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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-08-2012

Siria, trampa para Eurasia

Geidar Dzhemal
Odnako.org


Tan solo hace poco la preparacin y celebracin de las elecciones al parlamento sirio creaban entre los observadores la ilusin del triunfo del rgimen de Asad y con l de Irn, Rusia y China sobre los enemigos de la direccin baasista en Damasco. A lo largo de los ltimos meses y, especialmente, semanas esta sensacin se ha disipado. Hoy ya queda claro que Asad est condenado. Y eso a pesar de que el Occidente y los saudes han disminuido visiblemente el apoyo material a la oposicin armada. Ms bien al contrario: la ltima etapa de las relaciones de la oposicin siria con las fuerzas externas testimonia que el proceso de la desintegracin del rgimen ha proseguido sin grandes inversiones desde fuera.

Siria es el ejemplo clsico de la burocracia nacional que se convierte en la vctima de turno del rodillo del gobierno mundial. Como todas las burocracias nacionales ya desmontadas o que esperan su turno, sobre el rgimen sirio pesa la herencia negativa que ha quedado de las recientes, pero definitivamente desaparecidas generaciones polticas. En primer lugar, el estado del clan de los Asad es el residuo del nacional-socialismo rabe que ha quedado de los tiempos de Nasser. En la poca de Gamal Abdel Nasser Siria, por cierto, junto con Egipto formaba parte de la Repblica rabe Unida. A la misma categora pertenecan los regmenes de Mubrak heredero de Sadat, que fue el sucesor de Nasser, de Saddam, que se apoyaba sobre el partido BAAS iraqu, y tambin de Kaddafi, que permaneca un tanto aparte debido a su tercera teora mundial y jamahiriya como sistema de gobierno, pero que tambin formaba parte del fenmeno del socialismo rabe. Para el da de hoy, aparte de Siria, todava queda abierta la cuestin del destino poltico de Argelia

El socialismo rabe ascendi sobre la ola antibritnica (antifrancesa en el caso argelino) de posguerra y fue un fenmeno bastante complejo. Es un error pensar que por el fenmeno del socialismo rabe nicamente responde el Mosc sovitico. Indudablemente, Stalin despus de la Segunda Guerra Mundial ayud activamente a desmontar el imperio colonial britnico. Pero en esta cuestin no hay que olvidarlo l era el socio de los Estados Unidos, en las que dominaba el espritu del republicanismo imperial, incluso cuando a la Casa Blanca accedan los demcratas (tanto Nasser como los oficiales-revolucionarios de otros pases rabes despus de derrocar a sus gobernantes sacrales que se apoyaban generalmente en las rdenes sufs, invariablemente buscaban el apoyo de Washington y tan solo tras su aprobacin comenzaban a colaborar con Mosc).

En Asia Anterior Asad es el ltimo representante del secularismo rabe que queda en el poder. Las manos del rgimen estn manchadas de sangre de miles de representantes del Islam poltico, que sufrieron una represin despiadada a lo largo de los ms de cuarenta aos del gobierno del clan (sin hablar del ensaamiento con los Hermanos Musulmanes durante el perodo de Nasser: se sabe que los nasseristas persiguieron cruelmente a los Hermanos, gracias a los cuales en su da pudieron acceder al poder).

El socialismo laico rabe dentro del formato del fundador del baasismo Michel Aflaq (quien visitaba Berln durante la Segunda Guerra Mundial) o en su variante nasserista representa un irremediable anacronismo en la regin. En el caso sirio se complica todava ms con dos hndicap polticos. En primer lugar, baasismo en Damasco se asocia con la minora alavita la contraparte simtrica al baasismo con Sadam en Bagdad, que encubra el gobierno de la minora sunita sobre la mayora chi. Por cierto, con el propsito propagandista a los alavitas insistentemente los presentan como chiitas, aunque sus doctrinas y prcticas se diferencian del mazhab de Djafar as-Sadiq, la nica forma ortodoxa de la corriente chiita dentro del Islam.

En segundo lugar, aparte de que dentro del espacio islmico actual el predominio de una minora bajo cualquier pretexto poltico o cobertura de partido se convierte en cada vez ms problemtica, el caso sirio adems se complica por los lazos familiares. El gobierno del clan tiene sus ventajas tcticas: es ms difcil introducir a los agentes de influencia desde fuera y la burocracia, unida por los lazos familiares, es ms solidaria que otra ante la amenaza fsica en el caso de la crisis en el pas. Sin embargo estas pequeas ventajas desaparecen ante la gran desventaja el clan fcilmente se identifica en la conciencia popular como el objetivo que debe ser destruido. Esta debilidad sistemtica ya fue puesta de manifiesto en innumerables ocasiones a lo largo de las revoluciones antimonrquicas, y el republicanismo de clan es una forma secular profana de la monarqua.

(La Repblica Islmica de Irn en mltiples ocasiones dio a entender que no aprueba el principio familiar como la base del gobierno estatal. Lo cual es natural tratndose de un pas que ha entrado en la fase ms importante de su historia de 2500 aos bajo las banderas del antimonarquismo).

Y por ltimo, tal vez la circunstancia ms cruel e injusta, relacionada con el rgimen asadista, es que el propio Bashar Asad no es un jugador independiente. Est rodeado por los parientes mayores que mandan en las estructuras de seguridad y cuyo potencial intelectual adems no es demasiado alto (como ya ha sido demostrado por los mltiples fallos de clculo catastrficos de Damasco). No hay ninguna duda de que si el relativamente joven presidente lanza un serio reto a los robustecidos en la violencia tiburones de su clan, le espera un anticipado final: la familia est luchando por su supervivencia fsica y no se detendr ante nada.

En otras palabras, todo lo que intente hacer Asad, todo lo que pueda prometer, no vale nada, pues su squito lo mantiene como rehn. La familia se cubre con el oftalmlogo llegado al poder, calculando que en el ajuste de cuentas final podr colgarle la mayor parte de sus crmenes ms graves.

Pero acaso Asad nunca tuvo ninguna posibilidad? No, por lo menos al principio del proceso de desestabilizacin de Siria se poda haber salvado bastante y evitar a Asad el golpe, deshacindose a la vez del odioso sistema. Irn tena esta posibilidad, ya que en su etapa inicial la oposicin posea otra estructura y otra composicin que ahora.

La fuerza principal de oposicin al rgimen tanto histricamente como al principio de los acontecimientos actuales fueron los Hermanos Musulmanes sirios, que actuaban en contra del rgimen en general, pero sin una actitud tajante, al menos personalmente hacia Asad. Tehern no tena problemas para contactar con los ihvanes a travs de HAMAS, que representa la filiacin palestina de este movimiento internacional. HAMAS posee una gran autoridad y un poderoso recurso de influencia en todo el mundo islmico, siendo a la vez un puente poltico que conecta el chiismo estatal de Irn revolucionario con el Islam poltico sunita.

Al comienzo de los acontecimientos en Siria era posible cambiar el rgimen mediante un acuerdo personal entre Bashar Asad y los Hermanos Musulmanes. Claro que ello hubiera exigido acciones radicales por parte de todos los participantes, pero como alternativa Irn poda retirar su apoyo al rgimen, lo cual no dejara a la familia otra eleccin. Entonces todava podan contar con salir inmunes, abandonando el poder y entregndolo al bloque de coalicin, en el que dominaran los ihvanes sirios y como lder nominal, que simbolizara la herencia del curso antiisrael y pro-palestino hubiera quedado Asad.

Por desgracia, las posibilidades de esta maniobra ya se han perdido, porque ha habido una evolucin en la distribucin de fuerzas dentro de la propia oposicin. Los Hermanos Musulmanes ya no son el jugador nico y ni siquiera principal en el campo de la oposicin. Hace tiempo que all actan y amplan su zona de influencia los salafistas predispuestos contra los Hermanos Musulmanes, los liberales pro-occidentales, sin hablar de los agentes directos de la dinasta Saud, en particular los mercenarios del prncipe Bandar bin Sultn. Esta variopinta composicin quita el sentido y perspectiva a cualquier intento de ponerse de acuerdo con la oposicin como fuerza poltica unitaria. Adems, en cuanto a la coyuntura de la imagen ha cambiado la posicin del propio Bashar Asad. En gran medida ha perdido el pequeo, pero indudable capital de confianza hacia l, como el lder que desea el bien para su pueblo. Hoy su nombre propagandsticamente se ha asociado a todo lo negativo del rgimen de Damasco difundido entre la gran parte de la sociedad. De esta manera la situacin juega a favor de los autnticos malos en el squito del presidente que le preparan para el papel del chivo expiatorio.

(Por cierto, hasta un determinado punto esta tecnologa ha funcionado en Libia, donde gran parte de los altos cargos kaddafistas lograron convertirse en revolucionarios y no solo eludir la responsabilidad poltica por los asuntos del rgimen, sino convertir en culpables a sus ex -colegas).

El apoyo a Siria baasista se ha convertido en la trampa montada por Occidente para todo un grupo de pases que se oponen a la formacin del gobierno mundial que ocurre ante nuestros ojos. Por supuesto, en primer lugar, se trata de Irn.

Cuanto ms profundo se hunde el rgimen sirio, cuanto ms crece la insistencia y la extensin de la propaganda antiasadista con la permanente demostracin de videos en los que presuntamente los representantes de las fuerzas gubernamentales matan a los nios etc., tanto ms crece en las amplias capas de la sociedad musulmana internacional la extraeza y el disgusto con respecto a la posicin de Tehern. As en Egipto donde los Hermanos Musulmanes tradicionalmente mantenan una actitud amistosa (a diferencia de los salafistas) con respecto a la Repblica Islmica y eran ellos los que marcaban la actitud dominante en la conciencia popular hoy ya han aparecido los sentimientos antiiranes, lo que indudablemente se apuntan como victoria los servicios secretos de las monarquas arbigas y de la OTAN. La conservacin del rgimen sirio se ha convertido en el principal obstculo en el logro de un objetivo estratgico como el cuadrado verde bloque poltico-militar en el que deberan entrar Irn, Paquistn, Turqua y Egipto. No hace falta decir que impedir la formacin de este bloque es un imperativo estratgico de la burocracia internacional con respecto al mundo islmico.

Especialmente negativo es el hecho de que la crisis de confianza hacia Irn revolucionario transcurre justamente en las zonas del despertar islmico, que en gran medida deben su existencia precisamente al apoyo de Irn y aquel colosal trabajo que Tehern ha llevado a cabo a lo largo de los ltimos 30 aos. Hoy Tehern ha encabezado abiertamente el foro internacional de las fuerzas que participan en el renacimiento islmico desde Asia Central hasta frica del Norte. Sin embargo los oponentes de Tehern, al indicar su relacin con la catstrofe humanitaria de la guerra civil a gran escala en Siria, obtienen los argumentos para acusar a la Repblica Islmica de mantener el doble rasero. Los observadores no tienen duda de que la bajada de la confianza de Occidente en el xito de la oposicin a principios del verano, no fue ms que una maniobra de distraccin. En realidad el Occidente no est interesado en que el rgimen caiga ahora mismo. Al contrario, la drstica reduccin de la ayuda material a las fuerzas antigubernamentales testimonia que la estrategia occidental pretende alargar la guerra civil y la agona de la estatalidad en este pas. Est claro para que lo quiere: cuanto ms se alargue el sufrimiento del pueblo sirio, cuanto ms espesa y negra sea la pintura con la que los mass-media pintan el gobierno de Damasco, tanto ms negativos son los sentimientos de la gente hacia Irn, Rusia y China. Pues siguiendo la lgica del ciudadano corriente el apoyo de estos pases es lo que hace posible lo que sucede. Por otro lado, queda claro que el ejrcito sirio hoy no tiene fuerza para decidir inequvocamente el resultado del conflicto a su favor. Traslado del enfrentamiento armado a la capital, el acceso del suicida a la reunin del bloque de seguridad, con el resultado de la muerte del ministro de defensa y heridas causadas a los altos funcionarios del rgimen es el testimonio de que las estructuras de seguridad se desintegran, que est bajando la voluntad de resistencia a nivel de los ejecutores. El Occidente est interesado ahora en que la agona se alargue cuanto ms tiempo como mnimo hasta las elecciones en los EE.UU.

(No estaran relacionadas con esta tctica las ltimas filtraciones sobre los misiles nucleares que Arabia Saud habra obtenido presuntamente gracias a China? Los expertos opinan que el hecho de la publicacin del libro por el ex agente de la CIA en el que ste afirma que presuntamente en 2003 2007 China entreg a Er Riad el armamento nuclear, indica que se est preparando una gran provocacin contra la Repblica Islmica con la posterior culpabilizacin de Arabia Saud).

La guerra civil que prosigue en Siria se ha convertido en la base de la formacin de un cinturn sunita antiiran, que con cada vez mayor claridad se opone a Irn, Hezbol y aquellas fuerzas palestinas que comprenden el significado de los acontecimientos y conservan la lealtad hacia su fiel amigo y compaero de lucha iran. Indudablemente el objetivo de la burocracia internacional, que en el lenguaje poltico al uso se suele cambiar por las categoras poco unvocas de Occidente y los EE.UU. es la divisin del mundo musulmn en dos campos enfrentados, donde el bloque sunita no solo aglutinar sobre una plataforma antiiran a Turqua y el mundo rabe, sino tambin a Gran Asia Central, incluyendo la regin de Afganistn-Paquistn.

La realizacin del semejante plan supondra la catstrofe para toda Eurasia. El camino hacia esa catstrofe pasa por la sufrida tierra siria.

Traduccin directa del ruso de Arturo Marin Llanos.

Fuente original: www.odnako.org



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