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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-08-2012

La economa poltica de los seoritos y la transicin de Espaa al subdesarrollo

Manolo Monereo
Rebelin


La sucesin vertiginosa de malos acontecimientos nos est impidiendo pensar las mutaciones que se estn produciendo en las estructuras productivas, en el sistema financiero, en la composicin de clases y en el marco institucional y cultural de nuestro pas. Las crisis capitalistas no son nunca una parlisis o un derrumbe sin ms; cada crisis es el inicio de profundas reestructuraciones, de cambios fundamentales. El problema es, como deca el viejo poeta, no confundir las voces con los ecos e intentar percibir las tendencias de fondo, sabiendo que la salida a la crisis va a marcar a nuestro pas durante generaciones.

Para comenzar, hay que partir de tres datos que me parecen especialmente significativos:

El primero, las declaraciones de Draghi. Segn nos dicen las crnicas, han sido 16 palabras para decir que el Banco Central har todo lo necesario para sostener al euro y que las medidas que se tomarn sern suficientes. No ha dicho ms. De golpe, todo cambi, la prima de riesgo cay y las bolsas obtuvieron avances muy significativos. Esta intervencin del antiguo empleado de Goldman Sachs demuestra, al menos tres cosas: a) que la especulacin es la que gobierna hoy la economa del mundo; b) que hay soluciones tcnicas que podran desactivarla sustancialmente; c) el enorme poder de un seor que, por definicin, no depende de ningn poder democrticamente constituido y que se convierte en el seor del dinero, en un dictador omnmodo sobre nuestras vidas.

El segundo, la dramtica cifra del desempleo en Espaa. La EPA del segundo trimestre nos dice que ya llegamos a casi 5.700.000 parados y que las previsiones apuntan a alcanzar los 6 millones al final de este ao. El paro juvenil alcanza cifras trgicas: ms del 53%. Ms de 1.700.000 hogares tienen a todos sus miembros desempleados y casi el 44% de todos los parados son ya de larga duracin. Obviamente, detrs de estos datos aparecen las primeras consecuencias de la reforma laboral. Es los que se llama la devaluacin interna: un conjunto de drsticas medidas para disminuir los salarios reales, reducir la capacidad contractual de los trabajadores y anular el ya escaso poder de los sindicatos.

El tercero son las previsiones del Fondo Monetario Internacional, que nos dicen que la recesin continuar este ao, el que viene y gran parte del 2014, que el paro no bajar del 24% hasta el 2015 y que ste no bajar del 20% hasta el 2017, es decir, 10 aos de crisis. Una dcada completa de crisis (mucho ms si se tienen en cuenta sus consecuencias de todo tipo) que configura una realidad social marcada por una tasa de paro de ms del 20% y un conjunto de polticas que promueven la desregulacin, la desproteccin laboral y social y la inseguridad social convertida en permanente.

Esta realidad social dice mucho de lo que pasa y nos pasa como pas y como Estado: una Unin Europea en manos del capital financiero (eso es lo que hay detrs de la independencia del Banco Central) y al servicio de los intereses geopolticos de Alemania; el uso alternativo de la crisis para desmantelar el Estado social y poner fin a las conquistas histricas del movimiento obrero y, ms all , la puesta en prctica del programa neoliberal que no es otro que la transformacin radical del vigente modelo social y de las relaciones de este con las instituciones democrticas y con la poltica. Como he insistido muchas veces, estamos ante una autentica contrarrevolucin y, en este sentido, el pasado no volver.

Lo que aparece requiere de atencin y de debate pblico. Qu tipo de pas est deconstruyendo la crisis? Qu tipo de estructuras productivas-sociales estn propiciando las polticas de crisis? Qu tipo de insercin en Europa est reconfigurando las diversas y radicales medidas impuestas al alimn por los poderes econmicos? Estamos hablando de POLTICA y de correlaciones de fuerza que se estn estructurando por y desde la crisis y sobre las cuales las clases populares, la izquierda y los movimientos tienen que intervenir sin la espera al da final o, como deca un viejo maestro, que nos toque la lotera de la historia.

La hiptesis de la que se parte es que Espaa como Estado vive una crisis orgnica, estructural y sobreestructural a la vez, y que es necesario un proyecto histrico social que no slo defina un nuevo modelo productivo, sino que organice un bloque poltico-social capaz de convertir al sujeto popular en el eje de la reorganizacin social y poltica de nuestro pas. Algunos han hablado de una estrategia nacional-popular; otros hablamos de una perspectiva democrtico-republicana. Lo decisivo, en todo caso, es que las clases populares intenten disputar la hegemona a las clases dirigentes y organizar en torno a ellas un proyecto viable de pas.

Hace poco unos conocidos economistas ligados a FEDEA lanzaron un artculo-manifiesto con el comprometido ttulo No queremos volver a la Espaa de los cincuenta. El artculo era significativo por lo que deca, por lo que no deca y por lo que apuntaba. Algunos entendieron que estbamos ante una propuesta que exiga unos cirujanos de hierro, tecnocrticos, ms all de las formaciones polticas existentes aunque con apoyo de stas. No entramos en este debate. Lo fundamental era el pronstico: la apocalipsis ms terrible si Espaa saliera del euro y si las instituciones europeas quebraran.

Paradjicamente, las polticas que ellos aconsejaban y que, de una u otra forma se estn aplicando, nos llevan, si no a los aos cincuenta, s a un modelo social y productivo bastante similar al del franquismo con consecuencias polticas e institucionales que nos acercaran a algunos rasgos del mismo.

Ahora es el momento de situar a la UE y a Alemania en el centro de la crisis que vive nuestro pas. Yanis Varoufakis nos adverta hace bien poco de los riesgos de los anlisis conspirativos de la historia y de la demonizacin de Alemania. Lo tomamos al pie de la letra. Una de las concepciones ms repetidas de la vulgata globalitaria es la idea de que los Estados nacionales han perdido su relevancia poltica. Sin embargo, eso no se cumple en la economa-mundo capitalista y menos en la UE. En primer lugar, porque la globalizacin ha sido, en gran medida, el proyecto de un Estado nacional llamado EEUU para perpetuar su hegemona en un momento en que sta estaba en cuestin. En segundo lugar, porque el neoliberalismo llega, planificadamente, a travs de los Estados y ha significado una intervencin masiva de stos en la economa, en la sociedad y en las relaciones internacionales. Por ltimo, porque en la UE los Estados siguen siendo elementos fundamentales y, adems, estn ordenados jerrquicamente. Para decirlo de otra manera, todos somos iguales pero algunos son ms iguales que otros.

Las rogativas a la seora Merkel son tan habituales que ya se ha convertido en un sentido comn y las declaraciones del presidente del Bundesbank son analizadas como si estuvisemos delante del orculo de Delfos. No se trata de conspiracin, aunque estas existen y han existido siempre. Es algo mucho ms que eso: los Estados nacionales existen y una de las caractersticas ms sobresalientes de los ms fuertes consiste en dotarse de estrategias para consolidar sus posiciones de poder (y de los recursos necesarios para ello), en este caso, en la singular correlacin de fuerzas europea. Esto es lo que hace el Estado alemn, es decir, el conjunto de aparatos e instituciones que tienen en su centro un gobierno estrechamente unido a un bloque de poder que l organiza y mantiene. No hablamos de alemanes o alemanas en general, nos referimos a especficas estructuras de poder.

Diversos autores (Rafael Poch, Lazzarato, Vicent Navarro) coinciden en que la actual poltica europea de Alemania est marcada por su reunificacin y las diversas vas para salir de la grave crisis econmica que dicha reunificacin supuso. La salida a la crisis y el euro siempre fueron de la mano; es ms, se puede deducir que la llamada Agenda 2010 (impulsada por socialdemcratas y verdes, cosa que es bueno recordar pensando en el presente y sobre todo en el futuro) responda a una estrategia nacional para ganar competitividad econmica y cuota de mercado en una Unin que se ampliaba sustancialmente. La contradiccin era evidente: una competencia entre naciones cuando la integracin se profundizaba encontrara lmites tarde o temprano. Mientras que la economa de la Unin creca, las contradicciones no bloqueaban el proceso; cuando la crisis lleg, estas emergieron con fuerza.

La convergencia nominal y posteriormente el sistema del euro profundizaron las diferencias entre sistema productivos muy heterogneos. Se fue configurando una enorme periferia interna, primero en el interior de la zona euro, donde un ncleo central determinaba la dinmica econmica y acentuaba las diferencias; y por otro, una periferia en el Este europeo claramente determinada (algunos lo han llamado neocolonizacin) por Alemania. As, los llamados PIGS se fueron convirtiendo en economas eminentemente compradoras y, por tanto, acumulando dficits en cuenta corriente de grandes proporciones. Los pases centrales, economas vendedoras, acumularon grandes excedentes que fueron usados para financiar a las economas deficitarias.

Esas fueron las realidades que se fueron consolidando en la etapa de expansin, es decir, una Alemania que se haba preparado conscientemente para convertirse en una poderosa maquinaria exportadora precarizando su fuerza del trabajo, reduciendo salarios y prestaciones sociales e incrementando brutalmente las desigualdades. Todo ello no hubiese sido posible sin lo que podemos llamar el sistema euro, que es algo ms que una moneda, y que implicaba un Banco Central Europeo (independiente de la soberana popular) que impona unas reglas de juego las cuales forzaban a los singulares Estados a la realizacin de un conjuntos de polticas caracterizadas por la austeridad fiscal (hoy constitucionalizada), la desinflacin competitiva y el desmantelamiento del Estado Social.

Lo que se quiere decir es que ahora estamos plenamente en una guerra econmica que viene de lejos y que pone en crisis al conjunto de la Unin y especficamente a los pases del Sur. Lo fundamental es sealar la tendencia de fondo que viene de la etapa precrisis: la conformacin de un centro y de una periferia dependiente. Las polticas de crisis estn acentuando esta dependencia que agrava hasta lmites insoportables el desempleo, la pobreza, y la desigualdad social en todas partes. Estas medidas van mucho ms all: se est destruyendo tejido productivo, estructuras empresariales viables e incrementando enormemente las disparidades regionales. Es en este sentido en el que antes se argumentaba cuando se deca que estamos ante una crisis orgnica de Espaa como Estado, como sociedad y como estructura social y productiva.

Hay un aspecto que Varoufakis seala de pasada pero que es muy importante, a mi juicio, para entender las dinmicas de clase y geopolticas hoy dominantes. Las clases dirigentes, los poderes econmicos, la plutocracia dominante en estas naciones no slo no se oponen a esta dinmica, sino que apuestan abiertamente en favor de ella para poder as desmantelar las conquistas histricas de las poblaciones y, especficamente, del movimiento obrero. Aparece de nuevo algo que comentaba hace aos Miguel Herrero y Rodrguez de Min cuando hablaba (refirindose al papanatismo europesta de nuestra clase poltica) de sndrome de Vichy, recordando al rgimen instaurado por la Alemania nazi en Francia derrotada que sirvi a la derecha para ajustarle las cuentas a las fuerzas democrtico-republicanas, al movimiento obrero y a la izquierda poltica. Aqu se produce el mismo fenmeno: una potencia externa (la Unin Europea) crea las condiciones para que los poderes econmicos y la clase poltica impongan un conjunto de polticas que le ajusten las cuentas a las clases trabajadoras, al movimiento obrero organizado y a la izquierda alternativa y transformadora.

La derecha espaola aparece as con la cara de siempre: llenarse la boca de palabras como Espaa, Nacin y Patria para convertirse en un instrumento principal de una nueva colonizacin al servicio de sus intereses mezquinos y patrimonialistas. El que se jodan hay que verlo no como la respuesta de una persona descerebrada sino una reaccin tpicamente de clase, de desprecio a los de abajo, de ajuste de cuentas frente a unas clases populares que han violado el orden natural de las cosas.

Estamos ante una crisis de un determinado modo de concebir Europa y la insercin de Espaa en ella: o se rompe con esas reglas de juego que nos subordinan, empobrecen y cercenan la soberana popular, o lo que estamos realmente consolidando es un proceso que nos lleva al subdesarrollo econmico, social y poltico con la activa complicidad de nuestras clases dirigentes. Para decirlo ms claro, estamos ante una autntica Economa Poltica de los Seoritos, por y para unas clases parasitarias que nos liquidan como Estado y como pueblo.

No se si volveremos o no a los cincuenta. De lo que s estoy convencido es que estamos asistiendo a una involucin civilizatoria que pondr en cuestin nuestros modos de vida y de trabajo y nuestros derechos y libertades.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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