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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-08-2012

Domingos de Economa en El Retiro (12 de Agosto)
La economa como elemento de la teologa poltica

John Brown
Iohannes Maurus


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El ttulo de esta contribucin puede parecer a algunos extrao, pues no creo que la palabra "teologa" se haya unido con frecuencia a la palabra economa en el marco de estas charlas, para otros puede resultar incluso irritante, pues "con la que est cayendo" resulta casi una provocacin dedicarse a estas abstracciones. Sin embargo, la crtica de la economa que hoy proponemos tiene mucho que ver con formas de crtica prctica del orden existente como la que han protagonizado Juan Manuel Snchez Gordillo y otros compaeros del SAT en estos ltimos das y con todas las dems formas de apropiacin de los comunes por parte de la multitud que se han sucedido ltimamente. La crtica de la economa capitalista es efectivamente una crtica de la propiedad, no slo de la propiedad privada, sino de la propiedad en general, incluida la propiedad pblica estatal. Ahora bien, una crtica general de la propiedad en el marco de nuestra civilizacin es algo sencillamente inadmisible. El capitalismo se basa en el individualismo posesivo, es un orden social basado en la existencia de individuos aislados que slo se relacionan entre ellos a travs del intercambio de propiedades. En ese tipo de sociedad el individuo lleva, segn sostena Marx, sus relaciones sociales "en el bolsillo" pues sus relaciones con los dems siempre estn mediadas por ese instrumento del intercambio por excelencia que es el dinero. Vivimos en una sociedad que el poder existente intenta constituir como una sociedad de individuos aislados y propietarios. En este tipo de sociedad basada en la propiedad muchos consideran "una barbaridad" que un grupo de personas expropie alimentos en los supermercados para entregrselos a personas necesitadas. Es tambin esta sociedad la que nos hace ver como una evidencia incontrovertible que "hay que pagar sus deudas", por mucho que ello suponga la prdida de la libertad, la hacienda y la dignidad. Una sociedad de individuos aislados es una sociedad basada en el intercambio, en la cancelacin de toda deuda mediante la entrega de un equivalente. Ahora bien, es eso realmente una sociedad? Cuando se salda una deuda, se acab toda obligacin hacia el otro, en ltimo trmino, se acab el vnculo social. En cierto modo, una sociedad de mercado es lo contrario de una sociedad.

En este tipo de sociedad, a todos nos parece evidente que existe una esfera econmica, incluso que la economa es la instancia que determina el conjunto de la vida social. Esta concepcin suele incluso -errneamente- asociarse al marxismo, ignorando que la obra de Marx es una crtica de la economa poltica y no una versin mejorada de esta. La ideologa dominante del capitalismo queda excelentemente expresada en la famosa frase del presidente Clinton con la que pretendi justificar el abandono de su poltica social: "It"s economy, stupid!" (Es la economa, estpidos!).

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Sin embargo, la idea de una economa en el sentido moderno, como instancia auto-regulada de la vida social diferenciada de la poltica o de la ideologa, slo aparece muy tardamente, en el siglo XVIII. La mayora de los periodos histricos anteriores nunca pensaron la economa en este sentido. El propio trmino "economa" tiene una historia peculiar: en la Grecia antigua se refiere a la gestin de la casa y de la familia como unidad de produccin y de consumo, pero tambin en todos sus dems aspectos como la buena gestin de los esclavos, los nios, las mujeres etc. A diferencia de la economa actual que tiene una dimensin social, la economa antigua es una realidad privada. La economa no es un elemento ni un objeto de la poltica, sino la base que permite a un individuo ser ciudadano. La poltica no trata de cuestiones "econmicas", pues estas son exclusivamente privadas: la expresin "economa poltica" en la Grecia antigua, habra sido percibida como intrnsecamente contradictoria. Este significado del trmino "economa" desaparece junto con el rgimen social de la ciudad antigua, pero permanece como trmino tcnico de la teologa. La economa, en este sentido, guarda relacin con el misterio de la salvacin: su momento central es la encarnacin de Dios en el hombre que es Jesucristo y que Gregorio de Nisa presenta como un autntico ardid de pescador: "la divinidad, a fin de ofrecer una presa fcil a quien buscaba su ventaja en el rescate que exiga a cambio de nosotros, se escondi en el envoltorio de nuestra naturaleza de modo que, tal como ocurre con los peces voraces, el anzuelo de la divinidad fuese tragado junto con la carne que serva de cebo; de este modo, al ir a establecerse la vida en la muerte y al ir la luz a brillar en las tinieblas, desaparezca lo que se considera opuesto a la vida y a la luz" (Gr. de Nisa, Discurso catequtico, XXIV, SC 453). La economa es la progresiva revelacin de Dios en la historia de la humanidad, revelacin a la que se opone la presencia en el mundo del mal y del pecado. Como afirma Juan Crisstomo "el diablo pone un empeo encarnizado en destruir esta fe entre los hombres, pues sabe que si dstruye la fe en la economa, la mayora de las realidades que nos conciernen desaparecer" (Juan Cris. Sobre la Igualdad del Padre y del Hijo). Hay una economa de Dios que nada tiene que ver con la gestin de una hacienda privada, sino con el gobierno del universo y de los hombres orientado a la realizacin de un plan de salvacin. La economa divina no es un gobierno directo mediante una revelacin de la voluntad y de la ley del creador que actuara como soberano del universo, sino un gobierno indirecto que se apoya en el deseo y las pasiones de los hombres y se sirve incluso del mal como medio de realizacin de la salvacin en un mundo dominado por el pecado. Los padres de la Iglesia que desarrollaron esta teora de la economase refirieron con cierta frecuencia a la accin de Dios como a la de "una mano invisible" que consigue sus objetivos por vas indirectas y secretas en un mundo donde los hombres, movidos por su deseo y sus pasiones, creen ser enteramente libres y artfices de su destino. As, Agustn de Hipona afirmar en la Ciudad de Dios (XII, 23) que "La mano de Dios es la potencia de Dios capaz de realizar lo visible de una forma invisible." La economa ha pervivido en la teologa bajo el nombre de teodicea o justificacin de Dios: gracias al concepto de economa era posible explicar a la vez la omnipotencia divina y la existencia necesaria del mal, pues el mal se presentaba como un instrumento de la salvacin.

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Esta concepcin resucitar en el siglo XVIII en un contexto que no se presenta ya como teolgico. Se trata del momento en que el Estado absolutista se ve ante la necesidad de tomar en consideracin las nuevas realidades de una sociedad comercial desplegada en su territorio. Ante la complejidad de una poblacin que ya no est mayoritariamente sometida al orden feudal y, cada vez ms se ve integrada en relaciones mercantiles, se plantea el problema de su gobierno. Dos modelos contrapuestos se propusieron como solucin: o bien un desarrollo ilimitado del poder legal del soberano, que gobernara la complejidad mediante una gran profusin de normas y de procedimientos destinados a hacerlas cumplir, o bien un gobierno indirecto de esta nueva realidad basado en el conocimiento de sus mecanismos de funcionamiento, en el desarrollo de un saber sobre la poblacin, sus deseos, sus ambiciones y el modo en que estos se materializan en relacin con la riqueza, su produccin y su distribucin y reparto. Ante el gobernante absolutista se presentan, pues, dos modelos: por un lado, el Estado policial (Polizeistaat) y la ciencia que lo acompaa, la "Polizeiwissenschaft" o ciencia de la polica, por otro, un modelo basado en el conocimiento por parte del soberano de las leyes de la economa y la consiguiente restriccin de su accin de gobierno directo. Para los fisicratas, los primeros economistas polticos, la economa se presenta como un "gobierno natural", un gobierno de la naturaleza contrapuesto al gobierno legal del soberano y al que el propio soberano debe plegarse. Por otra parte, el soberano que conoce estas leyes puede y debe legislar para imponer su respeto. El despotismo del monarca absoluto se convierte en un despotismo basado en la "verdad", en la "evidencia". La economa es la base de un despotismo donde el poder se oculta y se presenta a s mismo como un saber. Lo que cabe destacar aqu es que el trmino "despotismo" que adquirir posteriormente una connotacin negativa es reivindicado por estos autores en un sentido positivo. Su modelo es China, la sociedad de mercado que, en el siglo XVIII haba conocido una "revolucin industriosa", una revolucin industrial de base familiar y comunitaria sin expropiacin masiva de los trabajadores. Quesnay, el fundador de la escuela fisiocrtica escribir un elogio del Despotismo de China caracterizando el gobierno de ese pas como un gobierno moral basado en la "ley natural".

La expresin "mano invisible" aparece en el liberalismo clsico en la obra de Adam Smith para quien el bien moral se abre paso a travs de las pasiones humanas. Como afirma en su Teora de los sentiemientos morales: "una mano invisible parece forzar a los ricos a concurrir a la misma distribucin de las cosas necesarias para la vida que habra tenido lugar si la tierra hubiera sido entregada en la misma proporcin a todos sus habitantes; de este modo, sin tener intencin de hacerlo, sin saberlo siquiera, el rico sirve al inters social y a la multiplicacin de la especie humana" (Teora de los sentimientos morales). Esta temtica regeresar en la Riqueza de las naciones: "No esperamos obtener nuestra cena merced a la benevolencia del carnicero, del tendero o del panadero, sino del cuidado que prestan a sus propios intereses. No nos dirigimos a su humanidad, sino a su egoismo, y nunca les hablamos de nuestras necesidades, sino siempre de su beneficio." Podemos hoy apreciar en qu medida este planteamiento resulta perfectamente utpico cuando se nos dice que un aumento del beneficio del capital financiero a costa de las necesidades materiales de la mayora social redundar en inters del conjunto de la sociedad....

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Esta idea de una realidad econmica "natural" que se impone a la decisin poltica y que el gobernante debe hacer respetar sobrevive en el liberalismo. El liberalismo, a travs de las distintas teoras de la autorregulacin y de la mano invisible, nos presenta la economa como un poder natural que prima sobre el poder legal. Del mismo modo que el poder soberano de Dios quedaba, en los Padres de la Iglesia, invisibilizado en favor de un proceso complejo regido de manera indirecta, el poder del monarca absolutista tambin desaparece en parte en favor de una economa que se gobierna a s misma y que determina los lmites y el contenido de la accin legislativa del soberano. El poder soberano queda as reducido, en teora, a un papel mnimo, de mero vigilante de un proceso que no requiere de su intervencin. Sin embargo, el mercado generalizado, aqul en el que no slo se intercambian mercancas materiales sino tambin esa mercanca muy peculiar que es la capacidad fsica e intelectual humana de trabajar, la fuerza de trabajo, ha requerido y requiere a diario una constante intervencin del poder soberano que garantice la reproduccin de las condiciones de existencia de este mercado: 1) disponibilidad de capitales libres, 2) trabajadores libres (expropiados), 3) condiciones de libertad y seguridad jurdicas (libertad, igualdad, propiedad).


La aparente "naturalidad" de las relaciones econmicas es as el resultado de una creacin permanente de sus condiciones de existencia por el poder estatal. Estado y mercado no se oponen, como sostiene la corriente an mayoritaria del pensamiento de la izquierda, sino que constituyen el par complementario de la dominacin poltica moderna. El Estado constituye y reproduce, en ltimo trmino mediante la violencia, las condiciones de funcionamiento del mercado como institucin central de la "autorregulacin" de la economa. El Estado crea y reproduce violentamente la existencia de trabajadores libres y de capitales con libertad de circulacin. En el primer caso, mantiene mediante un entramado legal y represivo la separacin de los trabajadores respecto de los medios de produccin, en otros trminos, su separacin respecto de los comunes productivos. En el segundo caso, permite la convertibilidad del dinero en cualquier tipo de mercanca, incluida la mercanca fuerza de trabajo que permite producir valor aadido, plusvala. Gracias a esta libre convertibilidad del dinero en mercancas diversas combinadas entre s como componentes del capital, es posible que las condiciones de trabajo y de existencia de los trabajadores se les lleguen a presentar a estos como una realidad enteramente exterior que los domina. La autorreproduccin del capital es as la base de la concepcin de una esfera econmica que se autorregula y determina las dems instancias de la vida social.

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Una crtica coherente del capitalismo no puede consistir en una defensa del Estado frente al mercado, sino en la afirmacin de lo que tanto el mercado como el Estado ignoran y procuran liquidar: la esfera de los comunes o, en otros trminos, de una relacin social permanente que no se reduzca al intercambio. Los comunes productivos son todos aquellos recursos necesarios para la reproduccin de la vida humana y de sus condiciones que se encuentran disponibles para todos: el lenguaje, la capacidad comunicativa y afectiva, el conocimiento, pero tambin los recursos naturales como el agua, el aire, la tierra, el mar. Se trata de realidades esenciales para la produccin material e inmaterial que no pueden sin deterioro ser objeto de propiedad. La propiedad es un ius utendi atque abutendi, un derecho exclusivo de usar y abusar, un derecho por consiguiente de destruir la cosa y de privar a otros de su acceso a ella. Si se someten a derechos de propiedad los comunes, estos se atrofian. Su uso colectivo basado en el libre acceso no slo permite impedir esta posible destruccin, sino incluso aumentarlos y desarrollarlos. Nada aumenta ms el conocimiento que el libre acceso a este por parte del mayor nmero y nada ha destruido ms eficazmente los entornos naturales que su conversin en propiedad privada. Y es que los comunes no nos pertenecen: el libre acceso a ellos se basa ms bien en el hecho de que pertenecemos a los comunes, que la vida humana existe en un marco social y natural mnimo del que no puede separarse. Los comunes como tales estn ms all de la propiedad, pero no slo de la privada, sino tambin de la pblica. Hoy, los Estados que deberan tutelar bienes comunes como la salud y la educacin, la comunicacin y el transporte, tratan a estos como una propiedad privada. Esto se debe a que la propiedad pblica estatal tambin es una forma de expropiacin de los comunes por la cual lo que es de todos se presenta como algo que no es de nadie. La propiedad pblica estatal puede impedir el acceso a los comunes tanto como cualquier propiedad privada; puede incluso convertirse en un medio de expropiacin de los comunes. Es lo que se vio en los labores del capitalismo con la desamortizacin de las tierras "baldas" o comunales o lo que hace pocos aos se pudo presenciar en la liquidacin del socialismo yugoslavo cuando los Estados tuvieron que nacionalizar los bienes de las cooperativas autogestionadas para privatizarlos inmediatamente despus.

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La economa que se nos presenta como una fuerza gigantesca y ajena, como un lmite permanente a nuestra libertad no es la nica posible: es posible pensar y practicar una economa en la cual la dimensin colectiva no nos sea algo ajeno en manos de un patrn privado o de un Estado, sino aquello que constituye la condicin indispensable de nuestra capacidad de producir. Es necesario pensar una nueva economa libre de las races teolgicas de la disciplina e integrada en la historia real para salir de la conjuncin poder soberano/economa, en otras palabras, del laberinto liberal en el que la izquierda est presa. Todo esto requiere toda una serie de cambios muy profundos, un autntico proceso constituyente capaz de crear autnticas instituciones de lo comn y una democracia que no se presente como un modo de organizacin de un poder separado, de un poder de Estado.

Fuente: http://iohannesmaurus.blogspot.com.es/2012/08/domingos-de-economia-en-el-retiro-12.html


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