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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-05-2005

Las identidades colectivas en las luchas revolucionarias
Una crtica del eurocentrismo

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


1. La tesis que aqu se defiende es que carece de sentido el debate sobre si la conciencia nacional existe nica y exclusivamente en el capitalismo. Es un debate entrampado en los lmites del eurocentrismo, y por tanto, es un debate que favorece a los intereses de las fuerzas sociales que generaron esta ideologa o la aceptaron, la burguesa occidental a finales del siglo XX; la socialdemocracia europea en el inicio del imperialismo; la burocracia stalinista desde comienzos de los aos 30; y actualmente al imperialismo de EEUU pero tambin al de la UE, y en general a la civilizacin occidental. El eurocentrismo es una construccin ideolgica con una ontologa, una epistemologa y una axiologa que impiden conocer la historia de la humanidad.

2. Aqu se defiende, bsicamente, que todo pueblo tiene autoconciencia que responde a su contexto objetivo y subjetivo, con sus contradicciones; que el encuadre objetivo del contexto es el modo de produccin dominante aunque existen componentes de modos de produccin anteriores; que la primera escisin social en esa autoconciencia se produce con la opresin de la mujer, y que luego le siguen la opresin nacional externa y la opresin social interna; que stas se agudizan con la supeditacin del valor de uso al valor de cambio, extinguindose la unidad colectiva que gira alrededor del primero e imponindose la escisin social objetiva que gira alrededor del segundo, apareciendo entonces ideologas varias que pretenden superar esa rotura objetiva con interpretaciones subjetivas, metafsicas e idealistas; y, que slo con la superacin histrica del valor de cambio, y de todos sus efectos y causas, en especial la propiedad privada de las fuerzas productivas, slo durante este largo proceso se avanzar en otras autoconciencias cualitativamente diferentes a las actuales.

3. Aqu se defiende que es un error de mtodo de pensamiento cientfico-crtico, y por tanto poltico, usar conceptos descontextualizados, eternizados y vaciados de toda concrecin sociohistrica. El eurocentrismo se caracteriza por estos errores, vicios, trucos y trampas en el empleo de trminos como grupo, tribu, etnia, pueblo, nacin, Estado-nacin, etc., presentados como peldaos obligados e inevitables en un ascenso de lo primitivo y salvaje a lo moderno y civilizado. Hay dos mtodos: el dialctico, que insiste en que los conceptos son relativos a su poca y contexto, de modo que lo que vale en unos siglos no vale en otros y viceversa, porque todo cambia por el impulso de sus contradicciones internas; y el mtodo mecanicista eurocntrico que sostiene que slo en lo que define como edad moderna pueden darse lo que el mismo eurocentrismo define como nacin que lucha conscientemente por su destino, no pudiendo existir tal cosa en otras pocas anteriores.

4. Aunque el eurocentrismo ha fracasado en el anlisis de las tendencias revolucionarias mundiales, sin embargo ha triunfado en lo poltico al imponer a muchas izquierdas del planeta una serie de postulados y alternativas que han beneficiado a las burguesas y al Capital en su conjunto. Ha fracasado porque los procesos revolucionarios habidos han demostrado tener una muy estrecha conexin intrnseca con las aspiraciones de sus pueblos, conexin innegable en las revoluciones triunfantes y muy estrecha incluso en las revoluciones habidas dentro de las metrpolis capitalistas. Ha fracasado porque las luchas de liberacin son una realidad aplastante y porque, adems, viejos pueblos que parecan ya desintegrados estn (re)construyndose en una misma lucha mediante la recuperacin creativa y crtica de su pasado.

5. El triunfo poltico del eurocentrismo ha sido arrollador en las metrpolis, al imponer una concepcin lineal, fra e interclasista de la poltica, sin conexin con las memorias populares y dejando este complejo universo en manos del nacionalismo burgus que lo ha manipulado a sus anchas. El eurocentrismo ha liquidado las luchas por una creatividad cultural arraigada en las tradiciones progresistas de la memoria de las masas, y se ha negado a desarrollar el concepto de nacin no burguesa que late en las contradicciones sociales, lo que ha fortalecido sobremanera a la capacidad de desmovilizacin e integracin de la clase dominante, sobre todo a su efectividad contrarrevolucionaria interna e imperialista externa.

6. Pero ha sido devastador y terrible su triunfo poltico en casi todas las izquierdas no europeas formadas --deformadas-- en el eurocentrismo socialdemcrata y stalinista, ms tarde eurocomunista y, actualmente, sopa eclctica e inspida de reformismos blandos y acomodados. Estas izquierdas han credo que deban limitarse a copiarlo en sus pases y naciones, o lo que ha sido peor, imponerlo por cualquier medio a quienes pensaban que la lucha revolucionaria debe realizarse en lo concreto a partir de lo general. La base concreta, la historia de las propias luchas y contradicciones, fue despreciada por el eurocentrismo que idolatraba la teora pura, negando la dialctica de la historia.

  1. El mtodo dialctico nos lleva a valorar la importancia clave de dos bloques de conceptos en interaccin como son, por un lado, la relacin entre la capacidad humana de trabajo abstracto y concreto con el excedente social colectivo o con el sobreproducto social y, por otro lado, la relacin entre modos de produccin y formaciones sociales. La dialctica entre la capacidad de trabajo y el excedente social colectivo forma la base sobre la que se asienta la vida colectiva, su autoorganizacin cultural, es decir, la produccin y administracin colectiva de los valores de uso. La relacin entre los modos de produccin y las formaciones sociales concretas es la que explica cmo se materializa en los largos perodos histricos y en las sociedades y pueblos concretos, particulares, esa autoorganizacin productora de cultura, de valores de uso, y tambin nos explica adems del avance histrico, su estancamiento y sus retrocesos, la extincin y desaparicin de grupos humanos, etc.
  2. El conjunto de creencias, culturas, lenguas, tradiciones, simbologas, etc., que de un modo u otro forman el amplio universo de los subjetivo en la historia, este conjunto decisivo en la formacin, mantenimiento y adaptacin de las mentalidades colectivas, tambin de su (re)construccin en situaciones nueva, tiene una capacidad de adaptacin y de supervivencia dentro de los sucesivos modos de produccin superior a lo credo desde el eurocentrismo. Tal capacidad exige para darse, sin embargo, de unos determinados sistemas de autogobierno del colectivo del que se trate. El autogobierno o el poder propio es un requisito imprescindible para la pervivencia y adecuacin histricas de las culturas y lenguas.
  3. Un perodo especialmente importante por cuanto crtico, por cuanto momento de bifurcacin, es el de la transicin de un modo de produccin a otro, porque en ese tiempo muere un mundo y nace otro, con los problemas viejos que se aferran a la existencia en el plano de las tradiciones y normas, y con los problemas nuevos que se van desarrollando impulsados por nuevas prcticas y circunstancias. Pero la importancia de las transiciones de un modo de produccin a otro es an mayor cuando estn forzadas desde el exterior, que no responden a la evolucin normal y endgena del grupo, sino que llegan desde fuera, por invasiones militares o econmicas, o ambas a la vez. Entonces se producen verdaderas convulsiones sociales en las que las identidades de los pueblos son sometidas a brutales presiones de todo tipo.
  4. Generalmente, aunque no siempre, es en estos perodos de transicin impuesta por presiones externas, por invasiones bruscas u oleadas imparables de otros pueblos, dentro siempre de la totalidad ms amplia, cuando las colectividades, los pueblos tienen mayores riesgos de desaparecer, extinguirse, o lo que es ms frecuente y definitivamente trgico: ser exterminados y destruidos por los pueblos que tienen la ventaja de poseer un modo de produccin superior en alguna cuestin cualitativa: ventaja militar, econmica, cultural, numrica, defensas biolgicas a determinadas enfermedades contagiosas, etc.
  5. El excedente social colectivo es la base de la identidad colectiva, de la acumulacin de experiencias materiales y simblicas, porque los valores de uso son tambin simblicos y espirituales, que no slo materiales. El valor de uso que sintetiza esencialmente los componentes materiales y simblicos de la colectividad es la lengua, ms concretamente el complejo lingstico-cultural. Por esto, las conciencias colectivas de las primeras colectividades humanas, las que no tienen an problemas de territorialidad porque son reducidas, giran alrededor del complejo lingstico-cultural elaborado a lo largo de generaciones enteras del grupo colectivo, de la gens, de la tribu.
  6. En el modo de produccin basado en el parentesco, en la gens, en la asociacin voluntaria y asamblearia de familias todava no existe la propiedad privada de la tierra, ni de los bosques ni del agua, tampoco de la caza, etc. Puede existir una forma de propiedad privada de algunos rebaos, pieles, ornamentos, armas y utensilios de trabajo que muy frecuentemente vienen a ser lo mismo, etc., pero nunca jams en el sentido burgus de propiedad privada, sino en el de algo que perteneciendo a la colectividad sin embargo se emplea en forma de usufructo por unidades familiares que tampoco tienen nada que ver con las familias existentes en la actual sociedad capitalista y menos an con la institucin familiar.
  7. En estas sociedades no existe opresin masculina ni patriarcal en el sentido del desarrollado hace pocos miles de aos, y si bien tampoco existe el denominado matriarcado, s existen las familias matrilineales y matrilocales, con sus mltiples variantes, y aunque la divisin sexual del trabajo est establecida y permite a los hombres acaparar algunas cosas, no por ello existe opresin de la mujer. Las extensiones ignotas e inexploradas de las tierras permiten que los colectivos cambien las zonas de vida y regulen su explotacin muchas veces mediante convenios elaborados con otros grupos con los que establecen relaciones de parentesco ms amplias, llegando a la solidaridad tribal y comunal.
  8. La identidad colectiva de estos grupos empieza en ellos mismos y en sus alianzas, acabando all donde esas alianzas terminan, pero pudiendo extenderse ms all mediante negociaciones y pactos, matrimonios, etc. La individualidad no se disuelve en el grupo sino que existe una dialctica entre individuo y colectivo totalmente diferente a la que existe en el capitalismo porque an no se ha desarrollado ese cncer mortal que es la mercanca y el valor de cambio. Por esto mismo, no existen guerras entre ellos, sino violencias reguladas por convenciones y acuerdos experimentados generacionalmente con una racionalidad de optimizacin de recursos que nos sorprende y supera an hoy. Por ltimo, estos grupos gentilicios y tribales llegan a ofrecer una resistencia feroz a las invasiones externas, dando muestras de una solidaridad interna heroica, desinteresada e incomprensible para muchos occidentales capitalistas.
  9. Despus del modo de produccin basado en el parentesco se desarroll el modo de produccin tributario que se caracteriza, antes que nada, porque tampoco se ha impuesto definitivamente el valor de cambio y la mercanca sino que, aun existiendo a determinada escala, incluso grande, pese a ello no es la fuerza cohesionadora y dominante de la vida social. Esta fuerza sigue siendo todava el valor de uso, por lo que toda el sistema de regulacin social se centra en el sistema del tributo que recogen los poderes --el Estado, que ya ha surgido-- para garantizar la reproduccin de las condiciones de produccin, y el beneficio de la casta dominante.
  10. Los Estados tributarios se diferencian en muchas cuestiones particulares pero tienen constantes comunes necesarias, por ejemplo, que tienen una efectiva burocracia destinada a recoger el tributo, usarlo en tareas de regados, canales, obras, templos, etc; que controlan los sistemas de reparto peridico de las tierras comunales o de las tierras del rey, que garantiza que se reparta al pueblo una parte del excedente o sobreproducto; que se mantengan y se mejoren el saber necesario para mantener la produccin agrarias y ganadera pese a los cambios climticos; que no se desarrolle demasiado el dinero, el valor de cambio y la mercanca, es decir, que no surja una clase social poseedora de una riqueza privada que pueda desplazar del poder a la clase tributaria, etc.
  11. En este modo de produccin tienden a coexistir durante largo tiempo las formas sociales del modo de produccin basado en el parentesco y en la interrelaciones entre los sistemas matrilineales y patrilineales, con formas sociales ya ms complejas como las que existen entre el paso de las confederaciones de tribus a las etnias, proceso largo y reversible que durarn muchos siglos. Estas ltimas se van asentando all en donde la vida socioeconmica y las amenazas militares lo exigen, porque de lo contrario desaparecen, e incluso se da el paso a naciones- tributarias, con sus respectivos Estados, que han existido pese al dogmatismo mecanicista del eurocentrismo.
  12. Muy en sntesis, es durante este largo proceso cuando se impone el patriarcado, y desde ese momento muestra una enorme capacidad de adaptacin a los sucesivos modos de produccin, debido a que todas las clases dominantes comprenden lo beneficioso que les resulta la explotacin sexo-econmica de las mujeres. Es por esto que en lo relativo a las conciencias e identidades colectivas debemos tener siempre presente el efecto tergiversador del patriarcado sobre esas identidades.
  13. En estas sociedades tributarias ya existe la opresin de la mujer que llega a estructurarse en la explotacin, opresin y dominacin patriarcal, y algunas formas de esclavitud, aunque sta todava no ha llegado a un alto desarrollo en algunas de ellas mientras que otras ser brutal, todo depende de las formas concretas en las que se materialice la tendencia general. Tambin existen relaciones de comercio desigual --transferencia de valor-- de un pueblo a otro, con lo que surge ya cierta explotacin tribal y tnica basada en lo econmico, aunque tambin y ms frecuentemente de lo que se piensa, existe la directa explotacin socioeconmica y sexo-econmica impuesta mediante la invasin militar.
  14. Es en este perodo histrico cuando se asienta definitivamente una caracterstica que reaparecer una y otra vez: el que las castas y las clases dominantes tienden a negociar con el invasor para no perder todas sus propiedades, sacrificando a su propio pueblo. Tambin tiende a utilizar a las mujeres como objetos de aplacamiento del invasor, como tributo o como mercanca de intercambio. Slo en determinadas circunstancias frecuentemente excepcionales, algunas clases dominantes o sobre todo algunas de sus fracciones internas, deciden resistir a los invasores. Tambin ocurre que en determinados casos son las clases dominadas las que apoyan invasiones externas porque les suponen mejoras en sus condiciones de vida. Si bien cada caso hay que analizarlo en su contexto y coyuntura, siempre hay que tener en cuenta el problema crucial: el de la propiedad privada o pblica de las fuerzas productivas y el de la forma de apropiacin individual o colectiva del sobreproducto social.
  15. Independientemente de las diferencias en lo concerniente a las identidades colectivas, simblicas e ideolgicas entre las formaciones concretas tributarias, hay sin embargo una identidad comn que recorre a todas ellas: una interpretacin metafsica de la existencia basada en las grandes religiones estatalizadas, sean sapienciales o rebeladas, y una ideologa social basada en el lealismo, en la mutua aunque desigual alianza entre la casta o clase dominante, segn los casos, y los diversos estratos de las castas o clases productoras materiales y entregan el tributo al Estado. Las identidades colectivas de y en las naciones-tributarias se mueven dentro de estos lmites.
  16. Pero lo decisivo es que esas identidades, y sobre todo su metafsica y lealismo, se basan en algo totalmente material y socioeconmico, con sus innegables efectos simblicos y lingstico-culturales --que tambin revierten directamente sobre lo material-- como es la estrecha relacin existente entre el patriarcado, la opresin nacional-tributaria u opresin tnica y tribal all donde est menos desarrollado este proceso, y la opresin creciente de la masa campesina a la que se le exige cada ve ms tributo.
  17. La pervivencia histrica de este complejo simblico-material de identidades que giran, en definitiva, alrededor del valor de uso y a lo mximo de una usura vigilada desde el Estado-tributario que interviene para mantener los precios de la alimentacin bsica, durar muchos siglos, tanto como, por ejemplo en Europa, hasta los siglos XVII-XVIII. Incluso perviven mal que bien y bajo las sucesivas formas externas e innovaciones internas capitalistas, perviven restos de conciencia colectiva pretributaria y sobre todo tributaria, ms apreciables en aquellos complejos lingstico-culturales con algunas herencias an latentes del paleoltico y en especial del neoltico.
  18. Una variante del modo tributario muy difcil de darse y rara en la historia de la humanidad, es la del esclavismo, que fue elevado por el dogmatismo stalinista al pedestal de modo de produccin obligatorio para todas las sociedades humanas, pero que slo ha sido una variante muy concreta en la zona mediterrnea y bajo condiciones muy precisas. La Grecia preclsica era tributaria y slo cuando se desarroll una mezcla de alta autonoma mercantil, crisis de la propiedad aristocrtico-tributaria, democratizacin social y democratizacin de las armas de hierro, democratizacin de la escritura, etc.; slo en estas condiciones excepcionales se desarroll el esclavismo como forma directa de adquisicin de fuerza de trabajo mediante el mercantilismo militar imperialista de y en las orillas del Mediterrneo.
  19. La Grecia clsica y en especial todo el perodo helenstico y alejandrino, con sus diferencias pero con su poder de penetracin incluso en la Roma republicana en crisis, se caracteriz por desarrollar una sorprendente identidad panhelenstica que no cuadra con el mecanismo eurocntrico actual, y que slo se comprende desde la rareza excepcional e irrepetible a la que nos hemos referido arriba. Fue una identidad colectiva con los componentes metafsicos e idealistas del modo tributario pero con contenidos nuevos desarrollados por la explosin racionalista de la filosofa presocrtica y por la mezcla entre restos del colectivismo y de la democracia-esclavista posterior.
  20. El submodo esclavista se desarroll masivamente en Roma sobre todo a partir del final de la Repblica, y hasta su extincin pervivi slo gracias a una implacable opresin socioeconmica y explotacin biolgica de los pueblos circundantes que se resistieron a la desesperada dando mltiples muestras prcticas de poseer identidades y sentimientos tnicos y hasta nacional-tributarios enfrentados a la invasin romana. Roma, por su parte, era muy consciente de la necesidad de reforzar su compleja identidad colectiva explotadora con la accin estatal, tomando medidas intervensionistas para rehacer y readecuar su identidad colectiva tras cada gran crisis.
  21. Naturalmente, el submodo esclavista mediterrneo segua basando su identidad colectiva en las escisiones internas causadas por el patriarcado, la explotacin nacional-tributaria y tnica y hasta tribal, segn las zonas, y en la explotacin interna de las clases campesinas, artesanales, etc. Pero las revueltas sociales y las sublevaciones esclavas, que llegaron a estrechar lazos con los campesinos libres empobrecidos y otros sectores sociales explotados, no pudieron sobrepasar los lmites objetivos de la metafsica y de las cosmogonas religiosas que, como tales, tenan componentes animistas, mitolgicos, msticos y politestas. Es por esto que las identidades colectivas de esta fase histrica no podan ser conscientes de sus contradicciones internas, avance decisivo que se lograr con la crisis del nacionalismo burgus y la aparicin del independentismo socialista.
  22. Mientras tanto, el submodo esclavista, rama lateral del modo tributario de produccin, implosion sobre s mismo por sus contradicciones internas abriendo un perodo transicional que permiti a algunos pueblos volver y recuperar sus viejas formas pretributarias, a otros volver a un modo tributario con ciertas transformaciones, como Bizancio; y a otros, por ltimo, desarrollar otra rama del modo tributario como es el submodo feudal europeo. Esta complejidad fue inseparable de la compleja (re)construccin de identidades colectivas sumergidas bajo la dominacin romana, y de la aparicin de otras nuevas formadas por la sntesis de restos de viejas incapaces de sobrevivir al ser destruidas sus bases materiales de reproduccin por la ocupacin romana.
  23. Este perodo transicional adelant algunas caractersticas comunes a las que luego se repetiran en la transicin del submodo feudal europeo al modo capitalista, y en la fase de estancamiento e implosin de las sociedades poscapitalistas y protosocialistas en actual retroceso histrico al capitalismo realmente existente, e insisto en lo de retroceso histrico. Caractersticas que parcialmente reapareceran de otra forma en la transicin japonesa de sistemas pretributarios al feudalismo japons, y, a otra escala, en las transiciones a varias formas de capitalismo realmente existente en las sociedades y pueblos que no sufrieron el feudalismo en muchas zonas del planeta.
  24. El submodo feudal europeo se form, bsicamente, por el impacto del llamado modo germnico de produccin, del que no podemos hablar aqu, sobre las crisis mltiples de la implosin romana, entre las que destacaban las luchas de muchos pueblos y de las masas trabajadoras. Muchos pueblos, como el britanno, el vasco y el berber, entre otros, resistieron a los nuevos invasores, pero otras sociedades les aceptaron como liberadores, surgiendo a partir una confusa y enrevesada mezcla de tradiciones y costumbres colectivas entre los siglos V-XI de la que fueron emergiendo protoestados feudales que en un proceso de concentracin y centralizacin global, fueron construyendo desde los siglos XII-XIII lo que se puede definir correctamente como nacionalismo-feudal, correspondiente a las necesidades de reproduccin de este submodo de produccin.
  25. Desde el mecanicismo eurocntrico esta larga fase de los llamados siglos oscuros --desde que qu definicin de lo que es la luz?-- fue incapaz de tener conciencia nacional; el eurocentrismo, invencin burguesa de la segunda mitad del siglo XIX y admitida por la socialdemocracia y el stalinismo, afirma que no existe lo que no entra en su iluminado racismo, incapaz de comprender las formas particulares mediante las que se expresaban las conciencias colectivas de los pueblos en ebullicin en esta larga poca de transicin. poca repleta de luchas entre colectivos humanos, con sus contradicciones sociales internasen ascenso, que tenan clara conciencia de su identidad y de las diferencias que les separaban de los restantes.
  26. De nuevo hay que decir que para conocer cmo se plasmaban las seas de identidad en aquellos siglos hay que desarrollar primero y sobre todo una teora de las fases transicionales entre los modos de produccin, en las que tienen especial importancia cohesionadora los factores llamados subjetivos, en especial los potenciados por los poderes existentes, porque son los que mejor pueden racionalizar parcialmente una vida cotidiana acuciada por la angustia ante el vaco creado por un mundo que muerte y otro que nade. Hablamos de perodos o fases de transicin, que no de modos de produccin, matiz que es vital para entender por qu pueden condicionar tanto los factores subjetivos, siempre en dialctica conexin con los objetivos.
  27. En esta dialctica de factores siempre inmersos en una totalidad, en un sistema sinrgico, lo subjetivo es (re)creado por los poderes y, en la poca que tratamos, los protoestados empezaron a intervenir en la dialctica de la (re)construccin de las nuevas identidades colectivas bsicamente con cuatro medidas: escisin social interna con la aparicin de una nueva clase dominante que absorbi a buena parte de la clase romana rica; fijacin del territorio; escrituracin de una nueva pica sobre las bases tradicionales pero en funcin de los nuevos poderes, y aceptacin del cristianismo. Un poco ms tarde se le aadira una quinta y decisiva a medio y largo plazo como la potenciacin de los primeros mercados.
  28. Se sabe que la dominacin carolingia gener un estallido de resistencia de otros pueblos, que la expansin otnida al este eslavo encontr una feroz resistencia autctona y que, por no extendernos, una de las bazas del papado romano en su lucha con este mismo imperio era el pblico rechazo de los italianos de entonces a los germanos. Sobre estas resistencias se fueron desarrollando desde los siglos XII-XIII las caracterstica definitorias del submodo feudal, rama europea del modo tributario dominante en casi todo el Mediterrneo aunque con diferentes matices, como los que podan existir entre Bizancio y su patriotismo griego antes de los poderes rabe-musulmanes expansivos, por no hablar de la India, Persia, China, el Inca y Mesoamrica, as como zonas africanas.
  29. El desarrollo del valor de cambio y del dinero a partir de esos siglos no poda por menos que someter a fuertes presiones a las formas sociales basadas en el valor de uso, en el autoconsumo y en un muy pequeo intercambio mercantil. Las conciencias colectivas de esos siglos se vieron forzadas a reeditar en sus nuevas circunstancias una situacin similar a la vivida por los ciudadanos griegos en el trnsito del modo aristocrtico-tributario con restos comunales al modo esclavista. Pero en la pequea Europa occidental triunf el submodo feudal.
  30. Triunfo debido a la extrema debilidad del poder estatal centralizado, lo que le impidi disciplinar a los campesinos y artesanos, a los burgueses en ascenso y a los seores feudales protegidos en sus castillos. Y todos estos poderes regionales disponan tambin de sus culturas, lenguas y tradiciones populares, que se fueron reordenando o desaparecieron, y que permitieron, pese a todo, justificar la tenaz oposicin a todo proyecto hipercentralista. Luego, ya bajo la presin poltica de los nacientes Estados de nacionalismo monrquico centralizador, estos complejos lingstico-culturales estatalmente controlados pudieron nacionalizar sin grandes problemas la religin cristiana, adaptndola a cada gran rea estatal de la baja Edad Media.
  31. En los propios ejrcitos se empez a extender la necesidad de superar las ataduras comerciales y del mercenariado, as como de los excesivos privilegios de los seores feudales, e introducir ms tropas propias a la vez que se disciplinaban y se recortaban severamente las indisciplinas seoriales. Todo ello fue unido al desarrollo de la nueva identidad territorial, de la definicin dentro/fuera, propio/ajeno, conocido/extrao, tranquilidad/peligro, etc., con los primeros brotes de xenofobia que se sumaron a un chauvinismo ya existente entre los germanos y romanos; sobre estas bases, y generalmente bajo la presin de los poderes, surgira el protoracismo en forma religiosa contra los judos y otras minoras sociales o tnicas.
  32. Para cuando los occidentales empezaron sus invasiones de otros continentes, estaba ya elaborado el corazn de lo que sera el eurocentrismo al cabo de unos pocos siglos, pero en forma religiosa, en forma de cristianismo viejo en el caso espaol, de las dudas y rechazos prcticos sobre su los aborgenes de los pases invadidos tenan o no tenan alma, etc; creencias religiosas que luego daran cuerpo a la afirmaciones de los Ilustrados europeos sobre el mal olor de los salvajes, etc. Slo hizo falta la revolucin industrial y el maquinismo para que al poco surgiera la sociobiloga y, a la vez, el explcito y orgulloso desprecio eurocntrico de otras culturas.
  33. Pero el submodo feudal sufra una inestabilidad intrnseca motivada por la lucha a tres bandas entre campesinado y artesanos pobres, seores feudales y burguesa en ascenso. Estos tres bloque pensaban todava en que la monarqua poda arbitrar entre sus conflictos, pero vigilando que no asumiera mucho poder. No fue as por razones socioeconmicas y polticas de acumulacin centralizada del tributo, pero tambin por la invencin de la artillera y la masificacin de la ballesta y de la pica larga, y a menor escala del arco largo. Adems, los burgueses vieron el peligro de las revueltas campesinas y sintieron la morosidad de las crecientes deudas feudales, as como la mayor seguridad de sus tratos con las monarqua tendentes al absolutismo.
  34. El progresivo abandono de la condena de la usura por la teologa cristiana, negando un principio fundamental en la esencia misma de las religiones hasta ese momento, esta aceptacin de la dictadura de la forma-mercanca simboliza el lento triunfo de la mentalidad mercantil-capitalista y el declive imparable de las conciencias e identidades colectivas an basadas en el valor de uso. Pero el dinero conllevaba la racionalizacin socioeconmica con una valoracin nueva del tiempo, la mejora de la aritmtica y de la matemtica, lo que exiga la creciente innovacin tcnica, sobre todo en armas de fuego y en barcos de largas travesas. El utilitarismo mercantilista iba unido al empirismo, y slo los Estados absolutistas tenan recursos para impulsar esa dinmica.
  35. Sin embargo, llegaron tarde y en vez de producirse un fortalecimiento del absolutismo como nica garanta de salvaguardar el orden ante las crisis que se amontonaban reinstaurando una forma europeo occidental del modo tributario ampliamente extendido por el planeta, ocurri que las contradicciones haban avanzado tanto que una parte relativamente pequea pero decidida de la burguesa se atrevi a cabalgar el tigre del malestar campesino, artesanal y popular enfrentndose a los grandes poderes absolutistas en dos fases: las revoluciones holandesa e inglesa de los siglos XVI-XVII, y las revoluciones norteamericana y francesa de finales del siglo XVIII.
  36. Hasta estos momentos el nacionalismo feudal haba tenido las misma limitaciones internas que el del modo tributario: su metafsica y su lealismo, ambas patentes en la historia de las versiones del cristianismo y de la evolucin de los ejrcitos. Se produjo una transferencia de lealtades del seor feudal al rey absolutista pero dentro de la mente metafsica que segua dominando la cultura desde las masas que esperaban las curas milagrosas por la imposicin de manos de los reyes, creencia propiciada en su tiempo por la Compaa de Jess, hasta el desmo de la inmensa mayora de la revolucin cientfica del siglo XVII, por no hablar de las creencias esotricas y mistricas de un Newton. Sin olvidar sus componentes patriarcales y opresores.
  37. La transicin del submodo feudal al capitalismo fue larga en todos los aspectos porque la burguesa se par en seco en varias ocasiones, para volver a empezar al cabo del tiempo cuando no tena ms remedio. El nacionalismo burgus tom sus primeros contenidos plenos en las luchas holandesas e inglesas, para esperar luego a las norteamericana y francesa. Es mentira que sta ltima inventase eso que llaman la nacin ciudadana, pues de ella fueron excluidos por las armas y por la guillotina los esclavos, las mujeres y los trabajadores, como lo haban sido tambin en las revoluciones burguesas anteriores. Era el nacionalismo del censo capaz de utilizar en beneficio propio partes de los instrumentos de manipulacin y control social legados por el absolutismo.
  38. La caracterstica esencial del nacionalismo burgus en cuanto unidad esencial a todas las formas concretas de nacionalismos burgueses en sus sucesivas fases evolutivas, viene impuesta por la forma en que la burguesa padece e intenta controlar la dialctica expansivo-constrictiva inherente a la definicin simple de capital. Por un lado, el capital necesita crecer, acumular y expandirse ya que de lo contrario se estanca y muere. Por otro lado, necesita asegurar un espacio propio en el que realizar su centralizacin y concentracin de poder propio para racionalizar su existencia en un mundo capitalista estructuralmente irracional. El nacionalismo burgus es y debe ser por ello mismo agresivo hacia el exterior y defensivo hacia el interior. El Estado burgus cumple, entre otras, esta doble funcin que va cambiando de forma por la sucesivas necesidades de la acumulacin.
  39. Adems, ya en esta fase inicial estn dadas otras determinadas caractersticas obligadas al nacionalismo burgus en cuanto tal, como el hecho de su ambigedad en base a las diversas fracciones internas a la burguesa, que definen el patriotismo desde sus perspectivas parciales y que, por ello, necesitan de la intervencin estatal como unificador estratgico de los diferentes sectores, tanto frente a las clases explotadas como frente a otros Estados burgueses competidores. La agresividad estatal exterior une a las fracciones burguesas y clase trabajadora alienada alrededor de la expansin nacional, y la defensa interior les une alrededor de la defensa nacional, siempre de la nacin burguesa.
  40. En la primera fase del nacionalismo burgus no se haba generalizado an del todo la dictadura del salario, la mercantilizacin plena de la vida y de los sentimientos. Por tanto, subsistan formas preburguesas de conciencia e identidad colectiva susceptibles de resistir desesperadamente al progreso liberal o, tambin, de dejarse manipular por ste segn los casos concretos, dando paso a variables que no se pueden exponer aqu. Quiere esto decir que esta primera fase del nacionalismo burgus estaba an lastrada por formas de conciencia precapitalista, lo que explica entre otras cosas la importancia estratgica para la burguesa de tres instituciones como fueron: la fbrica, la escuela y el ejrcito, adems de los sistemas carcelario y sanitario.
  41. Pero el trnsito del primer nacionalismo burgus an no pleno del todo, al segundo estaba condicionado por el pleno desarrollo de la contradiccin antagnica entre el Capital y el Trabajo, contradiccin que tard un tiempo en asentarse en el plano de las identidades nacionales porque todava existan fuertes restos de campesinado con tradiciones precapitalistas. Incluso en 1848 la clase obrera fabril era una parte pequea dentro del Trabajo, pero ya era la decisiva en los centros vitales del capitalismo en 1871. Es entonces cuando surge la segunda fase del nacionalismo burgus, la que llegar a su mxima expresin en las guerras imperialistas del siglo XX y en su obsesin para acabar con la URSS, y una de cuyas formas ms puras y perfectas es el nazifascismo.
  42. Aqu aparecen ya de forma inocultable, adems de los lmites estructurales de este nacionalismo del Capital, aunque an tenga que evolucionar, tambin la contradiccin interna al Trabajo en cuanto a su capacidad de elaboracin del internacionalismo proletario, cuya forma ms plena es el apoyo incondicional al independentismo socialista. El comportamiento del proletariado ingls contra el irlands es un ejemplo premonitor, reforzado por su comportamiento en apoyo al imperialismo britnico del que obtena su pequea porcin de beneficio material y simblico.
  43. La capacidad de integracin del movimiento obrero que tiene el nacionalismo burgus responde a dos causas: una que nos remite a su manipulacin de los componentes de la memoria colectiva an influenciados por el recuerdo del valor de uso en la conciencia e identidad colectiva, que puede remontarse a mucho tiempo; y otra que surge de la capacidad de absorcin y alienacin capitalista inherente al fetichismo de la mercanca, capacidad inexistente en modos de produccin precapitalistas.
  44. No existe contradiccin real entre ambas, porque la primera se mueve en el plano del recuerdo borroso y manipulado de la unidad colectiva inicial, mientras que la segunda se mueve en el plano inmediato y presente de la ficcin del individuo abstracto dotado supuestamente de los mismos derechos nacionales que el burgus concreto, mientras que slo es una cosa mercantilizable, un objeto en manos del Capital. Los engarces entre ambas son agilizados por el intervensionismo estatal y de las fuerzas reformistas, intervencin sistemticamente desconocida o negada por las autodenominadas ciencias sociales burguesas.
  45. Es fundamental insistir en que en ambas est presente el substrato patriarcal como cohesionador de la unidad masculina en la definicin de la "madre patria", substrato que tiene una ttrica adaptabilidad a los cambios en los modos de la explotacin. Desde el triunfo del patriarcado, la mujer ha sido explotada como fuerza de trabajo sexo-econmica, empleada como valor de uso sexo-afectivo y vendida como valor de cambio domstico-familiar, y todo ello conlleva su respectivo beneficio simblico, sexual, afectivo, psicolgico, etc., que no slo groseramente material. El patriarcado construye una simbologa maternal acorde a este universo y estas necesidades, lo que explica que el concepto de madre patria sea compatible con regmenes tan sexistas como el fascismo o demcrata-burgueses como el suizo.
  46. La capacidad de integracin del movimiento obrero por el nacionalismo burgus es comn a sus diferentes fases si bien puede descender en la medida en que el movimiento obrero desarrolle su propia concepcin nacional revolucionaria y antiburguesa que est latente tanto en la "otra cara" de la tradicin colectiva, en la del recuerdo difuso de las generaciones de trabajadores que han producido el excedente colectivo a lo largo de los siglos, como en la cara ms visible del presente, de las luchas de clase actuales por el reparto del sobreproducto y en especial por la socializacin de las fuerzas productivas. En ambos juega un papel central la emancipacin de la mujer trabajadora.
  47. Esta concepcin nacional no es ya nacionalista porque empieza a moverse embrionariamente en otra lgica cualitativamente irreconciliable con la burguesa, que gira alrededor de las contradicciones de la definicin simple de capital. La proletaria se orienta conscientemente hacia la desmercantilizacin, es decir, hacia la extincin del capital y de sus contradicciones, lo que lleva a la extincin histrica de la irracional dialctica expansivo-constrictiva y de su Estado correspondiente, el burgus.
  48. Tampoco es nacionalista porque la paulatina extincin del valor de cambio supone el desarrollo de formas de intercambio cada vez menos regidas por la ley del valor-trabajo, lo que va haciendo que surjan relaciones de intercambio cada vez ms igualitario que niega la explotacin nacional inserta en la transferencia de valor y en el intercambio desigual. La poltica obrera va orientada a recortar los espacios en los que opera la ley del valor-trabajo mundializada, hasta extinguirla, lo que multiplica el intercambio solidario esencial al internacionalismo proletario y a la ayuda estratgica a los procesos de liberacin nacional.
  49. En una nacin oprimida la capacidad de manipulacin de su burguesa depende todava ms de la lucha entre dos proyectos diferentes: el burgus que se limita a negociar un mejor reparto del beneficio con el Estado ocupante, y el trabajador que debe fusionar la independencia con el socialismo. Ambos contendientes deben desarrollar dos modelos diferentes, pero uno slo es verdaderamente nacional, el proletario, porque su proyecto nacional niega directamente la propiedad burguesa de las fuerzas productivas, propiedad primero en manos del Estado ocupante y despus, de la burguesa autctona de la nacin ocupada.
  50. Lo dicho hasta aqu cobra mayor importancia por la situacin de trnsito hacia la tercera fase del nacionalismo burgus en la que nos encontramos. En contra de lo que se dice, en esta fase se est reforzando el papel del Estado burgus as como el aumento de la irracionalidad del mercado capitalista mundial por las dificultades de la realizacin del beneficio. El Estado burgus refuerza su papel "racionalizador" dentro de una irracionalidad creciente para favorecer a su burguesa. Pero es una racionalizacin ms represora y autoritaria que antes, y en la que el neofascismo mejora y adecua a las necesidades capitalistas actuales las virtudes del fascismo de la fase anterior.
  51. Esta tendencia es ntida en el capitalismo que sabe que sus beneficios dependen del incremento de la explotacin interna pero tambin externa, del imperialismo en su forma ms descarnada, la de EEUU que es el ejemplo y gua del resto, pero sobre todo su jefe. La explotacin interna es necesaria para el beneficio privado y tambin para impedir que la clase trabajadora desarrolle su opuesta concepcin nacional. La explotacin externa es necesaria tambin por el mismo motivo del beneficio, pero adems para impedir que los pueblos explotados avancen en un modelo internacional opuesto al imperialista.
  52. El endurecimiento autoritario, represor y neofascista del nacionalismo burgus adems es fortalecido por la predominancia del capital financiero sobre el industrial, por la importancia del complejo industrial-militar y por la necesidad ciega e imperiosa de garantizar el recurso lo ms barato posible del centro capitalista a las reservas energticas, materiales y biolgicas del planeta. La poltica del expolio salvaje necesita de una justificacin que slo puede darla el nacionalismo burgus actual.
  53. Sin embargo, la concepcin proletaria de nacin no puede tener an la seguridad plena que surge del desarrollo del poder poltico revolucionario. Se mueve insegura en sus primeros pasos porque carece de la solidez estructural del nacionalismo burgus. Esta clase dispone de un modo de produccin dominante que le garantiza parcialmente su continuidad en el poder estatal, mientras que el proletariado no slo carece de todo poder propio sino que encima sufre en su contra el de la burguesa. Y si algo ha quedado demostrado por la historia de las autoconciencias de los pueblos es que el poder es vital en uno u otro sentido.
  54. Mientras que el nacionalismo burgus corresponde a la necesidad de esta clase de solventar mal que bien una contradiccin dentro mismo del capitalismo, segn hemos visto, pero jugando con la ventaja de que se trata de su propio modo de produccin, mientas es as, el proletariado por el contrario tiene la doble desventaja de que lucha bajo y contra un modo de produccin que le oprime y que, adems, debe asumir que la destruccin del modo capitalista exige e implica la desaparicin simultnea del propio proletariado, y de la burguesa. Es decir, su ideal nacional es transitorio por cuanto debe realizarse en una fase de transicin revolucionaria del capitalismo al socialismo.
  55. De la misma forma en que los marxistas asumimos prcticamente y justificamos tericamente que el Estado obrero ha de ser un Estado en proceso de autoextincin consciente, por la misma razn asumimos que nuestra concepcin nacional tambin lo es. Y precisamente porque se realizar en un perodo transicional entre dos modos de produccin, por eso tiene importancia crucial todo lo relacionado con el factor subjetivo, con la conciencia poltica, con las medidas de mejora cualitativa de la vida cotidiana, con la democracia socialista, con la reduccin drstica del tiempo de trabajo asalariado y el drstico aumento del tiempo libre y propio, etc.
  56. Tambin son estas condiciones transitorias las que explican la necesidad de que el ideal nacional de los trabajadores recupere y (re)construya los mejores componentes progresistas insertos en el contradictorio contenido de la cultura popular, de sus tradiciones y referentes profundos anclados en la memoria colectiva. Desde la primera escisin social, toda cultura lleva en su interior el choque entre la justicia y la injusticia, choque (re)creado en formas idealistas, metafsicas, utpicas con predominancia reaccionaria o de protesta segn contextos y circunstancias, pero choque latente y perceptible a lo largo de la historia del pensamiento humano, de las religiones, de las luchas esclavas, indgenas y autctonas, campesinas y de los gremios artesanales.
  57. En la obra viva y palpitante de los marxistas est muy presente esta digna herencia de las luchas desesperadas precapitalistas en todo el planeta, pero el eurocentrismo las ha intentado hundir en el desprestigio. Actualizar esta coherencia marxista es tanto ms urgente cuanto que el carcter transitorio del ideal nacional de la clase trabajadora debe profundizar sus races por debajo del modo capitalista hasta llegar al origen mismo de las primeras opresiones humanas, al momento de la victoria de la propiedad privada en cualquiera de sus formas de plasmacin.
  58. Hay dos razones que exigen esta recuperacin de la historia de la sangre humana por el movimiento obrero: avanzar en la integracin praxstica de todos los componentes actuales del Trabajo, es decir, de todos los pueblos, clases y personas explotadas por el Capital, para desarrollar conjuntamente otro modelo nacional y, preparar las condiciones para que segn se desarrolle el socialismo y se agote en s mismo el choque mortal entre el nacionalismo burgus y el ideal nacional de las masas, en este proceso ascendente se sienten las bases para el estallido de mltiples nuevas formas de conciencia colectiva, de identidades populares, de maneras de sentir y ser individual y colectiva liberadas ya hasta de los horrorosos recuerdos de la pasada dictadura asalariada.
  59. Quiere decir esto que el socialismo no supone la extincin de los sentimientos nacionales, sino la aparicin de otros sentimientos que se vivencian y gozan en un universo futuro del que apenas tenemos indicios actuales para definirlo. Al contrario, de la misma forma en que el socialismo desarrollar la individualidad omnilateral y pluridimensional en la que la libertad de cada cual sea la base de la libertad de todos, en esta medida y por ello mismo tambin se asistir al surgimiento de otras identidades nacionales, culturas y lenguas inconcebibles desde la uniformizada pobreza terica burguesa y alienacin capitalista.
  60. La importancia del ideario nacional transitorio de las clases trabajadoras radica en que es consciente de que debe preparar esa explosin de libertades y de creatividades; en que debe autoextinguirse para, con la extincin simultnea del capitalismo, abrir los infinitos espacios de la creatividad humana no acogotada por el cepo de la propiedad privada.
  61. Es una constante humana que en condiciones suficientes de bienestar relativo y de relativa satisfaccin de las necesidades, en estos contextos, se refuerza y acelera la tendencia a la diversificacin cultural creativa, al aumento de las lneas evolutivas especficas en una multiplicacin de aportaciones lingstico-culturales, estticas y artsticas, adems de productivas. Solamente cuando la dictadura del valor de cambio empieza a imponer de forma catica, violenta e irracional la uniformidad necesaria para que funcione la ley del valor-trabajo, slo entonces se empieza a imponer generalmente por la fuerza la contratendencia a la desertizacin y extincin de la enriquecedora diversidad lingstico-cultural.
  62. Precisamente, est siendo en el perodo transicional entre el capitalismo y el socialismo, en el que ahora vivimos y luchamos, en el que adquiere toda su extrema importancia la prctica presente por asumir, primero, la transitoriedad del ideario nacional obrero dentro del capitalismo; segundo, su importancia como perodo de engarce con la historia entera de las opresiones; tercero, de alianza y reunificacin con todas las luchas de los pueblos oprimidos, con los ms pequeos y remotos, para sentar las bases de otro ideario nacional posterior que, y cuarto, empezar a tomar forma en el socialismo como fase de avance al comunismo.
  63. Debemos insistir en que todo perodo transicional es de suyo inestable e incierto, abierto a la victoria pero tambin a la derrota, dependiendo el futuro, antes que nada, de la correcta dialctica entre lo subjetivo y lo objetivo. Una de nuestras garantas es la de multiplicar las fuerzas subjetivas mediante el enriquecimiento de las conciencias revolucionarias que surgen de lo ms profundo de las aspiraciones humanas y ello pasa por demostrar la necesidad objetiva de los pueblos de hacerse dueos de s mismos.
  64. Vemos que esto es todo lo contrario de la prctica eurocntrica, lanzada fanticamente a imponer por cualquier medio la uniformidad muerta y glida del dinero en cualquiera de sus formas, sea en dlares, euros o yenes, sea en forma de capital financiero o de ayuda del FMI, o de intervencin humanitaria del imperialismo. Las falsas y aparentes contradicciones que algunos reformistas quieren ver entre el euroimperialismo y el imperialismo yanqui slo sirven para engaar a los pueblos, para ocultar la realidad brutal de que el eurocentrismo slo piensa en la lgica del mximo beneficio capitalista.



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