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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2012

Los cuervos de la Dina

Roberto Ortiz
Punto Final


Sigue pendiente el conocimiento de la verdadera magnitud de muchas atrocidades cometidas por agentes de la dictadura. Ha aportado grandemente a ese conocimiento la investigacin del llamado caso calle Conferencia, de abril de l976, en que un grupo de dirigentes clandestinos del Partido Comunista, encabezado por Mario Zamorano e integrado entre otros por Uldaricio Donaire -que con el nombre de Rafael Cortez era encargado de control y cuadros -y el ingeniero Jorge Muoz, esposo de Gladys Marn, cayeron en una trampa instalada por la Dina. Todos fueron detenidos, incluyendo a Zamorano, herido de bala, y hechos desaparecer. Hasta hoy no se conoce lo que les ocurri. Aunque es probable que el hallazgo de una decena de cuerpos desnudos, desfigurados y amarrados con alambres en la ribera del ro Maipo, a pocos das de su detencin, fuera la respuesta.

Pareci ser el comienzo de las operaciones de la Brigada Lautaro y el grupo Delfn, que desde comienzos de 1976 tenan la misin de exterminar al Partido Comunista. A pocos das de las detenciones en calle Conferencia fue apresado el subsecretario del partido, Vctor Daz Lpez, oculto en una vivienda supuestamente segura, con la cobertura de pariente de los dueos de casa. Daz haba remplazado a Luis Corvaln, detenido en octubre de 1973. Muchas detenciones en esa primera oleada represiva obligaron a constituir una nueva direccin con Fernando Ortiz Letelier a la cabeza, junto a dirigentes como Waldo Pizarro, Horacio Zepeda y Lincoyn Berros. Nuevamente se multiplicaron las detenciones, las desapariciones y los allanamientos a casas que servan para contactos. Esa segunda direccin del PC fue detenida a fines de 1976.

EL JUEZ MONTIGLIO

Terminada la dictadura, la investigacin fue asumida por Vctor Montiglio, el ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, que se hizo cargo del caso calle Conferencia empantanado durante ms de treinta aos. Aprovechando la captura de Jorgelino Vergara Bravo, ex agente de la Dina y la CNI, el juez Montiglio logr que ste rompiera el pacto de silencio y abriera las compuertas a la verdad. Vergara es un testigo privilegiado. Siendo casi un nio comenz a trabajar en la casa del coronel Manuel Contreras, jefe de la Dina. Conoci a su familia, actuando como un mozo que ayudaba en las labores de la casa. Pasado un tiempo ingres a la Dina. Sigui siendo el mocito pero en algn momento se convirti en agente de seguridad por sus condiciones fsicas, su manejo de armas y tcnicas de defensa personal y sobre todo, por su lealtad, reforzada por el acostumbrado juramento de silencio. Fue destinado al cuartel secreto de calle Simn Bolvar a la altura del 8000.

Con memoria fotogrfica Vergara record ante el juez Montiglio su permanencia en el cuartel. Dio detalles, nombres, descripcin de lugares, fechas, reconoci a vctimas en fotografas. La mayora de lo que dijo coincidi con lo que ya se saba o empez a ser reconocido por otros agentes. En primer lugar por el comandante del cuartel, el ex coronel Juan Morales Salgado, que recordaba con afecto a Jorgelino. Luego hizo lo mismo el agente Jorge Pinchumn Curiqueo. Despus vinieron los dems. Cada cual se interesaba slo en salvar el pellejo. Se abra el secreto mejor guardado por la dictadura: el cuartel de la Dina de donde ninguno de los prisioneros sali vivo. Un campo de exterminio total y absoluto.

Fue un verdadero cataclismo. El juez Montiglio encaus a sesenta personas, desde el general (r) Manuel Contreras hasta simples agentes de todas las ramas y grados de las fuerzas armadas y la polica, incluyendo a mujeres que ocasionalmente fueron torturadoras pero que, habitualmente, ayudaban, o suministraban drogas letales a los prisioneros. El juez Montiglio falleci de cncer en marzo de 2011. El proceso sigue abierto. Se espera pronto haya sentencia, aunque no faltan los que sostienen que todo quedar en nada.

EL MOCITO

El libro La danza de los cuervos (Ceibo ediciones, 275 pgs.) del periodista Javier Rebolledo, cuenta esta historia a travs de las palabras de Jorgelino Vergara, el mismo en que se centr el documental El Mocito de Marcela Said y Jean de Certeau. Como advierte el prologuista, Jorge Escalante, primer periodista que cubri notablemente la informacin sobre lo sucedido en el cuartel Simn Bolvar y el trabajo del juez Montiglio: Nunca antes un ex agente relat tan detalladamente la crueldad recogida en esta obra. El Mocito fue un testigo dorado. Segn l nunca mat ni tortur. Segn l. En este libro as lo sostiene.

Jorgelino Vergara, El Mocito, accedi a hablar con Rebolledo. No solo repiti lo que ya haba dicho, dijo cosas nuevas, como las alusiones al cuartel Loyola y a las relaciones entre Manuel Contreras y el empresario Ricardo Claro, segn l uno de los financistas de la Dina. Siempre cauteloso para no comprometerse, no dice nada de lo que hizo siendo mayor de edad, ya que sigui en la CNI hasta 1985. Y se mantiene en lo que afirma: nunca tortur ni asesin a nadie. Quiere salir limpio de un relato cuyo centro es la violencia exterminadora.

El Mocito no habl ni por remordimiento ni por sentido de justicia. Lo hizo por venganza, ya que sus ex compaeros queran cargarle el asesinato de Vctor Daz y habl porque saba que no sera imputado como menor de edad.

La danza de los cuervos se ha convertido en un libro de alta circulacin. Ocupa el primer lugar en ventas en libreras (y tambin en las ventas ilegales). Algo interesante ya que se sostiene que los temas de derechos humanos son cosa del pasado. El autor, Javier Rebolledo, es un profesional joven con experiencia en periodismo de investigacin formado con Jorge Escalante y Marcela Said. Su libro es, indudablemente, una obra destacable. Terrible y abrumadora, no solamente por lo que narra sino tambin por las reflexiones que provoca. Como por ejemplo la pasividad de los vecinos del cuartel Simn Bolvar, que vean a diario el trajn de los setenta funcionarios de la Brigada Lautaro y del Grupo Delfn. Perciban cmo agentes de seguridad circulaban con armas a la vista e incluso, a veces, escucharon los gritos desesperados de sus vctimas. Sin embargo, se demoraron ms de veinte aos en denunciarlo.

EXTERMINAR AL PC

Si el propsito de Pinochet era terminar con el Partido Comunista eliminando a su direccin, es claro que fracas. Poco despus de la detencin de Fernando Ortiz ya funcionaba una direccin de reemplazo, a cargo de Jorge Texier y se mantena la coordinacin de los regionales de Santiago. A mediados de 1977 entr en funciones una direccin definitiva con Nicasio Martnez a la cabeza, integrada por Crif Cid, Guillermo Teillier y Juvenal Ayala. El funcionamiento compartimentado, la revisin a fondo de las medidas de seguridad y la valenta de los dirigentes y militantes prisioneros, permiti encajonar el golpe represivo. Aunque todos fueron muriendo en plazos breves, en esa situacin infernal en que no haba esperanza alguna de sobrevivir, resistieron. Lo demuestra que no hubo allanamientos a casas que ellos conocan, ni cayeron otros dirigentes y militantes. A fines de 1976 fue asesinado Vctor Daz, asfixiado con una bolsa plstica. Su cuerpo, como el de todos los dems, fue envuelto en plstico y metido luego en un par de sacos paperos. Amarrado a un trozo de riel, para que no flotara, un helicptero llev su cadver hasta alta mar donde fue lanzado.

Los meses que vivi prisionero Vctor Daz hacen pensar que se convirti en un rehn que convena conservar. Se pens posiblemente en un canje o en que como rehn era una garanta ante posibles atentados contra Pinochet o los integrantes de la Junta. Pero al mismo tiempo era un testigo que no poda quedar vivo. Vctor Daz fue torturado en distintas oportunidades, lo que sugiere que las acusaciones de que colaboraba con sus captores fueron simplemente maniobras de desinformacin. El Mocito, y no slo l, cree que Daz no colabor. Es algo razonable: si lo hubiera hecho, la Junta podra haberlo mostrado a la prensa o lo habra exhibido por televisin.

Por lo dems, el seguimiento a los comunista vena desde el mismo golpe. O de antes. Guillermo Teillier, detenido en 1974, recordaba que le haba impresionado la abundante y precisa informacin sobre el Partido Comunista que tenan los organismos de inteligencia. Desde entonces a 1976 haba habido detenciones y casos claros de colaboracin, como el de Manuel Estay Reyno y Ren Basoa.

El Mocito no es un personaje confiable. Salvo cuando sus palabras son confirmadas por otras confesiones y antecedentes consignados en el proceso. Jorgelino Vergara sabe mucho y calla, para no ponerse en peligro y para desplegar su propio juego, un juego peligroso.

Sin embargo, quedan pendientes cuestiones importantes. Una de ellas es la dificultad para entender la coexistencia entre lo terrorfico, entre el mal desnudo, brutal, sin atenuantes ni justificaciones, con la vida corriente de los torturadores, de los criminales que fueron verdaderas bestias feroces, de los hombres y mujeres capaces de descuartizar vivo a un ser humano y que al mismo tiempo, son buenos padres, preocupados de sus vecinos, corteses, honrados, fieles devotos.

Como se vio muchas veces entre los criminales de guerra o incluso entre los peores asesinos, la banalidad del mal se convierte en una realidad que no debera entenderse, nunca, como una fatalidad. Siempre habr lugar y esperanza para los hroes y tambin para los santos, en un sentido amplio como hubo (y hay) no pocos, desconocidos o ignorados. Tambin para las personas comunes y corrientes comprometidas con la felicidad y la liberacin humana, con la libertad y la comprensin de las debilidades y renuncios, que no cierran el camino a la esperanza.

Otro elemento es el comportamiento institucional de las Fuerzas Armadas que callan, imperturbables, ante las atrocidades cometidas por integrantes de sus filas. Imaginan tal vez que su prestigio no se altera por seguir manteniendo el mito de los soldados respetuosos del adversario, valientes que nunca torturaran o asesinaran a mujeres embarazadas o mataran a palos a prisioneros indefensos.

Publicado en Punto Final, edicin N 764, 17 de agosto, 2012

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