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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-05-2005

Centroamrica despus de la guerra fra

Marcelo Colussi
Rebelin


Qu es Centroamrica?

Para quienes viven fuera de Centroamrica, sta representa una regin bastante ignorada. Es, salvando las distancias, como el Africa negra: un rea difusa, donde no se co-nocen con exactitud los pases que la integran, y de la que existe una vaga idea del conjunto, siempre en la perspectiva de pobreza, atraso comparativo, condiciones de vida muy dif-ciles, impunidad y corrupcin por parte de los Estados, con dinmicas sociales de alta vio-lencia. Centroamrica, en esta lgica es, sin ms, sinnimo de repblica bananera.

De alguna manera, efectivamente funciona como bloque. Adems de los geogrfi-cos, existe una cantidad de elementos que le confiere cierta unidad econmica, poltica, social y cultural. Los pases que la conforman: Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salva-dor, Belice, Panam y Costa Rica, con la excepcin de este ltimo, presentan los ndices de desarrollo humano ms bajos del continente, junto con Hait en las Antillas una de las naciones ms indigentes del mundo.
El rea es muy pobre; si bien cuenta con muchos recursos naturales, su historia la coloca en una situacin de postracin y atraso muy grande. Bsicamente es agroexportado-ra, con pequeas aristocracias vernculas herederas en muchos casos de los privilegios feudales derivados de la colonia que por siglos han manejado los pases con criterio de finca. Entrado ya el tercer milenio y luego de las feroces guerras de las ltimas dcadas, nada de esto ha cambiado sustancialmente. Los productos primarios siguen siendo la base de la economa: caf, azcar, frutas tropicales, maderas. En los ltimos aos se dieron te-nues procesos de modernizacin, instalndose en toda la zona terminales industriales ma-quiladoras aprovechando la barata y poco o nada sindicalizada mano de obra. Por lo general los capitales comprometidos son transnacionales, no representando esta industria del en-samblaje un verdadero factor de desarrollo a largo plazo. En pocas recientes, con distintos niveles pero, en general, como comn denominador de toda la regin, se han ido incremen-tando los llamados negocios "sucios": lavado de narcodlares, y trfico de estupefacientes. De hecho, hoy la zona es un puente obligado de buena parte de la droga que, proviniendo del sur, se dirige hacia los Estados Unidos. Esto ha dinamizado las economas locales, sin favorecer a las grandes masas obviamente, permitiendo el surgimiento de nuevos actores econmicos y polticos ligados a actividades ilcitas, tolerados por los respectivos Estados, y a veces manejndolos desde su interior.

La poblacin de toda la regin es mayoritariamente rural; prevalece un campesinado pobre, que combina el trabajo en las grandes propiedades dedicadas a la agroexportacin con economas primarias de autosubsistencia. La tenencia de la tierra se caracteriza por una marcada diferencia entre grades propietarios familias de estirpe aristocrtica, en muchos casos con siglos de privilegios en su haber y campesinos con pequeas parcelas (de una o dos hectreas, o menos incluso) que, con primitivas tecnologas, apenas si consiguen cubrir deficitariamente sus necesidades.

En toda la regin hay presencia de poblacin indgena, siendo Guatemala el pas que presenta mayor porcentaje al respecto: ms de dos terceras partes de hecho, la nacin latinoamericana con mayor presencia de habitantes de etnias no europeas. En este caso par-ticular esto no se da con similar nfasis en los otros pases del istmo ello crea una din-mica social desvergonzadamente racista, siendo los mayas los grupos ms excluidos y mar-ginados en trminos econmicos, polticos y sociales. Similar fenmeno se repite con las minoras indgenas a lo largo de toda Centroamrica. Corresponde mencionar que tambin hay presencia de poblacin negra, pero no en un porcentaje particularmente alto como ocurre en las islas del Caribe.

La migracin interna desde el campo hacia las ciudades en bsqueda de mejores horizontes, agravado ello por las devastadoras guerras internas registradas estas ltimas dcadas que forzaron a numerosos pobladores a marcharse de sus lugares de origen, consti-tuye un fuerte elemento de las dinmicas sociales de todas las repblicas centroamericanas, lo cual da como resultado el crecimiento desmedido y desorganizado de sus capitales. Pro-ducto de ello es la alta proliferacin de populosos barrios urbano-perifricos, sin servicios bsicos, con poblaciones que sobreviven a partir de pobres economas subterrneas: comer-cio informal, niez trabajadora, invitacin a la delincuencia.

En trminos generales (Costa Rica es la excepcin) la situacin de las mujeres es de gran desventaja respecto a la de los varones. Siguiendo pautas tradicionales, el nmero de embarazos es muy alto: con un promedio urbano de cinco (vale agregar que hay una alta mortalidad infantil), subiendo mucho ms en reas rurales. Las tasas de analfabetismo, de por s altas, se acentan en las mujeres. Y su participacin en la vida poltica es baja.

La situacin medioambiental de todo el istmo es preocupante. Como consecuencia de la falta de planificaciones a largo plazo, de rapias de recursos naturales y de Estados corruptos que toleran todo tipo de saqueo, la zona muestra un marcado deterioro en sus aspectos ecolgicos: desacelerada prdida de bosques, falta de agua potable, polucin gene-ralizada.

Si bien toda Latinoamrica es, desde inicios del siglo XX, zona de influencia estadounidense, en el caso de Amrica Central esto es groseramente ms notorio. Sus presidentes llegan a tales con el beneplcito de la embajada norteamericana (llamada simplemente "la Embajada", lo cual dice mucho del panorama general). El imperio del norte, aunque es reconocido en su papel de amo dominante, no deja de ser al mismo tiempo foco de atrac-cin de todas las poblaciones: de las clases altas, en tanto centro de referencia poltica y cultural; de las masas empobrecidas, como va de salvacin econmica. De hecho el ingre-so de divisas a partir de las remesas que cada mes envan los familiares emigrados (mano de obra barata y no calificada en los Estados Unidos) constituye para toda el rea una de las principales fuentes de sobrevivencia (en algunos pases, y dependiendo de circunstancias coyunturales, ocupa el primer lugar).
En tal sentido, dado que juega este papel de punto de referencia obligado en las l-gicas cotidianas y de largo plazo, Norteamrica es un elemento decisivo para entender la historia, la coyuntura actual y el futuro del istmo centroamericano.

Centroamrica y la Guerra Fra

Los pases que actualmente conforman la regin centroamericana fueron colonias de Espaa, con excepcin de Belice, que fue un enclave britnico. Hacia principios del siglo XIX, con la fiebre libertaria que barri el continente, consiguen su independencia de la me-trpoli. Pero rpidamente comenzaron sus problemas. Originalmente constituyeron una unidad, continuando su status de Capitana General de la poca colonial, donde reunidos conformaban un todo con Guatemala como capital. Al poco tiempo de constituida, se disol-vi la Unin Centroamericana, dando lugar a los Estados que actualmente existen en la zona.

Formalmente independientes de Espaa, en realidad nunca se constituyeron plena-mente en repblicas soberanas con proyectos nacionales propios. Ya hacia fines del siglo XIX eran, en mayor o menor medida, partes del crculo de inters geoestratgico que los Estados Unidos comenzaban a trazar. Desde ese entonces son como se dice tan habitual-mente su "patio trasero".

Las aristocracias nativas siempre estuvieron alineadas con el poderoso del norte; se dio ah un proceso de acomodamiento recproco: oligarquas que producan a bajos costos productos para el mercado norteamericano, y que simultneamente abran las puertas a las inversiones estadounidenses para el saqueo de las riquezas nacionales. Al mismo tiempo esto marc la historia de todo el siglo XX estos pases aportaban mano de obra barata, siempre en situacin migratoria ilegal, para los trabajos menos calificados en los Estados Unidos.

En todo el subcontinente latinoamericano, Mesoamrica fue quedando relegada co-mo la regin ms pobre, con estructuras ms ligadas a la colonia, con un funcionamiento econmico-social de corte quasi feudal, mientras otros pases, tambin ex colonia espao-las, seguan modelos de desarrollo industrial.

La injerencia poltica de Washington en la regin fue notoria; ms an: desvergonzada, desde el '900 en adelante. Salvo Costa Rica que merece un tratamiento aparte, siendo la "Suiza centroamericana" la historia poltica del istmo estuvo marcada por dictaduras militares a granel, siempre con el To Sam de por medio. Invasiones, complots y maniobras desestabilizadoras se pueden contar por docenas. La CIA hizo su debut de fuego con una campaa de accin encubierta en Guatemala, en 1954.

En esta lgica, sobre el horizonte de esa historia de explotacin, pobreza e interven-cin extranjera, y a partir de la esperanza que abriera la Revolucin Cubana de 1959, entre las dcadas de los '60 y los '70 comienzan a generarse movimientos armados como reaccin ante tal estado de cosas. Guatemala primero, luego Nicaragua, posteriormente El Salvador, desarrollaron expresiones guerrilleras que, paulatinamente, fueron creciendo. En Nicaragua, como Frente Sandinista de Liberacin Nacional (FSLN), hacia 1979, terminaron por tomar el poder desplazando a la dictadura ms vieja de Centroamrica: la de la familia Somoza, tristemente clebre por su crueldad, comenzando la construccin de una experiencia socialista y antiimperialista. En El Salvador, hacia fines de los '80, estuvieron a punto de hacer colapsar al gobierno. En Guatemala el movimiento guerrillero ms viejo del rea fueron juntando fuerzas llegando a tener una presencia nacional.

Estas expresiones polticas, de accin armada, con presencia fundamentalmente entre la poblacin campesina adems de representar sin dudas el descontento histrico de las masas pauprrimas, fueron parte tambin de la lucha ideolgica y militar que marc buena parte de la segunda post guerra del siglo XX: la Guerra Fra. Guerra a muerte entre dos proyectos de vida, entre dos modelos de desarrollo y de concepcin del mundo; guerra que se libr en numerosos frentes, y en la que Centroamrica fue un campo de batalla de gran importancia.

El bloque socialista se involucr fuertemente; Cuba, por su cercana, fue el punto de referencia ms cercano. Preparacin poltica, ideolgica y militar estuvieron presentes des-de el inicio de estos movimientos, apareciendo Mosc siempre vigente como una instancia importante en esa dinmica entablada. Por el otro lado, como respuesta a estos proyectos de transformacin social, las oligarquas locales, con sus respectivas Fuerzas Armadas, y la presencia omnmoda de Washington en tanto referencia ltima, descargaron todo el peso represivo del caso para evitar que esas iniciativas revolucionarias pudieran crecer.

A las propuestas de cambio social levantadas por estos movimientos (en Nicaragua, incluso, habiendo llegado a aduearse del poder, y comenzando efectivamente el proceso de transformacin), le siguieron brutales represiones. Campaas de "tierra arrasada" en Guatemala, los "contras" en Nicaragua, guerra sucia en El Salvador, las bases de los contras en Honduras, y en su momento tambin en Costa Rica, ningn rincn del rea centroameri-cana escap a la maquinaria blica. La zona se puso al rojo vivo. El discurso militarizado inund la vida cotidiana.

La guerra nuclear de los misiles soviticos y estadounidenses que nunca llegaron a dispararse se libr, entre otras formas, a travs de las guerras de guerrillas y las tcticas contrainsurgentes en las montaas de Centroamrica. Los muertos, claro est, fueron cen-troamericanos.

Y ahora: ms de lo mismo?

La Guerra Fra termin. El bloque sovitico ya no existe. Los ideales socialistas, aquellos que pusieron en marcha a los movimientos guerrilleros, hoy estn, si no desecha-dos totalmente, al menos en proceso de observacin (en terapia intensiva?). De todos modos las causas estructurales que motivaron aquellas respuestas armadas por parte de los grupos ms avanzados polticamente en los distintos pases de Amrica Central, an persis-ten. En Nicaragua incluso, donde uno de esos grupos fue poder y manej el pas por espacio de una dcada, las causas profundas generadoras de pobreza aunque ya no est la familia Somoza persisten. De aquel cambio iniciado en su momento, hoy ya nada queda.
Mucho ha cambiado en estos ltimos aos, desde la cada del muro de Berln en adelante. Pero las razones que dieron lugar al surgimiento del socialismo como visin con-testataria del mundo, como forma de lucha contra las injusticias sociales, an se mantienen.

La Guerra Fra que se expres en Centroamrica a travs de las guerras que desan-graron sus pases por aos, ya es parte de la historia; pero las secuelas de esas guerras ah estn todava, y seguirn estando por mucho tiempo.
En realidad, terminada la gran puja entre los dos modelos en disputa con el triunfo de uno de ellos y la desaparicin del otro, no se resolvieron los problemas de fondo que mantuvieron enfrentadas a esas dos cosmovisiones; termin la guerra de estos aos, pero no su motor. A partir de ese final en concreto se siguieron las agendas de paz de diversas re-giones del planeta, Amrica Central entre ellas. Agendas que, en todo caso, no hablan tanto de los procesos de superacin de diferencias en los espacios locales donde los conflictos se expresaban abiertamente (como en Oriente Medio, o en el Africa subsahariana), sino de la necesidad y/o conveniencia de las potencias Estados Unidos a la cabeza de eliminar zonas calientes, problemticas. A su vez las guerrillas firmaron la paz, en realidad, porque no tenan otra salida ante el nuevo escenario abierto.

Desde ya, el hecho de no convivir diariamente con la guerra es un paso adelante. Hoy siguen muriendo nios de hambre, o mujeres en los partos sin la correspondiente aten-cin, pero ya nadie muere en una emboscada, pisando una mina, de un caonazo. Esto no es poco. Pero si se mira el fenmeno a la luz del anlisis histrico es evidente que las guerras vividas en la regin tienen como su causa el hambre, la desproteccin, la exclusin en defi-nitiva. Y esto no ha cambiado.

Qu le espera ahora a Centroamrica?

Como primera tarea, resolver los problemas inmediatos derivados de los conflictos armados: los materiales, los psicolgicos, los culturales. Desde hace algunos aos, depen-diendo de los tiempos en cada caso, se est trabajando sobre ello. Sin embargo, la magnitud de lo invertido para la reconstruccin post blica es inconmensurablemente menor a lo que se destinara a las guerras, por lo que las heridas y las prdidas no parecen poder superarse con gran xito de seguirse esta tendencia. No ha habido ya pas el tiempo para ello un equivalente al plan Marshall europeo para reactivar las economas. Se cont con apoyos de la comunidad internacional, pero no mucho ms grandes que los que podran haber llegado luego de cualquier catstrofe nacional. En definitiva, no hubo un genuino proceso de re-construccin sobre nuevos parmetros: todo sigui no muy distinto y las ayudas no sirvie-ron para poner en marcha ninguna transformacin de base.

Pacificada el rea, la estructura econmica no ha tenido ningn cambio sustancial: no se modific la tenencia de la tierra, no se sali de los modelos agroexportadores, no co-menz ningn proceso sostenible de modernizacin industrial. Las grandes mayoras conti-nan siendo mano de obra no calificada, barata, con escasa o nula organizacin sindical. En otros trminos: ms de lo mismo.

En el plano de lo poltico y cultural las cosas no han cambiado especialmente. Sigue predominando la impunidad. Ese es el elemento principal que define la situacin general luego de los conflictos blicos sufridos. Las aristocracias se han reposicionado luego de este perodo, sin mayores inconvenientes en el mantenimiento de sus privilegios. En Nica-ragua retornaron abiertamente al control del poder, luego de la primavera sandinista que termin siendo ms bien, por diversos motivos, un borrascoso temporal. En Guatemala han tenido que compartir algunas cuotas de poder, a su pesar sin dudas, con las fuerzas armadas que le cuidaron sus fincas aos atrs, quienes devinieron ahora nuevos ricos con el manejo de las economas "calientes": narcotrfico, contrabando, crimen organizado. Pero en toda la regin centroamericana la pauta dominante sigue siendo la impunidad. Luego de las atroci-dades a que dieron lugar las guerras cursadas, no ha habido ni un solo juicio a responsable alguno de tanto crimen, de tanta destruccin. Incluso muchos de los asesinos de guerra siguen detentando cargos pblicos sin la menor vergenza.

La construccin de la paz como proceso sostenible e irreversible no es, hasta el momento, un hecho indubitable. Mientras no se revise seriamente la historia, no se comien-cen a mover las causas estructurales que estn a la base de los enfrentamientos armados y no se haga justicia contra los responsables de los crmenes de guerra como pas, por ejemplo, en Europa con la jerarqua nazi es imposible pacificar realmente las sociedades. Hay, como es el caso actual, algunos paos de agua fra, pero las heridas profundas que ocasionaron el odio y las posiciones irreconciliables no podrn desaparecer si no se abordan con seriedad esas agendas pendientes. La violencia galopante que se vive en la zona cri-minalidad, persistencia de escuadrones de la muerte, delincuencia callejera, linchamientos en algunos casos son expresiones de esa historia no elaborada. Puede haber "agendas de la paz", pero no se vive realmente en paz.
El papel jugado por los Estados Unidos sigue siendo el mismo: hegemnico, domi-nador total. Incluso se da el caso paradjico en que, terminadas las guerras locales, la gran potencia se permite impulsar programas de apoyo a las vctimas de toda esa crueldad que ellos mismos fomentaron. Valga decir que no por sentimientos de culpa precisamente, sino como parte de la misma estrategia de dominacin de siempre, actualizada hoy, y adecuada a las circunstancias correspondientes.

Los movimientos guerrilleros signatarios de la paz, que en todo caso siguieron un proceso prcticamente impuesto una vez pasados a la lucha poltica desde el plano civil no han podido elaborar estrategias de impacto para las mayoras, estando en estos momen-tos lejos de constituirse en alternativas con posibilidades reales de generar cambios profun-dos. El caso del sandinismo, viniendo de un proceso donde s detentaron el poder poltico, nos confronta con una debilidad de propuesta programtica que todo pareciera indicar probablemente torne difcil su retorno a la casa presidencial en el corto plazo (ya son tres las elecciones donde no triunfan).

Para las poblaciones pobres, marcharse a los Estados Unidos a trabajar en cualquier cosa y acumular algunos dlares, sigue siendo la meta dorada.

Como una herencia novedosa que deja el final de la Guerra Fra en el rea centroamericana proceso que en realidad se extiende a toda Latinoamrica, pero que en la zona adquiere ribetes muy marcados es la proliferacin de iglesias evanglicas fundamentalis-tas. Nacidas como estrategia poltica encubierta de los Estados Unidos para oponerse a la creciente Teologa de la Liberacin catlica de los '60 y los '70 con su "opcin por los po-bres", estos grupos inundaron la regin llevando un mensaje de desinters por lo terrenal y de total apata poltica. Hoy, a partir de una dinmica de autonoma que fueron adquiriendo, representan un factor de alta incidencia en la vida cotidiana de las comunidades de todos los pases del istmo, repitiendo siempre aquellos patrones de proyecto vital: no preocuparse, dejar todo en manos de dios. Su incidencia es alta: se calcula en no menos de un tercio de la poblacin total.

Centroamrica participa hoy de los procesos de integracin en bloque que imponen los Estados Unidos en su estrategia continental. Ah estn el Tratado de Libre Comercio (TLC) o el Plan Puebla-Panam, preparando el camino para una futura Area de Libre Co-mercio de las Amricas (ALCA), en tanto mecanismos de homogenizacin regional. En esta lgica se inscribe el Tratado de Libre Comercio entre Centroamrica y Estados Unidos, (CAFTA, por sus siglas en ingls).

El Presidente Bush anunci recientemente que el CAFTA constituye una prioridad de primera lnea para su administracin. El valor global de las relaciones comerciales entre la economa norteamericana y la centroamericana es de unos 20,000 millones de dlares anuales, cifra que no representa, precisamente, una cantidad como para ser considerada "prioridad de primera lnea". Por qu esta decisin de Washington entonces?

Este acuerdo de libre comercio con Centroamrica es el punto focal principal de cara al objetivo de crear el Area de Libre Comercio de las Amricas (ALCA). La implemen-tacin de esta ltima se ha venido complicando por diversos motivos de protesta poltica, fundamentalmente por la lucha de la sociedad civil (sindicatos, grupos de oposicin, parti-dos de izquierda) contra un acuerdo leonino, lesivo de los intereses de los trabajadores y atentatorio contra el medio ambiente. Centroamrica se convierte as en la estrategia con-tinental de Washington en territorio de expansin natural del Tratado de Libre Comercio (que ya vincula a Canad, Estados Unidos y Mxico). Estando la regin amarrada ahora por el Plan Puebla-Panam, cuyas inversiones cobran sentido en el marco jurdico de un TLC que subordine las legislaciones nacionales de cada uno de los pases centroamericanos al acuerdo supranacional con los Estados Unidos que estimule y garantice los intereses de las empresas transnacionales que operan y operaran en el rea, la inmensa mayora estadou-nidenses el CAFTA pasa a ser as una pieza de gran importancia en su "patio trasero".

Si el ALCA llegara finalmente a buen trmino, los embarques de bienes de exportacin e importacin tendrn que pasar por la regin mesoamericana. Por lo tanto el CAFTA es un paso vital para expandir el acuerdo continental. Sin el endoso de dirigentes empresa-riales y funcionarios de los gobiernos centroamericanos, el ALCA ser prcticamente im-posible. Pero todo indica que las eventuales ganancias derivadas de un tal mecanismo de concertacin econmica no representaran verdaderos beneficios para todos sino que, una vez ms, hipotecan el bienestar de los pueblos en favor del gran capital, en especial el nor-teamericano. Es decir: aunque con trminos nuevos, ms de lo mismo.

La vulnerabilidad de los pases centroamericanos y la propensin al vasallaje de sus actuales gobiernos, son reconocidos por funcionarios de la actual administracin republica-na como elementos que favorecen esa estrategia expansionista del "paso a paso", para debi-litar la oposicin al ALCA en el bloque regional del Sur que encabeza Brasil, y al mismo tiempo favorecer la posicin estadounidense en las negociaciones multilaterales de la ronda de Doha, que se llevan a cabo en el seno de la Organizacin Mundial del Comercio (OMC). Sin ambages el Representante de Comercio de Estados Unidos Robert Zoellick subray que el CAFTA ser el mejor escudo del que dispondr la industria textil norteamericana para sobrevivir a la competencia de China, cuando sean eliminadas las tarifas en ese sector, en el ao 2004, bajo el Acuerdo Multifibras de la Organizacin Mundial de Comercio.

En resumida sntesis, el CAFTA consiste en nueve temas puntuales de negociacin: 1) Servicios: todos los servicios pblicos deben estar abiertos a la inversin privada, 2) In-versiones: los gobiernos se comprometen a otorgar garantas absolutas para la inversin extranjera, 3) Compras del sector pblico: todas las compras del Estado deben estar abier-tas a las transnacionales, 4) Acceso a mercados: los gobiernos se comprometen a reducir, y llegar a eliminar, los aranceles y otras medidas de proteccin a la produccin nacional, 5) Agricultura: libre importacin y eliminacin de subsidios a la produccin agrcola, 6) De-rechos de propiedad intelectual: privatizacin y monopolio del conocimiento y de las tec-nologas, 7) Subsidios, "antidumping" y derechos compensatorios: compromiso de los go-biernos a la eliminacin progresiva de barreras proteccionistas en todos los mbitos, 8) Poltica de competencia: desmantelamiento de los monopolios nacionales, 9) Solucin de con-troversias: derecho de las transnacionales de enjuiciar a los pases en tribunales internacionales privados.

Una vez ms, analizando lo que all est en juego, todo parece indicar que para los pobres banana countries (para el grueso de sus crnicamente pobres poblaciones, obvia-mente) habr ms de lo mismo.

Conclusin

Ante todo este panorama, los escenarios a futuro que se vislumbran para la regin no son muy alentadores por cierto. Pas la Guerra Fra, pasaron los conflictos armados lo-cales, las sociedades se desangraron, los pases sufrieron enormes prdidas materiales.... pero no cambiaron su estatus de "bananeros". El rea sigue siendo la ms pobre de Amri-ca, estando entre las ms pobres del mundo. Los procesos de paz, a veces, pueden funcionar como mordaza para la bsqueda de la justicia. Los procesos de integracin impuestos por Washington no se ven como oportunidades para un desarrollo genuinamente armnico y equilibrado para todos. Las democracias se ven ms bien raquticas, y la impunidad y la corrupcin siguen dominando lo cotidiano. Y quiz lo peor: no se ven alternativas ciertas a todo esto.

Aunque suene a pesimista, hoy por hoy todo muestra que, en la coyuntura actual al menos, la historia no ha cambiado. De todos modos confiemos en lo que dicen los ancianos mayas: que pronto vendrn tiempos de renacimiento para los ahora excluidos. Ojal no se equivoquen.



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