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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-08-2012

El socialismo de los productores como imposibilidad lgica
El honor perdido del trabajo (I): la ontologa del trabajo

Robert Kurz
http://grupokrisis2003.blogspot.com.es

Original alemn: Die verlorene Ehre der Arbeit, en revista Krisis n 10, Erlangen, 1991. Disponible en www.krisis.org, as como la versin italiana, L'onore perduto del lavoro, Manifesto Libri, Roma, 1994. Versin portuguesa, A honra perdida do trabalho, en Grupo Krisis http://planeta.clix.pt/obeco, 29.11.02. Traduccin del portugus al espaol: Round Desk.


No es posible socialismo alguno en los horizontes de la ontologa del trabajo, o sea que la forma de mercanca de la reproduccin social slo puede ser superada juntamente con el trabajo. Sin embargo, ello es impensable tanto para la concepcin del socialismo tpica del viejo movimiento obrero como para su antagonista burgus. Incluso en Marx esta cuestin no est an completamente resuelta, queda en la ambigedad. Por un lado, ste afirma (sobre todo en los escritos de juventud) la necesidad de una superacin del trabajo, pero por otro desarrolla en muchos pasajes una ontologa de este mismo trabajo. Se podra tratar, por tanto, slo de la superacin de las formas histrico-sociales siempre diversas que asumi el trabajo, y no de su existencia presupuesta como eterna.

Esta contradiccin se explica a partir de las condiciones de desarrollo todava insuficientes del proceso capitalista de socializacin y cientifizacin. El contenido del socialismo no puede ser liberar el trabajo, sino nica y exclusivamente liberar del trabajo. Conviene aclarar desde luego que no se trata de la forma de la actividad humana tout court, o del proceso de metabolismo con la naturaleza, sino siempre y slo del trabajo abstracto encarnado en la forma del valor o de la mercanca, del gasto de fuerza de trabajo humana como fin en s mismo bajo las condiciones materiales establecidas por la competencia de los sujetos en el mercado. Es importante explicar mejor tal identidad entre el concepto de trabajo en general y el trabajo abstracto en la forma de mercanca, identidad sta que hace imposible una superacin de la mercanca y del dinero en el interior de la ontologa del trabajo.

A] El trabajo como categora real incluye ya el no-trabajo, o sea, esferas ms all del trabajo y mbitos sociales separados del proceso del trabajo. El trabajo que se manifiesta como separado del tiempo libre, de la poltica, del arte, de la cultura, etc., es ya siempre trabajo abstracto. Slo la relacin capitalista como forma desarrollada del valor produjo en su pureza esta separacin real entre el trabajo y los otros momentos del proceso de reproduccin social. En el pasado, esta separacin exista slo de manera embrionaria en el divorcio entre los productores inmediatos y las clases exentas del proceso del trabajo que se apropiaban del plus-producto material. En las sociedades primitivas preclasistas, por el contrario, se encuentra an la totalidad inmediata del proceso reproductivo [1] en el que no hay ni trabajo, ni tiempo libre, ni cultura, etc., como esferas particulares. Y esta identidad inmediata del proceso de la vida en todos sus momentos se perpeta en el interior del proceso de reproduccin de los productores inmediatos en las formaciones precapitalistas, hasta el umbral de la industrializacin y de la divisin capitalista del trabajo.

Est claro que la separacin del trabajo del resto del proceso de la vida no puede ser suprimida volviendo hacia atrs, como quera en ltima instancia la crtica moderna de las fuerzas productivas inspirada en la filosofa de la vida. La unidad entre trabajo productivo, praxis de la vida y cultura, de la manera como se expresaba por ejemplo en los cantos de los navegantes del Volga, difcilmente podra ser recomendada para solucionar las contradicciones de la socializacin abstracta en su nivel actual. Cualquier reconstruccin seudo-concreta y seudo-inmediata de esa unidad tiene que acabar en la idealizacin reaccionaria de una pobreza de necesidades y de un estado de sufrimiento que el nivel de civilizacin hoy alcanzado torna efectivamente inimaginable.

En la unidad total de la praxis de la vida que an exista en las sociedades precapitalistas, el trabajo no era todava abstracto como esfera separada por el simple hecho de ocupar, como proceso de metabolismo en buena parte inmediato con la naturaleza, casi todo el espacio activo de la vida. Los momentos culturales o polticos son meros apndices de un proceso de reproduccin inmediato que lo abarca todo, no en sentido funcionalista, sino como parte de una unidad tosca, indiferenciada y no mediada, que se puede decir orgnica slo si quisiramos resaltar cunto se apega an a la naturaleza. El carcter concreto del trabajo precapitalista consiste precisamente en el trabajo como totalidad que abarca la praxis unitaria de la vida. Donde el trabajo es an total en ese sentido, su concepto no puede ser formulado todava por falta de diferenciacin, y slo como trabajo total que abarca y colma toda la praxis de la vida puede ser an no-abstracto, en el sentido de no ser una esfera separada del gasto de la fuerza de trabajo.

El desprecio del trabajo por parte de las clases dominantes precapitalistas tambin represent por eso un enorme progreso, pues slo la exencin de una minora en relacin con el trabajo total en el proceso de la vida que abarca todo pudo crear una distancia respecto a la naturaleza y preparar un grado superior en el metabolismo (una correlacin que escapa naturalmente a la conciencia de los implicados). El ocio de los antiguos dominantes (an sometidos en la praxis de la vida a fetiches naturales como por ejemplo el parentesco de sangre) era al fin de cuentas mucho ms productivo que todo el honesto trabajo productivo de la historia universal. La ciencia naci en la antigedad, y no del trabajo, sino del ocio, del distanciamiento de la cruda unidad del proceso de la vida. As se puede entender que la emancipacin de la humanidad tena que pasar por el trabajo abstracto y que la separacin del trabajo de la totalidad del proceso de la vida fue necesaria para poder reconstruir su unidad en un plano superior de riqueza de necesidades. De hecho, por ms paradjico que pueda parecer a primera vista, slo la separacin entre el trabajo y la unidad originaria del proceso de la vida como un todo, considerada buena y deseable, cre un ocio limitado tambin para la masa de los productores inmediatos. Slo el trabajo abstracto produjo un tiempo efectivamente libre, o sea, un tiempo disponible para las masas.

La referencia, muchas veces repetida por los crticos del desarrollo, al supuesto tiempo libre de los productores inmediatos precapitalistas acaba confundiendo la simple suspensin de la praxis de la vida o el tiempo vaco dentro de un proceso reproductivo elemental y pobre de necesidades con el tiempo libre activo de la propia praxis de la vida, que slo puede surgir a partir de la distancia con relacin al proceso de metabolismo inmediato con la naturaleza. Slo el trabajo abstracto, que hace de la reproduccin inmediata una esfera separada, puede generalizar gradualmente esa distancia. El navegante del Volga, en su tiempo libre o vaco, poda en la mejor de las hiptesis repetir su obtusa cantilena del trabajo, mientras que a la mscara de carcter del trabajo abstracto se le abre cada vez ms todo un universo de posibilidades en el tiempo libre a su disposicin, aunque naturalmente el acceso a este universo permanezca deformado por la indiferencia abstracta propia del mundo de las mercancas.

No se trata por tanto de reconstruir hacia atrs la unidad del proceso de la vida, por medio de la disolucin del trabajo abstracto, sino, por el contrario, de concebir el trabajo abstracto como un trampoln hacia un estadio superior de la praxis de la vida, trampoln hoy innecesario por intil. No se trata por tanto de anular la capacidad conquistada de distanciamiento de la naturaleza, sino ms bien de liberarla de las miserables muletas del trabajo abstracto. La superacin del trabajo abstracto no es posible, en consecuencia, sobre la base del trabajo productivo, sino sobre la base del ocio productivo. Slo desde este punto de vista se hace claro el discurso de Marx sobre el desarrollo de las fuerzas productivas como presupuesto de una revolucin socialista que el capitalismo crea inconscientemente.

Esta lgica de superacin del trabajo abstracto es incompatible con el concepto de socialismo del viejo movimiento obrero. ste slo poda imaginar la extensin del tiempo libre sobre la base del trabajo. El trabajo apareca como aquello que es autntico, y el tiempo libre como lo que es derivado, inautntico. En la lucha para reducir la jornada normal de trabajo, se conquist y se extendi de hecho el tiempo libre disponible para las masas, aunque con el nfasis puesto en la abstracta jornada de trabajo normal como centro indiscutible de la praxis de la vida y como sentido de la vida. De la misma manera que el socialismo poltico deba ser el poder de los obreros y fundarse econmicamente en el trabajo, as tambin le caba a ste, culturalmente, generalizar una cultura obrera, cuyas monstruosidades realistas y monumentales glorificaciones kitsch del gasto de fuerza de trabajo figuran de modo casi idntico en el fascismo alemn y en socialismo en construccin de la Unin Sovitica. El trabajo libera [2] era tambin la palabra de orden, en cierto modo secreta, del movimiento obrero socialista. La unidad cultural de la praxis de la vida no poda ser restaurada sobre esta base, a no ser como propaganda engaosa. Incluso cuando tal unidad fue formulada de hecho como objetivo, implicaba ms bien un retroceso reaccionario de la capacidad social de distanciarse del proceso productivo inmediato. Deba tratarse siempre, por tanto, de una unidad bajo la primaca del trabajo.

Apartaos los ociosos: en esta estrofa de la Internacional no se expresa solamente un equvoco elemental sobre el carcter de la relacin social abstracta del valor, que aparece reducida aqu a un acto subjetivo de los explotadores, sino tambin un gesto de amenaza del trabajo normal contra la perspectiva del ocio productivo. Sin conciencia de ello, el movimiento obrero se declara aqu a favor del principio capitalista abstracto del trabajo y contra la liberacin del tiempo social disponible de la tirana del trabajo, que an se encontraba histricamente en ascenso. Todo esto se torna todava ms tangible en la desconfianza y en las campaas francamente demaggicas contra los intelectuales, a las cuales, a pesar de algunas declaraciones ocasionales en contrario, no quedaron inmunes ni siquiera las mejores cabezas del viejo movimiento obrero. En esta animosidad latente o manifiesta contra los intelectuales, que una vez ms es idntica, hasta en las formulaciones, a las posiciones del fascismo, no se reflejaban slo las experiencias con los intelectuales burgueses en el contexto de sus funciones capitalistas, sino tambin el repudio a una existencia social casi indefinible fuera de la atmsfera familiar del trabajo productivo inmediato.

Toda la historia del viejo movimiento obrero desde los comienzos de la socialdemocracia, pasando por el extremismo de izquierda de la primera posguerra, hasta la revolucin cultural china est como atravesada por un hilo conductor que reclama de los intelectuales, artistas, etc., la renuncia a sus pretensiones en lo referente a los contenidos y a los modos de vida, con el fin de que se sometan preferentemente al trabajo abstracto, a la glorificacin del proceso productivo repetitivo y al horizonte espiritual de las mscaras de carcter del capital variable. Este socialismo no patrocinaba la superacin de la existencia obrera, sino su generalizacin coercitiva: o se conservaba inconsciente la separacin entre el trabajo y el proceso de la vida como un todo, en cuanto principio capitalista del trabajo abstracto, o la superacin de esta separacin slo poda concebirse como dictadura rgida del trabajo y de sus funcionarios sobre toda pretensin cultural disidente y sobre toda concepcin de la vida, de las necesidades o del conocimiento que sobrepasase sus fronteras. El viejo movimiento obrero se mostr no como adversario del trabajo abstracto, sino como fuerza histrica capaz de imponerlo, presentndose encima con el nombre de socialista.

Por un lado, la cultura burguesa de las esferas separadas poda as ser realizada: el trabajador normal, que en su tiempo libre era empujado a los museos y arrastrado ante obras de arte por funcionarios bienintencionados, era la vergonzosa caricatura del hombre total, fruto de las cabezas cuadradas del marxismo oficial de partido. Por otro lado, la oposicin a tales horrores ideolgicos de la sociedad de trabajo socialista degeneraba en un hedonismo bohemio y vaco, que tenda a imaginarse la manifestacin de una voluntad socialista abstractamente libre (que naturalmente tambin puede ser descifrada como emanacin del fetiche abstracto del valor) como una especie de existencia de vagabundo, empuando una botella de alguna bebida a orillas del mar. La superacin socialista de la produccin de mercancas no puede realizarse ni como encarnacin y realizacin del trabajo abstracto en inters de los obreros, ni como imagen invertida vaca de un hedonismo abstracto, tambin l impregnado completamente todava por el trabajo abstracto.

La perspectiva del ocio productivo como referencia positiva de la riqueza de necesidades hoy alcanzada, la ruptura del envoltorio del trabajo abstracto y por tanto la reunificacin de las esferas o mbitos del proceso de la vida social separados por el orden burgus son imposibles dentro del trabajo, y slo posibles ms all de l. Este ms all, puesto en el orden del da por el desarrollo actual de las fuerzas productivas, sobre todo por los nuevos potenciales de automatizacin, no es sin embargo un reino de la libertad en el sentido de un ms all meramente ldico e infantil del proceso de metabolismo con el conjunto de la naturaleza; este proceso de metabolismo puede reposar hoy sobre cada vez menos trabajo productivo humano, que, como tal, y por tanto como trabajo abstracto, como esfera separada del mero gasto de la fuerza de trabajo, se est revelando completamente obsoleto. El reino de la libertad se inicia ya en el interior del proceso de metabolismo con la naturaleza, en la medida en que ste ya no puede ser definido como trabajo. Este reino comienza por eso inmediatamente en el contexto de una revolucin socialista contra el trabajo abstracto, como resultado del desarrollo capitalista de las fuerzas productivas, y no como resultado, aplazado para un futuro distante e indeterminado, de un socialismo que todava es parte de la sociedad del trabajo.

Juntamente con el trabajo ser superado necesaria y lgicamente el tiempo libre; ya no en el sentido de un regreso reaccionario y represivo de la cultura al continuum de la ontologa del trabajo, sino, por el contrario, como fin de la prehistoria, en el sentido de una ruptura definitiva del hasta ahora continuum del proceso histrico.

B] El trabajo como categora real no slo incluye la separacin del no-trabajo y la descomposicin del proceso social de reproduccin en esferas o mbitos separados, sino que a travs de esta misma separacin el trabajo est esencialmente determinado como fin en s mismo. Es justamente este carcter del trabajo como fin en s mismo el que fue definido hasta ahora de forma insuficiente en la teora, pues el propio marxismo del movimiento obrero forma parte del ascenso histrico de ese fin en s mismo y permanece como su reflejo terico. Slo cuando se comprende que el trabajo abstracto es gasto de trabajo como fin en s mismo se puede descifrar la tautologa social en l implcita.

Trabajo abstracto o gasto de fuerza de trabajo como fin en s mismo es un proceso tautolgico cerrado en s: lo que este trabajo produce es nuevamente trabajo. El hecho de que el trabajo produzca de nuevo trabajo slo no aparece como el absurdo que es porque la diferencia de la forma del trabajo en sus diversos estadios de agregacin social encubre esa realidad para la conciencia acrtica y diariamente enredada en el trabajo abstracto. El trabajo abstracto es el fetichismo del trabajo como tautolgico fin en s mismo; sin embargo, el trabajo se produce a s mismo en forma diferente: el trabajo vivo produce trabajo muerto o valor. Este valor no es ms que la inconsciente forma de representacin social del trabajo muerto o pasado en los productos, que por tanto no son socialmente bienes de uso sensibles y materiales, sino concreciones espectrales de trabajo sin vida (Marx).

El trabajo abstracto se reproduce tautolgicamente, pero en la forma social ficticia del trabajo cristalizado como valor que, en su forma consumada, aparece como dinero, esto es, como encarnacin del trabajo abstracto (Marx). La conciencia entrampada en el fetiche del trabajo o del valor no ve ya una tautologa en el hecho de que el trabajo genere una cosa llamada dinero, pues slo puede percibir el dinero como lo otro del trabajo en su cruda cosificacin objetivada, como el producto del trabajo social en el que slo encuentran expresin los valores de uso concretos.

Para el viejo movimiento obrero, completamente prisionero de esta forma social, el conjunto de tales correlaciones y por tanto la determinacin de la esencia del trabajo abstracto tenan que mantenerse como un enigma; preso del trabajo abstracto como fin en s mismo, el pensamiento del movimiento obrero no poda ir ms all del dinero como superficie de esta correlacin de forma. Restaba toda una serie de equvocos elementales sobre la crtica de la economa poltica que puede ser resumida as: la relacin productiva del trabajo abstracto o del capital leda a travs de las lentes de las relaciones de clase y de apropiacin precapitalistas.

Estos equvocos tienen su raz lgica en la separacin de la categora de la plusvala de la categora incomprendida del trabajo abstracto. El proceso tautolgico del trabajo abstracto tiene sentido slo en la medida en que el gasto de la fuerza de trabajo como fin en s mismo no se reproduzca en un nivel siempre igual (pues entonces realmente se tratara slo de un absurdo insostenible), sino que, al contrario, se perpete como reproduccin ampliada a escala cada vez mayor. El mecanismo interno de esta reproduccin constantemente ampliada es justamente la plusvala, esto es, el hecho de que la fuerza de trabajo viva, tautolgicamente utilizada como fin en s mismo, pueda llevar a representar ms trabajo en forma muerta y cristalizada de lo que ella misma cost en esa forma. En el plano cualitativo, la tautologa del proceso del trabajo abstracto se expresa como el absurdo de que el trabajo no produce ms que trabajo en una forma diferente y fetichizada; en el plano cuantitativo, sin embargo, ocurre una alteracin en la medida en que el trabajo vivo produce una masa de trabajo muerto y representado en objetos, masa sta siempre creciente en relacin con la simple reproduccin propia.

El sentido histrico (considerado a posteriori) no proviene de esta acumulacin puramente cuantitativa y continuamente ampliada de trabajo muerto y fetichizado en la forma abstracta del valor; ms bien, tal sentido se encuentra, indirectamente, en lo que esta acumulacin comporta, de forma ciega e inconsciente, en trminos de desarrollo material de las fuerzas productivas y de cientifizacin del proceso social reproductivo. Es justamente este proceso ciego de ampliacin gradual y dinmica de todas las posibilidades humanas el que corresponde mejor a la expresin hegeliana astucia de la razn. Pues en los rgidos y tradicionales modos de produccin precapitalistas, basados en la pobreza de necesidades de la masa de los productores inmediatos, no poda haber ningn motivo consciente para el desarrollo de las fuerzas productivas como tales. La motivacin fetichista de la plusvala y la transformacin del trabajo en un fin en s mismo eran necesarios para poner en movimiento aquel proceso transitorio, a partir del cual todas las relaciones restringidas, pobres, tradicionales y naturales se volatilizan involuntariamente y son superadas. El primer gran momento de emancipacin de la prehistoria humana, que coincide con la poca burguesa, slo pudo ver la luz como un conjunto de efectos colaterales no intencionales a travs de la autonomizacin de la motivacin del dinero, en s bastante srdida. Es por ello por lo que la plusvala constituy un principio progresivo y propulsor, dentro del envoltorio fetichista del tautolgico trabajo abstracto.

La referencia del viejo movimiento obrero a esta circunstancia es extraamente ambigua. En la medida en que l mismo formaba parte del proceso de trabajo abstracto, tambin tena que convertirse en su precursor y representar un supuesto concepto alternativo de trabajo en el interior de su fin en s mismo. Sin embargo, en la medida en que el movimiento obrero intent dar a esa alternativa cuyo verdadero objetivo secreto era desarrollar el trabajo abstracto una coloracin socialista o comunista trascendente en el interior de la ontologa del trabajo, cay siempre en un abierto reaccionarismo. El eje de esta ambigedad lo constituye el concepto de plusvala, del modo en que fue entendido por el movimiento obrero: no como principio fetichista y tautolgico del trabajo, sino como subjetividad explotadora del capitalista, o sea, completamente dentro del horizonte del fetichismo jurdico burgus. El capitalista no era concebido como un funcionario o ttere de la ciega relacin social, sino como un sujeto negativo de esa relacin, al que se opone el sujeto antittico del trabajo, como representante de la eterna ontologa del trabajo [3].

De este modo, entretanto, se pierde tambin el concepto de propiedad privada. Si las formas de propiedad precapitalistas estn ligadas a fetiches naturales (propiedad agraria y parentesco de sangre), la propiedad privada es el fetiche social del valor, desvinculado de los fetiches naturales. En la forma desarrollada, o sea, como plusvala, la propiedad privada es solamente el concepto jurdico-fetichista de la relacin tautolgica y autorreferencial del trabajo. No existe la menor diferencia si el portador institucional de esta relacin se llama Juan Prez, Sociedad a Partes Iguales, Sociedad Annima, Comisin de Salud Pblica, Estado Socialista de los Trabajadores o Comit Central. Mientras la relacin social siga dominada por el tautolgico fin en s mismo del trabajo abstracto, persistir tambin una relacin de propiedad privada, y todos sus portadores se encontrarn en un estado de particularidad abstracta, que tiene que generar como su polo funcional opuesto la universalidad del Estado (como un aparato ajeno a la sociedad). O, dicho en trminos prcticos: los miembros de la sociedad, como entes abstractamente privados, establecen relaciones entre s primero a travs del dinero (la encarnacin del trabajo abstracto) y despus a travs de un sistema jurdico que asume las formas de la burocracia estatal. Tales relaciones slo son la forma fenomnica del hecho de que tales sujetos no son capaces de regular concretamente el propio proceso de socializacin, ni de dominarlo conscientemente.

Este concepto de propiedad privada, el nico adecuado, parece hoy extrao a primera vista porque excede el concepto habitual y acostumbrado de esta relacin, de la manera como la formul la conciencia burguesa, incluido el movimiento obrero. En esta concepcin reductora, la propiedad privada es concebida como una ilusin jurdica separada del contenido real de la relacin social, o sea, como mera relacin volitiva de un sujeto libre de presupuestos con las cosas (medios de produccin y frutos del trabajo). La propiedad privada es reducida en este contexto a determinadas formas fenomnicas en las que se manifest histricamente y que hoy se han convertido en gran medida en obsoletas, formas stas en las que an pareca corresponder a la ilusin jurdica burguesa (sea como posesin personal o como subjetividad personal explotadora).

La pretendida lucha del movimiento obrero contra la propiedad privada actu por tanto siempre y exclusivamente dentro de los lmites de la propia propiedad privada [4], esto es, se remiti a las formas alternativas y superiores de la propiedad privada, que ya no podan ser identificadas como tales. Y el movimiento obrero fue progresista dentro de las fronteras del trabajo abstracto y slo en la medida en que impuls el proceso de socializacin del capital rumbo a estas formas superiores, es decir, rumbo a la plusvala y a la propiedad privada, aunque sin formarse de ellas un concepto. Esto vale hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, tanto para las tendencias hacia el Estado social en Occidente como hacia la creacin, en el Este, de una forma burguesa de modernizacin tarda.

Sin embargo, cuanto ms la dinmica del trabajo abstracto se aceleraba y se sobrepasaba a s misma, o sea que comenzaba a entrar en su estadio terminal, tanto ms destacaban los rasgos reaccionarios del movimiento obrero y de su marxismo, tanto en Occidente como en el Este. El objetivo de un plan alternativo a la sociedad del trabajo se convierte en un factor de estancamiento que frena el desarrollo, tan pronto como el trabajo en cuanto tal alcanza sus lmites histricos. Mientras la clase conservadora de los asalariados occidentales con sus instituciones hace ya tiempo petrificadas se aferraba al puro gasto de la fuerza de trabajo abstracto siempre ms obsoleta y demostraba desconfianza y rechazo a las nuevas tecnologas de socializacin y automatizacin, la administracin estatal igualmente petrificada del mercado planificado de la sociedad de trabajo del Este constrea las fuerzas productivas sociales a una forma cada vez ms anticuada. Los sindicatos occidentales ocultaban detrs de la exigida compatibilidad social del ulterior proceso cientifizado la pretensin reaccionaria de estancar los nuevos potenciales de la automatizacin dentro de los lmites del trabajo abstracto: restringir el progreso, en la mejor de las hiptesis, a la tradicional reducin de la jornada de trabajo significa ampliar un poco el tiempo libre sin afectar la primaca del trabajo como centro de la vida social. No obstante, tal pretensin reaccionaria est condenada a mantenerse como una pura ilusin. El trabajo abstracto se agota histricamente porque el proceso autorreferencial tautolgico del trabajo abstracto est irremediablemente paralizado por los potenciales tcnico-cientficos por l desatados. El antiguo modelo de reforma sindical socialdemcrata que apuntaba a un progreso moderado dentro de los lmites de las leyes se vuelve absurdo, pues su propio objeto se deshace como polvo.

Del otro lado del mundo del trabajo, tambin la administracin del Este, increblemente anticuada y retrgrada, empeada en la creacin de formas burguesas de modernizacin tarda, se agot en definitiva. Tambin aqu el carcter progresista se limit a la creacin de una sociedad burguesa moderna, bajo las condiciones de una aceleracin consciente del proceso. Esta conciencia, sin embargo, no pudo ir ms all de tal aceleracin y de su aislamiento administrativo (pasajero) en relacin con el Occidente ms desarrollado. Las formas superiores de la propiedad privada, tomadas en prstamo de Occidente, cubran con todo como una delgada capa de modernizacin una reproduccin todava arcaica en muchos sectores de la Unin Sovitica, China y parte de la Europa del Este, y pudieron servir apenas superficialmente para crear las formas ms bsicas de la sociedad burguesa: el trabajo abstracto, el dinero y el derecho, como reguladores sociales generales y, en el plano material, las industrias de base y los elementos fundamentales de una infraestructura moderna.

Con esto queda agotada la administracin exterior del trabajo abstracto. El propio carcter especfico de las formas superiores de la propiedad privada, que en el Este pasaban por socialismo, se manifest, despus de la Segunda Guerra Mundial, cada vez ms como un freno para el posterior desarrollo de las fuerzas productivas. Tal carcter especfico consista y consiste en el impedimento y obstruccin administrativos de la motivacin monetaria basada en la todava existente economa monetaria, esto es, en la parlisis burocrtica de la dinmica del trabajo abstracto basada en el trabajo abstracto. Se trata de un intento de realizar la cuadratura del crculo, de actuar conscientemente (planificacin) apoyndose en la inconsciencia (trabajo abstracto, valor, forma de la mercanca, dinero). El orgullo de haber eliminado una determinada forma de la propiedad privada, tomada errneamente por su forma tout court, y con ella presumiblemente la produccin basada en la plusvala, se revel como un clamoroso gol en contra.

En realidad, no se elimin la plusvala como tal, sino solamente su potencial dinmico, que la impulsa hacia ms all de s misma, y por tanto su potencial progresista. Este es el precio de la forma burguesa de modernizacin tarda a marcha temporalmente acelerada, que se convirti entonces en atraso. Aquella administracin exterior de la plusvala era lo bastante buena como para hacer surgir de la nada las categoras burguesas bsicas, sin consideracin por la libertad de la motivacin monetaria y sin ajustarse a la lgica entonces asfixiante del mercado mundial. Como sociedad que se hace burguesa a niveles bajos y precarios, el socialismo real tena que fracasar debido a las mismas formas de administracin que retrasaban y frenaban irremediablemente el posterior desarrollo intensivo de las fuerzas productivas en el interior de las categoras burguesas de base creadas artificialmente. Ante la dinmica del trabajo abstracto en crisis, mientras el resto del movimiento obrero occidental actuaba como freno reaccionario de la innovacin, el movimiento obrero del Este, cristalizado en una administracin estatal de la plusvala, tena de hecho el poder estructural de estancarse en el trabajo, lo que condujo a otra forma de crisis. Occidente tuvo la crisis de la dinmica del trabajo abstracto, y el Este la crisis del estancamiento de este trabajo.

El mismo carcter tendencialmente reaccionario del movimiento obrero y de su marxismo se revela tambin en el interior del propio trabajo, en su lado aparentemente concreto, o sea, en relacin con su carcter material y tcnico cientfico en la automatizacin. Aunque el marxismo poseyese una concepcin explcita del trabajo abstracto, en l este elemento reaccionario siempre estuvo contenido en germen. Aun cuando el concepto de trabajo no fuera comprendido simplemente de modo definidor, acrtico y afirmativo dentro de los marcos de la ontologa del trabajo, sino crticamente, esto se daba en un plano directamente emprico, en el nivel de la divisin capitalista del trabajo. El trabajo abstracto no sera ms que el vaciamiento del trabajo del productor inmediato, o sea, la retirada de los potenciales intelectuales del seno del propio proceso productivo hasta reducirlo a un trabajo obtuso, vaco de contenido y divorciado de la ciencia en el proceso de metabolismo con la naturaleza, un trabajo abstracto que implica indiferencia y frustracin.

Este anlisis aparentemente crtico del trabajo abstracto se apoya de verdad sobre una gran confusin de conceptos: se mantiene por as decir inconscientemente en el plano del trabajo concreto que, como tal, implica el trabajo abstracto en un nivel completamente diferente. El otro nivel, sin embargo, es el de la determinacin de la forma social, que de ningn modo es idntica a la forma tcnico-material de la divisin del trabajo. Por el contrario, el trabajo abstracto como determinacin de la forma social no es sino el trabajo en la forma de fin en s mismo o trabajo en la forma de valor como autorreferencia tautolgica, en principio totalmente independiente de la respectiva forma tcnico-material, o sea, como principio de la forma social. ste ya es puesto in nuce con la forma del valor como tal y, as, con la existencia prehistrica del dinero, aunque slo se desarrolle plenamente a s mismo y alcance su despliegue completo en la figura de la plusvala.

La divisin capitalista del trabajo y su desarrollo sucesivo en el nivel tcnico-material no son la causa y la esencia, sino ms bien el resultado y la forma fenomnica de ese principio tautolgico de la forma del trabajo social. A esta forma fenomnica en el plano tcnico-material le dar el nombre de emprico devenir abstracto del trabajo concreto, a diferencia del principio de la forma del propio trabajo abstracto. Este emprico devenir abstracto del trabajo concreto es tal slo para el productor inmediato, o sea, para la manera invertida como ste experimenta el proceso ciego de la cientifizacin del capital en el plano de su trabajo concreto inmediato. El proceso de metabolismo con la naturaleza en su conjunto, como totalidad social, permanece obviamente concreto, slo que esta totalidad concreta ahora se descompone para los diversos agentes de la reproduccin en momentos aislados o separados entre s. El conocimiento de la naturaleza y la ciencia de la naturaleza, la direccin tcnica de la organizacin del trabajo y el trabajo productivo con la mquina se vuelven, a escala cada vez mayor, momentos aislados entre s dentro de este conjunto concreto, en tanto que lgicamente el ltimo eslabn de esa corriente de cientifizacin, el productor inmediato, ser el ms duramente afectado por el emprico devenir abstracto del trabajo concreto.

Sin embargo, es fcil comprender las consecuencias reaccionarias que seran forzosamente acarreadas si la superacin de este nexo no fuese promovida desde la perspectiva de la propia cientifizacin, sino desde el punto de vista de una reconciliacin entre cientifizacin y trabajo productivo inmediato. La concepcin aparentemente crtica, pero en verdad reductora y vaca de concepto del trabajo abstracto como devenir-abstracto meramente emprico del trabajo del productor inmediato abre el camino a tales consecuencias reaccionarias. Pues en la medida en que la forma de la mercanca de la reproduccin, esto es, el principio de la forma autorreferencial fetichista y tautolgica del trabajo como valor, no es tomada en consideracin o permanece lejos de la mirada crtica, la crtica se ve aprisionada dentro del envoltorio del fetiche o se limita sociologsticamente a las meras formas fenomnicas de este principio de la forma dentro del propio trabajo productivo concreto (toda la sociologa industrial de izquierda vive de esta reduccin).

Este concepto aconceptual del trabajo abstracto sigue siendo compatible, en su empirismo, con el propio principio de la forma ciegamente presupuesto, y por tanto tambin con el trabajo como esfera separada y con la intencin del movimiento obrero potencialmente siempre reaccionaria de superar la separacin entre el trabajo y el proceso de la vida en su conjunto a partir del propio trabajo. En el interior del trabajo concreto, esto no significa otra cosa sino querer de alguna manera recuperar los potenciales intelectuales y cientficos, engendrados en el proceso de metabolismo con la naturaleza, para el trabajo productivo inmediato o para el gasto de fuerza de trabajo. Una empresa obviamente condenada al fracaso, tanto ms cuanto el proceso del emprico devenir abstracto del trabajo concreto alcanz a la larga tambin las esferas o mbitos de la reproduccin en el exterior del proceso productivo inmediato. De este modo se vuelve obsoleta y ridcula tambin la ltima utopa del movimiento obrero marxista, a saber, la idea de una superacin de la divisin del trabajo sobre la base del trabajo abstracto.

En trminos ms exactos, esta utopa es en cierto modo realizada negativamente por el propio capitalismo, en la medida en que todos los agentes de la reproduccin son tendencial y gradualmente reducidos a un puro e indiferenciado gasto de fuerza de trabajo. El todo concreto de la reproduccin acaba confinado en una existencia ideal-tpica, por completo exterior a los sujetos humanos, bajo el imperio del tautolgico principio de la forma. Cuanto mucho, el movimiento obrero imagin la superacin de la divisin capitalista del trabajo como una especie de unificacin de todas las parcialidades de esa divisin en una nica persona: el hombre del futuro, obrero especializado o artesano con diploma y premio, una especie de monstruo creado por la fusin de singularidades y utpico en el peor sentido de la palabra [5]. Estas desoladas utopas, en el actual estadio de cientifizacin, simplemente pierden su objeto y se vuelven por tanto tan absurdas como ridculas. El emprico devenir-abstracto del trabajo concreto no puede ser superado en el interior del propio trabajo abstracto, o sea, sobre la base del tautolgico principio de la forma que, como tal, debe ser superado. La superacin de la divisin del trabajo slo es posible ms all del trabajo, una circunstancia que slo hoy se puede reconocer plenamente. Tanto los planes reformistas occidentales de una humanizacin del mundo del trabajo, acompaada de medidas de creacin de puestos de trabajo, como la utopa miserable del Este, atravesada por el fetichismo del trabajo y por el autogobierno de la clase obrera en el interior de la sociedad del trabajo, se revelan sobre este trasfondo tan perversas como inconscientes e ilusorias. El desarrollo de las fuerzas productivas super hoy ambas variantes en todos sus matices histricos.

La direccin consciente del proceso de metabolismo con la naturaleza implica la transformacin del gasto de la fuerza de trabajo en actividad consciente en el plano concreto y material, que se refiere inmediata e individualmente al todo concreto de la reproduccin cientifizada. Esta actividad no apunta a una recuperacin de los potenciales cientficos por el proceso productivo inmediato, sino justamente a la superacin de ste por medio de estos potenciales. Esta lgica oculta y hasta ahora ciega de la cientifizacin slo hoy alcanz su estadio de madurez, que la vuelve completamente visible. Ella requiere imperiosamente la superacin del trabajo abstracto como superacin del tautolgico principio de la forma en todos sus cambios de apariencia, esto es, la superacin del valor, de la mercanca y del dinero, lo que por el lado concreto y material no significa ms que la superacin de la divisin capitalista del trabajo a travs de la superacin de la propia ontologa del trabajo, o sea, a travs de la superacin del productor inmediato, que a su vez es idntica a la superacin de todas las funciones cientficas y administrativas particulares y separadas que se hallan ms all de este productor inmediato (inclusive las funciones estatales).

C] La categora real del trabajo ha de ser concebida como trabajo abstracto tambin en el sentido de una indiferencia destructiva en lo relativo al contenido material de los agentes puestos en movimiento. Esta indiferencia se manifiesta no slo en el plano subjetivo y psicolgico de la insatisfaccin con el trabajo, sino ms bien y sobre todo como creciente factor objetivo de catstrofe, o sea, como proceso objetivo de destruccin del mundo. Mientras el trabajo fue idntico a la totalidad del proceso de la vida, no poda dejar de ser concreto como parte de una reproduccin pobre en necesidades y ligada a la naturaleza [6]. Slo el trabajo social como mbito separado de la totalidad del proceso de la vida, en la forma en que vio la luz en el trabajo asalariado industrial fue capaz de poner en marcha aquella peculiaridad (siempre latente en la forma de la mercanca) del trabajo como trabajo abstracto y como fin en s mismo: trabajo sans phrase (Marx), trabajo sin determinacin de contenido social.

Surgi as una ciega mquina social para la utilizacin abstracta de la fuerza de trabajo, cuya tendencia consiste en absorber en su movimiento vaco de contenido al hombre, la naturaleza y todo aquello de lo que pueda echar mano, digirindolos y evacundolos despus en la otra forma del trabajo, la forma muerta, o sea, como dinero, sin que, aparte de este cambio de forma, se aada ninguna otra finalidad cualitativa. Esta mquina social tiene que poner en movimiento la cualidad material: materias primas, fuerzas naturales y trabajo humano vivo; sin embargo, tales cualidades no constituyen un fin ni producen por s finalidad alguna, sino que slo son medios en el proceso tautolgico y autorreferencial del trabajo abstracto. Hay por tanto una inversin entre medios y fines: el trabajo ya no es un medio para el fin cualitativo de la apropiacin de la naturaleza, sino que, por el contrario, la apropiacin cualitativa y material de la naturaleza es slo un medio indiferente para el proceso de cambio de la forma del trabajo abstracto como fin en s mismo. Para el movimiento de la mquina social del valor que est representado en el dinero, es objetivamente indiferente lo que ocurre con los componentes materiales y cualitativos de su gigantesco proceso mundial de digestin o qu consecuencias acarrea este proceso en el plano material y cualitativo. El mundo es transformado y resuelto sin sentido, pues el sentido reside en el proceso de transformar y de poner en movimiento como tal, lo que tiene que representarse en escala siempre ampliada en la forma muerta del dinero y del multiplicarse (acumularse) en ciclos sin fin.

Durante la formacin y el ascenso de esta mquina social, y con ella del viejo movimiento obrero (como momento parcial y factor propulsor de esta mquina, no como potencial maquinista), prevalecieron los efectos emancipatorios y civilizadores de este proceso, a pesar de todos los momentos crticos, negativos y, desde el comienzo, destructivos y amenazadores. El proceso de trabajo abstracto, al incluir en escala creciente la cientifizacin de la reproduccin como medio ciego de su fin abstracto en s mismo, no slo cre progresivamente un consumo de masas de bienes anteriormente de lujo, sino tambin un conjunto nuevo y nunca antes visto de necesidades y posibilidades. En este marco, mientras el trabajo se mantena como el momento nuclear de la reproduccin, el enorme potencial destructivo que acechaba en este fin en s mismo sin trabas no poda an ser reconocido y comprendido en todo su alcance.

En las condiciones de vida precapitalistas, la antigua totalidad del trabajo se encontraba todava muy prxima, y el viejo aguijn de la penuria y de la pobreza estaba an muy presente como para que fuese posible superar o incluso imaginar algo ms all del fin en s mismo del trabajo. El trabajo como tal, aunque en su nueva forma, pareca en esencia producir, con contadas excepciones, slo cosas tiles y necesarias; slo pareca importar el hecho de que los portadores de trabajo vivo recibiesen una parte suficientemente grande de sus frutos o, en el mejor de los casos, que reconquistasen al capital (concebido sociolgicamente o como persona) el control sobre el propio trabajo. La peculiaridad de la determinacin social de este trabajo por detrs de los sujetos sociales visibles, o su especfico carcter tautolgico y vaco de contenido desde el punto de vista social, efectivamente no entraba dentro del campo de visin del movimiento obrero y de su marxismo.

En cuanto a esta incomprensin, nada cambi esencialmente hasta hoy. Tambin los fenmenos manifiestos de una nueva crisis econmica son interpretados an dentro del antiguo horizonte conceptual reductor. Y un nuevo elemento de confusin surge del hecho de que esta crisis naciente del trabajo abstracto y de la forma mercanca haya alcanzado primero a los miembros ms dbiles del contradictorio sistema mundial productor de mercancas, o sea, aparte del Tercer Mundo, precisamente a los sistemas socialistas en la tradicin de la Revolucin de Octubre. La desorientacin es grande, puesto que el modelo interpretativo de esta nueva situacin no fue elaborado todava; la forma de la mercanca como tal no es an el objetivo de una crtica que acte como discurso social, incluso en la esfera pblica consagrada a la teora.

Sin embargo, no se puede ignorar la nueva dimensin que hoy se presenta como crisis ecolgica y que parece llevar una existencia completamente autnoma al lado de las antiguas constelaciones de crisis y conflicto. Esta dimensin es tratada en realidad como si fuese completamente ajena a la crtica de la economa poltica. Ello es inevitable, pues tal crtica no se concibe coherentemente como una crtica del propio trabajo abstracto, ni se desarrolla ms all de Marx, sobre la base de los nuevos fenmenos. Mientras la pretendida lucha anticapitalista gravite en torno a cuestiones de distribucin y de poder en el interior de la forma del valor y mientras incluso sus objetivos ms extremos compartan an la ilusin jurdica burguesa del concepto de propiedad, no se alcanzar el verdadero fundamento de esta relacin social. Y los nuevos fenmenos (nuevos al menos en relacin con su dimensin y gravedad) del potencial de destruccin ecolgico del trabajo abstracto surgirn slo como una problemtica absolutamente diferente situada en otro plano.

Los requisitos de un pensamiento crtico en torno del complejo de problemas de la sociedad burguesa, sin apoyo en la crtica de la economa poltica (y en frontal oposicin a ella), hace ya mucho que fueron desarrollados y preparados por la vertiente romntica e irracionalista y tambin por el pesimismo de la cultura de la ideologa burguesa [7]. Desde los principios de la industrializacin, ese pensamiento remiti todos los fenmenos negativos de la economa basada en la mercanca y de su proceso de totalizacin no a la forma nuclear del trabajo abstracto, sino directamente al lado material del proceso de trabajo industrial, o sea, a la cientifizacin del proceso de metabolismo con la naturaleza. Las ciencias naturales y su aplicacin industrial como tecnologa moderna fueron objeto de un proceso ideolgico. Surgi as en el pensamiento burgus un campo de pesimismo de la cultura constituido por innumerables momentos aislados y corrientes histricas (en parte contraditorias entre s): desde la crtica de la produccin industrial como faena del diablo hasta la denuncia de la ciencia natural tout court como hostil a la vida, desde la refutacin del pensamiento cientfico en general como exange hasta la negacin de la civilizacin urbana como desierto aslfltico decadente, desde la transfiguracin e idealizacin romntica o romntico-tarda de la Edad Media hasta la neorreligiosidad, desde el biologismo y el darwinismo social hasta las corrientes antisemitas, desde Nietzsche hasta la filosofa de la vida y el existencialismo.

Este campo ideolgico desarroll tambin una especfica crtica del dinero, deducida no de la crtica de la economa poltica, ni de la forma de la mercanca o del trabajo abstracto, sino de una crtica incoherente e irracionalista al intelecto urbano egosta, calculador, no-heroico, judo, hostil a la vida o abstracto, al que se echaba la culpa de la automatizacin y del potencial desubjetivante del dinero. La crtica del dinero pudo as aparecer como parte de una crtica a la civilizacin y a la ciencia modernas en cuanto tales y permanecer al mismo tiempo inconsecuente, deslizndose hacia el pesimismo de la cultura y la desesperanza, en la medida en que el dinero como determinacin de la forma social jams fue atacado en su principio, sino slo por su relevancia desmedida e hipertrofiada en la modernidad, que da al dinero ms de lo que cabe al dinero. Esta crtica al dinero, reaccionaria en su ncleo, como crtica de la cultura moderna a partir de un punto de vista de la naturaleza puramente ideolgico, no poda proponer una superacin efectiva del dinero, concebible solamente como momento de la superacin del trabajo abstracto y por tanto de la forma de la mercanca como tal. La crtica segua siendo compatible con la determinacin de la forma de la sociedad en su esencia y, en consecuencia, con la forma fenomnica del dinero, movindose en el terreno inocuo y sin consecuencias de una crtica ontolgica de la cultura [8].

Esta veta del pensamiento burgus se present desde el comienzo, en el mismo envoltorio de la forma de la mercanca, como hermano enemigo de la fe burguesa en el progreso, del racionalismo y del positivismo, pero desde temprano se mostr capaz de registrar y lamentar por lo menos los fenmenos destructivos de la modernizacin en el sentido de la incipiente destruccin de la naturaleza y de la amenaza a las bases materiales de la vida. Tanto el positivismo burgus de orientacin progresista como el movimiento obrero y el marxismo se inclinaban a cerrar los ojos ante tales fenmenos, a aceptarlos con indiferencia como el precio del progreso y a atribuir la crtica a que eran sometidos al carcter reaccionario e irracional de las corrientes del pesimismo de la cultura. Se desarroll as en la ideologa y en la teora social una particular constelacin en la que el positivismo procedente de las ciencias naturales, ligado a corrientes liberales y conservadoras en la poltica, poda convertirse en la ideologa de base de la burguesa, mientras que el pesimismo de la cultura y el marxismo competan entre s como ideologas de oposicin en el campo de la crtica social. Durante mucho tiempo la izquierda se deleit en distinguir al marxismo y al movimiento obrero, como verdadera oposicin al sistema, de la seudo-oposicin del pesimismo de la cultura burgus, haciendo notar que este ltimo desembocaba en el fascismo. Pero con esta distincin se ocultaba el hecho de que el marxismo y el movimiento obrero formaban tambin parte del continuum burgus y se movan dentro de la misma incomprendida determinacin de la forma del trabajo abstracto. La crtica del dinero marxista no era menos incoherente que la desarrollada por el pesimismo de la cultura. Tal como sta, slo poda llegar a la crtica del modo de utilizacin y al postulado de que el dinero no debe ser todo, sin alcanzar la determinacin de la forma de base como tal. Como el propio marxismo nunca tom realmente en serio la crtica de la economa poltica y jams la llev hasta sus ltimas consecuencias, se mantuvo como una ramificacin del pensamiento burgus, circunscrito al horizonte de una poca en que la misin civilizadora del trabajo abstracto no se haba agotado an. Positivismo, pesimismo de la cultura y marxismo se revelan ex post como hermanos enemigos de una nica y misma estirpe, la de la ilustracin burguesa, y su pensamiento, como pensamiento de una nica y misma forma, la forma de la mercanca. Como ideologas, son tan complementarios como incompatibles, aunque al principio no lo pareciese, cuando las olas de la lucha por el progreso se elevaban todava altas en el interior de la forma de la mercanca. En la medida en que hoy madura la crisis an incomprendida del trabajo abstracto y de la forma de la mercanca, empiezan a esfumarse y a disolverse los antiguos antagonismos slo aparentemente inconciliables: la complementariedad de las ideologas burguesas lleva a su convergencia eclctica. El pesimismo de la cultura no se derrumb junto con el fascismo; en realidad, es solamente hoy cuando, como fundamentalismo ontolgico y como crtica de la ciencia y de la civilizacin, gana su mxima plausibilidad ante la innegable relevancia de su vieja crtica a la destruccin de los fundamentos naturales de la vida, una crtica fundada siempre ontolgicamente, en el sentido de la preservacin de un orden natural del mundo, con todos los rasgos reaccionarios de tal pensamiento. El marxismo se retrae ante los nuevos fenmenos de crisis, que ya no pueden ser descifrados con su andamiaje sociolgicamente reductor, y el positivismo intenta disfrazarse a travs de compromisos. El Partido Verde y en especial su ala izquierda constituyen en este contexto, por as decir, un caso ejemplar de eclecticismo banal, en el que las ideologas de base burguesa realizan matrimonios horrorosos.

El marxismo del movimiento obrero no es superado hacia adelante, en el sentido de una crtica ms consecuente de la economa poltica, sino que contina vegetando en su forma ms reducida posible, como componente social y cobertura sindical; el positivismo, despojado de toda fundamentacin terica y cientfica, es integrado como nuevo realismo pragmtico y como reconocimiento del mercado o de la motivacin del lucro, que se tiene por imprescindible e insuperable; el pesimismo de la cultura, por fin, encuentra refugio y aceptacin como conciencia ecolgica, evocacin de la naturaleza y bajo la forma de lugares comunes que se infiltran inconscientemente en la palabrera de los polticos. Esta patata indigesta y cada vez ms diluida se volvi entretanto el alimento espiritual de todo el espectro acadmico, ideolgico y poltico de una sociedad que se halla en agona intelectual, en vsperas del colapso econmico y ecolgico. Anything goes: el verde y el rojo se dan la mano, pero tambin el rojo y el negro y el negro y el verde, por no hablar del castao; conservadores del valor aparecen como izquierda y la izquierda como derecha, y el obrero, en modo alguno sin razn, aparece como burgus y el antiguo burgus, con igual acierto, como obrero del management. Sin embargo, el mero reconocimiento del hecho de que los fenmenos cambiaron radicalmente no implica en absoluto que sean comprendidos ni mucho menos resueltos. No basta con querer adaptarse de cualquier modo, mimticamente, a las circunstancias modificadas y echar por tierra en la ocasin tambin la crtica radical. La izquierda acadmica est en estado tan terminal como los marxistas del movimiento que juegan a la poltica. La ausencia de cualquier comprensin de los hechos es vendida como fantasa liberadora y la perplejidad como modestia antidogmtica. La promiscuidad eclctica de la teora social equivale a su total desmoralizacin.

Ante este colapso de las ideas que precede al colapso de las categoras reales burguesas, una redefinicin positiva del socialismo, que tenga la inmodesta pretensin de una nueva competencia revolucionaria ante la crisis de la sociedad burguesa y de la mquina de la modernizacin ciega y preada de catstrofes, slo puede partir de una nueva coherencia en la crtica de la economa poltica. La nueva base de esta crtica tiene que ser la crtica del trabajo abstracto en todos sus aspectos y el postulado de su efectiva superacin. El punto central es la superacin del proceso autorreferencial y tautolgico del trabajo social, esto es, la superacin del proceso de cambio de forma del trabajo abstracto, como superacin del valor, de la mercanca y del dinero. Por tanto, no la absurda planificacin del mercado, como en el socialismo real, sino la superacin del mercado en cuanto existencia duplicada del trabajo abstracto en el dinero. Esta superacin de la tautologa fetichista de la reproduccin social implica al mismo tiempo la superacin de las esferas separadas o sectores funcionales de la sociedad burguesa, sobre todo el trabajo como una esfera abstracta separada del tiempo libre, del tiempo disponible y de la cultura, lo que a su vez implica la constitucin de una unidad real del proceso social de la vida, libre en su totalidad de aquel funcionalismo. Esto implica tambin la superacin de la ciega separacin entre las unidades de gasto del tiempo social de trabajo y la cualidad sensible y material de las materias primas y fuerzas naturales empleadas. Cada decisin cuantitativa sobre el empleo de fuerzas productivas tiene que ser al mismo tiempo una decisin cualitativa sobre su valor de uso, o sea que el clculo econmico-empresarial abstracto tiene que ser hecho a un lado. Esta total superacin del trabajo abstracto slo es posible, en primer lugar, como superacin del trabajo tout court, lo cual no debe ser confundido con la actividad reproductiva humana o con el proceso de metabolismo con la naturaleza; en segundo lugar, ella slo es viable como superacin directa del productor inmediato y de toda la historia que lo tuvo como protagonista. El socialismo as entendido es una imposibilidad lgica en el interior de la ontologa del trabajo o como consecuencia de un punto de vista de los obreros y campesinos. Si esta redefinicin radical del socialismo significa tomar en serio y llevar coherentemente hasta el fin la crtica de la economa poltica, ella no es una utopa en sentido negativo, sino una necesidad imperiosa ante la madurez del potencial de crisis del sistema mundial productor de mercancas. La crisis del trabajo y la crisis ecolgica no son fenmenos inconexos, sino los momentos parciales del mismo y nico proceso de crisis de la forma del valor o de la mercanca. De nada sirve ya un nuevo concepto de trabajo sobre el terreno inalcanzado e incomprendido de esta determinacin de la forma social, ni la movilizacin impotente de una nueva tica como ltima insinuacin de Kant, sino slo la superacin del trabajo abstracto a todos los niveles, so pena de ruina. A partir de esta base cabe aclarar mejor y elaborar con ms precisin las determinaciones generales de esta superacin.



NOTAS

1. Este hecho podra inducir a un observador anacrnico a concebir momentos tales como cultura, poltica, etc. (aislados de esta unidad inmediata del proceso de la vida en su totalidad) como funciones del proceso del trabajo de estas sociedades primitivas (por ejemplo, las pinturas de las cavernas como funcionales en relacin con la caza). Sin embargo, as se proyecta de modo inadmisible sobre tales relaciones, que no conocan ningn funcionalismo, el punto de vista impregnado por el pensamiento y la vida propios de la lgica de la mercanca. Aqu ya se ve la dificultad de romper con el propio pensamiento dominado por esta lgica.

2. Arbeit macht frei: inscripcin a la entrada del campo de concentracin de Auschwitz (N. del T. portugus).

3. Aqu reside tambin el ms profundo equvoco de los marxistas sobre el carcter del capital como relacin social. Cualquier marxista un poco esclarecido estar completamente de acuerdo cuando se dice que el capital no es una cosa (mquinas, etc.), sino una relacin social. Sin embargo, concibe tal relacin como una relacin de sujetos ya presupuestos y, a su vez, aparentemente sin presupuestos, llamados capital y trabajo. Con esto, no obstante, se invierte el concepto de relacin capitalista. La relacin social es en verdad la relacin fetichista y tautolgica del trabajo abstracto convertido en fin en s mismo, y slo esta relacin ciega, como sujeto automtico (Marx), genera como mscaras de carcter a aquellos agentes y depositarios de papeles sociales que actan como antpodas en el interior de ese marco.

4. La ausencia de conceptos se hace evidente cuando tambin la Teora Crtica y los marxistas occidentales se dedican con ahnco a la cuestin de saber si al final de cuentas se dan en el socialismo real la propiedad privada y el carcter de mercanca de la fuerza de trabajo, resultando que la respuesta es casi siempre negativa, sin que mientras tanto se vea como un defecto la existencia real de la forma de la mercanca y del dinero, del salario en dinero de la fuerza de trabajo, del aparato estatal y del sistema jurdico, incluido aqu el derecho del trabajo. Nada podra comprobar de forma ms drstica el hecho de que tambin el marxismo crtico argumenta con plena inconsciencia en el interior de las categoras bsicas del fetichismo burgus por no hablar de los marxistas oficiales de partido.

5. Cfr. por ejemplo la fantasa correspondiente en los Problemas econmicos del socialismo, de Stalin, o en la revolucin cultural china, que tambin encontraron eco en las ms diversas facciones de la Nueva Izquierda occidental y con una tnica particular en los elementos populistas: el intelectual o el especialista acadmico visto como amigo del pueblo o como su servidor, y que ms all de los vicios propios de la estupidez acadmica an deba, como si no fuese bastante, adorar e imitar los de los obreros y campesinos.

6. La crtica de las fuerzas productivas, desde la filosofa de la vida hasta las corrientes fundamentalistas (tanto dentro como fuera del Partido Verde), refleja esta correlacin al propagar ms o menos abiertamente un retorno a la pobreza de las necesidades como precio para una reproduccin sin los potenciales destructivos del trabajo abstracto: ella no imagina, ni siquiera lejanamente, una salida en la direccin opuesta, ms all del trabajo abstracto.

7. No se pretende absolutamente descalificar en bloque como simplemente irracionalistas los resultados artsticos e intelectuales excelentes y en muchos aspectos pioneros y precursores del romanticismo de fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, ni identificarlos directamente con aquel pesimismo de la cultura de los inicios del siglo XX que, no por casualidad, desemboca en el fascismo. El pensamiento de la era burguesa como un todo (inclusive el marxismo) oscila entre los polos incomprendidos del racionalismo y el irracionalismo, en cuya reciprocidad encuentra expresin la forma de la mercanca como forma de pensamiento y filtro social del conocimiento. El pensamiento en el interior de la forma de la mercanca tiene por fuerza que lanzar una sombra irracional y puede al menos tendencialmente percibir el potencial destructivo del trabajo abstracto en la lnea del pesimismo de la cultura.

8. Desde la perspectiva de la crtica aqu asumida, merecera la pena seguir en detalle, en sus distintas corrientes y en sus efectos ramificados, estas ideologas surgidas en el siglo XIX y que alcanzaron su pleno florecimiento en el siglo XX. Pero como el objetivo es una reconsideracin del problema del socialismo y la elaboracin de una nueva concepcin positiva del socialismo ms all de la economa poltica, basta la comprobacin de la total ineficacia de la critica del dinero propuesta por el pesimismo de la cultura y por la filosofa de la vida, adems de la demostracin de su carcter reaccionario e incoherente, que en rigor de verdad no sobrepasa la determinacin abstracta de la forma de la reproduccin social que se manifiesta en el dinero y, a despecho de la afectada condena del dios dinero, sigue siendo completamente inmanente.

Fuente: http://grupokrisis2003.blogspot.com.es/2009/06/el-honor-perdido-del-trabajo.html


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