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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-08-2012

Sobre la "Declaracin de la Cumbre Social"
Sindicatos mayoritarios y resistencias

Carlos Taibo
Rebelin


I

Leo la Declaracin de la Cumbre Social celebrada en Madrid el 25 de julio de 2012, un texto que sirve de convocatoria para un conjunto de movilizaciones que se deben desarrollar en los prximos meses. Al parecer, lo han suscrito muchas de las organizaciones asistentes a la reunin correspondiente, con CCOO y UGT en cabeza. A ttulo provisional, y a falta de ms noticias, es un texto desalentador en el que no se aprecia voluntad alguna, siquiera retrica, de atraer a quienes no estn prximos. No constituye, en modo alguno, un mnimo comn denominador: excluye, y con claridad, a muchos.

Conforme a lo que se incluye en esas lneas es obligado deducir que lo que tenamos antes de 2007, el momento del estallido de la crisis financiera, era un dechado de perfecciones. Nos habamos dotado, por lo que nos cuentan, de un modelo de convivencia que ha servido cabalmente durante nada menos que 35 aos. Y disfrutbamos de una Constitucin que an hoy pone en nuestras manos instrumentos importantes. La transicin poltica no es, entonces, objeto de cuestionamiento alguno en un escenario en el que --se nos dice-- han despuntado los logros laborales y el Estado del bienestar ha brillado con luz propia. Como quiera que ninguna mencin se hace al respecto en el texto que me ocupa, est servida la conclusin de que habamos resuelto los problemas principales en lo que se refiere a la situacin de las mujeres, al medio ambiente y a los pases del Sur. Si unas veces lo que se impone es el silencio --para qu hablar de la OTAN?--, en otras resulta fcil intuir un ejercicio de adoracin del crecimiento y del consumo que dice poco de una comprensin cabal de nuestros deberes para con las generaciones venideras.

A semejante visin de los hechos se agrega la afirmacin, un tanto sorprendente, de que la conciencia de que semejante paraso empezaba a desvanecerse ha sido particularmente visible, en los ltimos aos, en el mundo sindical, que repetidas veces habra llamado la atencin al respecto. Ser en las filas del sindicalismo alternativo. Porque el registro de las cpulas de CCOO y UGT parece muy distinto: no consta que en su momento plantasen cara a la burbuja inmobiliaria, han acatado sucesivas e impresentables reformas laborales, han hecho otro tanto con el pensionazo y, por si poco fuera todo lo anterior, no dudaron en respaldar en 2005 el infame Tratado Constitucional de la Unin Europea, corresponsable de muchos de nuestros males de hoy. En estas horas, y por lo dems, esas cpulas no sienten mayor inters en postular una tarea inexcusable: la que invita a separar la deuda legtima de la ilegtima, como si su designio de romper las reglas del juego fuese, como siempre, limitadsimo. Parece que los sindicatos mayoritarios son parte del problema, y no los agentes mayores para resolverlo, y ello por mucho que hoy intenten ocultarlo.

Ms all de todo lo anterior, el texto arrastra dos taras insorteables. La primera asume la forma de un olvido ms: el de que todo lo que tenemos hoy es una consecuencia directa, e inevitable, de lo que tenamos antes. Volver a 2007 es, como horizonte mental, una necedad que bebe de una ilusin ptica. La segunda es la dramtica ausencia de proyecto alguno que implique una apuesta por cambiar de modelo. Es inevitable que, en esas condiciones, a muchos nos dejen fuera.


II

Alguien podr aducir, con todo, que poco importan los textos de convocatoria y mucho, en cambio, el sentido de fondo de esta ltima. Veamos entonces en qu parece consistir la respuesta rpida y contundente que anunci semanas atrs Fernndez Toxo.

No parece, por lo pronto, que se ajuste a ninguno de los dos adjetivos enunciados. Se promueven manifestaciones en las que el protagonismo debe corresponder, por lgica, a los sindicatos mayoritarios. Se propone un referendo a sabiendas de que no va a ser acatado por nuestros gobernantes. Se sugiere que tal referendo podr ser sustituido por una consulta popular. Y, como ltima, desesperada y no claramente especificada solucin, se contempla la posibilidad de organizar una nueva huelga general que, como las anteriores, y dado que es legtimo concluir que obedece al propsito principal de cubrir el expediente, parece llamada a tener efectos limitados por mucho que la lgica sugiera que en este caso merecer mayores apoyos.

Intento retratar lo anterior con otras palabras: CCOO y UGT en modo alguno desean, pese a las apariencias, un consenso amplio contra las agresiones que padecemos. Lo que pretenden, sin ms, es recuperar protagonismo arropados por otras muchas organizaciones, de tal manera que un eventual fracaso resulte menos llamativo. Se trata, en sustancia, de esconder la responsabilidad que los dos sindicatos mayoritarios tienen en el deterioro de tantas relaciones y de ocultar la impotencia propia cargndola, hasta donde sea posible, sobre otros. Todo ello en la confianza de que ahora, y a diferencia de lo ocurrido en los dos ltimos aos, se sumarn a las protestas quienes estn preocupados por la prdida de su paga extra aun cuando no sientan mayor inquietud por todo lo dems. De ah, tal vez, el tono calculada y alarmantemente liviano del texto de convocatoria al que me he referido unas lneas ms arriba.

En la trastienda, en fin, despunta una farsa ms: la de que en este camino que se abre los partidos desempearn un papel secundario. Es fcil adivinar la regla maestra del juego: evitamos formalmente a los partidos, para as sortear un descrdito mayor, pero en modo alguno rompemos con el circuito cerrado que alimentan esos partidos. Aunque habr que confirmarlo, parece que el PSOE se suma a la iniciativa, que le resulta cmoda a efectos de ocultar que carece de un proyecto alternativo al del PP (aguardemos a ver lo que ocurre, eso s, al amparo de sus coqueteos con un eventual gobierno de coalicin de pretendida condicin tecnocrtica). Entre tanto, IU no duda en emitir seales que dan cuenta de su disposicin a ocupar el espacio socialdemcrata que el PSOE ha dejado libre. No hablo de otras formaciones polticas porque la convocatoria que ahora me interesa tiene, por omisin, un rotundo carcter espaol y no parece prestar atencin a las realidades sindicales y sociales propias de los lugares en los que el discurso y las prcticas correspondientes presentan perfiles diferenciados.

La consecuencia final, y la ms importante, es fcil de enunciar: la frmula que se intenta desplegar, encaminada en esencia a salvar la cara a las cpulas de los dos sindicatos mayoritarios, obedece al claro propsito de frenar respuestas ms recias. Que en ella --lo repetir una vez ms-- no haya ninguna propuesta de cambio de modelo lo dice todo.


III

La gente bien intencionada seala una y otra vez que es preciso sumar frente a las agresiones. Bien est. Pero inmediatamente hay que preguntarse qu es lo que proponemos frente a esas agresiones --no vaya a ser ms de lo mismo-- y si aqullos con quienes vamos de la mano suman realmente. Habida cuenta de su registro de tanto tiempo, acudir al comps de los sindicatos mayoritarios, es realmente sumar o es invitar a la desafeccin?

Sobre esa base no hay mnimo comn denominador que valga. Lo que despunta, antes bien, es un juego muy similar al que abrazan nuestros gobernantes: como ellos, CCOO y UGT pretenden hacer frente a una situacin extrema, s, con los mismos instrumentos que nos han conducido a ella, y entre ellos un sindicalismo de pacto empeado en acatar respetuosamente las leyes y cada vez ms mortecino y desacreditado. Para que nada falte, lo que se barrunta por detrs es un intento de construir ficticios consensos como los que se hicieron valer a principios de 2003 al calor de las protestas contra la agresin estadounidense en Iraq. Llamativo es al respecto, por aadidura, que el documento de convocatoria se limite a recordar el significado de una fecha, el 19 de julio, en la que los sindicatos mayoritarios lideraron manifestaciones a las que se sumaron, con criterios las ms de las veces distintos, muchas gentes. Qu curioso es que se olvide que el 15-M lleva un ao en la calle con demandas y prcticas de perfiles significativamente ms radicales. Al parecer, slo interesan las protestas propias o, lo que es lo mismo, las ms moderadas.

Extraigo una conclusin rpida: para apoyar lo que de saludable pueda haber --me temo que poco-- en la hoja de ruta diseada por los sindicatos mayoritarios no hay motivo alguno para sumarse a una iniciativa como la que ahora me ocupa. La tarea de las gentes conscientes de la necesidad inexorable de articular una contestacin firme y transformadora consiste ante todo en desbordar el marco fijado por esa hoja de ruta. Sin perder en momento alguno las seas de identidad propias. En esa tarea deben estar el sindicalismo alternativo, los movimientos sociales que resisten, el grueso del 15-M y todas aquellas personas que estn decididas a romper los diferentes cordones policiales que nos rodean.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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