Portada :: Opinin :: La Izquierda a debate
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2012

Un dilogo sobre el poder y la "toma del poder"

John Brown e igo Errejn
Iohannes Maurus


Reproduzco el dilogo con igo Errejn mantenido en Facebook a propsito del artculo Contrapoder o toma del poder? publicado en Kaosenlared por Violeta Bentez, militante de En Lucha/En lluita. Me permito reproducir este dilogo en cuanto dio pie a una respuesta por mi parte ms larga de lo previsto y de lo habitual en el contexto de Facebook, que conviene enmarcar.

1. Mi primera respuesta al artculo:


Decs: "Si no tomamos el poder, jams podremos destruir el capitalismo. Hemos de ser conscientes de que el sistema posee un gran aparato represor, bien organizado y estructurado, que si no es destruido ser utilizado en nuestra contra en cuanto sienta que sus cimientos se tambalean." No s cmo demonios pensis "tomar" una relacin. El poder, por mucho que os empeis, no es una cosa que tiene otro y que se le puede quitar: es una relacin con el otro que conviene en determinadas circunstancias modificar o disolver. La Ilusin del poder como cosa, como sustancia, es uno de los efectos perversos del dispositivo estatal sobre los dominados. Tomar el poder, o mejor dicho, creer que se toma el poder es la mejor forma de perpetuarlo. El Estado, que no es sino un conjunto de aparatos que reproducen el orden existente, produce entre otros efectos de sumisin -sujecin- la ilusin de que existe. Sin embargo, toda la tradicin materialista muestra que el Estado es mera apariencia: el todo de la sociedad por encima de la lucha de clases que pretende ser el Estado no existe, como no existe tampoco ningn poder situado por encima de la fractura de la sociedad por la lucha de clases. Quien pretenda haber tomado el poder, tendr en su mano una sombra, un fantasma, y no habr modificado ni an menos destruido la relacin de poder realmente existente.

2. Respuesta de igo Errejn

Compa,

por qu escribes "decs"? yo no tengo nada que ver con el artculo ni la organizacin de la autora.

El texto le entra a la cuestin del poder, que es en mi opinin un tema tan central como sorprendentemente ausente en las discusiones de unas izquierdas que evitan los temas complicados.

No sita mal algunas cuestiones, aunque es un tanto rampln.

No estoy de acuerdo en todo caso en que el estado sea mera apariencia: sus aparatos regulan importantes parcelas d ela vida de la gente, y ocupar esos espacios otorga una capacidad clave de seducir e imponer a unos u otros grupos sociales.

En todo caso, el desarrollo de una u otra prctica no son contradictorias ni mucho menos excluyentes,sino que se dan en paralelo cuando el control del Estado, o al menos de la parte del mismo conquistable democrticamente, est en manos de una fuerza que trabaja para abrir y no cerrar compuertas. Aqu el poder popular se construye desde las instituciones existentes y construyendo otras, pero es posible slo porque el gobierno lo tiene el movimiento popular y no las lites.

Abrazo!

3. Mi respuesta aclaratoria Querido igo:


Escrib "decs" en relacin a los autores y olvid cambiar la redaccin al compartir el texto y mi comentario. No te estoy, por lo tanto, interpelando en cuanto al contenido. Cuando afirmo que el estado es mera apariencia, me refiero al efecto ideolgico Estado, a la forma Estado, tal y como quedan tematizados en la filosofa poltica clsica de raiz hobbesiana. En este contexto, el Estado trasciende a las relaciones sociales y se presenta como una cosa distinta de la sociedad, al margen de ella. El Leviatn y sus sucesores tericos rousseaunianos y hegelianos se presenta a s mismo como una sustancia, como una cosa, por encima y ms all de las relaciones y los conflictos sociales.

Lo que yo intento defender es otro punto de vista, desarrollado por la tradicin poltica materialista de Maquiavelo a Marx y que culmina en Althusser y Foucault: el Estado no es ninguna entidad transcendente, sino un conjunto de aparatos y dispositivos de poder, un conjunto cuya aparete totalizacin es efecto de sus dinmicas de subjetivacin. Los aparatos de Estado (aparatos represivos como el militar o el policial, aparatos ideolgicos como el escolar o los religiosos, aparatos polticos, en gran medida ellos tambin ideolgicos, aparatos biopolticos como el mdico o el psiquitrico, aparatos sindicales que perpetan y legitiman la condicin salarial etc.) crean obediencia, sujetan y subjetivan a la vez a los individuos. Esa obediencia que cada aparato genera de distinta manera acaba por traducirse en cada uno de nosotros en la figura imaginaria de un orden total de la sociedad, de un orden poltico y jurdico universal ms all de los conflictos y relaciones.

Ahora bien, en la realidad efectiva (realt effettuale por usar los trminos de Maquiavelo que recoge Gramsci) el Estado no es distinto de la "sociedad civil", esto es del conjunto de relaciones y conflictos que forman la trama de la sociedad, dentro de la cual operan los distintos aparatos de Estado y los distintos dispositivos de poder. Me parece importantsimo deshacerse de la ilusin del Estado como sustancia, como una cosa que se puede coger, del poder de Estado como algo que puede tomarse. La idea de toma del poder forma parte de la ideologa representativa que sirve de trasunto a la teora moderna/burguesa del Estado, pues slo mediante una lgica de la representacin puede una sociedad dividida y en conflicto representarse a s misma como unificada por un soberano.

No niego por ello la necesidad de intervenir en esa esfera imaginaria y de jugar a/con esta ficcin mientras subsistan la sociedad de clases y la forma Estado, pero afirmo que toda consideracin sustancialista del poder y del Estado conduce a efectos indeseables para un movimiento de emancipacin social. Apoyo, s, sin restricciones la campaa electoral de Chvez en Venezuela y los esfuerzos de Syriza por acceder al gobierno en Grecia; no por ello considero ni que Chvez y el movimiento bolivariano "tengan" el poder en Venezuela ni que Syriza, llegando al gobierno vaya a tomar el poder. En ambos casos, el interfaz representativo de los movimientos sociales puede modificar la correlacin de fuerzas en favor de las mayoras sociales, pero slo la persistencia de estos, su disputa del poder en todos y cada uno de los aparatos de Estado y de las instancias constitutivas de sus formaciones sociales respectivas puede llevar a una modificacin de la situacin real.

La cuestin del poder es una cuestin plural, pues el poder se dice de muchas maneras, es una cuestin tambin relacional, pues ms all de las relaciones concretas de poder, el poder es mera ilusin -generada por el propio poder-. En la pluralidad de las relaciones de poder efectivas se juega la hegemona, pero la hegemona es lucha de clases, no ilusin universalista/abstracta de un poder nico y absoluto (no relacional). Si para algo sirve la ilusin del poder uno y universal es para reproducir el principal efecto ideolgico que sirve de marco a la dominacin capitalista: la aparente separacin propia del capitalismo entre la explotacin y la dominacin poltica. Marx nos ensea que esta separacin es meramente ilusoria y que el Estado es una mera "excrecencia" de las sociedades de clases que desaparecer junto a ellas. Vale la pena tener presente este hermoso texto de los Cuadernos etnogrficos del viejo Marx: "la aparente existencia suprema del Estado es ella misma slo aparente (scheinbar) y [...] ste, en todas sus formas, es una excrecencia de la sociedad (excrescence of society); del mismo modo que su apariencia fenomnica (Erscheinung) se produce en un nivel determinado del desarrollo de la sociedad, del mismo modo esta vuelve a desaparecer en cuanto la sociedad alcanza una etapa que hasta ahora no ha alcanzado." (in. Lawrence Krader, The Ethnological Notebooks of Karl Marx, Van Gorcum, Assen, 1974, p. 329). En el momento histrico en que la hegemona del capital financiero est deshaciendo ante nuestros ojos esta ilusoria separacin y mostrndonos a las claras el carcter de clase de los distintos aparatos de Estado en unos Estados que se han convertido en instrumentos de cobranza de la deuda financiera, me parece suicida retomar las viejas temticas hobbesianas (caras a muchos sectores de la izquierda) del poder "uno" y de la representacin "legtima". Todo esto no me impedir alegrame de la nueva y muy probable victoria electoral del compaero Hugo Chvez ni tampoco propiciar una dinmica "bolivariana" en Europa, pero s me obliga a reiterar el viejo consejo materialista de Louis Althusser: "ne pas se raconter des histoires" (no contarse cuentos) y an menos el cuento triste y horrendo del Leviatn. Tambin me obliga esto a ser cauto en cuanto a los efectos ideolgicos y prcticos de la -necesaria- autonomizacin del interfaz representativo. Son inevitables, pero no todos ellos son deseables.

Creo que ya es hora de que las izquierdas dejen de evitar -como bien dices- "los temas complicados". Un fuerte abrazo. Seguimos en la lucha y en el muy necesario trabajo de pensamiento que debe acompaarla.

Fuente: http://iohannesmaurus.blogspot.be/2012/09/un-dialogo-sobre-el-poder-y-la-toma-del.html


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter