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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-08-2012

Destituida la cpula militar y anuladas sus prerrogativas anticonstitucionales
El presidente Morsi impone la hegemona del poder civil en Egipto

Andrs Martnez Lorca
Rebelin


Haciendo uso de sus prerrogativas constitucionales y actuando con la firmeza necesaria, el presidente de Egipto, Mohamed Morsi, ha acabado con el poder que la Junta militar se haba arrogado tras el derrocamiento del dictador Mubarak y ha cambiado de improviso a todos los altos cargos del ejrcito. Como reconocen incluso sus adversarios, por primera vez en la historia reciente del pas rabe el poder civil comienza a ejercer la hegemona poltica sometiendo al hasta ahora omnipotente ejrcito a sus lmites legales. El pueblo egipcio ha dado un nuevo ejemplo al mundo al hacer posible con su resistencia pacfica y sin intervencin extranjera la recuperacin de las libertades. Los Hermanos Musulmanes, tan temidos en las cancilleras occidentales, dan muestra as tanto de madurez democrtica como de coraje civil. La plaza de Tahrir, smbolo de la revolucin, aplaudi con entusiasmo el fin del poder militar.

Cuando la cpula del ejrcito dio un golpe de estado de hecho ante el silencio complaciente de las potencias occidentales, denunci este pisoteo de la voluntad popular al escribir: La Junta Militar vuelve a tener todas las riendas del poder: el ejecutivo son ellos; el legislativo vuelve a recuperarlo tras el golpe de estado; y el judicial, con los serviles magistrados nombrados por la dictadura, constituye un instrumento dcil de los generales y sus amos de Occidente (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=151597). En tono irnico, conclua mi artculo de entonces: Los rabes no tienen solucin: no acaban de rendirse. Ahora, debo aadir con toda claridad y sin irona alguna: los egipcios con su lucha pacfica indican el camino al mundo rabe. No se han rendido, han sufrido la represin, han evitado la guerra civil y han decidido con su voto un cambio de rumbo.

En la gnesis prxima de este giro histrico hay que situar un trgico y confuso episodio ocurrido en la pennsula del Sina y en el que murieron diecisis soldados egipcios. Las primeras noticias de l fueron dadas curiosamente por el ministerio de defensa de Israel (!) que exigi un mayor control egipcio de ese territorio. Segn esa misma fuente, los presuntos yihadistas pretendan entrar a suelo israel (?) tras perpetrar la agresin. Una primera medida del gobierno egipcio fue el cierre de la frontera con Gaza: se aplicaba as una medida represiva usada habitualmente por Mubarak contra los palestinos y que es defendida como objetivo permanente por parte del gobierno sionista.

El desprestigio que ello ocasion al ejrcito egipcio repercuti tambin en su nuevo gobierno. Que las responsabilidades alcanzaban al mximo nivel puede deducirse por el cese fulminante del jefe del Servicio General de Inteligencia, el general Mowafi. Era slo el comienzo.

En una serie de decisiones destinadas a restablecer la hegemona del poder civil, el pasado domingo, da 12 de agosto, el presidente Morsi pas a la reserva al jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) y ministro de defensa, mariscal Tantawi, y al jefe del estado mayor del ejrcito, ces a los jefes del ejrcito de tierra, de la armada y del aire y anul las enmiendas constitucionales dictadas por la Junta militar que despojaban al presidente de la Repblica de sus poderes constitucionales. Una nueva y rejuvenecida hornada de jefes militares jur sus nuevos cargos ante el presidente Morsi. Cuidadoso en el tono pero radical en el fondo, Morsi puso el nfasis en la permanente tarea patritica del ejrcito y en las nuevas metas econmicas que demanda la sociedad: Ahora, dijo, debemos impulsar la produccin y la inversin.

Segn fuentes oficiosas egipcias que recoge la prensa cairota, ninguno de los dos altos militares conocia de antemano las intenciones del presidente. Y segn fuentes oficiosas estadounidenses citadas por The New York Times, su gobierno no fue avisado de antemano, lo que indicaba que esas medidas se haban adoptado a puerta cerrada incluso para ellos. La autonoma en la toma de decisiones y el factor sorpresa en que se han fraguado indican un nuevo estilo de hacer poltica en este pas rabe. Sin embargo, como apuntan diversos analistas, este arriesgado movimiento tctico no se habra hecho a espaldas del ejrcito cuyos oficiales ms jvenes simpatizan con la revolucin y parecen estar dispuestos a asumir con lealtad sus nuevas y limitadas responsabilidades. Una seal positiva en este sentido proviene directamente del mando supremo del ejrcito, el CSFA, que en un significativo comunicado afirma que este proceso de cambios supone un traspaso de la responsabilidad a una nueva generacin de [militares] egipcios que proteger al pas.

La resistencia popular evit el pucherazo instigado por la Junta militar que habra dado la presidencia al exprimer ministro del antiguo rgimen, Ahmed Shafiq. Un poderoso aliado de la Junta ha sido hasta ahora el Tribunal Constitucional que disolvi el parlamento en una ms que discutible decisin que encubra la resistencia de los militares a la alta representacin islamista obtenida en las elecciones. Todo indica que en este aparato del estado se concentrarn durante los prximos meses los mayores obstculos a la accin de gobierno. Para intentar sanear el poder judicial el presidente Morsi ha acudido a dos prestigiosos jueces reformistas, independientes y no islamistas, los hermanos Makki: Mahmud ha sido nombrado vicepresidente y Ahmed, ministro de justicia. La sociedad civil y el gobierno de la ley no podran haber tenido dos mejores campeones no islamistas, ha comentado en las pginas del diario britnico The Guardian el columnista David Hearst. El tiempo dir si estos cambios por arriba son suficientes.

Aunque los pasos que acaba de dar el presidente Morsi marcan un antes y un despus, sin embargo la revolucin democrtica de Egipto est lejos de haber culminado. Queda en pie un aparato estatal heredado de la dictadura, est en preparacin una nueva constitucin que ser sometida a referendum y habr despus nuevas elecciones. Mientras tanto, las necesidades sociales se acumulan y las clases populares siguen sufriendo la escasez y la pobreza. El mundo rabe, encerrado entre la creciente agresividad del imperialismo y el espritu lacayuno de las reaccionarias petromonarquas, necesita del liderazgo de Egipto. El futuro de la causa palestina depende tambin en buena parte de la solidaridad egipcia, negada hasta ahora por la dictadura de Mubarak.

Deberamos calificar este giro histrico simplemente de agitacin (upheaval), como hace el diario The New York Times en su crnica desde El Cairo fechada el pasado da 12 de agosto? Creo que con ms visin de fondo, David Hearst lo ha comparado en el diario The Guardian del 13 de agosto con el derrocamiento de Mubarak en febrero del ao pasado: El sistema fue decapitado pero continuaba en la forma de una junta militar, que asumi el dominio en la transicin. El domingo las cabezas de ese sistema, que ha gobernado Egipto durante dcadas, fueron derribadas ─ aparentemente con su aquiescencia.

 Al margen de cualquier valoracin, queda en pie este hecho decisivo en la historia reciente de Egipto: los militares vuelven a sus cuarteles por decisin del presidente de la Repblica, elegido por el pueblo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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