Portada :: Europa :: La regresin de Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-08-2012

Europa escribe en los mrgenes

Jorge Felipe Garca
Rebelin


Qu es Europa? Cul es el proyecto europeo? Cuntos desplazamientos metonmicos caben bajo esta palabra? En este punto podramos ser algo nietzscheanos sin dejar de ser marxistas, creo yo, y responder: lo que las fuerzas, lo que las clases, que tratan de apoderarse de este objeto quieran que sea (al punto se siente la necesidad de aclarar que no es esta evidentemente la nica lnea de tensin entre las fuerzas en conflicto, ni siquiera hoy, tal vez, la dominante; es, en todo caso, ms all de micrologas, multitudes y movimientos lquidos, la lnea en torno a la que construir eso que llamamos hegemona). Lo que parece ms claro es que para olvidar lo fundamental hay que estar hablando todo el tiempo, hay que llenar el espacio discursivo de significantes, hay que saturar mediticamente el ambiente con sonidos, textos e imgenes con que suspender el pensamiento de un presente sin referencias, digmoslo as, de un instante absolutamente idiota ante el que una atencin extenuada solo puede reaccionar con estupor.

Las instituciones polticas y econmicas que gestionan el capitalismo europeo tienen todas las respuestas sin haberse hecho ninguna pregunta; no dejan de hablar todo el tiempo para ocultar que nunca pasa nada (quiz sera ms exacto decir solo pasa nada), que la posibilidad del acontecimiento ha sido devorada por la velocidad con que se pliegan sobre s mismos los momentos de acumulacin y revalorizacin. Aparentan saber muy bien qu es Europa y cul es su proyecto sin hacer memoria.

La Declaracin de Berln, publicada por el Consejo Europeo del 25 de marzo de 2007, es uno de los incontables ejemplos en los que se da respuesta a aquellas preguntas: aun citando vagamente y como de puntillas una historia llena de sufrimiento y confrontaciones sangrientas, se afirma haber aprendido la leccin superando contradicciones y divisiones artificiales (gracias al ansia de libertad de las gentes de Europa Central y Oriental), unificando Europa y fortaleciendo la democracia y el Estado de Derecho, tomando al ser humano como centro de todas las cosas, cuya dignidad es sagrada y sus derechos son inalienables. Nos esforzamos por alcanzar la paz y la libertad, la democracia y el Estado de Derecho, el respeto mutuo y la responsabilidad recproca, el bienestar y la seguridad, la tolerancia y la participacin, la justicia y la solidaridad. Y contina esta feliz y luminosa yuxtaposicin entre elementos que no parecen contener la ms mnima sombra de contradiccin entre s ni respecto a la estructura econmica en que se insertan (al menos, discursivamente): defensa de libertades y derechos, lucha contra el racismo y la xenofobia, lucha contra el terrorismo, la pobreza, el hambre y las enfermedades, promocin en el mundo de la libertad y el desarrollo

Joseph Conrad, en El corazn de las tinieblas [i] , nos ofrece un elocuente y vibrante ejemplar de este tipo de discursos de filantropa enmascarada (segn expresara en una carta), escrito por el agente comercial Kurtz, insuperable representacin de las virtudes del doux commerce, cuando menos, por lo que hace a los intercambios entre una metrpoli y su colonia. Toda Europa particip en la educacin del seor Kurtz y, sin duda, era portador de altas cualidades morales. El texto al que hacemos referencia estaba dirigido a la Sociedad Internacional para la Supresin de las Costumbres Salvajes. Pasajes de este tenor: Por el simple ejercicio de nuestra voluntad podemos tener un poder benefactor prcticamente ilimitado, le hacan a Marlow, trasunto del propio Conrad, imaginar una extica Inmensidad gobernada por una augusta Benevolencia. Me hizo estremecer de entusiasmo. Este era el ilimitado poder de la elocuencia, de las palabras, de las ardientes y nobles palabras. Al pie de la ltima pgina, en los mrgenes del discurso, una anotacin garabateada mucho despus con mano insegura expone lo que con irona macabra el narrador define como un mtodo para esta misin civilizatoria: exterminar a todos los salvajes!

Qu leccin ha aprendido Europa? Qu leccin podra aprender suspendida como est meditica y mercantilmente en la pura reproduccin econmica de una abstraccin (liquidacin abstracta, denominaba Martnez Marzoa al callejn sin salida del capitalismo en el que nos encontramos)? Cmo proyectar, cmo pensar habiendo perdido la dimensin del pasado? Conocer es recordar, rememorar en direccin a una profundidad histrica y a una profundidad sincrnica. Europa, esa metonimia por la cual es designada como totalidad una pequea parte de la poblacin, rentista, propietaria, parasitaria del trabajo y la naturaleza, no ha aprendido nada. La memoria de Europa, como la de Kurtz, est donde la dej Marlow: depositada para su eterno descanso en el cubo de la basura del progreso, entre todas las heces y, metafricamente hablando, todos los gatos muertos de la civilizacin. Europa sin memoria da mucho miedo. Gnther Anders tiene razn: la irreflexividad es el mal, la poca de lo monstruoso no ha pasado.

Cosas que habra que recordar: que, a pesar del contenido civilizatorio y las posibilidades de una modernidad construida por el trabajo bajo el ltigo del capital, la perversa utopa del mercado mundial autorregulado, como ense Polanyi, es un delirio econmico y un suicidio antropolgico; que el capitalismo, como ense Marx, no puede avanzar sin socavar las fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el ser humano; que el imperialismo colonial, ltima fase del totalitarismo capitalista, sigue desangrando el mundo bajo el control de las multinacionales y los conglomerados financieros.

Kurtz representa lo monstruoso en dos sentidos. Uno es evidente: el de la violencia colonial, el racismo, las matanzas, la confiscacin de bienes y tierras; el de unas prcticas que han ten ido su continuidad en el colonialismo sin colonos del capitalismo multinacional, neocolonialismo sin bandera ni ocupacin [ii] , como lo denomina Marc Ferro en la introduccin a El Libro negro del colonialismo (especialmente indicado para quienes, como tambin se dice en el mismo lugar, han ledo a Hannah Arednt con un solo ojo).

El otro se aproxima a esta figura como una tipologa humana perteneciente a ciertas condiciones de excepcionalidad antropolgica en las que se imbrican la dimensin ms profundamente biolgica, podramos decir en trminos freudianos, las demandas pulsionales del ello esas fuerzas mticas, grandiosas en su indeterminacin con situaciones de vaco normativo, de anomia, en las que esos sistemas de lmites y mediacin institucional y simblica de la conducta humana que denominamos cultura dejan de regir. Kurtz carece de autocontrol, su corazn estaba hueco. El choque entre la expansin colonial, entre las furias del inters privado y la viscosidad primitiva, primordial del ro Congo, dominan a algo que no podramos ya definir como propiamente humano, atenindonos a los argumentos del antroplogo Clifford Geertz: no es posible imaginar un ser humano sin cultura; eso, para mejor decir, ello, sera una especie de monstruo informe, sin sentido de la direccin ni poder de autocontrol, un verdadero caos de impulsos espasmdicos y de vagas emociones. [iii]

Es una discusin de gran relevancia la de si existe o no cultura, y en qu sentido, en las sociedades contemporneas. Como hiptesis: la forma mercanca ha corrodo los sistemas culturales, las instituciones y los sistemas simblicos, liberando la satisfaccin de las pulsiones a travs del mercado y de procesos de mediacin tecnolgica (principalmente, a travs de la tecnologa de la imagen, desplazando el valor del cdigo lingstico hacia el icnico, ms primitivo). Nos interesa pensar si esta monstruosidad puede convertirse en tipologa para las condiciones antropolgicas de excepcin que impone el capitalismo. Podramos dominar aquella cosa muda o nos dominara ella a nosotros?

Quiz fue durante la lectura de El ro Congo, de Peter Forbath, o de una manera casual, que vi por primera vez la bandera del llamado Estado Libre de El Congo, esa finca que el rey belga Leopoldo II tena en frica. chenle un vistazo, no es nuestra bandera, la de la Unin Europea?


NOTAS DEL AUTOR:

[i] Hemos empleado la edicin de bolsillo de Alianza Editorial, 2002, con prlogo y notas de Araceli Garca Ros.

[ii] La expresin neocolonialismo fue empleada por Nkrumah, primer ministro de Ghana (la antigua Costa de Oro) para definir la situacin de un Estado independiente en teora y dotado de todos los atributos de la soberana cuya poltica, en realidad, est dirigida desde el exterior. Esto significaba que las principales potencias imperialistas ya no estaban interesadas en controlar las colonias desde dentro, sino en ayudar a su desarrollo y en sustituir su presencia visible por un gobierno invisible, el de los grandes bancos: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, etc. [] los pases que pidieron esta ayuda estn hoy atrapados a causa de la devolucin de sus deudas. [] ...en tiempos coloniales, las poblaciones dominadas saban quin era su opresor extranjero, mientras que en la era de la mundializacin su dependencia es annima; slo pueden culpabilizar a sus dirigentes, y cambiarlos, adems, no vara en absoluto la dependencia respecto del mercado mundial (El libro negro del colonialismo, pp. 39 41, La Esfera de los Libros, 2005, Madrid).

De nosotros habla este cuento. Pases perifricos como Uganda o Espaa (si bien, a diferencia de este pas, aquel es un Estado soberano) deben tener muy presente el papel del sector financiero en el neocolonialismo. Esta cita es reveladora en ese sentido (p. 27): Casi siempre fueron las altas finanzas las animadoras de la poltica imperialista, promoviendo intervenciones militares, menos para adquirir mercados o territorios que para constreir a los dirigentes de los pases prestatarios a restituir sus deudas (Egipto, Tunicia, Venezuela, etc.), aunque ms tarde pudo seguir lo dems. Despus de las independencias los bancos pudieron conservar este control, y hoy todava en mayor medida que en los comienzos del neocolonialismo. Si Amrica Latina se sacude de encima el yugo de la esclavitud por deudas, por el contrario los dirigentes de pases del sur de Europa parecen sentirse cmodos unciendo a las poblaciones al capital financiero y exportador. El cornudismo de nuestra clase poltica (en ocasiones, autnticas castas que se perpetan a travs de siglos y regmenes) en su plegamiento a los deseos del capital alemn y un puado de grandes empresas exportadoras ser sufrido en nuestros apaleados cuerpos. Pero esta ha sido la norma en el (sub)desarrollo del Estado espaol: el doble juego del enemigo de clase interior y exterior: una oligarqua poltico-econmica rentista y el capital financiero internacional del que aquella depende: una tipologa propiamente colonial. No es de extraar que aparezcan en el discurso de los pases centrales formas de racismo aplicadas ahora, oportunamente, hacia los pueblos del sur de Europa, cuyo destino de protectorado, parque temtico o zona de maquilas tiene su correlato en un argumentario de tipo colonialista, viniendo a afirmar, en las versiones ms extremas pero extendidas, que los pueblos meridionales no son aptos para el progreso, que son perezosos, ingratos y poco fiables, que se hacen los con las cuentas, son despilfarradores y gastan ms de lo que tienen (pero, el consumo a crdito que revitaliz al capitalismo durante los aos 70 no se basaba en esto?).

La envoltura ideolgica con que se est revistiendo este proceso en Espaa produce una mezcla de sentimientos que van de la vergenza a la tristeza, pasando por la rabia. Es insoportable el alud de tpicos, frases hechas y lugares comunes, barrocos eufemismos y estupideces guionizadas con que recubren cada ajuste de cuentas respecto al demediado Estado del Bienestar. Estos discursos, en cualquier persona que no fuese un poltico profesional (valga la extraa expresin), seran un ndice inequvoco de debilidad mental. No causan mayor indignacin porque, simplemente, no son escuchados. En Espaa tenemos, sobre todo, espaoles. Barruntamos qu tipo de estupidez se pretende estar diciendo, pero en todo caso... solo escribirlo causa sonrojo! Mariano, El Breve, es una autntica catstrofe lingstica: escuchen, lean cmo tortura los participios, cmo arrolla las concordancias, cmo le retuerce el brazo a la sintaxis (Apostemos sobre seguro: un gobierno tecnocrtico, con la complicidad del P(SO)E, ocupar su lugar, presidido por Rodrigo Rato en el papel de Mario Monti para Espaa! [Por qu no?, del delirio se sigue todo] Las reformas y medidas del gobierno del Partido Popular pretenden sin duda sacar a la gente del agujero, pero por el otro lado, a base de hundirla ms y ms). Hablar de la corrosin del lenguaje no es una cuestin menor en el proceso de descomposicin que estamos viviendo.

[iii] C. Geertz, del libro La interpretacin de las culturas; citado por Eduardo Nivn y Ana Mara Rosas, Para interpretar a Clifford Geertz. Smbolos y metforas en el anlisis de la cultura (Revista Alteridades, 1991).


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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