra que los roces y contradicciones en el seno de las organizaciones populares en resistencia son hondos. Todo esto dificulta la solucin poltica, ms all de lo retrico, en lo cual todos en el campo popular estamos de acuerdo (ms no as el gobierno, que insiste en la rendicin y desmovilizacin sin negociacin poltica este detalle es clave). Como hemos dicho en ocasiones anteriores:  

La llave para solucionar el conflicto pasa por la capacidad que tenga el pueblo colombiano de construir un espacio de convergencia amplio y participativo, teniendo por punto de partida su propia tradicin e historia de luchas. Este espacio es el que debe articular la solucin poltica al conflicto, como expresin amplia, nacional, del movimiento popular (no de ese sofisma llamado sociedad civil), mediante la construccin de un proyecto alternativo, colectivo, y a la luz de los enormes desafos y obstculos, revolucionario, que permita la superacin del conflicto. [50]

Esto lo entiende la propia insurgencia fariana, que en su ltimo comunicado plantean Resulta urgente por tanto recurrir a la unificacin de fuerzas con todos los sectores indignados, conformar un inatajable torrente popular que se lleve por delante la indecencia () Con el movimiento obrero, campesino, indgena, de negritudes, de mujeres, de desempleados, de pequeos y medianos mineros, de estudiantes, de profesionales empobrecidos, pequeos y medianos empresarios, industriales y comerciantes, la academia, la intelectualidad, el profesorado, los informales y trabajadores independientes, los partidos y organizaciones de izquierda o de clara definicin democrtica. Con los liberales y conservadores aterrados con tanta podredumbre, hasta con los policas y militares retirados y olvidados por el rgimen que los us, con los creyentes, los cristianos, los ateos, los jvenes, los ancianos y todas las minoras discriminadas. Concientizacin, organizacin, protesta, resistencia y movilizacin activas. He all la tarea prioritaria. Sumar y unificar la rebelda del pueblo colombiano por los cambios . [51] Lgicamente resulta ms fcil declararlo que hacerlo. Y ah es donde todos los sectores del movimiento popular, sin excepcin, deben entrar a un genuino ejercicio de autocrtica antes de ver la paja en el ojo ajeno.

Hasta qu punto los movimientos populares han sido tragados por la cooptacin y la oenegizacin? Hasta qu punto es sostenible el discurso de la neutralidad cuando hubo organizaciones indgenas que hicieron una ceremonia de inauguracin a Santos en la Sierra Nevada, u otros que hayan aplaudido los llamados a una minga por la prosperidad democrtica? Hasta qu punto las autoridades tradicionales estn dispuestas a aceptar que en su seno coexistan personas con posiciones diferentes frente al conflicto y los destinos de Colombia? Hasta qu punto la insurgencia est dispuesta a coexistir con otras expresiones del movimiento popular? Hasta qu punto la insurgencia respetar ciertos marcos en acuerdo con las comunidades para desarrollar su estrategia de resistencia armada con el menor impacto posible sobre el pueblo? Cmo superar lgicas militaristas y vanguardistas de comprender el conflicto social? Cmo superar las fricciones producidas en el bloque popular por las diferentes elecciones tcticas hechas por distintos sectores? Cmo mejorar la comunicacin de los proyectos emancipatorios y generar una cultura de dilogo real en el bloque popular? Nada de esto tiene fcil respuesta y ella debe ser buscada y encontrada por quines estn en el terreno mismo.

Lo que s, es que hay ciertos elementos que permiten entrever que es posible un cierto acuerdo entre las partes del bloque popular. Rafael Coicu, del ACIN, plantea que la militarizacin de los territorios y la profundizacin de la estrategia de guerra ha contribuido a romper acuerdos existentes, acuerdos que pueden restablecerse: Siempre han estado aqu [ie., las FARC-EP] y eso no hay que negarlo. Las autoridades indgenas haban planteado que ellos respetaran a la gente, que no reclutaran nios y que podan pasar por el territorio, pero no quedarse en l. No podan acercarse a las escuelas, ni a los sitios de reunin de los indgenas, ni instalar campos minados. Ese era el protocolo y ellos a veces lo respetaban [52] . Cabe destacar que en el 2009 el Secretariado de las FARC-EP llam a la constitucin de espacios comunes para dialogar, en un ambiente de mutuo respeto y comprensin, sobre acuerdos bsicos con las comunidades relativos al impacto que las acciones insurgentes puedan tener sobre sus comunidades [53] . El tema del impacto del accionar insurgente, fue planteado por una de las autoridades indgenas durante el juicio a los cuatro milicianos: "No se les castiga por ser guerrilleros. Es su decisin de pertenecer a esos grupos u a otros, sino porque pudieron ocasionar un ataque de la Fuerza Pblica contra la comunidad", debido a que estaban planeando una accin militar contra las tropas apostadas en el Cerro Berln cuando la comunidad pretenda recuperarlo. Segn el gobernador de Toribo, Marco Yule "De no haberse evitado eso, el Ejrcito hubiera disparado contra la comunidad en general". [54] Es este un tema crucial que merece una discusin de alto perfil entre las comunidades y la comandancia insurgente, an cuando estamos con s cientes de las mltiples dificultades que tal dilogo enfrenta, precisamente en medio de la criminalizacin y satanizacin hacia los indgenas y la insurgencia por parte de los medios. Por ello son tan importantes opiniones como las de Catalina Ruiz-Navarro cuando plantea, desde El Espectador, una opinin demoledora contra la polarizacin que se busca generar para obstaculizar el avance de una salida poltica al conflicto: los paeces son un nosotros, y cada uno que muere, sea por los actores armados o por el olvido del Estado, es tambin un colombiano. En esa misma lnea olvidamos con frecuencia que los guerrilleros tambin son nuestros, colombianos que viven en este pas, y no una manada de orcos sin nombre que hay que exterminar . [55] En cierta medida, se trata de que el bloque popular reconozca, en medio del conflicto, la humanidad del otro y sus motivaciones profundas.

Ayer, 23 de Julio, en Santander de Quilichao, se instal la mesa de dilogo entre el gobierno nacional y las organizaciones indgenas [56] . Sencillamente se plantearon los temas de relevancia para cada una de las partes, en un buen ambiente segn las autoridades, pero el conflicto sobre la militarizacin del Cerro Berln es el punto en el que no parece posible la conciliacin y las implicancias de esta diferencia puntual son enormes si se proyecta sobre la estrategia de militarizacin de todo el Cauca contenida en el Plan Espada de Honor del Ejrcito. Pocas veces el enemigo de clase del bloque popular es tan claro: el mediador del conflicto, por parte del gobierno, es Aurelio Iragorri Valencia, bisnieto de Guillermo Valencia, quien combatiera a Quintn Lame, miembro de una familia de gamonales del Cauca [57] . A las claras, el Estado intentar utilizar la mesa de negociacin como un espacio para intentar ganar al movimiento indgena a su estrategia. Esto es, precisamente, lo que recomienda con un gran sentido prctico un santista de primera lnea como Len Valencia: La torpeza del gobierno es infinita. Tiene a la mano un autntico movimiento pacifista con el cual puede pactar unas reglas de juego para contener a las fuerzas irregulares sin daar para nada el orden constitucional y la soberana nacional y en vez de ello se dedica a hacerles eco a las voces que vituperan y estigmatizan a las organizaciones indgenas . [58] Es decir, utilizar al movimiento indgena como un elemento de contencin en un programa de cooperacin cvico-militar, en el mejor de los casos. En el peor, convertir a las organizaciones indgenas en organismos de control y vigilancia, de delacin, en una red subcontratada de cooperantes, mientras se amenaza con capturas masivas. Difcilmente el gobierno obtendr lo que quiere de esta mesa, pero tambin se ve difcil que los indgenas obtendrn respeto a su autonoma.

Personalmente, no creo que nada salga de este dilogo si se da a puertas cerradas y se circunscribe al Cauca, que no es ms que un eslabn ms del conflicto, por crucial que sea en la actual fase de la confrontacin armada. Si no es esta negociacin parte de un dilogo ms amplio y ms inclusivo, no creo que tenga mayor futuro, desafortunadamente. No puede discutirse sobre paz o sobre el conflicto e ignorar, como pretende hacerlo el gobierno, a la insurgencia [59] . Sin la presencia de sta, es muy poco probable que el dilogo termine en algo ms que declaraciones de buenas intenciones mientras prosigue la militarizacin y el conflicto. Hablando en criollo: ac no habr solucin poltica al conflicto ni en el Cauca ni mucho menos en el pas- sin un amplio acuerdo en el bloque popular, independiente de las diversas formas de lucha que adopten sus diversos protagonistas, por lo cual es necesario abandonar sofismas como ilegales, actores armados que dificultan la identificacin de los puntos de acuerdo entre sectores sociales que comparten intereses objetivos en terminar con la guerra que, ante todo, impulsa el Estado. No habr solucin poltica sin la insurgencia, sin el movimiento indgena, sin el movimiento sindical, sin las diversas expresiones que componen al bloque de los de abajo en Colombia. P ero para ello es necesario que, antes de negociar con el bloque en el poder, el movimiento popular y las organizaciones en resistencia negocien entre s mismos . [60]

Por lo pronto, el pueblo prosigue en la escalada de luchas sociales ante el deterioro de las condiciones de vida y ante el despojo, mientras el conflicto tambin sigue en su dinmica de profundizacin. La Marcha Patritica convoc la movilizacin contra el militarismo y por la solucin poltica al conflicto de ms de 100.000 colombianos el 21 de Julio en Guaviare, Meta, Norte de Santander, Valle del Cauca, Caldas y Huila; tambin 7.000 personas se movilizaron en el Departamento de Putumayo durante toda la semana, al igual que en Tolima, Arauca y en la Costa [61] . Los indgenas Aw, por su parte, en Nario, tambin amenazaron con tomarse la base militar de El Diviso [62] Se anuncian ms movilizaciones en los prximos das y semanas, por diversos temas como la salud, de cara a lo que ser el Encuentro por la Unidad Popular, anunciado para los das 10 y 11 de Agosto, un paso crucial hacia el Paro Cvico Nacional. El Cauca es una pieza clave dentro de la actual coyuntura, pero no solamente por la trascendencia de las movilizaciones recientes, sino porque plantea al movimiento popular el desafo de articular, desde abajo y en la lucha, de forma respetuosa y solidaria, una gran convergencia que articule la solucin poltica del conflicto con las mltiples formas de resistencia que deben desarrollarse en contra del actual modelo de saqueo, guerra y despojo.



(*) Jos Antonio Gutirrez D. es militante libertario, residente en Irlanda donde participa en los movimientos de solidaridad con Amrica Latina y Colombia, colaborador de la revista CEPA (Colombia) y El Ciudadano (Chile), as como del sitio web internacional www.anarkismo.net. Autor de "Problemas e Possibilidades do Anarquismo" (en portugus -Faisca ed., 2011) y coordinador del libro "Orgenes Libertarios del Primero de Mayo en Amrica Latina" (Quimant ed. 2010).

NOTAS DEL AUTOR:

[1] http://www.anarkismo.net/article/20996  
[2] La situacin no es exclusiva del Cauca: tambin han aumentado notoriamente los enfrentamientos y acciones militares insurgentes en el Caquet, en Antioquia y en el Catatumbo.
[3] http://www.es.lapluma.net/index.php?option=com_content&view=article&id=3828:colombia-las-farc-confirman-que-si-derribaron-el-avion-militar-y-ratifican-que-estan-abiertas-al-dialogo&catid=101:las-comunidades-en-resistencia&Itemid=436  
[4] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=153452&titular=cauca-indomable-  
[5] Se calcula en unas 1200 tropas las fuerzas que las FARC-EP tienen concentradas en la zona. Estas tropas son consideradas de lite http://www.semana.com/nacion/guerra-cauca-palabras/181154-3.aspx Las tropas del ejrcito se calculan en unas 15.000 apostadas en ese territorio.  
[6] http://www.semana.com/nacion/cauca-guerra-fin/180754-3.aspx  
[7] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-358991-ningun-motivo-podemos-desmilitarizar-un-solo-centimetro-santos  
[8] Ver las siguientes notas: http://prensarural.org/spip/spip.php?article8600 y ver el video en el siguiente artculo http://prensarural.org/spip/spip.php?article8614  
[9] Para un anlisis de la importancia de este evento, ver http://www.arcoiris.com.co/2012/07/cauca-una-nueva-etapa-de-la-guerra/  
[10] http://www.semana.com/nacion/cauca-guerra-fin/180754-3.aspx  
[11] http://ernestochemercado.blogspot.ie/2012/07/el-plan-cauca-otra-trampa-del-gobierno.html  
[12] http://www.elespectador.com/impreso/politica/articulo-360765-guardia-indigena-impone-su-ley  
[13] http://www.conapcolombia.org/?p=2156 http://www.marchapatriotica.org/index.php?option=com_content&view=article&id=652:comision-humanitaria-en-cauca-&catid=37:en-la-marcha&Itemid=94 Ver tambin el testimonio de un participante en la Caravana Humanitaria organizada por la Marcha Patritica el 28 de Junio http://www.marchapatriotica.org/index.php?option=com_content&view=article&id=637:marchando-por-miranda-caminando-por-la-patria&catid=37:en-la-marcha&Itemid=94  
[14] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-360673-indigenas-expulsan-100-soldados-de-base-militar-del-cauca [15] http://www.elespectador.com/opinion/columna-361550-indignados
[16] http://es-us.noticias.yahoo.com/colombia-ind-genas-agreden-soldados-para-expulsarlos-145315288.html  
[17] http://www.elespectador.com/impreso/politica/articulo-360765-guardia-indigena-impone-su-ley  
[18] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-360837-23-heridos-deja-retoma-de-policia-toribio-cauca Ver, para un informe completo del nmero de vctimas http://www.nasaacin.org/noticias/3-newsflash/4352-operaciones-del-ejercito-y-los-esmad-si-son-verdaderas-acciones-salvajes  
[19] http://www.elespectador.com/noticias/nacional/articulo-360810-no-quiero-ver-un-solo-indigena-bases-militares-santos  
[20] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-361108-santos-farc-son-promueven-salida-de-fuerza-publica-del-cauca [21] http://www.elespectador.com/impreso/temadeldia/articulo-361131-norte-del-cauca-todo-un-polvorin  
[22] http://es-us.noticias.yahoo.com/colombia-ind-genas-agreden-soldados-para-expulsarlos-145315288.html  
[23] http://justiciaypazcolombia.com/Militares-afirman-necesitar-apoyo Un reportaje de Alfredo Molano sobre el Sur del Cauca denuncia la coexistencia y complementariedad del paramilitarismo con el Ejrcito http://www.elespectador.com/impreso/nacional/articulo-361642-tambien-el-sur En el Norte del Cauca el paramilitarismo no ha logrado consolidarse del todo, limitndose por lo general a incursiones punitivas extraordinarias como la masacre del Nilo.  
[24] Ver un artculo anterior en que se analiza la profundizacin de la guerra sucia bajo el gobierno de Santos http://anarkismo.net/article/20768 Resulta bastante hipcrita quienes atribuyen la desmoralizacin a la judicializacin de algunos uniformados por violaciones de derechos humanos, argumento que esgrimen cnicamente para propugnar por ampliar el fuero militar.  
[25] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=153452&titular=cauca-indomable-  
[26] http://www.elespectador.com/impreso/temadeldia/articulo-361131-norte-del-cauca-todo-un-polvorin
[27] http://www.elespectador.com/impreso/temadeldia/articulo-361100-cauca-epicentro-de-espada-de-honor  
[28] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-361015-crean-comando-conjunto-del-suroccidente-estabilizar-al-cauca  
[29] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-361163-cauca-indigenas-han-cometido-varios-delitos-ejercito  
[30] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=153441&titular=las-comunidades-ind%EDgenas-y-campesinas-del-cauca-se-levantan-frente-al-asesinato-de-%E9duar-fabi%E1n-  
[31] http://www.anarkismo.net/article/23379  
[32] http://prensarural.org/spip/spip.php?article8678 http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-361402-autoridades-confirman-segundo-muerto-el-cauca  
[33] http://www.elespectador.com/noticias/nacional/articulo-360515-indigenas-del-cauca-niegan-infiltracion-de-farc Una columna de Aura Luca Mera en El Espectador representa una de las pocas instancias en la prensa colombiana donde el tema de la participaci de indgenas en el movimiento guerrillero se v ms all de la absurda dicotoma si los indios (todos) son o no guerrilleros, planteando que es entendible que haya indgenas que mamados de los abusos se hayan sumado a la insurgencia http://www.elespectador.com/opinion/columna-362190-excusa-perfecta  
[34] Para ms detalles de este proceso de nacimiento del movimiento guerrillero y el rol jugado por las comunidades del Cauca, puede consultarse directamente la autobiografa del comandante Ciro Trujillo. Ciro, pginas de su vida, Ed. Abejn Mono, 1974. [35] Sobre la resistencia en Riochiquito, Cauca, puede consultarse el documental de Jean-Pierre Sergent y Bruno Muel de 1965, una autntica pieza histrica prcticamente ignorada hoy en da. En castellano se puede consultar en http://www.youtube.com/watch?v=WmQtWbneY94 (parte 1) y http://www.youtube.com/watch?v=T064cs5C3e8 (parte 2). La versin en francs es ligeramente diferente y puede consultarse en www.youtube.com/watch?v=WuMBB2hPlhQ  
[36] El documental de Romo Langlois sobre el Cauca y las FARC-EP, en la cual entrevista a algunos simpatizantes de la insurgencia, demuestran este punto http://www.youtube.com/watch?v=J6A8uLhCvXo  
[37] http://www.semana.com/nacion/cauca-guerra-fin/180754-3.aspx  
[38] Otras alternativas de tortura contenidas por la justicia comunitaria, igualmente si no ms reidas con los derechos humanos, constituan el cepo o el cruel siembra de pltano (es decir, enterrarlos hasta el cuello). http://www.eltiempo.com/colombia/cali/castigo-de-los-indigenas-a-guerrilleros-retenidos-en-el-cauca_12053118-4 Esto, obviamente, es parte de un debate ms amplio sobre cules son los lmites de los derechos humanos universales y la convivencia entre diferentes tradiciones culturales. Si bien rechazo la poltica de la asimilacin cultural tambin creo que existen ciertos lmites que deben ser debatidos colectivamente y transversalmente en torno a temas como la tortura, y que la ilegitimidad de estas prcticas no depende de la cultura. Un debate semejante se ha dado con ciertos indgenas colombianos en torno a la mutilacin genital femenina. Pero como digo, esto es parte de otro debate y no puede ser abordado en esta ocasin.  
[39] http://www.telesurtv.net/articulos/2012/07/18/indigenas-colombianos-retienen-a-cuatro-miembros-de-las-farc-4949.html Ver tambin http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-361308-avanza-juicio-indigena-contra-guerrilleros-detenidos-cauca http://www.eltiempo.com/colombia/cali/castigo-de-los-indigenas-a-guerrilleros-retenidos-en-el-cauca_12053118-4  
[40] http://www.elespectador.com/noticias/politica/articulo-361013-lideres-indigenas-piden-sanciones-hechos-violentos-contra-ffmm  
[41] http://actualidadetnica.com/index.php?option=com_content&view=article&id=8593:prensa-promueve-sentimiento-de-racismo-segregacion-e-intransigencia-ciudadana-en-el-departamento-de&catid=35:indigenas&Itemid=74  
[42] http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-361233-indigenas-denuncian-procuraduria-infiltracion-de-farc-cauca Personalmente considero un error tratar a esta organizacin como una mera entidad artificial como tienden a hacerse en los medios de izquierda o afines a la causa indgena. An cuando el gobierno de Uribe Vlez la haya alentado, financiado y organizado, existe porque representa a un sector, por minoritario que sea, de la opinin indgena. Aunque nos parezca desagradable reconocerlo, tanto el paramilitarismo como el fascismo son capaces de generar ciertas bases de apoyo, aunque no dependan de stas, sino de sus vnculos con el poder, para sobrevivir, prosperar y expandirse.  
[43] http://www.eltiempo.com/colombia/cali/castigo-de-los-indigenas-a-guerrilleros-retenidos-en-el-cauca_12053118-4  
[44] http://www.semana.com/nacion/pelea-fondo-narcotrafico-lider-indigena-feliciano-valencia/181141-3.aspx  
[45] http://agendapropia.com/index.php/agenda-propia/informe-especial/950-consejo-regional-indigena-del-cauca-cric-41-anos-de-resistencia-perseverancia-y-movilizacion  
[46] http://www.cut.org.co/index.php?option=com_content&view=article&id=2720:la-llave-de-la-paz-la-puede-tener-el-gobierno&catid=139:todas&Itemid=56  
[47] Desafortunadamente, son raros los casos de organizaciones que actualmente proceden de esta manera, dando a entender que el trabajo de DDHH es objetivo y que no existen marcos tericos desde los cuales se analiza la informacin. Esto claramente no es as, y el hecho de que los marcos tericos no se expliciten no significa que no existan.  
[48] Colombia Nunca Ms, Captulo V, Tomo I, 2000, pp.95-102.  
[49] Una interesante requisitoria contra el fracaso del guerrerismo lo constituye la declaracin de la Marcha Patritica http://www.marchapatriotica.org/index.php?option=com_content&view=article&id=667:-el-conflicto-social-y-armado-se-soluciona-por-la-via-politica-el-guerrerismo-fracaso&catid=37:en-la-marcha&Itemid=94  
[50] http://www.anarkismo.net/article/20115  
[51] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=153450  
[52] http://www.pazdesdelabase.org/index.php?option=com_content&view=article&id=42:sigue-infierno-en-el-norte-de-cauca&catid=45:acin&Itemid=59  
[53] http://prensarural.org/spip/spip.php?article2181  
[54] http://www.eltiempo.com/colombia/cali/castigo-de-los-indigenas-a-guerrilleros-retenidos-en-el-cauca_12053118-4  
[55] http://www.elespectador.com/opinion/columna-361064-muchos-indios
[56] http://www.semana.com/nacion/dialogos-entre-gobierno-indigenas-reanudaran-viernes/181279-3.aspx El 27 de Julio continan las negociaciones en Popayn. Ver tambin http://www.elespectador.com/noticias/politica/articulo-362233-buen-ambiente-y-dialogo-entre-gobierno-e-indigenas-mininterior  
[57] http://www.elespectador.com/impreso/temadeldia/articulo-361892-muchos-quieren-haya-confrontacion  
[58] http://www.semana.com/opinion/desafio-indigena/181216-3.aspx
[59] Alfredo Molano plantea, con meridiana claridad. que esta mesa tendra sentido si fuera una oportunidad para que los cabildos medien entre Ejrcito y guerrilla. No dudo que este es el principal objetivo de los indios de Cauca: una propuesta facilitadora para salir de la encrucijada blica en que estamos desde hace 50 aos. Las cosas se desamarran por donde se amarran: por Cauca, el nudo de la guerra. http://www.elespectador.com/opinion/columna-361599-el-nudo-de-guerra
[60] Una idea semejante plante Alfredo Molano Bravo ante las insinuaciones de negociacin de Santos: Vistas as las cosas, al presidente le queda ms fcil negociar con la guerrilla que con los militares, los empresarios y los gamonales para no terminar derrotado en otro Cagun. Fue esa carencia el verdadero obstculo de la negociacin entre Pastrana y Marulanda. El error del expresidente no fue el despeje de 30.000 kilmetros, fue no haber negociado previamente con el establecimiento y con los militares el precio que esas dos poderosas fuerzas estaban dispuestas a pagar. http://www.elespectador.com/opinion/columna-353508-gran-partida Podramos decir que el bloque popular requiere tambin de negociar en su interior antes de ser capaz de avanzar en negociaciones con el Estado que tengan significado alguno.
[61] http://www.marchapatriotica.org/index.php?option=com_content&view=article&id=781:consejos-constituyentes-y-cabildos-en-marcha-hacia-el-paro-nacional&catid=120:todos-los-ariculos&Itemid=158 http://www.marchapatriotica.org/index.php?option=com_content&view=article&id=743:el-guerrerismo-fracaso-mas-de-100000-colombianos-marchamos-por-la-paz&catid=120:todos-los-ariculos&Itemid=158 http://justiciaypazcolombia.com/A-pesar-de-la-represion-caminan  
[62] http://m.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-360895-muerte-de-indigena-pretenden-desarmar-30-soldados-cauca


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