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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-09-2012

Los desempleados no son culpables

Fernando Luengo
Pblico.es


Recortamos las prestaciones por desempleo para estimular la bsqueda de empleo As se pronunciaba el presidente del gobierno el da que anunciaba el programa de recortes ms drstico de las ltimas dcadas. Como lea un texto, suponemos que redactado a conciencia, es difcil imaginar que dicha afirmacin se haya colado por descuido, o por error. Debemos suponer, en consecuencia, que ha sido deliberada y que se quera decir lo que se dijo.

En muchos de los manuales de economa laboral que se ensean en nuestras universidades se sostiene una tesis parecida: Las personas en edad y dispuestas a trabajar (lo que los economistas llamamos poblacin activa) se enfrentan al dilema de trabajar o permanecer ociosos. En la resolucin de ese dilema ocupara un lugar central la relacin entre el salario percibido por desempear un trabajo, por un lado, y el nivel y duracin de la prestacin por desempleo, por otro lado. Cuanto ms generosa sea sta, menores seran los estmulos para buscar activamente un trabajo, de modo que los trabajadores se inclinaran por disfrutar de su ocio, eso s, protegidos por la cobertura pblica. Llevados por este razonamiento, la existencia de una relacin inversa entre empleo y prestacin, los economistas neoliberales con posiciones ms extremas defienden que un adecuado sistema de estmulos es incompatible con la existencia misma de la prestacin, por lo que debera ser suprimida. No podemos aceptar, sin embargo, este relato, por varias razones.

Empecemos por lo ms evidente, que tambin es lo ms urgente. La prestacin por desempleo es un mecanismo anti cclico que se activa en periodos de crisis econmica. Esto quiere decir que, si existe el derecho a la prestacin (derecho que, no lo olvidemos, se disfruta porque el trabajador ha cotizado a la Seguridad Social a lo largo de su vida laboral), la prdida del empleo permite recibir una compensacin monetaria, la cual, junto a otros rubros de gasto pblico, contribuye al mantenimiento de un determinado nivel de demanda agregada. En un contexto como el actual, caracterizado por una brusca y continuada cada de la misma, recortar el importe de la prestacin (y ms en general, entregarse a una poltica encaminada a reducir de manera drstica el gasto pblico como la que se est aplicando en la actualidad) supone cercenar an ms las posibilidades de recuperacin econmica.

Conviene aclarar (tener que aclarar esto, a estas alturas!!) que la responsabilidad del desempleo no es, con carcter general, de quien lo padece. La crisis econmica ha destruido millones de puestos de trabajo, sin que las polticas aplicadas hasta el momento hayan creado las condiciones para recuperarlos; todo lo contrario, han agravado la situacin. Y un problema que se superpone a este, y que acaso lo oculte, es que durante las ltimas dcadas, incluso en contextos de mayor crecimiento, las economas europeas no han sido capaces de absorber la oferta de fuerza de trabajo disponible. Aadamos que la calidad (la decencia, utilizando un trmino usado por la Organizacin Internacional del Trabajo), esto es, los salarios y los derechos laborales, han experimentado una merma continua en el conjunto de la Unin Europea, no slo en los pases del Sur.

Se supone, asimismo (aunque no se diga de manera explcita por ahora), que la persona que est desempleada prefiere mantenerse en esta situacin a desempear un trabajo. Su inclinacin natural (reforzada por el estmulo perverso que representa la prestacin) sera situarse fuera del sistema productivo. Se ignora as que el trabajo, adems de proporcionar un salario con el que cubrir las necesidades, es una fuente de derechos individuales y colectivos y refuerza la autoestima; al contrario, el desempleo genera frustracin, desconfianza y desmoralizacin, adems de ser un factor de descualificacin. Tngase en cuenta, por otro lado, que la supuesta comodidad de vivir de la sopa boba que supone la prestacin omite (deliberadamente?) que su importe no ha dejado de reducirse con las sucesivas reformas laborales introducidas en los ltimos aos y que, transcurrido un periodo de tiempo (que tambin se ha recortado), el trabajador deja de recibirla, pasando a depender de las crecientemente precarias redes de asistencia social. Una cosa ms, reducir la prestacin por desempleo o el salario mnimo no crea puestos de trabajo, del mismo modo que tampoco los crean las polticas que no tienen otro objetivo que aminorar los costes de las empresas presionando sobre los salarios. En este sentido, diferentes estudios de la Organizacin para la Cooperacin y el Desarrollo Econmico (el club de referencia de la ortodoxia econmica) ofrecen resultados muy dispares, en absoluto concluyentes e incluso opuestos a las tesis ms liberales.

Conociendo (parcialmente, pues tan slo emerge la punta del iceberg) las retribuciones que se auto asignan los directivos de las grandes corporaciones, las indemnizaciones que reciben cuando abandonan sus cargos (a menudo, tras enriquecerse llevando a sus empresas a una situacin financiera lmite o directamente a la quiebra), cuando se sabe que las grandes fortunas apenas tributan, cuando se acaba de amnistiar, a cambio de una mnima penalizacin, a los defraudadores resulta obsceno y cnico, adems de ineficaz, meter la tijera en la prestacin por desempleo y pretender mejorar el balance ocupacional a travs de este estmulo.

Reducir la prestacin, en un contexto de desempleo masivo y de desequilibrio en las relaciones de poder, en beneficio del capital, slo servir para reducir todava ms los salarios, de los que tienen la suerte de trabajar, reduciendo asimismo la muy limitada capacidad de presin de las organizaciones sindicales. Si no hay suelo o ste se tambalea (porque se recorte el importe de la prestacin o se rebaje el salario mnimo), las empresas jugarn, como ya lo estn haciendo, la baza de los bajos salarios, perjudicando sobre todo a los colectivos ms vulnerables.

La derecha poltica y los mercados, liberados de complejos y prevenciones, superadas todas las lneas rojas, arrumbados los muros de contencin que an quedaban en pie, ponen sobre la mesa su gran apuesta: someter los derechos sociales al escrutinio de los mercados. Esos mismos derechos por los que muchos hemos peleado, que tanto tienen que ver con la democracia, el ejercicio de la ciudadana, la dignidad y el progreso.


Profesor de Economa Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid, investigador del Instituto Complutense de Estudios Internacionales y miembro del colectivo econoNuestra.

http://blogs.publico.es/otrasmiradas/326/los-desempleados-no-son-culpables/


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