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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-08-2012

La pax santista, sin reformas y sin pueblo

Horacio Duque Giraldo
Rebelin


La maquina meditica se mueve y fabrica opinin, fortalece la tendencia favorable entre empresarios, acadmicos y editorialistas para que den su visto bueno a un eventual proceso de negociacin con las guerrillas revolucionarias de los campesinos pobres. Es la narrativa predominante en los grandes medios de comunicacin institucionales colombianos.

Todo indica que el seor Santos, en compaa de su hermano Enrique, se propone dar un paso en la direccin del dilogo y la negociacin poltica con el objetivo de resolver la cruenta guerra civil nacional. Vamos hacia la pax santista que ya ofrece sus primeros trazos de ambigedad. No parece ser la pax uribista que junt la mal llamada Seguridad Democrtica con el ejercicio masivo de la parapoltica.

La hiptesis santista no se saldr de la norma constitucional que ordena al Presidente de la Nacin dirigir cualquier negociacin de paz con quienes estn en rebelda contra el establecimiento dominante, por ser el principal responsable del orden pblico interno y la seguridad nacional. Un eventual proceso de negociacin solo tendr 24 meses, se ver influido por el proceso electoral que ya despeg y por los psimos indicadores de las encuestas que colocan en mal sitio al actual jefe de la Casa de Nario debido al fracaso de todas sus polticas sociales. An as, su intento no puede obviar la presin de los gringos, las alianzas poltico/electorales coyunturales o los estados de nimo de la opinin pblica sobre la que recaen las ms contradictorias influencias.

En la estrategia gubernamental hay una premisa incierta. Es la segura reeleccin de Santos, asunto que cada da se complica ms dada la inflacin de la oposicin uribista, enemiga cerrada de cualquier aproximacin a las guerrillas por considerarla una traicin al legado del uribato.

Es cierto que la paz tiene un clima favorable. La sociedad entera la quiere y los grupos insurgentes han mostrado disposicin para el dilogo y el acuerdo. Sin embargo, Santos mantiene la indefinicin y la debilidad deriva de su esencia poltica retrograda por la responsabilidad directa en los falsos positivos, su complicidad con el alto mando militar uribista, su participacin en el bombardeo a Ecuador para acribillar a Ral Reyes, la promocin de Santoyo, el respaldo a ms generales inmersos en las redes del narcotrfico, la aprobacin de la reforma a la justicia favorable a la parapoltica, la entrega del pas a las multinacionales mineras y la mascarada de la reforma agraria disfrazada de falsa restitucin de tierras y reparacin de las victimas de la violencia.

Santos no tiene legitimidad poltica. Se agot en su liderazgo de la Tercer Va.

Por eso quiere una paz express, sumaria, mecnica. La quiere clandestina, sin la presencia de la multitud, sin sociedad civil, sin organizaciones populares. La quiere sin reformas, sin cambios de ninguna ndole en la sociedad nacional. Para l es suficiente con el marco legal que se aprob recientemente y tal vez las reglamentaciones que con dificultad podr tramitar en un Senado hostil que se le sustrae aceleradamente ante el inminente proceso electoral.

Si algo ensean los procesos de negociacin adelantados en las tres ltimas dcadas (Betancur, Barco, Gaviria, Samper, Pastrana), todos fracasados por la intransigencia de las clases dominantes, es que sin la participacin de la nacin y sin reformas sustanciales no es posible aproximarse a la solucin de la guerra civil.

Una paz genuina requiere la intervencin del pueblo con todas las organizaciones que lo representan y en el marco de plenas garantas y vigencia de los derechos polticos fundamentales. No ha de ser que los nicos que dispongan de privilegios (burocrticos, presupuestales, electorales y mediticos) sean las podridas maquinarias de la politiquera tradicional mientras las expresiones progresistas de la sociedad y sus lderes sean sometidos a la persecucin, el atropello, la crcel y el exterminio fsico. Esa no es una paz autntica.

Pero adems, la paz tiene que estar acompaada de reformas a fondo del Estado y la sociedad. Hacer la paz sin reformas polticas democrticas, sin atender las necesidades bsicas del pueblo, sin la democratizacin de los medios masivos de comunicacin, sin reforma agraria, sin reforma electoral, sin reforma a la justicia, sin resolver la crisis carcelaria, con la locomota minera destruyendo la naturaleza, con los militares uribistas torpedeando la democracia y sin el reconocimiento de los derechos indgenas, es una mentira, es una farsa descomunal, que anuncia el seguro fracaso de esta ilusin santista de pasar a la historia como un hroe nacional.



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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