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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-09-2012

Unin Europea
Entre la refundacin y el estallido

Alain Bihr
Viento Sur


Desde el pasado otoo, lo que ha venido en llamarse crisis de las deudas soberanas no ha dejado de agravarse en la Unin Europea. La atencin se ha centrado sobre todo en sus rebrotes en Grecia, dejando de este modo en la penumbra el deterioro de la situacin en Espaa e Italia, potencialmente mucho ms peligroso. Mientras, la sucesin de cumbres europeas, todas calificadas de ltima oportunidad y que han venido preconizando siempre los mismos remedios neoliberales para salir de la crisis, es el mejor indicio de su ineficacia. Una ineficacia tanto ms sorprendente cuanto que los principios en que se inspiran estn precisamente en el origen de esta crisis y no han dejado de alimentarla a lo largo de los ltimos aos. Hoy se imponen la necesidad y la urgencia de buscar otra va.

La crisis de la deuda pblica sigue profundizndose y extendindose

Empecemos por Grecia, el enfermo de la zona euro. A pesar de la renuncia por parte de los acreedores a la mitad de la deuda pblica griega (en forma de quita) y de la ayuda suplementaria de 130.000 millones de euros durante el invierno, la situacin en este pas sigue deteriorndose. Por quinto ao consecutivo, el producto interior bruto (PIB) griego se contraer un 4,7 % en trminos reales en 2012, sumando as un descenso acumulado del 17,7 % desde 2008. La tasa de paro (oficial), que solo era del 7,5 % en septiembre de 2008, no ha dejado de aumentar desde entonces para alcanzar el 22,5 % (el triple!) el pasado mes de abril, mientras que la tasa de paro de los jvenes de 15 a 24 aos de edad ha saltado del 22,3 al 51,5 % entre abril de 2008 y abril de 2012.

En estas condiciones, no es de extraar que haya descendido el poder adquisitivo medio (y programado) y aumentado la pobreza y la exclusin y, por consiguiente, que las autoridades griegas sean incapaces de recaudar impuestos, mxime cuando los principales propietarios del pas (la iglesia ortodoxa y los armadores) siguen beneficindose de importantes exenciones fiscales. Por consiguiente, el Estado griego tiene cada vez ms dificultades para reducir el dficit pblico y pagar a sus acreedores, lo que incrementa la probabilidad de un impago, un riesgo que estos ltimos anticipan con los elevados tipos de inters a los que siguen prestando a este Estado, pese a las garantas ofrecidas por el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF). Esto, a su vez, dificulta todava ms la devolucin de la deuda, sobre todo cuando la economa est en recesin.

Todo esto ocurre a pesar de la eleccin in extremis, el pasado mes de junio, de una mayora parlamentaria que se comprometi a respetar las condiciones del memorando estipulado por la troika formada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Unin Europea (UE) y el Banco Central Europeo (BCE), de comn acuerdo con los acreedores, a fin de asegurar (en principio) la devolucin del importe restante de la deuda. En estas condiciones, a lo largo de las semanas siguientes se sigui hablando continuamente de la deuda griega.

Ahora bien, desde hace poco es Espaa, o ms concretamente su sistema bancario, la que se ha convertido en principal objeto de preocupacin. A lo largo de la dcada de 1990 y de comienzos de los aos 2000, el crecimiento econmico espaol se bas principalmente en una hipertrofia del sector inmobiliario. En gran medida especulativa, esta burbuja comport un enorme endeudamiento privado (de los promotores, las empresas de construccin, las de materiales de construccin, de los hogares que adquirieron una vivienda, de las agencias de turismo, etc.) para con los bancos, segn un esquema que tiene muchos puntos en comn con lo que se desarroll al mismo tiempo en EE UU y en el Reino Unido.

Cuando esta burbuja inmobiliaria estall debido al sobrecalentamiento del mercado y a la multiplicacin de los impagados, derivada del aumento del paro y de la inflexin global de la coyuntura a raz del estallido de la llamada crisis de las hipotecas basura en EE UU (2007-2008), los bancos espaoles se encontraron con una montaa de crditos morosos o lisa y llanamente incobrables, que fue creciendo a medida que se hunda el mercado inmobiliario y se multiplicaban las quiebras y los despidos. En mayo pasado, esos crditos morosos sumaban unos 155.000 millones de euros, equivalentes al 9 % del volumen total de crditos bancarios espaoles, situando al conjunto del sistema bancario espaol al borde de la quiebra.

As, en el transcurso de ese mismo mes de mayo, el Gobierno espaol tuvo que prevenir la quiebra inminente del conglomerado bancario Bankia, fruto de la fusin de siete cajas de ahorros regionales gravemente afectadas por sus compromisos anteriores en el sector inmobiliario, inyectando 19.000 millones de euros en su capital, lo que supuso la nacionalizacin de hecho de la entidad. E incapaz de hacer lo mismo con el resto del sistema bancario espaol, el Gobierno ha tenido que solicitar de paso una ayuda del FEEF por importe de 100.000 millones de , lo que supondr ante todo un aumento de la deuda pblica espaola de alrededor del 10 %, forzando una nueva vuelta de tuerca presupuestaria (reduccin del gasto y aumento de impuestos) de 65.000 millones de , con lo que el cumplimiento por el Estado espaol de sus compromisos anteriores de reduccin del dficit pblico ser todava ms improbable.

La consecuencia inmediata ha sido un aumento adicional del tipo de inters que ha de pagar el Estado por los prstamos que suscribe en el mercado financiero internacional, que ya eran elevados: en julio ascendieron al 7,55 %, con lo que el peso de la deuda se tornar insoportable en un momento dado, como por cierto no deja de repetir el presidente del gobierno espaol, Mariano Rajoy, desde hace varias semanas. De este modo nos acercamos progresivamente al umbral en que resultar inevitable un plan de rescate general del Estado espaol del mismo tipo que el que se aplica a Grecia. Con la diferencia de que en este caso se tratar de rescatar el equivalente a ms del doble de la economa griega: con unos 775.000 millones de en el primer trimestre de este ao (es decir, antes de la ayuda de 100.000 millones concedida para salvar el sector bancario), la deuda espaola duplica con creces el importe de la deuda griega (355.000 millones) antes de la quita efectuada a comienzos de ao. Por tanto, el FEEF, cuyo importe ampliado asciende a unos 780.000 millones de , y del que ya se han retirado las ayudas concedidas a Grecia y Espaa desde comienzos de ao, no sera suficiente.

Sobre todo, al socaire de este nuevo episodio ha aparecido otro crculo vicioso que est arrastrando al abismo a todo el sistema financiero europeo. Este crculo es fruto del entrelazamiento entre crisis de la deuda pblica y crisis bancaria. Si desde 2008 buena parte del sobreendeudamiento de los Estados europeos se debe a la conversin de las deudas privadas en deudas pblicas (en forma de nacionalizaciones, adquisicin de participaciones, prstamos y subvenciones, avales, etc.), recprocamente los bancos, que figuran a su vez entre los principales acreedores de los Estados (junto a las compaas de seguros, los fondos de inversin y los fondos de pensiones), ven cmo se degradan sus cuentas a medida que se agrava la deuda pblica y con ella el riesgo de quiebra de los Estados, lo que exige nuevas intervenciones de esos mismos Estados e incrementa todava ms el peso de la deuda pblica. De este modo, la crisis de la deuda pblica alimenta cada vez ms la crisis bancaria que, a su vez, agrava la primera.

Pero es en definitiva Italiael pas que podra convertirse en la verdadera pesadilla de la zona del euro. Con un importe, en el primer trimestre de este ao, de 1,946 billones de , la deuda pblica italiana es, en proporcin al PIB, la ms grave despus de la de Grecia (123 y 132 %, respectivamente). Y no deja de crecer (+3,8 puntos del PIB en un ao!) por efecto de la recesin de la economa italiana y de los escasos resultados de la lucha contra el fraude fiscal, que no ha esperado a los estmulos del ex primer ministro Berlusconi para convertirse en deporte nacional. En estas condiciones, los tipos de inters a los que se negocian las obligaciones italianas a diez aos, que hace un ao todava no alcanzaban el 3 %, han superado claramente la barrera del 6 % durante el mes de julio, encaminndose por la misma pendiente ascendente que recorren los tipos espaoles desde comienzos de ao. Si continan del mismo tenor en los prximos meses, se acab la zona del euro, por el mero hecho de que, bien directamente, bien a travs del FEEF, los Estados europeos sern totalmente incapaces de acudir en socorro del Estado italiano.

Se entiende que en estas condiciones la agencia Moodys haya situado, hacia finales de julio, las notas de los tres Estados hasta entonces considerados ms seguros Alemania, Luxemburgo y los Pases Bajos, al igual que al FEEF, en perspectiva negativa, dando a entender por primera vez que tambin ellos podran perder la sacrosanta Aaa. Todo un sntoma de que, al profundizarse en los pases llamados perifricos de la zona del euro, la crisis de las deudas soberanas est afectando poco a poco a esos Estado centrales e incluso a las instituciones creadas para luchar contra el desarrollo de esta crisis.

Demasiado poco, demasiado tarde

En el transcurso de estos ltimos meses, la eurocracia no ha permanecido de brazos cruzados contemplando el deterioro de la situacin, no. Incluso ha tomado iniciativas, multiplicando las reuniones formales o informales, rayando por momentos un activismo destinado a ocultar su incapacidad de controlar la deriva de la situacin. Ni siquiera los magros resultados del ltimo Consejo Europeo, celebrado a finales de junio, han puesto un punto final a esta prctica. La menor de las razones de esta impotencia es que las medidas preconizadas y efectivamente adoptadas han sido a la vez timoratas y demasiado tardas. Lo que ocurre es que todas ellas se caracterizan por exigir de la zona del euro y, ms en general, de toda la UE, avanzar en la va del federalismo poltico, con la consiguiente transferencia de soberana de los Estados miembros a favor de las instancias comunitarias. Esto no hace ms que exacerbar las contradicciones inherentes a la construccin europea que sta, lejos de resolverlas, ha agravado a lo largo de los dos ltimos decenios, en especial desde la adopcin de la moneda nica y de las disciplinas presupuestarias que impone. Volveremos sobre ello ms adelante.

De ah, para empezar, los continuos aplazamientos con respecto a la mutualizacin de las deudas pblicas. Cuando los Estados europeos han de devolver sus deudas y est claro que algunos no lo lograrn sin la ayuda de sus vecinos y socios comunitarios, la solucin pasara por la puesta en comn de esas deudas para que los menos endeudados acudan en auxilio de los ms endeudados. Esto es por cierto lo que ya se ha comenzado a hacer a travs del FEEF, un fondo alimentado por los diferentes Estados miembros en proporcin a su peso relativo en el PIB comunitario, pero que de momento solo ha beneficiado o est previsto que beneficie a los pases ms endeudados.

Ahora se tratara de dar algunos pasos decisivos ms en esta va de la mutualizacin. Pero ah est la dificultad. La solucin radical consiste en la emisin de eurobonos, es decir, de obligaciones emitidas por los diferentes Estados miembros en el mercado financiero, garantizadas por el conjunto de la UE. Estas emisiones permitiran a la mayora de Estados europeos tomar prestado dinero a menor coste, ya que estos prstamos contaran con la garanta de todos los Estados de la UE, en particular de los ms slidos. De este modo, quedaran al abrigo de los embates de la especulacin internacional con los ttulos emitidos.

Ahora bien, esto exigira una contrapartida importante: las instancias comunitarias, cualesquiera que fueran, deberan poder vetar los presupuestos de los Estados miembros para evitar que las cigarras financien sus gastos contando con las hormigas para pagarlos: de este modo, se podra prohibir a determinados Estados cualquier dficit presupuestario o simplemente este u otro gasto considerado incompatible con los compromisos anteriores de recortes presupuestarios. As, despus de abandonar toda soberana monetaria, los Estados miembros ms endeudados perderan tambin toda soberana presupuestaria, sin que, por otro lado, los ms virtuosos tengan plenas garantas de no tener que pasar por caja para liquidar las larguezas de sus vecinos. Se entiende por tanto que la propuesta de los eurobonos no haya suscitado de momento un gran entusiasmo por parte de los contribuyentes netos (encabezados por Alemania), que temen acabar haciendo el primo, ni por parte de los que seran los beneficiarios netos (los ms endeudados), que temen verse sometidos a una verdadera tutela financiera.

En los ltimos meses se han propuesto otras modalidades de mutualizacin parcial de las deudas soberanas: mutualizacin exclusiva de los prstamos a corto plazo (a menos de un ao) en forma de emisin de eurobills (equivalente europeo de los bonos del Tesoro) o mutualizacin de la parte de la deuda de los Estados que sobrepase el famoso umbral del 60 % del PIB previsto en el Tratado de Maastricht. No obstante, por las mismas razones, estas propuestas tampoco se han aceptado, y cada uno trata de ganar tiempo esperando que lo peor haya pasado. Cuando todava est por llegar...

Estas son tambin las razones que obstaculizan la accin del BCE. Sus estatutos le impiden desde el principio prestar a los Estados, para evitar que estos se instalen en la comodidad de financiar sus deudas dndole a la manivela. Pero esto priva a su vez a la solidaridad financiera entre los Estados miembros (mejor dicho, entre sus bancos centrales respectivos, titulares del capital del BCE) de un slido instrumento de accin: es precisamente el hecho de que sus bancos centrales s disponen de esta posibilidad el que permite al Reino Unido, los EE UU y Japn soportar dficit pblicos proporcionalmente mucho ms cuantiosos que el promedio de los de los Estados miembros de la UE sin sufrir una crisis similar de sus respectivas deudas soberanas.

Sin duda, a partir de la primavera de 2011, el BCE se ha saltado en parte a la torera esta prohibicin al comprar obligaciones irlandesas, portuguesas y griegas con el fin de limitar la cada de sus cotizaciones en el mercado burstil y la consiguiente alza de los tipos de inters de los nuevos emprstitos de estos Estados. Esto le vali severas crticas por parte de Alemania, que obligaron al BCE a dar marcha atrs y esto explica a su vez que en los ltimos meses se haya disparado la especulacin sobre los ttulos de deuda espaoles e italianos. El Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE), que debi de entrar en vigor el 1 de julio en sustitucin del FEEF, podr prestar a los Estados y recomprar sus ttulos de deuda, pero al disponer tan solo de una capacidad de emprstito de apenas 500.000 millones de (que marca el lmite del fondo comn europeo), difcilmente podr hacer frente a una crisis importante del calibre de una quiebra de Espaa o, peor an, de Italia.

Es el mismo tipo de obstculos con que choca el proyecto de unin bancaria a escala europea. Acabamos de ver cmo en todos los Estados europeos la crisis de la deuda pblica fragiliza los bancos y cmo, a la inversa, segn acaba de ocurrir en Espaa, la prevencin de una amenaza de quiebra bancaria no hace sino agravar brutalmente el endeudamiento pblico hasta el punto de hacerlo prcticamente insoportable. Para romper este crculo vicioso y prevenir la repeticin de este tipo de escenario catastrfico, la UE acaba de proponer el refuerzo de la supervisin del sector bancario a cargo del BCE, lo que ampliara el poder de este en detrimento de los bancos centrales nacionales, prestadores de ltimo recurso, adems de reguladores y supervisores tradicionales de sus respectivos sistemas bancarios nacionales, y por tanto tambin de la capacidad de los Gobiernos nacionales de definir sus polticas econmicas. Esta nueva transferencia de soberana econmica se vera agravada adems por la necesaria armonizacin de las reglas que rigen los distintos sistemas bancarios nacionales, mermando en su caso los privilegios de que gozan ciertos segmentos de los sistemas bancarios nacionales. Se entiende que los Estados miembros se lo estn pensando.

Encima, est claro que los grupos bancarios privados son reticentes a que se refuercen las reglas a las que deberan someterse y peor todava desde su punto de vista la obligacin de transparencia con respecto a las actividades que emprenden y los riesgos que corren, o mejor dicho que hacen correr, sin que estos lo sepan, a sus accionistas, acreedores y, en definitiva, depositantes. Mxime cuando el proyecto de unin bancaria les obligara a presentar un documento en que deberan detallar el conjunto de sus activos para que en caso de quiebra de un grupo bancario la autoridad reguladora europea pudiera adoptar las medidas necesarias para salvar los muebles liquidando el resto, evitando en la medida de lo posible el sacrificio de dinero pblico.

La eurocracia persiste y firma

Sin embargo, a fin de cuentas esto no es lo esencial. El hecho de que los remedios aplicados o preconizados hasta ahora por la eurocracia para salir de la crisis financiera europea hayan sido tan poco eficaces se debe a razones mucho ms fundamentales que apuntan a la raz misma de la crisis de la deuda pblica, tanto en Europa como en otras partes del mundo donde se produce. As se comprueba que estos remedios no solo son cuantitativamente insuficientes, sino tambin, y sobre todo, cualitativamente inadecuados, lo que no impide a la eurocracia seguir defendindolos.

Lo cierto es que el sobreendeudamiento pblico actual en Europa se debe fundamentalmente a la aplicacin, desde hace tres dcadas, de polticas neoliberales. En primer lugar de forma directa: en el frenes de la reduccin del peso del Estado, estas polticas se han dedicado con ahnco a restringir no solo el gasto pblico, sino tambin los ingresos pblicos (impuestos y cotizaciones sociales), aliviando notablemente la parte que pesa sobre el capital (las empresas) y los hogares de renta y patrimonio elevados. Un ejemplo claro es el de Francia, donde los Estados y los organismos de proteccin social dejaron de percibir, en 2008, 140.000 millones de , el equivalente al doble del dficit pblico de aquel ao.

No obstante, el efecto indirecto de las polticas neoliberales en las finanzas pblicas ha sido todava ms catastrfico: al alterar el reparto del valor aadido en detrimento del trabajo y en beneficio del capital, a golpe de aumento de la precariedad y del paro y de sometimiento de los trabajadores a la competencia internacional mediante la liberalizacin de los intercambios de mercancas y capitales, estas polticas no solo debilitaron y desorientaron el crecimiento econmico, limitando todava ms los ingresos del Estado, sino que adems crearon las condiciones de las crisis financieras reiteradas, cada vez ms graves, de las que la ltima se sald con planes masivos de salvamento de componentes del capital financiero (bancos, seguros, etc.) que estaban al borde de la quiebra y de fomento del crecimiento para evitar la recesin consiguiente de la economa real. Esta enorme inyeccin de dinero pblico para salvar de la crisis al capital hizo que se dispararan los dficit y las deudas pblicas.

En estas circunstancias, la primera condicin, necesaria si no suficiente, para salir del callejn sin salida en que nos han metido las polticas neoliberales consiste en romper radicalmente con estas ltimas. Sin embargo, en Europa lo que est ocurriendo es justamente lo contrario bajo la direccin de la eurocracia: las nicas lecciones que esta extrae de los resultados catastrficos de las polticas neoliberales que ha defendido y promovido desde mediados de la dcada de 1980 es que estas polticas no han ido suficientemente lejos ni se han aplicado con la suficiente decisin, y que por consiguiente hay que proseguir en la va de la reforma neoliberal del Estado y de la relacin salarial hasta que la realidad se ajuste a lo que proclama el dogma neoliberal: si se rigen por una competencia libre y no falseada y los agentes se comportan de una manera racional estando tan bien informados como sea posible, los mercados no pueden ms que ser eficientes y el mundo econmico, perfecto. Semejante obstinacin solo puede explicarse si se tiene en cuenta que el neoliberalismo funciona para los eurcratas como una religin de la que son los grandes sacerdotes y misioneros, y por el hecho, tambin, de que representan y defienden los intereses de los sectores del capital (en particular de su fraccin financiera) que los polticos neoliberales preservan y refuerzan. Tambin volveremos sobre ello ms adelante.

De este modo, la eurocracia exige a los Estados europeos, de los ms a los menos endeudados, que prosigan con sus polticas de saneamiento de las finanzas pblicas. En la vertiente del gasto, esto exige una serie de recortes ms o menos claros: la reduccin del personal de las administraciones pblicas, la disminucin de su masa salarial, la limitacin del mbito de intervencin y del nivel de actividad de las autoridades pblicas, la degradacin de la calidad de las prestaciones de los equipamientos colectivos y de los servicios pblicos que puede implicar incluso su eliminacin pura y simple, etc. En la vertiente de los ingresos, en la medida en que el saneamiento exige a pesar de todo un aumento de los impuestos, se recomienda recurrir prioritariamente a los impuestos indirectos (en especial los que gravan el consumo), aunque sean socialmente los ms injustos y, en cuanto a los impuestos directos, priorizar a los que gravan el trabajo en vez del capital y el patrimonio.

Adems y sobre todo, con el fin de incrementar la masa imponible, partiendo de los ingresos fiscales de los Estados, se exige alcanzar un saldo positivo de la balanza de pagos, en particular de la balanza comercial, mejorando la competitividad de las distintas economas europeas; esto, a falta del recurso a la devaluacin competitiva de la moneda, solo puede lograrse presionando sobre el nivel salarial. En otras palabras, la reduccin de los dficit pblicos y de la deuda pblica no solo pasa por la austeridad presupuestaria, sino tambin por una austeridad salarial generalizada, no limitada nicamente al sector pblico. As, la eurocracia exige proseguir con la desregulacin de la relacin laboral y la merma de los derechos de los precarios, los parados y los excluidos del empleo, en suma, el desmantelamiento de toda la legislacin social con el fin de atomizar al mximo a los trabajadores asalariados y de desequilibrar an ms la relacin de fuerzas entre capital y trabajo.

En suma, del conjunto de medidas descritas se deduce que el objetivo perseguido es el de presionar a la baja sobre los costes salariales globales, reduciendo los niveles de consumo de la gran masa de asalariados y degradando por tanto su nivel de vida. Ahora bien, de esta manera la prosecucin de las polticas neoliberales no hace sino mantener e incluso agravar la distorsin del reparto del valor aadido iniciada por efecto de su aplicacin en las dcadas de 1980 y 1990, distorsin que se halla en la raz tanto de la desastrosa dinmica econmica general de Europa como de la crisis de la deuda pblica que sacude al continente.

Algunos dirigentes europeos se han dado cuenta ltimamente, a partir de esta contradiccin, que es preciso salir de la crisis mediante una poltica de relanzamiento neokeynesiana a escala europea. Entre ellos figura el nuevo Gobierno francs surgido de la eleccin presidencial y legislativa de mayo y junio pasados. Sin embargo, todo lo que ha conseguido obtener en el ltimo Consejo Europeo es el compromiso de un plan de relanzamiento de 120.000 millones de euros, compuestos de fondos europeos ya comprometidos (como el FEDER) y destinados a grandes obras de infraestructura y que apenas representan el 1 % del PIB europeo. En cuanto a la emisin de eurobonos y la autorizacin al BCE a prestar directamente a los Estados, nada de nada: nicamente ha habido acuerdo en la perspectiva de emitir project bonds (obligaciones destinadas a financiar proyectos comunitarios concretos). La institucin de un impuesto sobre las transacciones financieras en la UE tambin ha quedado aplazada.

Estamos evidentemente muy lejos de lo que sera necesario para comenzar a reequilibrar el reparto del valor aadido y salir de este modo del crculo vicioso en que la austeridad salarial y presupuestaria neoliberal ha sumido a Europa. La razn hay que buscarla en el hecho de que la eleccin de una mayora parlamentaria griega favorable a los memorandos impuestos por la troika ha alejado nuevamente el espectro de una grave crisis poltica y financiera en Europa. Claro que con ello no se ha resuelto ninguno de los problemas de fondo, sino todo lo contrario, puesto que la crisis europea no puede sino resurgir, agravada, en las prximas semanas.

Una zona del euro en desbandada

Si la raz de la crisis econmica que asuela a Europa y al conjunto de los Estados capitalistas centrales se halla sin duda en la distorsin del reparto del valor aadido entre salarios y beneficios que se produjo a raz de la aplicacin de las polticas neoliberales a partir de la dcada de 1980, y si su agravacin se explica por la insistencia de la eurocracia en esas mismas polticas, presenta sin embargo otra dimensin especficamente europea, asociada de nuevo a las contradicciones intrnsecas de la construccin europea y, ms exactamente, de su ncleo duro, la zona del euro.

La edificacin en el seno de la UE de una unin monetaria, al principio restringida a un nmero limitado de Estados miembros, pero con vocacin de ampliarse a todos ellos, se bas en el apuesta de reducir las desigualdades de desarrollo econmico y social, derivadas de sus respectivas historias, efectuando una convergencia gradual entre ellos, en particular mediante la imposicin de disciplinas comunes presupuestarias (un dficit pblico limitado al 3 % del PIB y una deuda pblica mxima del 60 % del PIB) y salariales. Sin embargo, desde que se implant el euro, lo que ha habido es todo lo contrario: no han dejado de aumentar las distancias entre el norte de la zona del euro (Alemania, Austria, Blgica, Pases Bajos y Finlandia) y el sur (Irlanda, Portugal, Espaa, Italia y Grecia; Francia ocupa un lugar intermedio entre estos dos grupos, aunque tiende a acercarse al segundo).

Los Estados sudistas han visto en particular cmo se ha degradado su competitividad de precios frente a los nordistas, no a causa de un desfase salarial (es decir, de un aumento de los salarios reales ms fuerte que el de la productividad), sino de una mayor inflacin estructural. Esta se explica a su vez por la conjuncin de tres factores: un crecimiento mayor de los Estados sudistas, indispensable para acortar distancias con los nordistas y lograr la convergencia preconizada entre ambos grupos; una tendencia ms pronunciada en el sur que en el norte a difundir, en forma de aumentos salariales, las ganancias de productividad realizadas en el sector de fabricacin hacia el resto de la economa; finalmente, los conflictos de reparto de la riqueza social, que son ms fuertes en las formaciones sudistas que en las nordistas debido al carcter ms desigual de las primeras en comparacin con las segundas.

Lejos de corregir esta divergencia entre norte y sur de la zona del euro, la unin monetaria ha favorecido, por el contrario, su agravacin a lo largo de la primera dcada del siglo xxi hasta el estallido de la crisis financiera de 2007-2008, dejando que esta produjera todos sus efectos perversos. Por un lado, al amparo de la moneda comn, los Estados sudistas han podido dejar que aumentara el dficit de su balanza comercial, el reverso de su mayor crecimiento y precio a pagar por su prdida de competitividad, sin que este dficit se compensara con la devaluacin de su moneda, como habra sido el caso de no pertenecer a la zona del euro. De otra parte, por efecto de la poltica monetaria restrictiva del BCE, los Estados sudistas se beneficiaron asimismo de la baja general de los tipos de inters nominales que, dada su mayor tasa de inflacin, se tradujo en una baja ms pronunciada de los tipos de inters reales que en los pases nordistas, incitando as a los poderes pblicos, a las empresas y sobre todo a los hogares a endeudarse y apoyar de este modo su mayor crecimiento. La burbuja inmobiliaria espaola, por ejemplo, se nutri de ello directamente.

En suma, este crecimiento dopado a base de endeudamiento vino acompaado, lgicamente, de un descenso de las tasas de ahorro de los hogares, obligando a las administraciones pblicas a contar con un influjo continuo de capitales extranjeros para financiar sus dficit, con el resultado de que se deterioraron todava ms las cuentas exteriores, al igual que las interiores. El conjunto constituy sin duda una dinmica insostenible al conjugar un descenso general de la competitividad, el endeudamiento privado y pblico, un dficit interior (del ahorro privado al presupuesto pblico) y los dficit exteriores (de la balanza comercial y de la de pagos). Sin que, dicho sea de paso, la eurocracia no dijera esta boca es ma, salvo para felicitar a los distintos Estados sudistas (sobre todo a Irlanda y Espaa), ponindolos como ejemplo para el resto de la UE.

En estas condiciones, la crisis financiera de los aos 2007-2008 no vino tanto a quebrar un crecimiento aparentemente virtuoso como a poner fin a un crculo realmente vicioso y revelar su naturaleza. Al inflar bruscamente el dficit pblico, al acabar con la posibilidad de financiarlo mediante la importacin de capitales extranjeros, al limitar las posibilidades abiertas al endeudamiento privado, al implicar de golpe la necesidad tanto de aumentar la tasa de ahorro nacional como de conseguir un saldo positivo de la balanza comercial, esta crisis impuso a los pases sudistas una poltica de austeridad presupuestaria y salarial, al margen incluso de los preceptos de la poltica neoliberal anunciados ms arriba. Y sobre todo puso fin a la ilusin, que no habr durado ms que unos aos, de que la consecucin de la unin econmica y monetaria a travs del euro sera un camino de rosas.

El replanteamiento de la construccin europea

As, en el curso de los ltimos treinta aos, y tal como se ha llevado a cabo, la construccin europea ha dado dos resultados principales, tan catastrficos uno como el otro. En primer lugar, con la simple creacin de un espacio de libre circulacin de capitales en su forma de mercanca y en su forma de dinero, en cuyo marco ha aumentado la competencia entre capitales y trabajadores asalariados, as como por las disciplinas presupuestaria y salarial a que se vieron abocados los Estados para entrar en la zona del euro y despus para permanecer en ella, la construccin europea ha sido un medio institucional particularmente eficaz de administracin de las polticas neoliberales de austeridad, con la consiguiente desregulacin del mercado de trabajo y el desmantelamiento acelerado de la proteccin social. La regresin resultante se ha visto agravada adems por la gestin por parte de la eurocracia de la crisis de la deuda pblica consecutiva al estallido de la crisis financiera de 2007-2008, supeditada al imperativo de mantener e incluso reforzar la disciplina presupuestaria y el rigor salarial. Esta regresin afecta muy especialmente a los asalariados de ejecucin (obreros y administrativos), para quienes la perspectiva abierta es la de un gran salto atrs, de carcter histrico, que en definitiva no har sino liquidar lisa y llanamente las conquistas del compromiso fordista y, en particular, el Estado providencia.

Adems, la construccin europea, tal como se ha llevado a cabo en los ltimos treinta aos, ha dado un resultado igual de catastrfico: el aumento de las desigualdades de desarrollo entre naciones y regiones europeas. Lejos de impulsar la convergencia de los niveles de desarrollo nacionales y regionales prometida por los eurcratas, ha acentuado las divergencias entre los mismos, reforzando a los ms fuertes y debilitando a los ms dbiles. Lo que se avecina, por tanto, no es una Europa de varias velocidades, sino ms bien la clsica estructura propia de todo espacio conformado por el proceso global de reproduccin del capital, con la fragmentacin y la jerarquizacin en formaciones centrales, semiperifricas y perifricas. Una estructura que no solo existe a escala planetaria, sino tambin en el seno de cada una de las unidades que componen el espacio mundial (Estados o grupos continentales de Estados), simplemente porque se rige por las necesidades de un desarrollo desigual que atiende a las exigencias de la reproduccin del capital.

Desde sus orgenes, en la poca de la Comunidad Econmica Europea (CEE), lo que iba a ser la UE se constituy reuniendo a naciones y ms an a regiones con niveles de desarrollo desiguales, algunas centrales (por ejemplo, la cuenca del Ruhr y Lombarda), otras semiperifricas (las antiguas regiones de la minera del carbn) o perifricas (por ejemplo, el Mezzogiorno italiano, el Massif central francs o la Bretaa). Estas desigualdades de desarrollo no dejaron de extenderse al amparo de la ampliacin de la CEE, y ms tarde de la UE, con la integracin del Reino Unido e Irlanda, los Estados meridionales (Grecia, Espaa, Portugal), los Estados nrdicos (Dinamarca, Suecia, Finlandia) y los Estados de Centroeuropa (Austria y ms tarde los pases del antiguo bloque sovitico). Asimismo, la desigualdad se acrecent con la intensificacin de la competencia entre territorios y poblaciones en el seno de la UE, favorecida por la constante integracin de nuevos territorios menos desarrollados, y se profundiz con la creacin de la unin econmica y monetaria, como hemos visto ms arriba.

Lo ms llamativo en este contexto es sin duda que, arrastrados por esta dinmica, Estados o regiones que al principio eran centrales, tienden a deslizarse hoy hacia posiciones semiperifricas: es lo que amenaza con ocurrirle a Italia entera y a buena parte de Francia (meridional y occidental). Y si la zona del euro se halla hoy en crisis y, por qu no decirlo, al borde del estallido, es por no haber tenido en cuenta la realidad de las desigualdades de desarrollo y por haber sometido a los Estados miembros a polticas que no podan ms que agravarlas. Estos son los resultados de treinta aos de construccin europea: la posible implosin derivada de la recesin econmica y la regresin social y la posible explosin por la imposibilidad de cumplir las reglas que encorsetan las polticas presupuestaria y salarial y por el aumento de las desigualdades de desarrollo. A la luz de esta conclusin, la cuestin de saber si estos resultados han sido voluntarios o no se resuelve por s sola. Sin descartar que la construccin europea haya podido ser utilizada por una parte o la totalidad de la eurocracia como mquina de liberalizar, como instrumento institucional e ideolgico que ha permitido imponer las polticas neoliberales, lo menos que se puede decir es que esos resultados encierran tambin todas las caractersticas de perfectos efectos perversos: procesos que, al escapar del control de quienes los concibieron y promovieron, se vuelven contra ellos como bumeranes amenazantes.

Estallido o refundacin?

Del anlisis que precede se desprende por lo menos una conclusin clara y concreta: a menos que logre refundarse sobre bases radicalmente diferentes de las de naturaleza neoliberal sobre las que se ha edificado hasta ahora, la UE est condenada a romperse a corto plazo. No son nicamente los miembros de la eurocracia los que se enfrentan a semejante alternativa, sino tambin las fuerzas que defienden los intereses de los sectores populares, directamente amenazados tanto por la construccin europea como por su crisis.

Como hemos visto ms arriba, la eurocracia en su conjunto est decidida a proseguir por la senda neoliberal. Este es el caso, en particular, adems de los actuales dirigentes de las instituciones de la UE (Comisin, BCE, Eurogrupo, grupos mayoritarios del Parlamento Europeo, etc.), tambin de los Gobiernos de los Estados que constituyen el ncleo duro de la zona del euro y el centro de la UE: Alemania, Austria, Benelux y Finlandia, a los que se puede asociar Dinamarca y Suecia y que cuentan con el apoyo de dos Estados no miembros de la UE, Noruega y Suiza. Sin embargo, aunque sin poner en tela de juicio el modelo neoliberal, la eurocracia est dividida actualmente entre los duros o los ms o menos moderados. Los primeros preconizan seguir por la misma va cueste lo que cueste, exigiendo la aplicacin ms rigurosa posible de la disciplina presupuestaria y salarial para sanear las cuentas pblicas lo antes posible, aunque sea al precio del estallido de la zona del euro e incluso de la UE, empezando por la salida de Grecia y, ms tarde, sin duda la de Espaa e Italia.

Es precisamente esta perspectiva la que asusta a los moderados, que sealan que si bien la UE puede pagar el precio de la quiebra total de Grecia, ni mucho menos podra encajar la de los pesos pesados que son Espaa y sobre todo Italia. La suspensin de pagos de cualquiera de estos dos pases, seguida de su salida del euro, se llevara por delante todo el sistema financiero europeo (especialmente el bancario). Por tanto, los moderados apuestan por suavizar relativamente las polticas de austeridad, en particular mediante el alargamiento de los plazos fijados para el saneamiento de las finanzas pblicas de los Estados sudistas, la mutualizacin de una parte de las deudas pblicas (segn las diferentes frmulas sealadas ms arriba) e incluso la autorizacin al BCE a financiar las deudas pblicas prestando directamente a los Estados bajo determinadas condiciones.

Este sector cuenta evidentemente con el apoyo de los Gobiernos sudistas, que alegan que las exigencias de ajuste a las que les somete la UE son insostenibles a corto plazo y que a falta de un relanzamiento de la acumulacin, ni siquiera podrn cumplirse a medio plazo. Este es el punto en que los escasos partidarios de un relanzamiento de tipo neokeynesiano que hay en el seno de la eurocracia pueden empezar a hacerse or, aunque de momento no hayan obtenido nada sustancial. Tanto las decisiones como la ausencia de decisiones sobre puntos importantes al trmino del ltimo Consejo Europeo celebrado a finales de junio se explican por la relacin de fuerzas actual entre estas tendencias o matices, marcando un frgil equilibrio que el prximo rebrote de la crisis del euro har volar en pedazos.

Este se producir al amparo de la prxima suspensin de pagos de uno de los Estados sudistas ms endeudados, sin duda Grecia. Con ello se encontrarn entre la espada y la pared no solo los eurcratas, sino tambin las fuerzas sociales y polticas que, en el interior de los Estados en quiebra pretenden defender los intereses de los sectores populares. Las orientaciones y medidas polticas que debern adoptar estas ltimas con este fin ya se han detallado en otra parte: por un lado, el alivio de la deuda pblica, que podra ir de su simple restructuracin (anulacin de una parte de la deuda y aplazamiento de la devolucin del resto) a su recusacin pura y simple, con el argumento de que esa deuda es ilegtima de raz, acompaada de la nacionalizacin del sector bancario para evitar el hundimiento del mismo que provocara la recusacin de la deuda, de la que la banca es acreedora en mayor o menos medida; por otro lado, un nuevo reparto, menos inequitativo, de la riqueza social, combinando un aumento de la masa salarial (mediante la creacin de puestos de trabajo pblicos y privados y un aumento de los salarios directos e indirectos) con una mayor fiscalidad sobre el capital (las empresas), las rentas altas y los grandes patrimonios.

La cuestin es saber si la aplicacin de esta poltica, que da la espalda claramente a las exigencias de austeridad presupuestaria y salarial, ser o no compatible con el mantenimiento de los Estados que la llevaran a cabo en la zona del euro y en la UE. Su continuidad en este marco supondra una profunda revisin de los fundamentos de la UE, revisin que solo podr producirse si se consigue una relacin de fuerzas que permita vencer a la eurocracia guardiana de la ortodoxia neoliberal y arrastrar a otros Estados por la va alternativa. Con este fin podran jugarse dos bazas importantes: por un lado, el carcter ms cooperativo de las medidas preconizadas y adoptadas al hacerse extensivas a ms Estados de la zona del euro y de la UE, y por otro el chantaje de una ruptura con la zona del euro e incluso con la UE y del coste resultante para todos los dems Estados miembros, proporcional al peso de los Estados que salieran. En suma, los partidarios de la refundacin de la UE podran decir a los pueblos europeos que solo podrn salir ganando si sus Gobiernos se comprometen en la nueva va que se abrira de este modo y que, por el contrario, solo podran salir perdiendo si los obligaran a comprometerse solos.

En todo caso, su margen de maniobra estara limitado en proporcin a su peso en el interior de la zona del euro y de la UE. Ante un peso pluma (como por ejemplo Grecia), cabe temer que la postura intransigente antes mencionada pueda resultar en detrimento suyo, no dejndole otra salida que el abandono de la zona del euro. Ocurrira lo mismo si en un Estado se degradara la situacin socioeconmica hasta tal punto que ya no quedara nada que negociar con las instancias europeas; este podra ser el caso de uno de los pesos pesados (como Italia), cuya quiebra superara la capacidad de intervencin de la UE. Sea como fuere, no cabe subestimar las dificultades y los riesgos de esta va.

Lo que sucedera en un Estado (o grupo de Estados) que abandonara de este modo la zona del euro o incluso la UE dependera entonces de la evolucin de la crisis nacional resultante, es decir, de la relacin de fuerzas entre las clases, bloques sociales y formaciones polticas en el interior de este Estado. La aplicacin del programa esbozado implicara entonces su radicalizacin, asociada a una amplia movilizacin popular, con la consiguiente adopcin de medidas proteccionistas (sobre todo con respecto al control de cambios) a fin de frenar los efectos devastadores que comportara el tndem devaluacin-inflacin sobre la nueva moneda nacional que viniera a sustituir al euro; la constitucin, sobre la base de la nacionalizacin de la banca, de un fondo social de inversin en beneficio de los servicios pblicos, equipamientos colectivos, del sector de la economa social y de las empresas autogestionadas; la socializacin de todos los sectores estratgicos y su reconversin conforme a las necesidades sociales y los imperativos ecolgicos al amparo de un debate y una decisin democrtica con plena participacin de los trabajadores; la socializacin y el desarrollo de los servicios pblicos y de los equipamientos colectivos bajo el control de comits compuestos por trabajadores y usuarios, estableciendo su gratuidad.

Al permitir a las capas sociales reapropiarse de sus condiciones sociales de existencia y de los medios para producirlas, estas medidas daran un contenido concreto a la nocin de recuperacin de la soberana popular (nacional) asociada a la ruptura con el yugo de la UE. Sin contar con que esta sera la mejor manera de cortar la hierba bajo los pies de una derecha y una extrema derecha que no dejaran de hacer campaa sobre esta misma cuestin, pero dndole un contenido reaccionario y xenfobo muy distinto, del tipo de preferencia nacional, y tras las cuales se agruparan entonces las clases propietarias, con la burguesa a la cabeza. En suma, como de costumbre sera la vieja lucha de clases la que continuara entonces escribiendo la historia.

12/8/2012

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article26194

Traduccin: VIENTO SUR

Fuente: http://www.vientosur.info/spip/spip.php?article7080



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