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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-05-2005

frica, la tercera colonizacin

Umoya


Al continente africano lo estn agujereando, por tierra y por mar, de tal modo que parece un queso gruyere. Los pases occidentales buscan afanosamente petrleo, para no depender tanto del Golfo Prsico. China se ha sumado a esta desenfrenada carrera para conseguir ms oro negro. Hay un nuevo asalto a frica, que difiere muy poco de las conquistas del siglo XIX y del neocolonialismo a mediados del XX.

El misionero comboniano espaol P. Ismael Pin coment, al poco de llegar de Chad, que en este pas empieza a haber de todo: zapatos, camisas, medicamentos, cerveza europea, pantalones, agua mineral... Circulan coches que nunca se vieron en un pas que siempre haba figurado entre los ms pobres del mundo. Igual sucede en Guinea Ecuatorial. Chad y la antigua colonia espaola son dos de los nuevos pases africanos incorporados a la lista de pases productores de petrleo. Su PIB (Producto Interior Bruto) ha subido al msmo ritmo que se extraen barriles del preciado oro negro. Poco antes que ellos lleg Sudn. Detrs vendrn otros muchos: desde el Sahara Occidental y Mauritania, hasta Sao Tom y Prncipe, Repblica Democrtica de Congo, Costa de Marfil...

Esta fiebre del petrleo sobreviene al mismo tiempo que el inters de Estados Unidos por frica. No hay que ser muy perspicaz para atisbar una pugna soterrada entre Francia y Estados Unidos por controlar el mercado de las materias primas africanas. La explosin de conflictos en los Grandes Lagos y la crisis de Costa de Marfil -la nia bonita de Pars- son buena prueba de ello. Tampoco hay que echarle mucha imaginacin para prever que, dentro de poco, en esta pugna titnica aparecer un tercero en discordia: China. Y esto no por razones ideolgicas, como en la poca de la guerra fra, sino pura y simplemente por motivos econmicos. El gigante asitico, con 1.300 millones de habitantes y una economa que crece al ritmo del 8 por ciento al ao, necesita un inmenso consumo de energa para sostener su crecimiento. Actualmente, el mayor importador de petrleo del mundo es Estados Unidos, seguido de Japn y de China. Pronto China ocupar el segundo lugar.

frica es la madre nutricia de la mayora de las materias primas que hay en el mundo y vuelve a interesar por lo que siempre atrajo a Occidente: por sus recursos naturales. Sobreviene este asalto a frica en un momento de gran fragilidad interna en la mayora de los Estados, muchos de ellos cuarteados por el hambre, el sida y el mal gobierno. Nunca los Estados africanos fueron tan dbiles, ni tan pobres. Ni nunca tampoco aparecieron tantos jefes de Estado tan ricos. Cada vez frica se asemeja ms a la Amrica Latina de los Somoza y los Trujillo, es decir, a un continente en el que proliferan inmensas fortunas en pocas manos -guardadas con sigilo en los parasos fiscales- y se incrementa la masa de desheredados.
De colonizacin a injerencia

Antao se llam colonizacin. Hoy se denomina injerencia, con marchamo de globalizacin, asentada sobre el todopoderoso andamiaje de instituciones como. el FMI (Fondo Monetario Internacional), el Banco Mundial, el AMI (Acuerdo Multilateral de Inversiones) y la OMC (Organizacin Mundial del Comercio). Estos cuatro jinetes sobrealimentan el neocolonialismo de nuevo cuo, para mantener el statu quo de un mundo bipolarizado: el Norte y el Sur, en el que el Norte es sinnimo de bienestar y consumo desaforado y el Sur de hambruna y pobreza.

Se empez a hablar por primera de vez de injerencia, calificada de humanitaria, cuando estall en 1967 el conflicto de Biafra. Esta guerra ola a petrleo, por ms que se tratara de envolverla en el celofn de una pugna tnica entre los ibos del sur y los hausas del norte de Nigeria. Es curioso observar que, cada vez que surge un problema blico en frica, se intenta presentar como una querella tribal. Esta simplificacin impide comprender el alcance del problema de fondo. Pues bien, el desastre biafreo cost un milln de vidas humanas. Ante esta catstrofe, un grupo de mdicos franceses fund en 1971 la ONG Medecins sans Frontiers (Mdicos sin Fronteras), una plataforma que dio pie a la creacin de numerosas ONGs que llevan el apelativo de "sin fronteras" (veterinarios, arquitectos, bomberos, ingenieros, etc.).

Entre los mdicos fundadores de Medecins sans Frontiers se encontraba el Dr. Bernard Kouchner, que despus detentara diversas carteras -entre ellas la de Sanidad- en varios gobiernos franceses. Kouchner ha sido tambin representante especial del Secretario General de la ONU para Kosovo. Impresionado por la barbarie en Biafra, lanz la idea de la necesidad de una injerencia en los asuntos internos de los pases por razones humanitarias. De ah que se acuara el trmino "injerencia humanitaria".

En principio, la intencin era buena, porque se basaba en el criterio de que la neutralidad es complicidad, como de alguna manera haban demostrado los pases no alineados. El problema era que la injerencia arrebataba a los Estados parte de su soberana, hasta entonces incuestionable. Pero a nadie se le poda ocultar que esta injerencia era un arma de doble filo y que, a la postre, iba a suponer la fragilidad de muchos Estados. Aparte de que la injerencia no se iba a usar con la misma vara de medir en todos los pases. De hecho, as sucedi. La injerencia se convirti en una nueva forma de dominio.

Bien mirado, en frica no haca falta apelar a la injerencia como nuevo concepto de relaciones internacionales, porque se practic siempre una intervencin sin remilgos despus de las independencias, entre 1957 y 1975. Es decir, desde la independencia de Ghana hasta la cada definitiva del imperio colonial portugus en frica. En este corto perodo de tiempo -18 aos- se configur casi totalmente el mapa de los Estados negroafricanos soberanos, que se complet con Zimbabue en 1980 y Namibia en 1990. La cada del rgimen del apartheid en Surfrica, en 1994 -que era independiente desde 1910-, dio paso al control poltico por la mayoria negra. La enorme cascada de golpes de Estado que ha padecido frica ha estado alimentada, en la mayora de los casos, por las antiguas metrpolis.

No menos visible ha sido la injerencia econmica. Ni a Gran Bretaa, ni mucho menos a Francia -que eran las dos grandes potencias colonizadoras en frica- se les pas por la imaginacin conceder la soberana poltica


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