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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-08-2012

Los nuevos golpistas tienen mucha PRISA

Pablo Iglesias Turrin
Rebelin


 

Estamos ante una crisis de Rgimen? Tiene sentido rememorar en estos tiempos el ambiente que rode al golpe de Estado del 23F?

Algunos llevamos tiempo dicindolo pero ha tenido que ser el que muchos consideran el peridico espaol de referencia internacional, el que ha venido a poner las cosas en su sitio. En su editorial del pasado domingo La urgencia de pactar el peridico del grupo PRISA, ante unas encuestas que no paran de constatar la prdida de apoyos de los dos partidos sobre los que se ha edificado nuestro sistema poltico en los ltimos treinta aos, haca un desesperado llamamiento al acuerdo: El jefe del Ejecutivo tiene la responsabilidad y la legitimidad de intentar un proyecto que restablezca la confianza, lo cual ser imposible sin el concurso, al menos, de las corrientes principales de la poltica y de la sociedad espaolas.

Siguiendo la estela del editorial de El Pas, el pasado martes Miguel ngel Aguilar no dudaba en proponer desde las pginas del mismo peridico un gran acuerdo nacional del que habran de formar parte junto con los populares, los socialistas y los nacionalistas vascos y catalanes para llevar adelante un programa de reformas y crecimiento, y emprender un dilogo que impida un pas sublevado cuando llegue la rentre de septiembre. Por si quedaba alguna duda de en qu estn pensando los hombres de PRISA, Aguilar titulaba su artculo Buscando a Leopoldo desesperadamente y rememoraba la mtica mocin de censura contra Adolfo Suarez a finales de mayo de 1980. Para Don Miguel ngel, pareciera que Rajoy se estuviera asemejando demasiado a aquel Suarez que empez a resultar prescindible.

Eran aquellos tiempos en los que, como ahora, la democracia no gozaba de buena salud entre los hombres del poder. Enrique Mjica se reuna con Alfonso Armada y ni los socialistas, ni algunos comunistas como Ramn Tamames, ni las derechas, ni nadie de importancia, haca ascos a un gobierno de gran acuerdo nacional presidido por un militar de la mxima confianza del Jefe del Estado.

Si algo caracteriz la llamada transicin a la democracia en nuestro pas fue su tutelaje permanente por parte de unos poderes extranjeros que no vean mal una cierta democratizacin, siempre y cuando se mantuviera dentro del orden atlantista de la Guerra Fra, y de unas lites econmicas y polticas espaolas encabezadas por la Corona, a la sazn heredera del poder del anterior Jefe de Estado, que tuvieron en Adolfo Suarez su mejor instrumento poltico. Pero para 1980 aquel galn de provincias franquista reconvertido en figura histrica de la democracia haba dejado de ser til a sus mentores (en especial al Rey) y su empecinamiento en obrar por s mismo pona en riesgo los derroteros, hasta entonces ms que controlados, de la metamorfosis poltica espaola.

El golpe del 23 de febrero de 1981 deba ser slo un gesto de restitucin del orden natural de las cosas. Quiz fracas en su forma (no es prudente encargar el secuestro del Congreso a un ultra, como tampoco lo es encargar la gestin del orden pblico a los antidisturbios) pero no en sus objetivos. La monarqua sali reforzada, se fren el desarrollo del Estado autonmico, el PCE casi desapareci y el PSOE lleg al poder con ms miedo en el cuerpo que voluntad de cambio. Poco qued de aquel OTAN de entrada no, de la prometida depuracin de la polica franquista (y no digamos del ejrcito), del reconocimiento de los demcratas derrotados en la Guerra Civil o del desarrollo de las autonomas. La llamada guerra sucia contra ETA, de la que Felipe Gonzlez tan orgulloso se muestra ltimamente, termin de sellar esa sensacin gatopardiana que tenemos todos los demcratas espaoles cuando pensamos en nuestra historia poltica reciente.

Si entonces los mismos artfices del rgimen poltico del 78 dijeron hasta aqu, hoy los hombres del poder (econmico, poltico, meditico) vuelven a ver amenazados sus privilegios y empiezan a desconfiar de su propio sistema poltico. La democracia es tal si ganan PSOE o PP, pero si emerge como posibilidad que la alternancia entre estos dos partidos, con el concurso eventual de nacionalistas vascos y catalanes, deje de ser el eje vertebrador de la poltica espaola, entonces toca dejar de jugar a la dialctica gobierno-oposicin y conjurar, como en Grecia, los peligros de que las elecciones no las ganen los de siempre. Porque ya lo ha dejado claro El Pas, la vctima de esta crisis podra ser la propia organizacin de la democracia, si los dos grandes partidos, que se han alternado en la mayora de las instituciones, quedaran deslegitimados a los ojos de los ciudadanos.

Hoy la oposicin al sistema poltico espaol no est en las sedes de las multinacionales ni en los cuarteles, sino que la ejercen los ciudadanos en la calle pidiendo ms democracia. Parece que eso, y las consecuencias electorales que pudiera tener, es lo que da miedo de verdad.

Por eso va siendo hora de decir a estos portavoces del Rgimen que los llamamientos a gobiernos de salvacin nacional que cambian constituciones y legislan contra las mayoras no son propios de demcratas, sino de golpistas.



[1] Pablo Iglesias Turrin es profesor de Ciencia Poltica en la Universidad Complutense y miembro del patronato de la Fundacin Centro de Estudios Polticos y Sociales.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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