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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2012

Derecho al hambre

Camilo de los Milagros
Rebelin

Detrs del derecho de los pobres al hambre, nico tcitamente respetado y generalizado en nuestro mundo, se oculta algo ms perverso: el deseo de los ricos de poseerlo, restringirlo y controlarlo todo, incluso, la dignidad de los hambrientos.


A finales de abril el periodista francs Romeo Langlois, que acompaaba al Ejrcito colombiano en un operativo antinarcticos qued encerrado en medio del fuego cruzado de un terrible combate. El periodista cay, como todo mundo sabe, en poder de la guerrilla que lo tuvo en el monte un mes largo. Luego fue liberado tras un acto pblico en un casero remoto del Caquet. Nada indign tanto a los comentaristas de la opinin pblica; ni la muerte de los uniformados que cayeron en la emboscada, ni la pantomima de los generales que no supieron explicar qu haca un periodista con casco de soldado, ni siquiera el discurso de Piedad Crdoba y del comandante guerrillero durante la liberacin del francs: lo imperdonable result ser que para el espectculo y show meditico montado por la insurgencia se mataron siete vacas [1] . Un banquete en el que se hartaron los subversivos y un millar de campesinos que asistieron desde las montaas, todos comiendo carne a la llanera con mamona. Es una infamia, una indecencia: en el Caquet hermosa tierra ganadera- la gente come carne. Los campesinos que viven sin acueductos ni luz elctrica, ni escuelas, ni carreteras, ni servicios de salud, comen carne. Que haya colombianos en condiciones dignas del feudalismo es normal o cuando mucho accidental. Que maten siete vacas y coman carne hasta reventar es inaceptable, escandaloso.

Si fuera un hecho circunstancial de manipulacin lo dejara desapercibido. Sin embargo, el cubrimiento de la Marcha Patritica en abril con su llegada a Bogot revel el mismo desprecio, el mismo odio hacia el derecho de los pobres a comer. Todos los cuestionamientos a la financiacin de la movilizacin se acompaaban con fotos de unos famosos tamales repartidos durante la protesta. El Espectador, un peridico que se ensucia la boca con supuesto progresismo ensartaba en un titular Hasta tamales repartieron en la Marcha Patritica [2] , para rematar con saa Antes de comenzar a caminar por las diferentes vas de Bogot, a quienes hicieron parte de la marcha se les reparti (sic) tamales, pollo, arroz, papa y hasta botones del presidente de Venezuela, Hugo Chvez. Tamales y Chvez. Banquete y caudillos. La gula y el demonio encarnado del Caribe.

Dentro del conjunto de represalias que los Ejrcitos toman contra la poblacin hostil se encuentra, invariablemente, la confiscacin de alimentos . De Vietnam al Putumayo, del bloqueo a Gaza al de Cuba, castigar al oprimido significa quitarle la comida [3] . Resulta apenas lgico que a esos comentaristas y periodistas que desayunan en McDonalds y almuerzan en el parque de la 93 en Bogot, les aterrorice el banquete rstico de los campesinos. Ellos que no han visto desollar una res en su vida. Ellos que no podran prescindir una hora del Twitter, no digamos ya de la luz elctrica.

Y es que dentro del imaginario de los poderosos, un pobre tiene que ser siempre un hambriento. Nunca poseer el derecho a aspirar a nada ms, no obtendr permiso para llenar la panza . En la cosmovisin acuada por siglos de feudalismo catlico podrido, la gula, la posibilidad de los pobres a hartarse y saciarse, de derrochar comida en excesos carnavalescos, se considera pecado capital, sinnimo de la condenacin.

Existe pues un derecho garantizado a los pobres: el derecho a pasar hambre, por voluntad o necesidad.

Detrs del derecho de los pobres al hambre, nico tcitamente respetado y generalizado en nuestro mundo, se oculta algo ms perverso: el deseo de los ricos de poseerlo, restringirlo y controlarlo todo, incluso, la dignidad de los hambrientos. Cuando el orden no encuentra o no posee los medios para castigar a un hambriento que se sacia ilcitamente, entonces nos encontramos ante el delito, el derrumbe del Estado de Derecho y el colapso de las leyes. El hambre es normal, cotidiana. Casi diramos imprescindible. Que los hambrientos se organicen para comer es peligroso, criminal, vandlico. Es una amenaza para la estabilidad, es el preludio del caos.

Sucedi apenas ahora [4] , cuando un grupo de jornaleros andaluces tomaron comida de dos supermercados sin pagar para drsela a familias de desempleados: una noticia que por escandalosa dio la vuelta al mundo. Aunque la intencin de Jos Manuel Snchez Gordillo y el Sindicato Andaluz de Trabajadores era abrir un debate precisamente sobre la causa de la fractura social que supone el hecho de que en Espaa haya ms de dos millones de personas que pasan hambre, as, tal como suena, el debate tom otro curso al amparo manipulado de los medios corporativos: no es lcito robar comida, no est permitido asaltar la inviolable propiedad privada. El hambre, que se impone de hecho bajo la actual situacin de crisis, deviene legal. Saciarla es un abuso.

Hait o Somalia, naciones parias entre las parias, constituyen de facto una demostracin de que las potencias se permiten todo, incluso el poder de decidir cundo y cmo a un pas le quemarn las tripas, cmo y cundo el imperio del capital se dar el lujo de administrar el hambre, por dosis y por encargo, con racionamiento o con caridades de la ONU, en el aislamiento o bajo cobertura de FOX News. Tahar Ben Jelloun [5] , escritor marroqu radicado en Francia, seala ingenuamente que llevar comida al mundo entero es apenas un problema de voluntad poltica: Ciertamente, hay eleccin: dejar generalizarse el desorden y la injusticia obteniendo consecuencias dramticas sobre todos, o bien decidirse por financiar el crecimiento de los pases pobres. As es. Justo por eso, por frrea e inquebrantable voluntad poltica hay ms de mil millones de personas que no tienen comida en la mesa, no al contrario. Ciertamente hay eleccin, tomada ya hace mucho.

Todo est permitido en el reino de la libertad putrefacta. Incluso el derecho al hambre de las nias anorxicas en el primer mundo. Lo que no se justifica, lo infranqueable, es saciar el apetito de los desposedos. Qu tiempos estos, en los que hasta comer ya no ser siquiera un asunto de simple supervivencia, sino incluso un acto de peligrosa insumisin!

NOTAS:

[1] En liberacin de Romeo Langlois hubo mamona, pancartas y tarima, Canal Caracol, 31 de mayo de 2012. La nota puede verse aqu: http://www.noticiascaracol.com/nacion/video-266488-liberacion-de-romeo-langlois-hubo-mamona-pancartas-y-tarima

[2] Hasta tamales repartieron en la Marcha Patritica, El Espectador, 23 de Abril de 2012, disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/bogota/articulo-340735-hasta-tamales-repartieron-marcha-patriotica

[3] Jos Antonio Gutirrez, El impacto del cerco militar a Alfonso Cano sobre las comunidades campesinas en el sur del Tolima, El Ciudadano, Santiago de Chile, 18 de noviembre de 2011: Gente que tena cafetales no podan recoger el caf porque si se encontraban con la tropa los interrogaban, les quitaban la comida, les destruan las herramientas disponible en: http://www.elciudadano.cl/2011/11/20/44274/el-impacto-del-cerco-militar-a-alfonso-cano-sobre-las-comunidades-campesinas-en-el-sur-del-tolima/

[4] El SAT asalta dos supermercados en cija y Arcos para llevar comida al pueblo, El Mundo, 8 de Agosto de 2012, disponible en: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/08/07/andalucia_sevilla/1344335915.html



[5] Tahar Ben Jelloun, El espectro del hambre: egosmo e hipocresa, 2008, disponible en: http://www.taharbenjelloun.org/index.php?id=32&tx_ttnews%5Btt_news%5D=98&cHash=aa17dad6d20479c8d71703e29ecbb44d


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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