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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-09-2012

Apuntes sobre La desaparicin del exterior de Antonio Mndez Rubio

Arturo Borra
Rebelin


I

Hay libros llamados a pasar en puntas de pie, casi inadvertidos, tanto por la propia exigencia de invisibilidad como por el desajuste que producen con respecto a las lecturas hegemnicas sobre el presente. Ese desajuste, producido a fuerza de un sostenido y consistente trabajo crtico con respecto al campo de la comunicacin y la cultura, es el que reaparece en (otra) escena en La desaparicin del exterior: Cultura, crisis y fascismo de baja intensidad (Eclipsados, Zaragoza, 2012), el nuevo libro del ensayista Antonio Mndez Rubio, en continuidad con trabajos precedentes como La apuesta invisible: Cultura, globalizacin y crtica social (Montesinos, Barcelona, 2003) o Encrucijadas: Elementos de crtica de la cultura (Ctedra, Madrid, 1997).

En este nuevo libro, Mndez Rubio rene ensayos heterogneos escritos entre 2001 y 2009, adems de tres entrevistas recientes. Con su ya caracterstico estilo lcido, mordaz y provocativo el autor retoma el tejido problemtico que enhebra a partir del borrado de una exterioridad tan incierta como necesaria para imaginar (y, por ende, instituir) otra forma de sociedad. Un tejido, por otra parte, capaz de asfixiar si se le da crdito. La misma dedicatoria a Joaqun Herrera Flores es elocuente con respecto al alcance de las tesis de partida: lo que est en juego (en riesgo, mejor) en nuestras sociedades contemporneas no es slo un asunto de derechos humanos, sino la vida misma.

Para Antonio Mndez Rubio vale lo que deca Edmond Jabs: Preguntar es estar sin pertenencia el tiempo que dura la pregunta; es estar sin pertenencia en la pertenencia, sin lazos en el lazo. Desatarse a fin de atarse mejor para volver a desatarse; es, del dentro, hacer un fuera perpetuo; es liberarse y, de esa libertad, disfrutar y morir (1984: 24 [1]). Exactamente lo contrario a lo que produce el capitalismo: convertir el afuera en una interioridad perpetua que, paradjicamente, expulsa hasta los sueos, la imaginacin, las aoranzas. Su poder de asimilacin podra describirse como fuerza de interiorizacin neutralizadora de un exterior significado como amenazante. Esta deglucin tendencial que produce el capitalismo es goce de muerte que plantea el lazo como imposible de desanudar. Estrictamente: la lgica de la esclavitud, que acepta como dados los vnculos, esto es, nudos naturales (en verdad, naturalizados) que no podran desatarse. Qu otra cosa podran perseguir los imperativos hegemnicos que repiten de forma incesante la presunta inexistencia de alternativas tico-polticas a un presente cada vez ms desolado? Y cmo podra todava cuestionarse ese poder asimilador, ese gran interior que se presume omnipotente e inalterable, como no sea a travs de una interrogacin interminable?

La desaparicin del exterior dispara en ese sentido, tal vez como una reivindicacin no tan silenciosa de la intemperie. Con ello, se extraa del mundo social al que pertenece y, desde la libertad de crtica que ejerce, acepta el desafo de atravesar el desierto. El carcter perturbador de esta desaparicin es claro:

En este mundo (no mundo-otro sino mundo-uno), la pauta de orden parece reproducirse a s misma de manera obscena, autoevidente, como una negacin del afuera, como un borrado de cualquier exterior (Mndez Rubio, 2012: 19).

La autoafirmacin ilimitada de ese mundo-uno se hace patente, en primer lugar, en la difuminacin de la distincin entre lo pblico y lo privado de la primera modernidad, as como en la totalizacin que el presente hace de s mismo, avanzando en el viejo sueo totalitario de un mundo clausurado, como dcadas atrs denunciaran algunos intelectuales ligados al crculo de Frankfurt.

Los efectos claustrofbicos que el actual orden globalizador produce son indisimulables, pero esa claustrofobia no es crtica todava si no permite elucidar formas de anlisis e intervencin que contribuyan a fisurar esa membrana que se proyecta como invulnerable, incluso si para ello debe erigir un escudo que nos protegera de la presunta amenaza de la alteridad. Ante este espacio totalizado, Mndez Rubio enfatiza las claves culturales de cuo libertario que anclan las prcticas crticas a su condicin (de)constructiva, poitico-poltica, que apunten a un movimiento diasprico, capaz de quebrar esa frontera fijada entre un interior plcido y un exterior peligroso que mejor sera evitar.

La toma de distancia de un cierto progresismo reformista es ntida: no hay capitalismo de rostro humano. Por tanto, no se trata meramente de cuestionar supuestas perversiones de la democracia sino de trazar una crtica y unas luchas contra una renovada y legalizada forma de fascismo histrico (2012: 23). Tras las huellas de diversos autores ligados a un horizonte crtico desde Adorno y Bauman hasta Sloterdijk o Virilio- Mndez Rubio procura reconstruir la filiacin entre fascismo y modernidad e incluso, de forma ms concreta, entre holocausto, industrializacin y estatalismo. Si la cultura de masas instala como prototipo del fascismo al nazismo alemn (reducindolo as a un caso nico, localizable y rentable), La desaparicin del exterior avanza en sentido contrario: tanto el nazismo como la modernidad oficial comparten un industrialismo desenfrenado y un nacional-estatalismo que los emparenta de modo indisimulable.

Dicho lo cual, se plantea la hiptesis polmica que sostiene () la existencia de un vnculo pragmtico e inercial entre el ambiente social actual y un fascismo de baja intensidad (2012: 25), entendiendo por baja intensidad una presin mnima pero en el contexto de una opresin constante, extensa y profunda. El autor apoya esa hiptesis al menos en cuatro bases: la desaparicin del espacio pblico, la neutralizacin expansiva de la informacin como propaganda y publicidad, la invisibilizacin del otro construido como amenaza y la produccin adictiva de pobreza a gran escala. Sobre esos escombros, se alzara un orden social autoconcebido como rgimen inconstestable que normaliza por consenso el control y la violencia extendidos.

Siguiendo a Foucault, Mndez Rubio define el actual espacio como una () especie de espacio total, sin exterior, donde la amnesia ocupa el lugar tradicional de la memoria, la actualidad ocupa el protagonismo que tuviera la historia, y el mundo se traduce a cdigos acelerados de interconectividad sin lmite, de inmediatez comunicativa, donde, como se cansan de repetir eslganes comerciales y polticos, todo es posible (2012: 34). Ante esta realidad histrica, que coincide con lo que Hannah Arendt llamaba totalitarismo, La desaparicin del exterior contrapone un antipoder de raz crtica o todava revolucionaria que abogue por la produccin de espaciamientos o aperturas imprevistas.

Sin embargo, difcilmente podemos cambiar esa realidad histrica si no atendemos a las especificidades de la actual fase postmoderna y globalizada del capitalismo, en la que lo cultural adquirira una relevancia estratgica sin precedentes. Eso convierte nuestra vida en comn en un campo de lucha decisivo y tambin habilita a una revalorizacin poltica y cultural de lo popular-subalterno, en tanto condicin de alteridad y alteracin de lo hegemnico. Tal vez en ese modo de produccin podran rearticularse unos conflictos que abran los espacios de poder hacia un exterior que, paradjicamente, no existira.


 

II

Sugerente en distintos sentidos, La desaparicin del exterior tambin incide en la crtica a una sociedad del espectculo que sobreproduce imgenes ante el vaciamiento del exterior, en una suerte de virtualizacin de lo vivido o () espectacularizacin de un afuera que de alguna forma escpica suture la herida dejada abierta por la desaparicin del exterior (2012: 45). Antes que invitar al optimismo, el autor advierte sobre los peligros que se ciernen sobre la comunicacin en un mundo que se presume plenamente intercomunicado y que, ms bien, desplaza a una zona de solipsismo interactivo que pocas semejanzas guarda ya con la experiencia del dilogo.

En las condiciones de este cercado existencial, los espacios pblicos son reconvertidos en espacios publicitarios, lugares de paso por un territorio sin lmite que encarna en un mundo televisivo tan fascinante como virtualizado. Las implicaciones de ese espectculo son graves; ante todo, el borrado de aquellos sujetos sufrientes entre los que cuentan los refugiados, los pobres, los esclavos, los desechos sin valor del mercado global.

Frente a una cultura que pone en crisis los vnculos comunitarios y nos encierra en un ensimismamiento compartido resulta de vital importancia la interrogacin por lo comn. Mndez Rubio ahonda en esa direccin, remitiendo tanto a la comunicacin como exposicin con el afuera (Nancy) como a la necesidad poltica de crear espaciamientos crticos (incluyendo la apertura simblica de cierta produccin artstica, creadora de una zona de incertidumbre) en un espacio social que se pretende suturado.

Tal vez en esas indagaciones el lector sienta que puede respirar. El libro, sin embargo, no da tregua. De forma elptica y polmica, Mndez Rubio advierte incluso sobre un cierto activismo que da por evidente la posibilidad de una accin crtica en el espacio pblico actual. Contra las llamadas fciles a la accin que involuntariamente tienden a reproducir el orden existente, el autor insiste en la necesidad de revisar los propios presupuestos (o definiciones) del hacer, parafraseando a Zzk y su llamado a hacer nada que de lugar a otro hacer y, en primer trmino, a otro modo de vivir. Y aunque ante un posicionamiento as uno se ve tentado de preguntar si no estamos ya haciendo nada, la puntuacin crtica es ms que pertinente en un contexto histrico en el que incluso las prcticas polticas ms contestatarias corren el riesgo de ser asimiladas sin excesiva dificultad.

Cualquiera sea la respuesta a la cuestin previa, Mndez Rubio nos instala en un campo tan incmodo como imprescindible al momento de hacer una reflexin poltica radical. Si el valor de un trabajo crtico no reside en su novedad sino en su capacidad de perforacin -o, si se prefiere, en su fuerza para desenlazar esos nudos que nuestra actualidad ha atado con violencia-, entonces, no hay dudas que La desaparicin del exterior opera en ese sentido de un modo lcido y ejemplar. Lejos de limitarse a repetir, persiste en la interrogacin de una problemtica de primer orden: el giro histrico de un fascismo clsico ligado al nacional-socialismo a un fascismo de baja intensidad (2). Su tesis es tan clara como inquietante: el actual sistema global(itario) en el que vivimos puede caracterizarse precisamente por esta segunda variante fascista, en absoluto ajena a la realidad de un holocausto permanente:

 

Mientras tanto, la identificacin de la poltica con la lgica del terrorismo y de la guerra sigue su curso afable, indiferente. As que la subversin apenas perceptible, silenciosa, le queda an el desafo de desbordar el esquematismo y el absolutismo autista del sistema, el reto de transgredir los lmites secretos de una propaganda ilimitada. Esto es: la necesidad de encontrar las fisuras improbables de una realidad sin exterior (2012: 70).

En una poca de mirada sin visin, la referencia a una poltica nocturna es ineludible; se trata de aprender a mirar contra la obviedad de la propaganda que incita al consumo mientras la informacin y la guerra se convierten en mercancas cada vez ms rentables. Esa obviedad propagandstica no slo absolutiza y totaliza su punto de vista; tambin instala un discurso monolgico y estandarizante que censura matrices discursivo-crticas, asimilando la produccin de orden a la produccin de miedo a gran escala. Correlativamente, la guerra aparece como medio de reproduccin de las alianzas entre mercado y estado, capitalismo y gobierno, planteando la disidencia como una amenaza sistmica.

El diagnstico es lapidario: tras el 11-S, vivimos en un estado de excepcin permanente, bajo la hegemona de un fascismo de baja intensidad. Si el fascismo clsico constituye una variante comparativamente ms letal en el plano de los cuerpos, en este caso se trata de una variante que a travs de la ideologa de la no ideologa apuesta a desarticular cualquier vestigio de una existencia autnoma y su apertura a la alteridad. A ese desplazamiento, que no niega rasgos comunes (el espectculo, la propaganda, el aislamiento, la movilizacin masiva), le corresponden operaciones diferenciales: mientras el fascismo clsico opera predominantemente a travs de un estado militarizado que administra el genocidio, el fascismo de baja intensidad opera de forma predominante a travs de golpes de mercado, con consecuencias no menos funestas para cientos de millones de vidas.

Ahora bien, si hay estructuras fascistas en la vida democrtica, si la modernidad misma tiene como contracara el holocausto, entonces, cualquier proyecto de reingeniera social no hace ms que agravar las cosas. Con ello, el reformismo como intervencin poltica deja indemnes las bases socioculturales e institucionales que producen una masacre ms o menos silenciosa: el racismo, el autoritarismo centralizado, la estabilizacin del estado de excepcin, la pasividad de la poblacin civil terminan institucionalizando el mundo como campo de concentracin. En tanto nuevo fascismo no se plantea aqu una solucin final puesto que ya no la necesita: la alteridad, gestionada como amenaza, est sometida al riesgo de la desechabilidad. Alcanza con observar lo que ocurre con tantos inmigrantes o grupos marginados para saber que ese riesgo regularmente se convierte en una sangrante realidad.


III

No es propsito de estos breves apuntes resumir un libro estrictamente irresumible. Como aventura intelectual y poltica, exige ser transitada en su complejidad y sus aristas ms punzantes. Sus afirmaciones son suficientemente graves como para que el lector ahonde en sus implicaciones. No se trata, desde luego, de generalidades difusas: cada ensayo de Mndez Rubio, como un poliedro, aborda en profundidad diferentes dimensiones de un presente neofascista que (nos) amenaza de muerte: la guerra, la inmigracin, los mass-media, la alianza entre mercado, estado y cultura masiva, la ciudad imposibilitada y algunas formas de resistencia cultural ante un presente devastador, son abordados de manera incisiva, con una argumentacin implacable y luminosa. Pero Mndez Rubio no se limita a constatar el desastre: invita a una travesa que empieza desde la derrota. Puesto que estamos dentro, nuestra labor no puede ser sino el de intentar inventar una salida.

La desaparicin del exterior recapitula unas tesis previas que ya anticipaban la ofensiva capitalista en curso desde hace una dcada, a escala planetaria. Sin embargo, en las condiciones histricas de produccin de esas tesis, diez aos atrs, la afirmacin de que social-democracia y fascismo de baja intensidad mantenan una relacin ms estrecha de lo que en general se estaba dispuesto a admitir estaba destinada a ser desoda. La promesa de acceso ilimitado al consumo (a partir del endeudamiento) en el contexto de una democracia de masas, celebrada como el fin de la historia y articulada por los massmedia, pareca confinar esas tesis al desasosiego de la teora crtica tarda, las ms de las veces descalificada de manera simplista por apocalptica en los trminos de Eco.

Las ilusiones de un capitalismo benevolente, sin embargo, han estallado en muchos de los pases que estaban presuntamente resguardados de sus riesgos. Con ese estallido, la tesis del fascismo en las llamadas democracias occidentales contemporneas adquiere una renovada fuerza interpretativa. El rgimen de pequeos privilegios del que antao gozaban las presuntas sociedades opulentas se desvaneci en el aire y con ste la promesa social-demcrata de una sociedad del bienestar en un mundo arrasado. El giro hacia la derecha poltica en Europa giro que precede claramente al ascenso electoral de partidos explcitamente neoconservadores- muestra lo que el conformismo cultural de principios de milenio quiso omitir: que el modelo de bienestar europeo se bas -y sigue basndose donde sobrevive- en un orden internacional criminal que transfiere el malestar a las periferias (interiores). La primaca de fuerzas econmicas globales sustradas de cualquier control pblico -suficientemente poderosas como para cambiar de modo drstico lo que en dcadas anteriores se supona, no sin cierta arrogancia, la herencia de Europa- es tan notable como inadmisible siquiera desde una perspectiva que se pretenda mnimamente democrtica.

Ante estas transformaciones histrico-polticas, las condiciones ideolgicas de recepcin de las tesis formuladas en La desaparicin del exterior quizs pueden resultar menos hostiles para algunos de los sujetos damnificados, esto es, disponer mejor a la escucha de lo que el discurso hegemnico quisiera borrar de modo definitivo: el recuerdo desequilibrante de un afuera improbable, que supone ante todo mirar de otro modo. Retroactivamente, la tesis sobre el fascismo no slo tiene validez histrica en unas condiciones que predisponan a su rechazo apresurado, sino que muestra su poder anticipatorio: el capitalismo actual no puede sustentarse sin abatir a las mayoras sociales, sea a travs de la eliminacin y el confinamiento de masas marginales crecientes, sea a travs del exterminio a gran escala mediante la guerra terrorista contra el Terror que para este interiorismo encarnara el afuera.

La validez de esta tesis, sin embargo, no nos impide preguntar acerca de sus variaciones contemporneas. Podemos seguir describiendo en trminos de magnitudes fijas o intensidades invariables lo que ocurre en la actual fase del capitalismo a nivel mundial? Para arriesgar una reformulacin: la articulacin especfica de guerra mundializada, golpes de mercado y cultura masiva puede dar lugar a intensidades diferenciales segn los contextos histricos locales o incluso glocales. Quizs lo que en nuestro presente se est planteando con fuerza est ligado a una articulacin hegemnica elstica y multifocal entre estado de excepcin, mercado capitalista y cultura fascista, capaz de producir y legitimar, alternativa o simultneamente, segn el caso, la criminalizacin y marginacin de determinados grupos sociales, las guerras preventivas, las hambrunas de gran escala, la segregacin in situ o el confinamiento en campos de encierro (incluyendo campos de refugiados o centros de internamiento), por mencionar slo algunas de las aristas ms estridentes de esta poderosa mquina de trituracin. Dicho de otro modo: segn imperativos inmanentes a esta articulacin dinmica y la correlacin de fuerzas sociales, la presin sobre las poblaciones puede variar de forma significativa. As pues, cabra indagar sobre el vnculo entre este fascismo de intensidad variable y un recalcitrante neoconservadurismo convertido en ideologa del capital trasnacional desterritorializado. Segn las coyunturas histrico-concretas, habr que investigar esas intensificaciones relacionadas, en cierta medida, a la magnitud de los antagonismos sociales que se plantean localmente y que, por definicin, horadan esa interioridad sistmica que se pretende irresistible.

Desde luego, que esa operacin hegemnica reclame segn los contextos locales intensidades diferentes no nos hace olvidar que, globalmente, estamos ante la misma potencia fascista, productora en masa de residuos humanos o, para decirlo de una forma ms sencilla, de un soberano desprecio hacia el Otro. El capitalismo del desastre -tal como insiste Naom Klein- est entre nosotros. Mndez Rubio no se limita a constatarlo, sino que especfica de forma crtica algunos de sus rasgos constitutivos, empezando por esa ideologa triunfante que proclama la muerte de todas.

En este sentido, el inters por indagar en las grietas de esta gran membrana, por ver lo que a pesar del borrado persiste, es mucho ms, y quizs algo esencialmente distinto, que una preocupacin acadmica (legtima por otra parte). All se nos juega un modo de vivir, una apuesta invisible. Las encrucijadas son diversas y esa interrogacin por lo que a pesar del borrado persiste resulta demasiado decisiva en la hora insegura como para no tener que volver sobre ella. Es cierto que no alcanza con mirar afuera cuando el muro est por todas partes o cuando ni siquiera sabemos si hay afuera. Pero qu es la teora crtica sino esa promesa ms o menos explcita de ver ms all de la ceguera planificada de la masacre, partiendo de sus lmites, acaso con la promesa de una emancipacin nunca definitiva, rodeada de incertidumbres? Sin retorno posible a un bienestar cercado, a pesar del muro blanco, tal vez no todo sea motivo para el pesimismo. Y si lo es, se tratar en todo caso de un pesimismo organizado que no implica claudicacin prctica. Como dice Mndez Rubio (2012, 240):

Precisamente porque el espacio se ha resquebrajado y abierto de una forma singularmente nueva, crtica, ahora las opciones se abren y reinventan tambin sin lmite. Todos somos por una vez tan extras como protagonistas. Porque todo est en juego, y eso no se poda decir con la misma claridad en otros momentos o contextos. Un fascismo de baja intensidad produce un holocausto de baja intensidad, y reclama, entre otras cosas, una lucha de intensidad mxima.



Notas:
  1. Jabs, Edmond (2004): El libro de los mrgenes II, trad. Begoa Daz Zearsolo, Arena Libros, Madrid.

  2. Otro de los intelectuales en el mbito espaol que contribuy a forjar este concepto es Carlos Taibo, quien en 2001 publicara un breve artculo llamado Fascismo de baja intensidad (en El Viejo topo, N 158, 2001, pgs. 6-7).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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