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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-08-2012

Las Pussy Riot, los asaltos a supermercados y los simbolistas

Jos Manuel Rambla
Rebelin


Uno de los mayores anatemas que puede sufrir cualquier iniciativa es recibir el adjetivo de simblica. Este conjuro conservador afecta de forma especial al mbito de lo social, donde nunca falta el hipercrtico realista que ante cualquier movilizacin ciudadana, huelga u otra forma de protesta, muestre su coincidencia con las peticiones pero se desmarque de la convocatoria reprochndole su carcter simblico. De esta manera el concienciado observador puede justificar su pasividad -y en ocasiones hasta su beligerancia contra el movimiento- amparndose en su eterna espera de la accin realista y contundente que permita la toma del Palacio de Invierno de turno.

Lo sorprendente del caso es que este tipo de acciones, a las que se reprocha una ineficacia pueril, provoquen a menudo reacciones tan virulentas como las que hemos podido ver estos das en lugares tan dispares como Mosc o Andaluca. As, en la capital rusa, las chicas del grupo punk Pussy Riot se enfrentan a una posible pena de hasta siete aos de crcel por haber improvisado un concierto clandestino en la catedral de Cristo Salvador para denunciar la connivencia entre la Iglesia Ortodoxa y Vladimir Putin.

Entre nosotros, la respuesta se ha dado a propsito de los recientes asaltos a supermercados promovidos por el Sindicato Andaluz de Trabajadores, liderados por su dirigente, alcalde de Marinaleda y diputado de Izquierda Unida, Juan Manuel Snchez Gordillo. La sustraccin de comida para su distribucin entre familias necesitadas, amenaza as con acabar en los tribunales despus de que varios sindicalistas hayan sido detenidos por robo y violencia, y que el juez haya citado a declarar al propio Gordillo. Obviamente, a ello se le suman las ms variadas descalificaciones hacia el veterano lder jornalero a quien se acusa de mesianismo comunista o de vivir en una imaginaria Espaa de eterna tragedia de Casas Viejas.

Lo curioso en ambos casos es que ninguno de los detractores cay en la cuenta de otros hechos no menos simblicos que aparecan esos mismos das sin despertar el menor comentario de los ultrarealistas. En este sentido, mientras las Pussy Riot aguardan sentencia, el mismo tribunal que las juzga ha abierto la puerta para la posible rebaja de la condena del multimillonario petrolero Mijal Jodorkovski y su socio, acusados de fraude y estafa. Como mucho, eso s, las jvenes punks moscovitas han podido beneficiarse de la solidaridad de Madonna y de la condescendencia de unos medios occidentales que han sabido adaptar el anticomunismo de antao hacia un eterno despotismo asitico proyectado sobre Mosc.

Del mismo modo, mientras los tertulianos y opinadores censuran los descabellados asaltos de supermercados con carritos de la compra, enmudecen ante la invitacin del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, de abordar nuestras despensas vitales y sociales con bulldozer. Porque para este mandarn del neoliberalismo financiero la nica y urgente salida a la crisis para Espaa y el resto de pases, pasa irremediablemente por abaratar ms los salarios, relajar la proteccin laboral o modificar las leyes en beneficio de las empresas.

Claro que no faltar quien argumente que este tipo de propuestas parten del ms estricto realismo. Nada que ver con el simbolismo exhibicionista de la joven estudiante de filosofa Nadezhda Tolokonnikova a la salida del juzgado moscovita, ataviada con una trasnochada camiseta con el lema del No pasarn! y saludando puo en alto. Con gestos as no se llega a ninguna parte. Y si algo tienen claro los veteranos ejecutivos de Goldman Sachs es, sin duda, a dnde nos quieren llevar.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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