Portada :: Opinin :: La Izquierda a debate
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-09-2012

Respuesta al artculo de Alberto Garzn "Desobediencia civil, Estado de derecho y la izquierda"
El miedo a la libertad

John Brown
Iohannes Maurus


"En tanto que el Estado exista, no hay libertad. Cuando haya libertad, no habr ningn Estado."
V.I. Lenin

Las consecuencias de algunos actos pueden superar en determinadas circunstancias las expectativas de quienes los realizan o de quienes los contemplan. Es como si el acto desbordase el marco en que inicialmente se inscriba para teir de sus consecuencias amplias regiones de la realidad. El que dos grupos de ciudadanos andaluces y militantes del SAT llenaran sus carros de productos de primera necesidad y salieran sin pagar de varios supermercados de las cadenas Carrefour y Mercadona parecera un acto bastante intranscedente en un pas y en una regin que atraviesan una dura crisis econmica. De hecho, los directivos de la cadena Carrefour tuvieron la inteligencia de regalar a los activistas el contenido de los carros, quedando por su parte el incidente zanjado. No ocurri, sin embargo, lo mismo en Mercadona: all la direccin puso denuncia contra los expropiadores y opt por dar al incidente una solucin antagonista y represiva. Se produjeron a consecuencia de ello diversas detenciones y se puso en marcha un procedimiento judicial contra las personas que intervinieron en los actos de expropiacin.

La actitud de la direccin de Mercadona, si bien fue poco hbil, es perfectamente comprensible. Lo que se est cuestionando con estos actos aun simblicos de expropiacin de bienes de primera necesidad es un orden social basado en la propiedad, el mismo orden que est depauperando a capas cada vez ms amplias de las sociedades europeas en nombre del pago de la deuda financiera. El mismo principio jurdico y moral por el que "hay que pagar" el contenido de los carritos de Mercadona es el que impone el pago de la deuda odiosa tanto pblica como privada. Cuestionar la propiedad es socavar uno de los cimientos principales del orden establecido. Vivimos en un orden jurdico y poltico cuya base es la propiedad: es algo que saben bien los directivos de Mercadona y que saben no menos bien los compaeros que participaron junto al alcalde Snchez Gordillo en los actos de expropiacin.
Ante un acto que sacude los cimientos del orden vigente, la primera reaccin es experimentar un cierto vrtigo, pues lo que se nos escurre bajo nuestros pies es el suelo mismo en que reposa el conjunto del orden social. De ah algunas reacciones de pnico de personas que consideraron que, a partir del momento en que se toleran estas expropiaciones, queda abierta la posibilidad de que cualquiera entre en nuestras casas y se instale en ellas, de que se pierda todo respecto a la intimidad de las personas y peligre su seguridad. Los reflejos del miedo a los pobres por parte de quienes no se consideran pobres -aunque cada vez lo sean ms- se activaron de inmediato y se intensificaron merced a la labor de los medios de comunicacin de todas las derechas (La Gaceta, La Razn, ABC, El Pas, Interconoma, La Ser etc.). Era esencial que una sociedad cuya mayora social est siendo masivamente despojada en beneficio de unos pocos, siguiera identificndose con los valores y principios de la propiedad y de los propietarios. Era esencial que la causa de la inseguridad y de la pobreza no se localizase en sus autnticos responsables, que son el capital financiero y su Estado, sino en un puado de activistas que, precisamente, luchaban contra la inseguridad y la pobreza que afectan a las mayoras.

El acto de Snchez Gordillo y de sus compaeros nos interpela a todos y nos obliga a tomar partido: o bien con los que defienden el orden de la propiedad a costa de la existencia misma de las personas o bien con quienes subordinan la propiedad a la cobertura de las necesidades vitales de la gente. Rara vez, en una sociedad de la que decan que haba desparecido la lucha de clases, ha estado ms clara la lnea de antagonismo. La lucha de clases se presenta, no ya como la lucha entre dos bandos preconstituidos, sino como el proceso y el resultado de una lucha por la apropiacin/expropiacin de la riqueza y de los medios de produccin. Unos, la minora de los de arriba, expropian a travs de la finanza y del Estado a la mayora, esta empieza ahora a expropiar -segn la frmula de Marx- a los expropiadores. No se trata, sin embargo, en esta expropiacin de desplazar la propiedad de unos a otros, de unos particulares a otros o de los particulares al Estado, sino, sobre todo, de pasar de la lgica de la propiedad a la de los comunes. Existen comunes, bienes comunes que no deben ser objeto de propiedad, pues la propiedad, tanto privada como estatal, los degrada y los puede destruir, impidiendo el libre acceso a ellos. Estos comunes no son nada misterioso, son el trasunto de toda sociedad humana: los medios de subsistencia bsicos, la salud, la educacin, la cultura, el conocimiento, pero tambin el agua, el aire, la tierra, el lenguaje. La accin del SAT en Mercadona fue exactamente un acto de reapropiacin de comunes, de lo necesario para el sustento de aquellos seres humanos a quienes el rgimen de la propiedad niega el sustento. Es el equivalente estricto de la ocupacin por los campesinos de tierras baldas en manos de terratenientes. El motor de estos actos no es una ideologa, sino una situacin de necesidad. Como afirma magistralmente el compaero Snchez Gordillo, "no somos la extrema izquierda, sino la extrema necesidad".

Frente a estos actos de reapropiacin de los comunes, se han producido diversas reacciones en la izquierda espaola. El presidente "socialista" de la Junta de Andaluca, junto a la casi totalidad del PSOE los conden, Izquierda Unida reaccion, como casi siempre, de maneras opuestas: un apoyo sin entusiasmo por parte de Llamazares contrast con las condenas procedentes de los jerarcas de IU en la coalicin de gobierno andaluza. Militantes y cargos pblicos de la irreductible IU-Extremadura no slo se solidarizaron plenamente con los del SAT, sino que participaron en una accin similar organizada en Mrida por la Plataforma Extremea por la Renta Bsica. Dentro de estas reacciones, nos encontramos con una particularmente significativa. El nico diputado de IU que procede del movimiento 15M, el joven economista Alberto Garzn, intenta fundamentar y justificar las acciones de Snchez Gordillo y sus compaeros aplicndoles el concepto de "desobediencia civil" en un artculo de su blog "Pijus Economicus" (otro que juega con el falso latn...). El artculo lleva por ttulo "Desobediencia civil, Estado de derecho y la izquierda". Vale la pena detenerse en los argumentos que en l se utilizan.

En primer lugar, Garzn fija el objetivo de su contribucin: "El objetivo, a mi entender, es dilucidar si estas acciones son coherentes y consistentes con la accin poltica de la izquierda y, en concreto, de Izquierda Unida. Mi intencin es hacer aqu algunas aportaciones a dicho debate, tratando de justificar que estas acciones son tcticas adecuadas que se inscriben en una estrategia que busca alcanzar una democracia real y un verdadero Estado de Derecho." Desde el primer momento destaca el afn normalizador: se trata de ver si estas acciones encajan en la "accin poltica de la izquierda" y en concreto de IU. Segn el autor, parece que s y que, adems lo haran porque se inscriben en una estrategia orientada a la consecucin de una "democracia real" y de un "verdadero Estado de Derecho". El objetivo de la izquierda es, a su juicio, el logro de una "democracia real" que se enmarca en el Estado de derecho.
Prosigue Alberto Garzn afirmando que las acciones del SAT en cuestin son actos de "desobediencia civil". La "desobediencia civil" se entiende aqu a la manera de Rawls (resumido por Luis Felip): "la desobediencia civil significa que, asumindose lo fundamental del estado democrtico de derecho realmente existente (a pesar de sus imperfecciones), y en especial los principios de justicia que lo rigen, se lleva a cabo una forma de disensin. La desobediencia civil es desobediencia dentro de un orden, puesto que parte del respeto al Estado de derecho realmente existente y a sus normas y justifica la disensin en nombre de los propios principios que lo inspiran. La desobediencia civil segn Garazn no va ms all del chato concepto de Rawls, para quien la desobediencia civil es una forma de obediencia al orden del Estado de derecho que supera la mera obediencia de sus leyes. Una obediencia supererogatoria diran los telogos y los moralistas. La desobediencia queda as sometida a justificacin, debe siempre poderse subsumir en una norma anterior de modo que la desobediencia legtima del sbdito, ante el insuperable poder del soberano, pueda siempre reducirse, en ltimo trmino, a una forma de obediencia. Dentro del marco hobbesiano en el que se desenvuelve la filosofa de Rawls, es, en efecto, imposible aceptar una desobediencia civil radical, que cuestione no slo un aspecto del orden legal sino la totalidad de este, y que lo haga sin necesidad de ninguna justificacin interna al marco jurdico-moral del orden establecido. De aceptarse tal cosa, todo el sistema de la soberana del Estado moderno como rgimen de produccin de obediencia saltara en pedazos, pues el desobediente cuestionara el monopolio legislativo del soberano, dndose su propia ley.

No creo que el compaero Snchez Gordillo se reconozca en la disciplinada memez de una desobediencia que obedece. Tampoco creo que esta concepcin pacata haga honor al creador del concepto de desobediencia civil, Henry David Thoreau, cuya radicalidad y amor por la libertad supera con creces a tantos espritus tristes presos de la supersticin del Estado. Lo que no puede pensar Alberto Garzn es otro tipo de desobediencia, la desobediencia que necesita pensar y practicar quien quiera romper con un rgimen poltico y social y no slo acomodarse a l, una desobediencia absoluta que no necesite justificacin ni garantas, una desobediencia que, segn la frmula de Jacques Lacan "se autorice por s misma".

Acto seguido, incurre Garzn en una larga digresin sobre la Ilustracin y el capitalismo de la mano de nuestros amigos y compaeros Luis Alegre Zahonero y Carlos Fernndez Liria -con quienes ya hemos tenido ocasin de mantener ms de un interesante debate, en la que intenta mostrar que una cosa es el programa de la Ilustracin basado en el concepto kantiano de "libertad civil" y otra el capitalismo. Uno y otro se resumen as: "Por un lado el ideal de vivir al margen de las creencias de los dems pero de acuerdo a las leyes y a la Razn, y por otro lado el ideal de permitir que los derechos de propiedad de los medios de produccin permitan acrecentar la riqueza individual sin ningn tipo de intervencin externa." Segn esto, el capitalismo y el programa poltico de la Ilustracin nada tendran que ver y fue error gravsimo de la izquierda el confundirlos, un error que trajo consigo la derrota y la deriva totalitaria. En otros trminos, fuera del Estado de derecho que constituye para ellos la suma del programa de la Ilustracin, no hay salvacin alguna para la izquierda.

Ciertamente, tanto Alberto Garzn como los dos pensadores que cita son amigos de la libertad, pero la sitan mal. Buscan la libertad, no ya en el potente movimiento popular de resistencia al Estado expropiador -el Estado absolutista y su sucesor, el Estado liberal ilustrado- sino en este mismo Estado y en sus principios jurdicos. Buscan la libertad en el derecho, olvidando que el derecho se basa, como afirma toda la tradicin, no slo Pasukanis o Marx, sino Locke y el propio Kant que ellos toman como referencia, en la propiedad y olvidan que la propiedad es en los tiempos modernos resultado de la expropiacin de los comunes. No es un bolchevique furioso denigrador de la Ilustracin sino Immanuel Kant quien, siguiendo a Locke, afirma en sus Principios metafsicos del derecho (I, IX) que "una constitucin civil no es ms que el estado de derecho que asegura a cada uno lo suyo". Es curioso, por otra parte, que siga denominndose marxista gente que no ha comprendido que el trabajador es "libre" en el capitalismo segn Marx en el doble sentido de que es jurdicamente libre y de que est expropiado de los medios de produccin (comunes o privados). La libertad que defienden los partidarios de izquierda del Estado de derecho es la libertad determinada por el orden del derecho y del mercado, por el orden de la propiedad y de la expropiacin de las mayoras. Este es a la vez indisolublemente el orden del derecho y del Estado y el marco de la reproduccin del orden capitalista. Este no es ni puede ser, sin embargo, el partido de la libertad. El partido de la libertad slo puede ser el partido de la libertad para todos, el partido de la democracia real -o de la democracia "omnino absoluta" (totalmente absoluta) de Spinoza- que no puede concidir con la defensa del rgimen de propiedad/expropiacin denominado Estado de Derecho.

Es terrible la derrota de la izquierda. Todava no hemos salido de ella. Su sntoma principal es la ignorancia profunda de la historia popular y su voluntad de acomodarse a los relatos y a las justificaciones oficiales del poder. As, puede confundirse una lucha secular por la libertad y por los comunes que historiadores como Peter Linebaugh o Silvia Federici -o anteriormente Hobsbawn o Thompson- describieron con detalle y emocin, con el secuestro de esta lucha en el marco del Estado de derecho, en el Estado de los propietarios basado en la expropiacin de los comunes. Tremenda confusin que hace de Locke o de Kant compaeros de viaje de un socialismo de Estado que sera "la realizacin del Estado de derecho", del "verdadero" Estado de derecho...Como afirma Garzn en su artculo: "el fin ms alto del ser humano es el de convertirse en un ciudadano en el marco de un verdadero Estado de Derecho: un Estado de Derecho socialista." Aparte de que la teora del Estado de derecho socialista no es ninguna novedad, sino que ya fue desarrollada por Vichinsky y su escuela contra Pasukanis en el perodo de los procesos de Mosc, un socialismo as no sera la transicin al comunismo, a la democracia absoluta de los comunes pensada por Marx y Engels -y por Spinoza- sino un Estado final de la humanidad, un fin de la historia, bajo el Estado, bajo el derecho, bajo la propiedad, aunque esta tenga un mayor componente pblico-estatal que permite calificarla de "socialista".

En algo se puede estar de acuerdo con Garzn. Tiene toda la razn cuendo afirma citando a Luis Felip que la izquierda: "ha de situar en primer plano la contradiccin entre democracia y capitalismo". Lo que ocurre es que la democracia no se puede pensar desde las propias instituciones que producen y reproducen el orden capitalista: el mercado, el derecho, el Estado, el Estado de derecho. La democracia real es un rgimen de lo comn y su sumisin a la norma de la propiedad tanto privada como pblico-estatal (socialista) socava sus bases y termina destruyndola. Obviamente, el comunismo, el movimiento real encaminado a la liberacin de los comunes y la autodeterminacin de la multitud, es el nico partido de la libertad y de la democracia. Obviamente, el capitalismo es incompatible con ellas. Esto, sin embargo, no permite, sino que impide identificar libertad y democracia con Estado, derecho ni Estado de derecho. Donde hay Estado no hay libertad, donde hay libertad no hay Estado.

Fuente: http://iohannesmaurus.blogspot.be/2012/09/el-miedo-la-libertad-respuesta-al.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter