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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-08-2012

Cuando la memoria se hace carne y materia
Snchez Gordillo y la dignidad rebelde del pueblo andaluz

Luis Martn-Cabrera
Rebelin


En 1943 Gerald Brenan, autor de la primera monografa de la Guerra Civil escrita desde una perspectiva no franquista, sealaba en torno a la situacin del campo andaluz [1]: Cuanto ms de cerca se examina la situacin en esta zona de latifundios, ms terrible y repugnante se la encuentra. Hasta la guerra de 1914-1918, los terratenientes explotaban en general los cortijos por su cuenta a travs de sus encargados. Cultivaban la mejor tierra y dejaban el resto en baldo. Los labriegos hambrientos que intentaban arar aqu o all eran apaleados por la guardia civil [p.78] . Sobre las condiciones de vida de los jornaleros en los cortijos a la altura de los aos 30, Brenan dice que ganaban ente 3 y 3,50 pesetas por jornadas de ocho horas bajo el terrible sol del campo andaluz y conclua, como no hay pequeas explotaciones en que puedan trabajar, ni parcelacin, y ni siquiera disponen de un pequeo cuadro de huerta junto a sus casas, por no hablar ya del socorro por parte del Estado o de la Iglesia, moriran realmente de hambre en ese tiempo, de no ser por el crdito que les abren las tiendas. Con todo y eso, viven en un estado de desnutricin crnica, y los fallecimientos por tal causa, que alcanzan altas cifras en toda la pennsula, son aqu todava ms frecuentes [p.p. 78-79].

En el ao 2008, el antroplogo sevillano ngel del Ro me llev a la aldea cordobesa de Fuente Palmera, en plena tierra de bandoleros, para entrevistar a Francisca Adame. Francisca Adame es hija y hermana de presos del canal del Bajo Guadalquivir (hoy dignamente rebautizado como Canal de los presos gracias entre otros a los desvelos del propio ngel del Ro). All pude por primera vez en mi vida entender que el hambre no es una cifra ni una abstraccin, es una realidad material que te roba la dignidad y te arrasa como ser humano. Mientras Francisca nos relataba los pormenores de la lucha en los campos de concentracin y las crceles del franquismo, entre poemas y canciones compuestos por ella misma para no olvidar, pude sentir y tocar con la punta de los dedos el hambre de un pueblo, el andaluz, explotado y oprimido secularmente hasta lmites intolerables. All debo confesar con cierto ruborme despoje de mis ltimos prejuicios y estereotipos sobre un pueblo al que el resto de Espaa sigue acusando, contra toda evidencia, de holgazanera y pereza, a pesar de ser nosotros los que seguimos viviendo sobre sus hombros y sobre el sudor de su trabajo.

Y ahora, justo cuando casi nos habamos credo la fantasa esa neoliberal del final de la historia, cuando la marca Espaa y los triunfos de la seleccin espaola nos haban convencido de que ramos europeos y modernos, es decir, normales, Juan Manuel Snchez Gordillo y los jornaleros del SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores) nos despiertan de una siesta de dcadas de sueos fracasados y delirios de grandeza con imgenes que creamos ya para siempre abolidas de nuestra memoria: jornaleros ocupando fincas baldas en las manos muertas del ejrcito y expropiando comida de los supermercados para paliar el hambre de aquellas familias en las que ya no entra un solo euro. No estamos en 1914, ni en los aos 30, ni tampoco en los aos de la redencin de penas para aquellas ovejas rojas descarriadas de la abyecta dcada de los 40, estamos en el 2012 y, sin embargo, vuelve el hambre, porque en el fondo nunca se fue. Como en La carta robada, el cuento de Poe, el hambre, la necesidad, los mileuristas, el desempleo, las tierras sin cultivar, las toneladas de comida en la basura del Mercadona, la opulencia desmesurada de los dueos de Espaa, estaban ah, Snchez Gordillo y los jornaleros del SAT lo saban muy bien. La carta y el futuro robado se hacen visibles ahora porque estn en todas partes, los medios no pueden tapar el sol con un dedo, los jornaleros tienen la palabra y la razn histrica.

A lo largo de estos ltimos 10 aos de crecimiento econmico desmesurado a la sombra del ladrillo hemos hablado mucho y con razn de la memoria histrica, pero casi siempre lo hemos hecho y me incluyo en la crticacomo si la memoria fuera asunto de un pasado remoto o algo que slo tuviera una relacin muy tenue con el presente, una forma necesaria de reparacin, un cerrar las heridas para suturar nuestra maltrecha democracia liberal. Lo realmente novedoso en la praxis y en el discurso de Juan Manuel Snchez Gordillo no por casualidad profesor de historia antes de poltico y lder sindicales que en sus palabras y en sus acciones la memoria se hace carne y materia, ya no viene a reforzar la calidad de la democracia sino a constatar su radical vaciamiento de sentido, pues no hay teora poltica que pueda hacer compatibles el hambre y la democracia. En la voz de Snchez Gordillo el pasado de la lucha jornalera en el campo andaluz ya no es un objeto abstracto de investigacin y anlisis, sino una realidad presente que actualiza tanto las formas de opresin del pasado como las estrategias de lucha y resistencia. En lugar de hablar con nostalgia de las expropiaciones de tierra de los campesinos anarquistas de los aos 30, los jornaleros del SAT no han dejado de ocupar tierras baldas desde el ao 76, en lugar de aceptar el lavado de cara de la derecha franquista durante la transicin, los jornaleros denuncian la perpetuacin de las mismas estructuras de opresin y explotacin salidas de la dictadura.

En este sentido, cuando Snchez Gordillo dice que el Ministro del interior, Jorge Fernndez Daz, es un seor con actitudes que recuerdan al franquismo, no lo hace para provocar, ni cae en la hiprbole, sino que ms bien se atiene con milimtrica precisin histrica a la trayectoria y las actuaciones del seor ministro. Fernndez Daz no slo es hijo de un militar franquista, probablemente miembro numerario del Opus y autor de frases como vivimos en una sociedad donde el pecado original est en estado qumicamente puro o en el siglo XIX, el marxismo y el ateismo quitan ya a dios y colocan en el centro al hombre y finalmente Satn se colocar en el lugar del hombre [2], sino que adems sus declaraciones y actuaciones vulneran el principio fundamental de la separacin de poderes. Un ministro, es decir, un miembro del ejecutivo, no puede actuar como juez ni incitar actuaciones judiciales, a no ser que ignore los lmites de su poder o crea en el estado de excepcin, es decir, en la estructura poltica de una dictadura o de una democracia con poderes omnmodos y absolutistas. De todas maneras, ya se sabe que la gente del Opus no lee a Montesquieu ni le interesa ese sindios de la separacin de poderes.

Las justas denuncias de Snchez Gordillo a la vulneracin de la separacin de poderes son un regalo, porque hacen visibles de manera palmaria la persistencia de la lucha de clases, deshacen el consenso despolitizador de la democracia de baja intensidad en la que vivimos y lo sustituyen por un campo de fuerzas que recupera los antagonismos sociales como comps y orientacin de la lucha por la justicia social. La misma semana que los jornaleros del campo irrumpen en Mercadona y Carrefour, los peridicos anuncian que Amancio Ortega, el seor de Zara, es uno de los hombres ms ricos del mundo; Rato y Camps en su casa, los jornaleros del SAT en los juzgados; hambre en la calle, comida de los supermercados en los cubos de basura para preservar las plusvalas de los dueos del negocio. A la vista de todo el mundo estn las contradicciones, nadie puede quererse ignorante.

Snchez Gordillo y los jornaleros del SAT nos han dado una leccin de dignidad rebelde, de coherencia poltica y de memoria histrica, el sur vuelve a marcar el camino de la lucha por la liberacin de un pas que ha perdido su soberana y de un pueblo postrado y acorralado por ladrones de guante blanco, polticos corruptos y unos mercados financieros que tienen cara, nombre y apellidos. Precisamente por eso intentaran perseguirlos, encarcelarlos, atentar contra ellos, son un ejemplo demasiado peligroso. Izquierda Unida ha mostrado un apoyo matizado, apoyo al fondo, pero no a las formas dice Diego Balderas, mientras que Alberto Garzn (una de las pocas voces razonables en todo esto de la estafa-crisis) ha apoyado la accin de los jornaleros, pero ha aadido que son ilegales. Enrique Santiago ha ido un poco ms lejos y ha afirmado, esperemos que as sea, que Izquierda Unida va a apoyar y defender polticamente al SAT y a cualquier otro colectivo que ponga en evidencia la privacin de derechos fundamentales de las personas y trabaje para garantizar los derechos vulnerados, recordndonos as que la Constitucin en vigor establece que la propiedad privada siempre estar sometida al inters general [3] .

Pero tal vez no sea suficiente, en nombre de lo que hemos sido histricamente y de lo que podemos ser como comunistas, socialistas, anarquistas, revolucionarios o simplemente como pueblo, como las y los de abajo, tenemos que ser capaces de decir que no estamos dispuestos a que los jornaleros pasen un minuto de su vida en una prisin, tenemos que ser capaces de autoinculparnos por millones si tal infamia sucede. Desde aqu me ofrezco desde ya como autoinculpado en nombre de una memoria que no puede ser ya nunca ms objeto de museo o de pura especulacin intelectual.

Notas:

[1] Gerald Brenan. El Laberinto Espaol. Antecedentes sociales y polticos de la Guerra Civil . Paris: Ediciones del Ruedo Ibrico, 1963.

[2] http://www.diagonalperiodico.net/El-Ministerio-de-Interior-recupera.html

[3] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=154390

* Para ngel del Ro, por todo. Y para Carlos de los Santos, Joaqun Florido Berrocal, Marisa Filgueras, Marta Cruz Sojo y todos los compaeros y compaeras de El Viso, Dos Hermanas y Sevilla.

Luis Martn-Cabrera es Profesor de Literatura y Estudios Culturales en la Universidad de California, San Diego.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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