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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2012

La transicin socialista desde la perspectiva del Che

ngeles Dez
Revista Temas

Comentario de Fernando Martnez Heredia, Las ideas y la batalla del Che, Editorial de Ciencias Sociales-Ruth Casa Editorial, La Habana, 2010.


El rescate de Ernesto Che Guevara es una necesidad imperiosa no solo para Cuba que se encuentra de nuevo en una encrucijada al tratar de aclarar la relacin entre la poltica y la economa. Tambin se presenta como una urgencia para los pases perifricos, desde Amrica Latina hasta Oriente prximo, pasando por Espaa, en los que el capitalismo est encontrando importantes resistencias en la movilizacin social y en donde cada vez resulta ms palmaria la imposibilidad del capitalismo si es que se pretende resolver las necesidades sociales y garantizar una vida digna para la humanidad.

Aos de dominacin asentada en la naturalizacin de la economa y la cancelacin de lo poltico parecen estar resquebrajndose en los pases capitalistas. El modelo no funciona para los pobres ni para la naturaleza, de modo que Cuba, al debatir sobre la actualizacin de su economa, tiene un doble reto hacia el interior pero tambin hacia el exterior. La recuperacin del pensamiento y la prctica poltica del Che es una de las batallas ms importantes y seguramente ms fructferas en el momento actual.

Toda la obra de Fernando Martnez Heredia se inspira, de una u otra forma, en el pensamiento y en la prctica poltica del Che, y en la situacin actual que atraviesa la Isla no existe creo ningn autor cuya obra intelectual y compromiso sea ms til para pensar el futuro de la Revolucin cubana. En la introduccin a la edicin de 2010 de Las ideas y la batalla del Che,* el autor dice: Mi propsito es llamar la atencin sobre el provecho que puede sacarse al pensamiento del Che para encarar la situacin, los caminos y el futuro de Cuba. Tambin Nstor Kohan, en un reciente artculo, actualiza la propuesta econmica del Che para abordar el anlisis de la situacin actual de Cuba, y afirma que es necesario rescatar en el pas el debate olvidado que enfrent al Che con posiciones que defendan un socialismo mercantil y apelaban al uso inteligente de la ley del valor.1

Cuando, histricamente, el capitalismo ha entrado en crisis, ha necesitado aumentar las tasas de explotacin y expolio en las metrpolis, desposeyendo a la clase trabajadora; y en las colonias, actualizando las formas de colonizacin, y, en paralelo, ha aumentado la guerra cultural. Desde la cada del socialismo en los pases del Este, las arremetidas contra el socialismo, lejos de disminuir, se han acrecentado en la literatura, los filmes, las noticias tendenciosas, todo lo que pudiera contribuir a desprestigiar y eliminar cualquiera de sus logros. La historia es una de las armas ms potentes contra el capitalismo, por eso, ante la imposibilidad de arrancarla de cuajo ha sido habitual el vaciamiento de las experiencias revolucionarias, su conversin en fetiches huecos, sin sustancia. La reproduccin del capitalismo necesita de la dominacin ideolgica; solo puede sobrevivir si, adems de los cuerpos, controla las conciencias, es decir, si tiene la hegemona forma de dominacin conceptualizada por Antonio Gramsci, necesita de la desconexin y la disolucin de las experiencias que permitiran salir de la colonizacin y el subdesarrollo. Por eso, ningn revolucionario puede desprenderse de los recursos tericos y prcticos que hicieron posible las victorias. Entre ellos, ocupa un lugar fundamental el pensamiento del Che, porque la guerra que libra Cuba sigue siendo la misma que gan en el ao 59 solo que en distintas condiciones.

Este libro de Martnez Heredia es una actualizacin de materiales que aparecieron en 1989 con el ttulo La concepcin del Che que ya entonces recogan el trabajo del autor por ms de veinte aos y que ahora se ven ordenados y enriquecidos. Hablar de la actualidad del Che treinta o cuarenta y cinco aos despus no es decir gran cosa si no se fija el eje articulador que coloca su pensamiento en contexto haciendo que ideas y prctica se potencien mutuamente. De ah que Martnez Heredia emprenda una interpretacin que resulta plenamente actual. Un rescate que no pretende ser una gua abstracta, ni colocar a Guevara en el cmodo papel de referente tico ya casi beatificado; se trata ms bien de volver a colocarlo en el espacio impertinente en el que el propio Che se situ siempre. Pensamiento y obra que constituyeron un revulsivo para la sociedad cubana en el momento en que se iniciaba la construccin del socialismo, y que ahora actualiza Fernando para plantearse cmo hacer para seguir construyendo una sociedad justa, solidaria y revolucionaria.

En este libro, las ideas del Che aparecen como gua de la accin organizada que trata de movilizar todos los medios disponibles para combatir: las relaciones mercantiles, el subdesarrollo y el capitalismo mundial. Los mismos monstruos de entonces acosan nuevamente a Cuba, abocada a revisar su modelo y a plantearse otra vez la gran pregunta: cmo se transita hacia el socialismo? En la delgada lnea que separa la supervivencia y la construccin del socialismo est la clave que, desde mi punto de vista, nos propone Fernando. Los tres parmetros anteriores constituyen el ncleo alrededor del cual se construye esta obra.

Martnez Heredia habla poco de la vida del Che, de su prctica guerrillera, de sus hazaas; habla poco, en definitiva, del mito. Pero tampoco se afana en reconstruir solo un hombre de pensamiento. Las ideas y la batalla del Che subsana la constante fragmentacin desarticulada: por un lado, el hombre de accin; por otro, el de pensamiento. El Che de Fernando es una unidad. Sus conceptos, sus reflexiones, sus propuestas tericas fueron elaboradas a modo de instrumentos para analizar y proyectar la sociedad futura; y son desarrollados y sometidos a constantes revisiones y desarrollos segn evoluciona el proyecto revolucionario. Tambin en el mbito del pensamiento ha sido habitual esta compartimentacin. De una parte, sus aportaciones sobre el papel de la educacin, el deber social, la conciencia, la emulacin, el trabajo voluntario, el hombre nuevo; de otra, la planificacin, el trabajo, la ley del valor, los precios, la economa. Este descuartizamiento no ha sido sino una de las mltiples formas en las que se ha neutralizado la potencia revolucionaria del Che.

Deca Bertrand Russell que el conocimiento es una parte infinitesimal del universo, un elemento sin importancia; sin embargo, seala el epistemlogo Rolando Garca, para nosotros es la ms importante porque

el conocimiento se ha convertido (ms de lo que histricamente ha sido) en la base del poder [] Conocer es organizar los datos de la realidad, darles un sentido, lo cual significa construir una lgica, no la lgica de los textos, sino una lgica de la accin, porque organizar es estructurar, es decir, hacer inferencias, establecer relaciones.2

No debera haber otra posibilidad que aproximarse al Che desde esta visin completa y compleja, sin distinguir entre su produccin intelectual y su prctica. En la concepcin filosfica del Che, Fernando expone lo que considera sus conceptos fundamentales. En ellos, la poltica tiene un sentido ms prximo al pensamiento clsico, se trata de una filosofa prctica; y la economa no se explica por s misma pues es sobre todo economa poltica. Hablar de un Che que gua la transicin al socialismo es hablar de economa poltica; de la batalla que dio en ese campo, resistiendo parcialmente los envites del economicismo de la poca. Casi parece una premonicin del momento actual. El economicismo permea el presente de Cuba con una dramtica diferencia, hoy apenas tiene oposicin; no hay quien gue una batalla contra el economicismo que trata de imponerse como un dogma renovado.

El Che se enfrent al determinismo economicista desde su amplio conocimiento del marxismo y desde un posicionamiento tico profundamente revolucionario: puso al hombre en el centro (p. 71). Esto le permiti ser consecuente y contribuir a armar la revolucin cubana blindando en cierto modo sus fisuras economicistas y preparndola, sin saberlo, para sortear la debacle de la cada del bloque sovitico. Pero, como seala Fernando, rescatando una intervencin del Che en una asamblea de obreros ejemplares: El socialismo no es una sociedad de beneficencia, no es un rgimen utpico, basado en la bondad del hombre como hombre. El socialismo es un rgimen al que se llega histricamente (p. 74). No hay pues que confundir la primaca de la conciencia y la subjetividad tan presentes en las ideas del Che con un humanismo rampln. Siguiendo al Che afirma el autor:

La conciencia no es no queda otro remedio que insistir la anttesis de la economa, ni de la materia. Para el Che la conciencia es la palanca fundamental, el arma para lograr que las fuerzas productivas y las relaciones de produccin sociales dejen de ser medios para perpetuar las dominaciones. (p. 79)

La economa, la gestin y la administracin han de estar al servicio de la poltica y no al contrario.

La categora econmica separada de la poltica est en la gnesis de la dominacin racional del sistema capitalista. Tal separacin es la que permitir, a partir del siglo XVII, la objetivacin de las relaciones sociales y con la naturaleza a travs del contrato, haciendo posible, a su vez, anteponer las relaciones de los hombres con las cosas a las de los hombres entre s. La ideologa liberal es la ideologa de la neutralidad de la economa; su objetivizacin, la del equilibrio entre la oferta y la demanda; una ideologa que, aparentemente, se desprende de consideraciones morales, se rige por la mano invisible; una nueva religin basada en principios teolgicos.3 Tras la Segunda guerra mundial, la socialdemocracia pretendi dirigir-gestionar esa mano invisible del mercado para evitar la revolucin proletaria; pero la lgica de la acumulacin capitalista no tiene lmites, es parte de su naturaleza.4 Las crisis de los gobiernos socialdemcratas europeos muestran claramente que es la lgica de la acumulacin de capital quien establece las reglas del juego poltico. La objetivacin de la economa, su desgajamiento de los principios ticos, son el inicio del fin de todo proyecto emancipador.

Como alternativa al capitalismo, en el socialismo la economa es, sobre todo, metas y objetivos, o sea, economa poltica. Lo dems, lo que se nos presenta como economa, no es sino tcnicas concretas sacralizadas para, en el mejor de los casos, obviar el debate poltico; en el peor, garantizar la acumulacin. Bajo la piel de la eficacia, la productividad y el crecimiento, se oculta la reproduccin del capital cabalgando a lomos de explotacin. Fernando referencia dos veces una cita del Che que me parece fundamental: Impedir que se repita una y otra vez, que se arraigue en nosotros, el error de pretender construir el socialismo tomando prestadas las armas del capitalismo. Dice Fernando:

La economa de la transicin socialista tiene un lugar cardinal en la concepcin del Che del socialismo y del comunismo, pero no posee un lugar independiente [] Yerran los que piensan que sustituy el realismo de la economa por el idealismo de la conciencia: Che comprendi la mxima importancia de los hechos econmicos en las sociedades y la urgencia ineludible de lograr un desarrollo econmico de tipo radicalmente nuevo, socialista. Lo comprendi tanto, y vio tan bien lo que el socialismo se juega en ello, que pens, argument defendi y practic la tesis de que, para avanzar al socialismo y al comunismo, la economa debe ser gobernada conscientemente. (p. 191)

Ms all de las apariencias y de los relatos casi msticos, tambin la economa en un sistema capitalista es gobernada conscientemente. El nerviosismo, el pnico, la desconfianza, los ataques de los mercados son en realidad objetivaciones que emplean los grupos de poder, corporaciones y Estados que realizan distintas operaciones financieras. Esta terminologa se utiliza para ocultar la toma de decisiones consciente y programada de los agentes econmicos y polticos. La famosa mano invisible del liberalismo se inscribe en la construccin del dogma econmico de modo que, como dijera Pierre Bourdieu, mientras la ley es ignorada, el resultado del laissez faire, cmplice de lo probable, aparece como un destino; cuando ella es conocida, este aparece como una violencia.5 Con sus responsables y ejecutores, aadimos.

La poltica moderna, en el capitalismo, pivota sobre el eje del orden, la racionalidad, el cumplimiento de las mximas econmicas: crecimiento, reduccin del dficit, equilibrio. El mundo, fuera de ese orden, se nos muestra como un escenario de luchas e irracionalidad; es el campo de lo tico en el que no se puede fundamentar un orden duradero. En el capitalismo, el poder oculto bajo la economa dirige la poltica. La economa y sus leyes inexorables son la mxima representacin de ese orden moderno, ordenado, aparentemente ajeno a cualquier principio moral; es la nica representacin que se nos devela como incuestionable y aceptable. En estos momentos, el orden poltico aparece como reflejo de la economa, a su servicio. Es esta entendida casi como destino la que define y establece los objetivos de la poltica en el capitalismo.

Cualquier orden poltico basado en principios se presenta como catico, irracional y autoritario. De ah que se acuse al gobierno de Venezuela o al de Bolivia de autoritarios y que esta haya sido una de las acusaciones ms repetidas para el caso de Cuba, mientras que en otros pases con economas abiertamente liberales y con sistemas polticos claramente autoritarios no se utilicen estos trminos. La reflexin de Fernando Martnez Heredia, al hilo con las ideas econmicas del Che, coloca en primer plano el necesario debate sobre economa y poltica en la Isla.6

Fue Carlos Marx quien dinamit el constructo ideolgico del liberalismo que pretende la neutralidad del intercambio capital-trabajo. Devel el carcter poltico del hecho econmico. Sin duda el Che, vido lector de Marx, reconoci sin dificultad la potencia revolucionaria de este develamiento. El sueo de la razn de un mundo sin poltica, regido por la racionalidad econmica, no es sino el sueo del fin de la historia, el Matrix que nos hace desaparecer como humanos, mientras la mquina extrae de nosotros la energa necesaria para seguir funcionando eternamente. Guevara supo ver que la economa no puede ser una ciencia que se impone ni mucho menos una tcnica en manos de profesionales.

El socialismo se construye como alternativa solo en la medida en que recompone esta relacin rota; se restaura la unidad poltica-economa y se antepone al hombre por encima de las cosas. En esta reconstruccin resulta imprescindible la construccin de un hombre nuevo, el hombre poltico que har desaparecer al hombre econmico. La discusin y el debate incorporan a todo el pueblo cubano, lo que genera el consenso necesario o la legitimidad, para emprender el angosto camino lleno de dificultades, pero en el que el pueblo est implicado tanto en el tipo de medidas adoptadas como en el debate sobre sus posibles consecuencias.

En la transicin socialista, individuo y sociedad tampoco son entes autnomos ni antagnicos. As, democracia y economa, legitimidad y gestin, dibujan el eje de coordenadas de la construccin econmica socialista. Deca el Che: Con las armas melladas del capitalismo no se puede realizar el socialismo. En su ltima contribucin al debate econmico, La planificacin socialista, Fernando reconoce el cmulo de conocimientos en que el Che basa su oposicin al tipo de socialismo que fortalece el mercado, el inters material y el auge de la ley del valor (p. 221).

El Che entr en el debate sobre la economa poltica del socialismo porque, en cierto sentido, la Revolucin cubana supuso un cuestionamiento a la direccin de los proyectos socialistas una hereja, dice Fernando, porque desde el punto de vista poltico (los sujetos revolucionarios) y socioeconmico (una isla subdesarrollada), ese debate era crucial para la propia viabilidad de la Revolucin cubana y para la viabilidad del socialismo. Tambin el pensamiento del Che, fuertemente armado por la prctica, supona una hereja hasta el punto de que sus mtodos fueron acusados de voluntaristas y administrativos al mismo tiempo.

En los apartados Conciencia y plan en la transicin socialista y La economa socialista debe ser dirigida conscientemente, Fernando deja claro que en el pensamiento econmico del Che est la clave de la transicin socialista y en la cita que reproduce de una entrevista para LExpress est toda la fuerza con la que luchaba por esta concepcin:

El socialismo econmico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienacin [] Si el comunismo descuida los hechos de conciencia puede ser un mtodo de reparticin, pero deja de ser una moral revolucionaria. (p. 83)

Para el Che, el Plan dice Martnez Heredia es muy diferente a lo que se entenda en ese momento por Direccin centralizada y planificada de la economa (quiz tambin es diferente a lo que se entiende ahora por economa planificada);

es el producto de la conciencia organizada, que tiene el poder y conoce los lmites de la voluntad, los datos de la realidad y las fuerzas que tiene a favor y en contra. Conciencia es tambin, por consiguiente, la comprensin que los individuos van alcanzando de los hechos econmicos y el grado en que los dominan mediante el plan. (p. 82)

Los debates que surgieron en Cuba, en los aos 60, sobre la asignacin de precios, el trabajo voluntario, los estmulos morales y los econmicos, han de ser reformulados ya que, aunque las propuestas del Che fueran en parte derrotadas, en estos momentos existe ya una trayectoria en relacin con todos estos temas que permite una evaluacin enriquecedora en la nueva coyuntura. No para hacer borrn y cuenta nueva, actitud muy propia del subdesarrollo y a la que tambin los espaoles somos muy dados, sino para que la evaluacin de lo que fue nutra el futuro.

En este sentido, la crisis que vivi Cuba en los 90, a pesar de su significado en trminos de sacrificios, tambin puede ser leda en cuanto a qu es lo que permiti la supervivencia de una sociedad sometida a un derrumbe econmico de tal magnitud. Es probable que en ese anlisis aparezca la potencialidad de las propuestas del Che. Fernando lo cita en lo que mejor resume su concepcin sobre la relacin dialctica entre el plan y la ley del valor. Por un lado, la accin consciente en la que todo el pueblo est implicado; por otro, la direccin poltica de la economa:

El plan es al socialismo como la anarqua de la produccin es al capitalismo [] La direccin centralizada del plan es importante, aunque es el trabajo de todos [] El plan tiene vigor y tiene vida en el momento en que llega a las masas [] Es decir, el plan tambin, como una caracterstica de la poca socialista, junta a las personas [] Esa es la diferencia entre el clculo econmico que puede hacerse de lo que va pasar en un pas, conociendo la cifra, y lo que tiene que pasar en un pas cuando se est en revolucin [] obra creadora del pueblo [] accin de la voluntad del hombre, sobre las posibilidades o sobre la economa, para transformarla y cambiarle su ritmo. (p. 94)

Fernando afirma categricamente que la posicin del Che es inequvoca: la ley del valor en el socialismo no opera a travs del plan. Acabar con la ley del valor, que convierte toda produccin en mercanca, incluida la fuerza de trabajo, es requisito fundamental del camino hacia el socialismo. La complejidad de su pensamiento permite a Fernando proponer la necesidad de una reactualizacin de sus propuestas acompaada de una valoracin del sistema que acab por implementarse en Cuba porque, a su juicio, basndose en informaciones de compaeros del Ministerio de Industrias, el sistema implantado por el Che era mucho ms eficaz para la produccin, el control, la agilidad en la gestin, la adecuada descentralizacin de responsabilidades y otros aspectos que el sistema que rigi despus (p. 119). As, segn este autor, el Sistema presupuestario de financiamiento es una herramienta valiosa que ha de ser recuperada en toda su extensin y seala que la mayor fuerza de la revolucin socialista cubana reside en la participacin popular en la direccin y el control de todo el proceso:

La direccin ser centralizada, pero el plan tiene que ser obra de todos, o no ser [] El plan no es un simple diagnstico de la economa y una previsin del comportamiento econmico en los aos venideros. Para eso no es necesario el pueblo. (p. 130).

Si algo ha caracterizado a la Revolucin cubana hasta el momento ha sido el consenso sobre los principios de igualdad y justicia social. Estos son la frula imprescindible para guiar el Plan.

Es en otra obra de Martnez Heredia, El ejercicio de pensar, donde encontramos la mejor definicin del pensamiento del Che, cuando dice que el pensamiento para ser crtico ha de estar en la frontera, en el borde, entre lo constituido y lo constituyente, incapaz de acomodarse. Un pensamiento en el margen (no marginal), en los bordes. Pero, nos dice, ha de tener un horizonte, un proyecto, una brjula que seale siempre el norte. En este caso, el norte trazado por el Che abarc todos los planos necesarios, en las condiciones de la Cuba de los aos 60 y su insercin internacional para construir el socialismo. Por eso, no descuid la relacin entre la transicin socialista cubana y las luchas del mundo; tambin entre el modelo cubano si es que existe, y sus condicionantes externos. Ningn pas es una isla. De la insercin de Cuba en el mundo, de su comprensin de la evolucin y las lgicas del capitalismo, de su propia historia como pas subdesarrollado es de donde se puede extraer las mejores enseanzas en el diseo del futuro socialista. Toms Gutirrez Alea, en Memorias del subdesarrollo, diagnostic con precisin el significado del subdesarrollo en Cuba: desarticulacin, desconexin, desmemoria, incapacidad para acumular conocimientos.

La Revolucin cubana deshizo las relaciones mercantiles al priorizar las necesidades sociales sobre los intereses econmicos, al tiempo que rompa la ideologa liberal que identifica mundo no mercantilizado con miseria, y crecimiento econmico con bienestar. Los datos objetivos sobre mortalidad infantil, educacin, niveles de salud, biodiversidad, calidad de vida, etc. durante estos aos han sido el mal ejemplo cubano hacia los pases pobres y la constatacin de que es posible el desarrollo social y el tico proporcional. Estos son aspectos urgentes que incorporar en la reflexin sobre la transicin socialista y la actualizacin del modelo econmico cubano.

La Revolucin cubana fue, segn Fernando, la base de la concepcin del Che, pero tambin este cambi la Revolucin cubana que sin l no hubiera sido como la conocemos hoy. El Che la marc desde su florecimiento en 1959 y, sin duda, marcar el futuro inmediato. Todava no sabemos de qu manera. Se me ocurre una: en forma de resistencia a las fuerzas que dentro y fuera de la Isla se han ido alejando del proyecto de justicia social que signific la Revolucin cubana. El poder revolucionario es popular y estatal y en esas dos dimensiones es en las que el Che pens y analiz los problemas del socialismo en Cuba, nos dice Fernando.

Las potencialidades del presente se encuentran en el pasado, en el rescate de lo que no fue y pudo llegar a ser. El futuro se construye sobre el pasado. Frente a la probabilidad de un futuro determinado por la necesidad del presente Walter Benjamin propondra uno posible aunque todava no probable; es decir, la construccin de la posibilidad de un futuro socialista para Cuba solo puede estar en la recuperacin de las potencialidades de la historia. Luchar por el pensamiento del Che es luchar por la historia de Cuba, encontrar en ella la redencin del presente. La revolucin de 1959 recuper las luchas anteriores de las que extrajo el humus que aliment las nuevas semillas. En la nueva coyuntura, la transicin socialista no puede sino partir de su historia, de las luchas dentro de la Revolucin, para construir un futuro cierto. Este ha de reconocerse en el pasado; si no lo hace, corre el riesgo de perderse definitivamente al arriesgar una de las claves de su xito: la independencia.

El socialismo cubano fue bloqueado desde que dej claro que el proyecto pasaba por construir una alternativa al capitalismo asegurando la soberana (independencia nacional) y un sistema basado en la solidaridad. Lo alternativo no es como pudiera pensarse y como insista el Che al despreciar las herramientas del capitalismo una opcin ms; por el contrario, es lo radicalmente opuesto. La alternativa al capitalismo segn Martnez Heredia solo es el socialismo. Dentro del capitalismo no puede haber alternativas porque su naturaleza es tan destructiva que los daos que produce son irreversibles. Si estalla una plataforma petrolfera y se derrama petrleo al mar, solo se pueden cuantificar los daos y hacer que alguien pague la factura, pero los peces y el ecosistema que rodea al desastre habrn muerto. Una de las caractersticas esenciales de dicho sistema y que lo distingue de su alternativa socialista es la irreversibilidad de los daos que produce, la explotacin hasta el exterminio del hombre convertido en mercanca fuerza de trabajo, y la destruccin de la naturaleza convertida en recurso econmico. El investigador de la CEPAL Roberto Guimaraes defini de manera contundente el capitalismo como socialmente injusto, ecolgicamente depredador y polticamente perverso.7

Si para el Che fue un reto pensar un tiempo de revolucin en un momento en el que esta tena lugar, tambin supuso la fragua de su pensamiento sobre la transicin socialista; las fuerzas estaban desatadas, sin duda era un momento complejo y vital. En la actualidad, Cuba no est en tiempo de revolucin, pero puede que el testigo est en otros pases. La experiencia y la trayectoria de la Isla ser uno de los activos fundamentales para las revoluciones presentes y futuras. Entre ellos, el modo de ser marxista del Che que apunta Fernando Martnez Heredia: anticapitalista, antiimperialista y con vocacin de entrega. Entonces en Cuba, las fuerzas productivas fundamentales, las estructuras organizativas, las relaciones sociales decisivas, el Estado, el poder, el consenso y la iniciativa quedaron del lado de la Revolucin (pp. 45-6). En el momento en que el Che escriba, el mundo poltico y espiritual de la nacin cubana estaban de parte de la Revolucin. Pero, y ahora? Siguen existiendo esas fuerzas revolucionarias incontenibles, esos humildes para los que se hizo y que hicieron la Revolucin? De qu lado estn las fuerzas polticas y espirituales?

Quiero finalizar con las palabras de Fernando en otro de sus textos: El socialismo va a emerger otra vez como propuesta para este mundo, y eso lo har avanzar como promesa y volver a presentarse como poltica y como profeca. Para ello, deber ganarse la conduccin de la esperanza, o lo que es lo mismo deber volver a discutir su teora y radicalizar y transformar sus proyectos desde la realidad de los datos favorables y desfavorables del presente. Es perfectamente coherente afirmar que Cuba siempre ha estado en transicin y en ese camino hacia el socialismo ha sido capaz de subordinar el poder al proyecto poltico. Esta subordinacin forma parte de la batalla que emprendi el Che y sigue siendo la que hoy se abre, aunque, por desgracia, no existe una figura de la categora de aquel capaz de poner en la agenda la hoja de ruta cubana. Tendr que ser la tarea, como dice Martnez Heredia, de una nueva revolucin de los humildes, que reactive la voluntad y la fuerza que haga retroceder de nuevo los lmites de lo posible. Cuba tiene que seguir mostrando que puede producir los bienes necesarios para satisfacer las necesidades bsicas de su poblacin, que puede, a su vez, definir correctamente cules son esos bienes, y que no lo har a costa de la naturaleza ni de la explotacin del hombre.

Las claves para hacerlo pueden ser rescatadas en el pensamiento del Che. En ltimo trmino, encontramos en l las pautas que podran hacer que la poltica revolucionaria tome de nuevo el mando de la economa para realizar lo objetivamente necesario. Nada de esto puede ser una tarea de expertos, ni de economistas, ni de historiadores, ni de socilogos. El rearme ideolgico corre por cuenta de la poblacin cubana en su conjunto y de todos los revolucionarios estn donde estn.

Notas


1. Nstor Kohan, La manzana prohibida del comunismo. Sobre el Sistema Presupuestario de Financiamiento hoy, Rebelin, 14 de marzo de 2011, disponible en www.rebelion.org/noticia.php?id=124197

2. Vase Rolando Garca, Epistemologa y teora del conocimiento, Salud Colectiva, n. 2, Buenos Aires, mayo-agosto de 2006, pp. 114 y 119.

3. Andrs Bilbao, Principios teolgicos de la lgica econmica, UNAM, Mxico, DF, 1999.

4. Hace tres aos escrib sobre este tema, planteando que la separacin entre economa y poltica favoreca, en el capitalismo, la dominacin, al ocultar las relaciones de poder inscritas en la lgica econmica. Vase ngeles Diez Rodrguez, Sobre el capitalismo, la economa y los pretextos, Rebelin, 26 de noviembre de 2008, disponible en www.rebelion.org/noticia.php?id=76518.

5. Pierre Bourdieu, Poder, derecho y clases sociales, Descle de Brower, Bilbao, 2000, p. 10.

6. Entiendo este debate como una necesidad de que se produzca un intercambio ideolgico y conceptual que vaya ms all de las disquisiciones de orden tcnico, por ejemplo, fijar las medidas concretas para recaudar impuestos, aumentar la productividad, etc. No considero que estos sean debates estrictu sensu pues no abordan la raz de los problemas, sino aspectos puramente tcnicos.

7. Roberto Guimaraes, El desarrollo sostenible en Amrica Latina, La cooperacin internacional y el desarrollo sostenible en Amrica Latina, Sociedad Editorial Sntesis, Madrid, 1993, p. 17.

Fuente: http://www.temas.cult.cu/articulo.php?titulo=La%20transici%F3n%20socialista%20desde%20la%20perspectiva%20del%20Che&autor=%C1ngeles%20Diez%20Rodr%EDguez&datos=Profesora.%20Universidad%20Complutense%20de%20Madrid%20%28UCM%29.&numero=70%20abril-junio%20de%202012&link=revistas/70/136-141%20Angeles.pdf&num=70&name=Democracia%20&%20sociedad



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