Reseña de Spinoza, el don de la filosofía, de Diego Tatián (ed. Colihue)
Un cuerpo que lo puede todo
Revista Debate
| ¿Qué relación hay entre Spinoza y la Argentina? Desde la ciudad de Córdoba y animado por las múltiples lecturas que se están realizando en torno a un autor fetiche, Diego Tatián escribe Spinoza, el don de la filosofía y responde a esa pregunta y a muchas más. |
El hombre tenía en
la biblioteca los
libros de sus enemigos. Se propuso liberar a la
filosofía de toda carga teológica para encontrar allí los fundamentos de
la política. Baruch Spinoza encarna un pensamiento emancipatorio al
adherir a la ilustración radical y expresar el propósito de llevar el
conocimiento académico a los sujetos no letrados, porque si en algo
confiaba el filósofo holandés era en la fuerza transformadora de las
ideas.
Repitiendo ese trabajo de “dar a entender” y sumándose a todos
los libros que este filósofo ha inspirado, desde la ciudad de Córdoba,
el joven académico Diego Tatián escribe Spinoza, el don de la filosofía,
introducción y mucho más al mundo de un autor genial.
En un
trabajo que asume la forma de la divulgación y termina aportando una
serie de datos curiosos sobre la recepción e influencias del pensador en
la Argentina, bucea en el estudio de Maquiavelo y Hobbes que inspiraron
en contradictorias direcciones al autor de la Ética, para señalar que
el spinocismo es una filosofía de la apertura, alejada del determinismo y
del fatalismo político, una ontología de la sustancia como infinita
fuerza productiva a partir de una potencia transformadora de la
singularidad.
Si para Hobbes el estado de naturaleza era una zona de
tinieblas de la que el sujeto quería escapar, Spinoza manifiesta su
desconfianza hacia la institución estatal como cobijo y protección de
los sujetos y busca, alentado por Jean-Jacques Rousseau, volver a una
mayor cercanía con la naturaleza que se expresa en formas de vida y de
organización política comunitarias.
Toma de Maquiavelo la palabra
prudencia, la virtud es la afirmación de la potencia de actuar. Se nota
un énfasis puesto en la fortaleza y construcción del sujeto para
enfrentar los conflictos externos, por eso rechaza sentimientos como el
arrepentimiento, que debilitan la confianza y convierten al sujeto en un
ser enemistado consigo mismo.
Las numerosas formulaciones en torno a
los estados del espíritu, como la acquiescencia y el prudente uso de
los placeres, han derivado en lecturas simplistas, un tanto
superficiales en torno a un Spinoza traducido en el código de un libro
de autoayuda. Tatián identifica estos atrevimientos y los rechaza con
contundencia. Lo importante es que Spinoza se focaliza en el sujeto y en
esos estados que pueden favorecer al desarrollo de sus capacidades.
El
pasaje que produce Spinoza de entender la libertad como capacidad de
dominio a pensarla como potencia, instala el concepto de igualdad. El
deseo es un eje ordenador que afirma la persistencia en el ser como una
dimensión colectiva. No hay individualismo en su pensamiento, todas las
pasiones humanas se traducen en relaciones sociales.
Se destaca una
voluntad de preservación de los sujetos, de cuidado de sí. La
destrucción de una cosa se debe a la incompatibilidad con un elemento
externo que es más fuerte. La ética es, para Spinoza, una intensidad
productiva, una capacidad de hacer y de vencer los límites de un cuerpo.
Spinoza y sus ecos
Entonces
su pensamiento se descubre como la válvula que abre los textos de
Zygmunt Bauman y Emmanuel Levinas en pleno siglo XX, al pensar que la
ética surge de una acción contraria al orden social, de un revelarse
contra las normas que intentan manipular la moral de los sujetos.
Bauman
sostiene que existe una suerte de inercia que lleva a las personas a
obedecer y asumir un estado de indiferencia moral. Para afirmarse en la
experiencia y en el testimonio de aquéllos que pudieron ir más allá de
la autopreservación, es necesario descubrir que la ética es una
elección, algo que en la vida social se vuelve profundamente
antinatural.
La preservación en Spinoza está ligada a la liberación
del miedo a la muerte. Ese algo que consigue que la persona trascienda
la autopreservación podría llevar el nombre de eternidad y aquí resuenan
los textos del filósofo francés Alain Badiou, uno de los spinocianos
más notorios de la actualidad.
Spinoza es un pensador marcadamente
realista, un hombre de las experiencias comunitarias que concibe una
multitud democrática, un poder popular sin centro que no admite ser
reducido a la unidad. El conflicto es irrepresentable y sólo constituye
institucionalidad dándose una forma viva e inestable. De aquí nace el
rizoma de Deleuze y los planteos políticos de Badiou cuando defiende la
presentación y las manifestaciones de lo impolítico como el despliegue
de la vida comunitaria. Lo que los sujetos activos tienen en común no es
lo que ya poseen sino lo que falta.
La paz es el efecto de un
ejercicio de poder, no se limita ni a la armonía ni a la tolerancia, se
trata de una politización del derecho natural. El precio de la paz jamás
puede ser la libertad. Una ausencia de conflicto que no redunda en
libertad poco tiene que ver con la paz. Se trataría más de una suma de
solitarios. La paz es una virtud y toda virtud es potencia.
Si se lee
el libro de Tatián con la voluntad de encontrar una mirada orientadora
ante el presente más inmediato, después de todo cualquier libro de
filosofía debería cumplir esa función, Spinoza podrá sumarse a una
argumentación que defienda el conflicto social como la base de una
concordancia más genuina que la tolerancia silenciosa.
Pero también
habría que tener en cuenta que su apoyo del conflicto es diametralmente
distinto a las expresiones de Ernesto Laclau, por tomar un autor que
sostiene una concepción de la política donde las tensiones sociales
nunca desaparecen. Spinoza es un pensador más anárquico, que no sostiene
su política ni en liderazgos ni en representaciones estatales.
La
ética de Spinoza se aparta del martirio y de la culpa. Exalta la acción,
la potencia, ese cuerpo spinociano, ese hombre libre que a nada teme
menos que a la muerte, no es sólo aquél que puede encontrar en el
sufrimiento físico un límite, sino alguien que desconoce todo aquello de
lo que es capaz, todo su poder de realización.
Fuente: http://www.revistadebate.com.ar/2012/07/27/5690.php