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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2005

Prlogo a la 29. edicin de "Ernesto Che Guevara hombre y sociedad. El pensamiento econmico del Che", de Carlos Tablada
Del debate de ayer al debate de maana

Aurelio Alonso Tejada
Rebelin


Este es un libro con una historia propia y larga, que antecede incluso a 1987, el ao de su primera edicin. Una historia de la cual por momentos he sido un testigo cercano, y que amerita ser conocida para valorar la obra en su justa medida.

El joven profesor de Historia del Pensamiento Marxista del Departamento de Filosofa de la Universidad de La Habana, Carlos Tablada, comenzaba en junio de 1969 el estudio sistemtico de la obra econmica y, de manera ms general, de la concepcin del socialismo en el Che. Ya Tablada se haba iniciado en la ensaystica con la publicacin del resultado de sus estudios sobre la formacin de la socialdemocracia europea. Este primer trabajo se inscriba con coherencia en las proyecciones crticas del manualismo dominante en la filosofa sovitica que se desarrollaron en aquel colectivo desde mediados de los aos sesenta. Del anlisis de la bifurcacin entre ortodoxos y revisionistas que tuvo lugar en la ltima dcada del siglo xix, Tablada conclua que el marxismo en manos de los ortodoxos perdi su carcter revolucionario, y que tanto los ortodoxos como los revisionistas desde un inicio, marchaban hacia la derecha...1

En 1971, Tablada como el resto de sus compaeros, se vio obligado a emigrar del quehacer filosfico y de la docencia universitaria hacia otros oficios. Y contemplar desde fuera cmo la enseanza del marxismo se homogeneizaba dentro de los patrones soviticos. Tablada pas entonces al mundo de la gerencia empresarial socialista, pero no abandon su proyecto ni su vocacin hacia el ejercicio del pensamiento.

Con esto quiero destacar que paralelamente al empleo por el cual responda y del cual viva, mantuvo los estudios sobre el Che en la medida y al ritmo que su tiempo le permiti, pacientemente, con mucho rigor, sin las premuras de los compromisos editoriales o de cualquier tipo de fechas de cumplimiento. Lo hizo, adems, en una etapa del proceso socialista cubano en la cual las propuestas econmicas de Che Guevara haban sido abandonadas y se implantaba el Sistema de Planificacin y Direccin de la Economa (SPDE); diseado en la primera mitad de los setenta y puesto en vigor en 1976. Sistema que aseguraba las afinidades requeridas al modelo sovitico y la articulacin de la Isla al Consejo de Ayuda Mutua Econmica (CAME), esqueleto de lo que la semntica occidental identificaba como el Bloque del Este, y la nuestra como Campo Socialista.

Desde 1970 la referencia econmica al Che desapareci casi del todo en la academia cubana, y el recuerdo de su paso por la historia se centraba en el legado tico y poltico de su proyeccin de largo alcance, y en el significado de su inmolacin como revolucionario internacionalista, que dimensiona su memoria ms all de las fronteras de nuestra nacin. Pero quedaba atrs el dato de que en el corto y fructfero periodo de su vida en que le toc participar en lo que solemos denominar la construccin socialista, se introdujo con una excepcional lucidez en los problemas no resueltos del socialismo e ide, ensay y defendi concepciones, frmulas y puntos de vista orientados a corregir estos defectos.

La polmica sobre la economa socialista ya recorra Europa y Amrica Latina, con o sin la experiencia cubana, y abarcaba diversos temas objeto de debate, entre ellos la confrontacin en torno a numerosos aspectos del llamado sistema de clculo econmico (CE) mediante el cual era conducida la economa sovitica. Sistema que en el plano histrico, en aspectos esenciales, ha sido considerado heredero de la Nueva Poltica Econmica (NEP) implantada por Lenin con una definida visin de retroceso momentneo del proyecto socialista, necesario para activar la joven economa del Estado sovitico. Tablada dedica el captulo tercero de su ensayo precisamente a un anlisis acucioso de las posiciones del Che sobre la NEP.2

Con la articulacin de su Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF), tambin con antecedente en los tempranos debates de los bolcheviques en el poder, que se orientaba a erradicar las relaciones mercantiles entre las empresas de una economa fuertemente centralizada en manos del Estado, y que comenz a implementar en el mbito de la industria y de la banca, el Che rompa con los esquemas que se haban consagrado en las experiencias socialistas del Este. Los argumentos de Guevara se insertaron tambin en el debate internacional de su poca, y le ganaron un definido respeto entre los economistas marxistas ms descollantes de entonces.

El exponente ms relevante dentro del socialismo cubano de las frmulas socialistas consagradas, Carlos Rafael Rodrguez, no aparece discutiendo pblicamente en la poca con el Che, aunque criticaba la agricultura de centralismo burocrtico y los desastres a que haba dado lugar, y sus posiciones fueron harto conocidas, y explcitas en las esferas de Gobierno. Era incuestionablemente la figura reconocida en la otra posicin: posiciones que en el lenguaje comn eran aludidas a veces como la de Carlos Rafael y la del Che. Aun cuando debemos admitir que esta polmica se dio siempre para l como un simple balance de acuerdos y desacuerdos, de convergencias y divergencias en torno a temas que a su entender no alteraban lo esencial. No como una confrontacin de tendencias, como proyecciones enfrentadas.

La nica reflexin que recuerdo haber ledo de su pluma sobre aquella polmica, muchos aos despus, fue una conferencia dictada en el Ministerio de la Industria Bsica, en 1987, en ocasin del vigsimo aniversario de la cada del Che en Bolivia.3 All Carlos Rafael despus de un explcito reconocimiento del libro que hoy prologamos, que acababa de ver la luz admite que a la distancia del tiempo el sistema presupuestario nos aparece como una contribucin de excepcional valor, y que se acerca ms a lo que tiene que ser la sociedad en el futuro, pero esto es slo una hiptesis, y se refiere a un futuro bastante lejano.

Las diferencias que hacan la polmica pueden ser caracterizadas brevemente cuando afirma: las condiciones histricas de nuestro pas nos obligan a cosas tan sencillas, por ejemplo y rechazadas por el Che como admitir la categora de mercanca para las relaciones interempresariales, y advirte a rengln seguido que cuando aceptamos la vigencia de la mercanca, no aceptamos la vigencia principal del mercado... como organizador de la economa nacional.

A mi juicio el modo en que se enfoca el problema aqu tendra que considerarse sensato, difcil de refutar si todo pudiera reducirse al ngulo tcnico-econmico de la cuestin. En definitiva hoy volvemos a girar en torno al dilema entre la asimilacin del mercado y el rechazo de su rectora, lo cual parecera un oximorun. Y es, sin duda, un problema crtico, un problema no resuelto para la edificacin de la economa socialista, y en consecuencia para la legitimacin de paradigmas y de teorizaciones. Pero ni siquiera era el ngulo tcnico-econmico el que radicaba en el centro de la preocupacin del Che: El socialismo econmico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienacin, le responda en una entrevista a una publicacin francesa en 1963.4

Es tal vez por lo que abarca la mirada que trasunta esta afirmacin que Carlos Rafael aprecia que Che se dej llevar por la idea... de que en el trnsito poltico de nuestra imperfecta sociedad socialista... era susceptible llegar en un breve plazo a la sociedad comunista desde el punto de vista de la conciencia...,5 de la cual discrepa explcitamente.

La salida de Carlos Rafael Rodrguez de la Presidencia del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA) hacia 1966 puede ser errneamente identificada con una adopcin a escala nacional de la propuesta del Che, que en aquel tiempo haba decidido ya llevar a la prctica sus propsitos de retomar la crtica de las armas a nivel continental. Seguramente esto haya incidido en que muchos identifiquen el fenmeno de voluntarismo y dispersin gestionaria que domin la economa del pas en la segunda mitad de la dcada con las ideas de Guevara.6 En esta confusin se han dado a veces la mano la ignorancia y las malas intenciones. Como sucede tambin en lo que toca a sus relaciones personales con Fidel Castro, incuestionablemente ejemplares y exentas de sombras de tipo alguno.

Rodrguez no pasa por alto esta distorsin:

Una de las ms grandes herejas que se cometi en este pas fue suponer que lo que estbamos haciendo entre 1967 y 1970, el descontrol econmico que prevaleci, poda realizarse, como lo hicieron algunos, bajo la invocacin del Che Guevara.7

En realidad los patrones de conduccin econmica en la segunda mitad de los sesenta no respondan a ninguna de las dos variantes organizativas que haban estado en debate, a pesar de que se hizo frecuente recurrir a los enunciados de naturaleza tica del Che, acerca de la estimulacin del trabajo, la solidaridad, el rechazo de la ley del valor, el significado del dinero, etc.

Pero lo que ocurri al final de los sesenta no tena que ver con la conduccin de la economa a partir del Plan, y era el Plan, como instrumento esencial e imprescindible, lo que estaba realmente en el ncleo del modelo que el Che propugnaba. Tambin en el de los defensores del clculo econmico, justo es reconocerlo, ms all del nfasis autogestionario. Sin planificacin no puede haber socialismo, y eso es algo en lo que coinciden los dos sistemas.8

No es mi intencin aqu avanzar por los temas del debate no vuelvo ahora a la polmica, que sin embargo queda siempre pendiente sino ponerme en condiciones de aadir, simplemente, que Tablada someti toda la documentacin disponible, que era ya mucha, a un escrutinio muy serio, e imbuido de una definida identificacin con las propuestas y el estilo de pensamiento guevarianos. El resultado del trabajo de tantos aos sobre un tema que nadie haba tenido la audacia de abordar as, en aquel tiempo, fue plasmado en este ensayo, no por gusto editado tantas veces, y que siempre va a ser una pieza imprescindible para adentrarnos en las honduras polmicas de la historia del socialismo cubano, y principalmente de lo que Cuba habr aportado a la larga al socialismo.

A mi juicio lo que interesa hoy del SPF no es tanto el instrumental de aplicacin, sino su mrito de creatividad ante la difana comprensin de que las cosas no marchaban como deban en el que se supona el corazn del socialismo mundial. La aproximacin a lo que constituy en su poca la semilla de una frmula alternativa propia, partiendo de las caractersticas socioeconmicas del pas y de la experiencia particular de transformacin revolucionaria, y no de la asimilacin de caminos trillados. El Che admita incluso la posibilidad de que su propuesta no tuviera xito y hubiera que recurrir a los caminos ya transitados. De hecho, en ese reconocimiento se apoy precisamente, aos despus, Humberto Prez, en la nica referencia econmica importante al Che que recuerdo en aquellos aos,9 al justificar el giro de los setenta y la entronizacin del SPDE.

En pocas palabras, que segn Prez las penurias con las cuales el proyecto revolucionario entraba en esa dcada no dejaban otra alternativa que recurrir al camino trillado (por los soviticos, se sobrentiende). Sin dejar de valorar, por otra parte, que mucho de lo que Guevara aport tuvo que ser tomado en cuenta incluso en la elaboracin de este esquema que se mantuvo en vigor hasta la segunda mitad de los aos ochenta, y que nos ha dejado las pesadas estructuras que encontramos en las bases de la economa actual.

Debemos recordar, sin embargo, que no fue exactamente el resultado del test de la eficiencia lo que determin la opcin de los aos setenta, sino el dilema de poder en el entorno de las alianzas. La Revolucin cubana ingresaba de lleno en el CAME, o dicho ms crudamente, en el sistema sovitico, o el proyecto de equidad y justicia social que intentaba implantar, y los patrones de desarrollo econmico que buscaba no seran sustentables.

Precisamente cuando a mediados de los ochenta, tanto en el plano mundial como en el domstico, el modelo de socialismo que haba sido realizado, bautizado presuntuosamente como el real, comenz a dar signos de infuncionalidad, primero, y de fragmentacin despus, muchas miradas habran de volverse hacia el Che. As, en octubre de 1987, en el discurso en que se conmemoraba el vigsimo aniversario de su muerte en Bolivia, Fidel Castro pona el nfasis en la necesidad de hacer exactamente lo que no se haba hecho en tantos aos: estudiarlo.

Algo tan sencillo e inobjetable. Sentenci entonces Fidel:
Yo lo que pido modestamente, en este vigsimo aniversario, es que el pensamiento del Che se conozca. Se conozca aqu, se conozca en Amrica Latina, se conozca en el mundo: en el mundo capitalista desarrollado, en el tercer mundo y en el mundo socialista. Que tambin se conozca all!10 

En Europa del Este no era poco el rechazo, o en el mejor de los casos la indiferencia conque era recibida la figura del Che. Algunos partidos comunistas latinoamericanos fueron todava ms explcitamente expresivos de esta alergia sovitica, incluso a raz de su muerte, que no dudaron en digerir como el colofn de un aventurerismo extemporneo imposible de aprobar y aun de interpretarlo como una justificacin de la visin gris del marxismo monitorieado desde Mosc.

Ya para el vigsimo aniversario de la muerte del Che el ensayo de Tablada estaba concluido. Lo termin en 1984, y despus de pasar por algunas vicisitudes, haba sido premiado en el concurso de la Casa de las Amricas en febrero de 1987, y estaba publicado a partir de marzo del mismo ao, convirtindose en el estudio pionero en su gnero. Posteriormente, en particular en los noventa, un verdadero torrente de ensayos sobre el Che iba a inundar las libreras del mundo. De autores cubanos y de extranjeros. Desde posiciones diversas y hasta polarizadas. La mayora escritos con admiracin y respeto, ciertamente de mucho valor por su rigor, por su informacin, por su objetividad, por su sinceridad, por la capacidad actualizadora desplegada, por la buena pluma, o por muchas de estas virtudes juntas.11

Otros, los menos, los que evidencian con mayor o menor claridad el propsito de menguar o disimular virtudes, resaltar y hasta inventar defectos, sobrevalorar errores, elaborar trastiendas contenciosas entre revolucionarios, convertirle, en una palabra, en paradigma del fracaso idealista. Nada de eso pudo impedir que Ernesto Guevara de la Serna deviniera un smbolo imposible de borrar en la Historia (as con mayscula). Y el estudio del Che se ha vuelto indiscutiblemente uno de los temas obligados en nuestro tiempo para todos los que consideran, como consider l cuarenta aos atrs, que un mundo mejor no slo es posible, sino que es el nico propsito meritorio; que los caminos que se haban abierto a inicios del siglo xx fueron lamentablemente viciados o constituyeron en todo caso un intento prematuro; que el nuevo proyecto reclama, en su bsqueda, una dosis inmensa de creatividad; y que no es un despropsito dejar los huesos en esta empresa.

Para regresar al tema del pensamiento econmico, dira otra vez que, a mi juicio, reviste la mayor importancia especialmente desde Cuba no dejarnos atrapar en la tentacin de reducir esta polmica a la cuestin de una opcin entre sistema presupuestario de financiamiento o clculo econmico, entre planificacin centralizada y autogestin, entre los incentivos morales y los materiales. Tampoco entre las realizaciones de una etapa y la de otra. No hay que olvidar que sus textos contienen el debate como se da en el mundo de los sesenta, con el esquema bipolar en pleno auge, dentro del cual el dilema mercado o no mercado tena una connotacin distinta de la que tiene hoy. Y de ningn modo se trata de renunciar al excepcional aporte del Che sobre el lugar del mercado, sino por el contrario, de no permitir que su valor perdurable se pierda en un condicionamiento epocal.

Y considero que el libro de Tablada, por su estructura y la presentacin del abanico temtico de las ideas del Che, por la abundancia de la documentacin analizada y por la valenta intelectual que lo inspir, por la mezcla de lealtad y espritu indagatorio hacia el pensamiento estudiado, tiene los tintes de las obras que el tiempo valoriza.

Si descuidramos el ngulo ancho del debate y nos quedramos en los trminos econmicos de la polmica, podramos volver a sorprendernos en un mero balance de convergencias y divergencias. Me parece hoy de una claridad meridiana, cuando releo al Che, que la oposicin a que el sistema de relaciones entre las empresas estatales socialistas se sostuviera en el orden monetario-mercantil en modo alguno significaba que se planteara algo as como la abolicin del mercado por decreto. De hecho no conozco que l hubiera siquiera imaginado una accin de expropiacin como la que ilegaliz la casi totalidad del cuentapropismo unos meses despus de su muerte en Bolivia, bajo el llamado de la ofensiva revolucionaria. El debate sobre el mercado era de una naturaleza muy distinta.

Otro tema que atraviesa medularmente su concepcin tal vez de los ms sensibles por vincularse a la formacin del hombre nuevo es el de la correlacin entre la estimulacin moral y la material, en el cual sus posiciones se suelen presentar sin matices. Bastara recordar el pasaje en que advierte que pensar que un pas entero va a responder a estmulos superiores teniendo hambre, eso a m me parece un sueo... hay una cantidad de necesidades que son vitales y esas hay que satisfacerlas, si no las satisfacemos, difcilmente podamos avanzar.12 Pasajes como este, que expresan con realismo un marco de condiciones para el funcionamiento de sus propuestas, suelen descuidarse tanto por sus adversarios como por sus seguidores.

La actualidad del pensamiento del Che se hace ms explcita en algunos de sus ltimos trabajos, como su exposicin en el II Seminario Econmico de Solidaridad Afroasitica en Argel en febrero de 1965, que se hizo notoria por denunciar como complicidad con la explotacin imperial al comercio desigual de los pases socialistas con los subdesarrollados. Y muy especialmente el ensayo que en estilo epistolar publicara en el semanario Marcha, de Uruguay, bajo el ttulo El socialismo y el hombre en Cuba, que nos dej el perfil de la visin humanista del socialismo que haba desarrollado. Constituyen elementos esenciales de su legado que no se quedan en el debate sobre el modelo econmico.

La desintegracin del socialismo sovitico no confirma por s misma la validez de la propuesta del Che, pero s la validez de su recelo, de sus crticas y de sus angustias. En una entrevista en 1993 Carlos Rafael admita su sorpresa:

Confieso que no me di cuenta de las debilidades que ahora son aparentes y claras, que no pude apreciar las contradicciones que ahora afloran y que me parecieron entonces excepcionales, no significativas. Yo cre que al avanzar el socialismo en otras partes del mundo las debilidades y errores que manifestaba la Unin Sovitica eran superables...13

Eran realmente superables o no? Tampoco lo sabremos ya, pues el hecho es que no fueron superadas como para evitar que se desmoronara el sistema, su estructura, sus instituciones, su ideologa. En todo caso el Che supo leer con mayor claridad la complejidad del escenario que se abra ante sus ojos, lo cual consagra su legado como una referencia obligada que trasciende con mucho a la experiencia cubana, y que se proyecta hacia la visin integral acerca del socialismo posible. Ese que reclama hoy de la mayor creatividad de las nuevas generaciones de revolucionarios, para el cual todo lo que se ha puesto en marcha en el siglo xx merece ser evaluado sin prejuicio, pero nada tomado como paradigma impoluto.

Es ante el imperativo de actualidad, y de la bsqueda de parmetros de la vigencia, que se justifica la adicin que a partir de 1995 hace Tablada a su edicin de 1987, y que titula El marxismo del Che.14 Aqu levanta la mirada sobre el debate de hoy hacia el debate de maana, sintetizado, entre otros momentos, cuando cita de las notas de 1966 del Che, inditas an, sobre el manual de Economa de la Academia de Ciencias de la URSS: Las masas deben tener la posibilidad de dirigir sus destinos, resolver cunto va para la acumulacin y cunto al consumo, la tcnica econmica debe operar con estas cifras y la conciencia de las masas asegurar su cumplimiento.

En realidad las masas han tenido hasta ahora muy poco papel en la toma de decisiones en las experiencias socialistas europeas que lograron establecerse en el siglo pasado. La visin de la participacin que al final se implant desfigur las intenciones originales y no aparecieron instituciones garantes de que esa nueva democracia emergiera. Parecera que siempre hubiese sido necesario el sacrificio de la iniciativa a las urgencias de una regla de seguridad. Parecera que en Europa del Este se hubiera diseado un gobierno del pueblo y para el pueblo, pero que se fracasara en hacer que fuera igualmente gobierno por el pueblo, como afirm una vez Lucio Colleti.15 Y parecera igualmente que la crtica del estalinismo no hubiese sido otra cosa que un catalizador para impedir, mediante el espejismo de correctivos equvocos, cualquier cambio que condujera a sortear la deficiencia sustantiva de poder democrtico.

Tablada resume con acierto, a mi juicio, en unas pocas lneas, todo el sentido de un pensamiento crtico que rebasa el entorno econmico, al concluir, en este nuevo ensayo, a continuacin de la cita aludida del Che: El socialismo, por tanto, no es un sistema ms humano que el capitalista porque una nueva clase dominante e iluminada distribuya, con sentido ms justo y paternalista, las riquezas producidas, sino porque se trata de un genuino rgimen de poder popular.

Pienso que el ensayo introductorio ofrece al lector una brisa nueva de reflexin, un aporte adicional al estudio original, al traer la mirada a los horizontes presentes del debate sobre el socialismo. A la recuperacin del pensamiento guevariano en la plenitud de su vitalidad. El Che llamaba a estudiar a los clsicos del marxismo con una mezcla de veneracin e irreverencia, y a no convertirlos inconcientemente en una doctrina, no dejarnos subyugar por esa tendencia facilista y tan manipulable del pensamiento a dogmatizar lo que se nos revela como luminoso. Hay muchas referencias en esta direccin a las que no creo necesario acudir.

Al intercalar, entre este ensayo y el libro original, el discurso de Fidel Castro del 8 de octubre de 1987, el autor ha decidido incluir el parteaguas de una lectura entre un tiempo histrico y el que le sigue. Del Che como historia historia en la cual el socialismo pareci concretarse por otro camino cuyas torceduras supo vislumbrar al Che como pensamiento vivo, para hoy; de la parcela de su contribucin inmediata, a las distancias imprevistas hasta entonces en las cuales lo que nos dej se hace trascendente.

Un libro con tantas ediciones tiene siempre dos tipos de lectores: los lectores que releen y los que leen por primera vez. Estos ltimos, en general los ms jvenes, son siempre los ms interesantes porque representan el futuro. No subestimo el mrito de los que releern, que la relectura reviste un significado distinto y de ningn modo secundario, pero me sentira obligado en primera instancia hacia quienes se adentren en el estudio del Che, decididos a la aventura incomparable de pensar el socialismo.

Quizs el que tenga la paciencia de leer hasta el final este prlogo se sienta frustrado por no encontrar ms detalle sobre lo que trata el libro, pero eso se lo dar el autor, incluida la posibilidad de coincidir o de disentir con plena libertad. Yo de ninguna manera quiero quedar como intermediario. Es una posicin que puede funcionar bien en el mercado (tampoco me interesa entrar ahora en ese debate), pero que no tiene mrito en la cultura, donde nada debe interferir ni mediatizar la relacin del consumidor con el productor.

De modo que aqu termino, congratulndome de que esta obra pionera en los estudios guevarianos la primera, me atrevera a afirmar que fue ms all de la exgesis, llegue a una tirada tan elevada con su nueva edicin. Y agradecido al autor, amigo de tantos aos y cmplice en la mejor de las maneras en la aventura de la Revolucin, de vivirla y de pensarla, de pensarla y de expresarla, por darme el privilegio de hacer estas lneas de prlogo, que slo l y los que las lean sabrn si sirvieron al cabo de alguna utilidad.

La Habana, 1 de octubre de 2004

* Aurelio Alonso Tejada, Cuba, 1939. Licenciado en Sociologa en la Universidad de La Habana. Ejerci la docencia regularmente desde 1963 hasta 1976, donde fue fundador del Departamento de Filosofa. Miembro del Consejo de Direccin de la revista Pensamiento Crtico desde su creacin en 1967 hasta su desaparicin en 1971. Estuvo a cargo del Departamento de Estudios de Religin adscrito a la Facultad de Humanidades de 1972 a 1976. En el periodo 1983-1988 particip en actividades acadmicas con la Fundacin Amrica Latina, el Instituto de Altos Estudios para Amrica Latina de la Universidad de Pars (Sorbona), y otras organizaciones culturales y de solidaridad, como Consejero Poltico de Cuba en Francia. Public en 1998 su libro Iglesia y poltica en Cuba revolucionaria, del cual acaba de ver la luz una edicin ampliada y revisada. Ha publicado tambin ms de ochenta artculos, desde materiales de prensa hasta ensayos en revistas especializadas, en Cuba y en el extranjero. Designado en el 2003 coordinador del Grupo de Trabajo de CLACSO sobre Religin y Sociedad. Ha participado en numerosos eventos nacionales e internacionales, e impartido conferencias en Universidades en EE.UU., Canad, Francia, Espaa, Blgica, Venezuela, Colombia, Argentina, Ecuador, Barbados, Jamaica. En la actualidad es Investigador Titular del Centro de Investigaciones Psicolgicas y Sociolgicas (CIPS) y Profesor Titular Adjunto de la Universidad de la Habana. Colabora habitualmente en las publicaciones cubanas Temas, Revolucin y Cultura, Marx Ahora, Debates Americanos, y en el exterior en Alternatives Sud, Louvain-la-Neuve, Blgica. Colaborador habitual de nuestra Ctedra Che Guevara.




Notas

1 Ver Carlos Tablada: Marxismo y II Internacional, en Pensamiento Crtico, No. 44, La Habana, septiembre de 1970.
2 Este es un tema que retomar posteriormente un colaborador muy cercano del Che, Orlando Borrego en su ensayo El Che y el Socialismo, publicado en la compilacin Pensar al Che, tomo II, La Habana, Centro de Estudios sobre Amrica, 1989.
3 Pero hace unos das record que entre los trabajos que haba recibido recientemente y que, como muchos, no he tenido la oportunidad de leer hasta ahora, estaba el Premio Casa de las Amricas, otorgado este ao a un libro que yo me haba asomado a l sin penetrar mucho su contenido, de un joven estudioso cubano, Carlos Tablada, sobre el Che. Me pareci interesante ver si aquel libro me ayudaba, y puedo confesarles que me siento tributario en esta tarde de ese libro porque sin l no habra podido llegar aqu.. Carlos Rafael Rodrguez: Sobre la contribucin del Che al desarrollo de la economa cubana, en Cuba Socialista, No. 33, La Habana, mayo-junio de 1988.
4 Ver LExpress, Pars, 25 de julio de 1963.
5 Carlos Rafael Rodrguez: ob. cit
6 Es un malentendido que sigue dndose incluso en estudios acuciosos sobre el periodo.
7 Carlos Rafael Rodrguez: ob. cit
 8 Ibdem.
 9 Ver Humberto Prez: Clausura del Congreso constituyente de la Asociacin Nacional de Economistas de Cuba (ANEC), CICT, JUCEPLAN, La Habana, 4 de junio de 1979.
 10 El texto de esta intervencin de Fidel Castro se puede consultar en esta. edicin del libro de Tablada a continuacin de un breve ensayo introductorio titulado El marxismo del Che, que resume contenidos de un libro del mismo ttulo en preparacin.
 11 En 1989 la obra de otro estudioso cubano sobre el Che merecera de nuevo el premio Casa: se trata del ensayo de Fernando Martnez Heredia, Ch, el socialismo y el comunismo (ediciones Premio Casa de las Amricas, La Habana, septiembre de 1989). Mara del Carmen Ariet public en 1988 Che: pensamiento poltico (Editorial Pueblo y Educacin, La Habana, 1988) y Orlando Borrego su Che, el camino del fuego en 2001 (Imagen contempornea, La Habana, 2001). Son ttulos que se destacan entre los producidos en nuestro pas en el camino del estudio sistemtico del pensamiento guevariano abierto por Tablada.
 12 Ver El Che en la revolucin cubana, La Habana, Ministerio del Azcar, 1966, tomo VI, p. 433.
 13 Luis Bez: Diez preguntas a Carlos Rafael Rodrguez, en Bohemia, 25 de mayo de 1993, La Habana.
14Este breve ensayo constituye un avance de un nuevo libro del autor en fase de elaboracin sobre el tema.
15Ver Lucio Colleti: El problema Stalin, en New Left Review, No. 61, mayo-junio de 1970.


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