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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-09-2012

Estudiantes abren las grandes alamedas

Manuel Cabieses Donoso
Editorial de Punto Final


Se cumplen 39 aos de la traicin militar -alentada por Estados Unidos- que aplast el proyecto de libertad e igualdad ms hermoso que el pueblo chileno haya gestado en 200 aos de vida republicana. El gobierno derrocado se propona construir -en palabras del presidente Salvador Allende- el socialismo en forma progresiva, a travs de la lucha consciente y organizada en partidos y sindicatos libres. Nuestra va, nuestro camino, es el de la libertad. Libertad para la expansin de las fuerzas productivas, rompiendo las cadenas que hasta ahora han sofocado nuestro desarrollo.(1) La va chilena al socialismo planteaba la igualdad para superar progresivamente la divisin entre chilenos que explotan y chilenos que son explotados. Ese reclamo de igualdad -imprescindible (deca Allende) para reconocer a cada hombre la dignidad y el respeto que debe exigir-, es el mismo que el pueblo exige hoy, sobre todo a travs de las demandas y movilizaciones de los estudiantes. Allende cometi errores pero no era un iluso -un soador s, como todo revolucionario-. Conoca nuestra historia y saba los riesgos de la tarea que propona. Lo anticip con lucidez: Las pocas quiebras institucionales fueron siempre determinadas por las clases dominantes. Fueron siempre los poderosos quienes desencadenaron la violencia, los que vertieron la sangre de chilenos, interrumpiendo la normal evolucin del pas. As como cuando Balmaceda, consciente de sus deberes y defensor de los intereses nacionales, actu con la dignidad y el patriotismo que la posteridad ha reconocido.

Para Allende -el soador- en Chile se cumpla el supuesto planteado por Federico Engels: Puede concebirse la evolucin pacfica de la vieja sociedad hacia la nueva, en los pases donde la representacin popular concentra en ella todo el poder, donde de acuerdo con la Constitucin se puede hacer lo que se desee, desde el momento en que se tiene tras de s a la mayora de la nacin. Y ste es nuestro Chile, agregaba el presidente, donde la voluntad popular nos legitima en nuestra tarea. Sin embargo, los hechos demostraron -a costa de la vida del propio Allende y de la sangre derramada por miles de chilenos durante 17 aos de terrorismo de Estado- que en ese punto su anlisis era equivocado. Chile no reuna -ni de lejos- las condiciones para el trnsito pacfico al socialismo. El gobierno popular no concentraba todo el poder, ni la Constitucin permita las tareas de la transicin ni se contaba con el apoyo de la mayora.

Esta es la experiencia que debe recoger un nuevo proyecto revolucionario para Chile. Si el socialismo -democrtico e igualitario que propuso Allende- era necesario para destrabar la crisis poltica y social de los aos 70, hoy es asunto de vida o muerte para la democracia y para lograr el justo reparto de la riqueza y del bienestar. El capitalismo ha consolidado en Chile un modelo injusto que costar arduo trabajo remover. La derrota de 1973 qued grabada a fuego en la memoria y es el principal factor que ha impedido levantar una alternativa de cambio. El temor, el desencanto y la desconfianza permitieron que la dictadura, obligada a retirarse, fuese reemplazada por los gobiernos hermafroditas de la Concertacin. Sus polticas ambiguas condenaron al Estado a seguir sirviendo los mismos intereses nacionales y extranjeros que instrumentalizaron la dictadura militar. El estado de nimo del pueblo -que oscilaba entre la perplejidad y el desprecio por la traicin concertacionista- hizo crisis en las elecciones de 2009. Se quera un cambio -pero sin correr los peligros que supone un verdadero cambio- y as se entreg el gobierno a la derecha empresarial.

La administracin de Piera no ha sabido interpretar el reclamo ciudadano. Est en lnea con los gobiernos de la Concertacin. Le ha dado continuidad a sus polticas, sobre todo en el rea social. En la prctica, el actual gobierno es uno ms de la misma serie, quizs ms avanzado en algunos aspectos. Ha tomado iniciativas polticas a las que no se atrevi la Concertacin. Sus complejos la llevan an hoy a negar el origen izquierdista de algunos de sus partidos formateados por el neoliberalismo. Sin embargo, Piera no se atrevi a iniciar los cambios -que en su mayora dicen relacin con la igualdad- en los que poda avanzar sin herir intereses vitales del capitalismo. Comprobar que no se ha producido ningn cambio lleva el estado de nimo de los chilenos a la confusin y contradicciones que reflejan las encuestas. La desilusin y la falta de una alternativa -ms el espejismo del crdito que sostiene la economa- hacen posible que mientras el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD nos declara el pas ms feliz de Amrica Latina, la encuesta del Centro de Estudios Pblicos (CEP) confirme por ensima vez el rechazo a las instituciones polticas y a los partidos. Mientras el 50% dice que votar por Michelle Bachelet -que llev a la derrota a su coalicin- slo el 17% apoya a la Concertacin, cifra inferior a la que alcanza la Alianza derechista. Y entretanto, Piera contina recuperando puntos, rumbo al 40% tradicional de la derecha.

En medio de este guirigay -o despelote- de la opinin ciudadana, fruto de la codicia atornillada en el poder, el movimiento estudiantil crece torrencialmente. Cuando se le crea agotado, vuelve a la carga con ms fuerza. Nadie logra explicarse cmo la protesta social rebrot bajo el humus del horror y del silencio que la cubra. Fueron 17 aos de dictadura y 20 de traicin. Los estudiantes que hoy se toman las calles y las escuelas, estn abriendo las grandes alamedas que anunci Allende minutos antes del fogonazo final. Los jvenes -y adolescentes- se han hecho cargo de reiniciar la lucha por justicia e igualdad. Estn despertando al pueblo y convocndolo a dignificar la poltica. Lo suyo no son los compadrazgos electorales para escamotear los cambios. El 45% de los jvenes entre 18 y 29 aos, segn el Instituto Nacional de la Juventud, dice que no votar en las elecciones municipales, y un 17% responde que quizs. Ese castigo a la politiquera rompe la lgica del temor, cuestiona el sentido comn que agarrota la voluntad y hace frente a la indefinicin y al doble discurso que imperan en la sociedad chilena.

La abstencin activa en las elecciones municipales ser el castigo que merecen los abusadores de la paciencia y buena fe del pueblo. Castigar a los partidos demagogos es lo menos que puede hacer el pueblo que intent escalar las cumbres que propona Allende y que libr una heroica lucha de resistencia contra el terrorismo de Estado. Los estudiantes merecen respeto y apoyo incondicional. Estn abriendo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. Su norte es la Asamblea Constituyente y la nueva Constitucin. Pero, claro, no el pastiche que insinan el ex presidente Lagos y el presidente de la DC. Convocar a una Constituyente no ser instrumento de chantaje para lograr acuerdos con la derecha. Ser la victoria del pueblo movilizado por el ejemplo estudiantil.

  (1) Esta -y las citas que siguen- son del discurso del 5 de noviembre de 1970 en el Estadio Nacional.

Editorial de Punto Final, edicin N 765, 31 de agosto, 2012
[email protected]
www.puntofinal.cl


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