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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-09-2012

Chern, los tambores de la guerra

Juan Carlos Martnez Prado
Rebelin


El 13 de octubre de 1992, el peridico de la Ciudad de Mxico La Jornada public una foto de primera plana en la que se ve una estatua de bronce caer al piso. La efigie es la del virrey Antonio de Mendoza, fundador de la ciudad de Morelia en 1541, y responsable, segn algunos anales indgenas, de solapar maltratos y castigos crueles contra los ms viejos pobladores de la meseta Purhpecha. Por desventuras de la historia, un gobierno municipal proveniente de la izquierda partidista mexicana mand a erigir la estatua de Mendoza, sin importarle la irritacin que habra de causar entre la etnia michoacana. Pacientes como son, los indgenas guardaron su encono y, el 12 de octubre de 1992, salieron a la calle para cumplir una cita con la historia y hacer aicos el monumento del jerarca de sus antiguos verdugos.

Un da despus, mientras en palacios y embajadas se superaba la resaca nmero quinientos por la celebracin del descubrimiento de Amrica, la opinin pblica internacional supo que dos estatuas haban sido derribadas en territorio mexicano. Una de ellas era la del virrey Antonio de Mendoza en Michoacn y la otra la del encomendador Diego de Mazariegos en San Cristbal de las Casas, Chiapas. De esta ltima se haban encargado los indgenas del sureste mexicano, a quienes, el 1 de enero de 1994, el mundo conocera como bases de apoyo del Ejercito Zapatista de Liberacin Nacional.

Sentados en la parte frontal de un restaurante en el centro de Morelia, Antonio Ahumada, un sindicalista independiente y pertinaz, me relata pasajes del derribamiento de la estela del Virrey de Mendoza, sucedido 20 aos atrs en una ciudad emblemtica por sus casas de estudiante, su febrilidad poltica y ahora por el dinero del narcos que corre por sus calles. Conversamos en las afueras de una fonda tipo espaol, en un andador de mesas con manteles blancos. Frente a nosotros se yergue la cantera del Conservatorio de Las Rosas, la ms antigua institucin de msica de Amrica Latina, cuya fachada destaca atrs de las copas frondosas de los arboles que hacen ms oscura y hmeda la noche. En la plaza, entre el restaurante y el Conservatorio, hay por lo menos dos monumentos de personajes de la era pre virreinal cuyos pedestales han perdido sus lpidas de bronce a manos de ladrones furtivos de la ciudad. Acicateados por la crisis econmica que se come al pas, los ladrones se llevan ahora mendrugos de historia precolombina para hacerse de unos pesos y quiz para no olvidar el origen de su exclusin.

Esa noche, la pltica sobre sobre la estatua nos lleva irremediablemente al tema de Chern, un pueblo legendario por la defensa de sus principios comunales, del que hace apenas unas horas hemos regresado. Nacidos en el ombligo de la meseta Purhpecha, sus habitantes durante dcadas han peleado al Estado el respeto a su cultura y su mayor aspiracin ha sido siempre la autonoma. Aquel 12 de octubre de 1992, se recuerda a algunos de los comuneros de sus alrededores jalando con mayor ahnco el mecate puesto en el cuello del Virrey de Mendoza.

* * *

Los presagios de lluvia en Chern son tan visibles al medioda como la certeza entre algunos de sus moradores de que la guerra llegar aqu si el gobierno sigue protegiendo a los talamontes.

A pesar de que en la plaza central del pueblo se respira una atmsfera de tranquilidad, en la que hay imgenes de nios dando vueltas en bicicleta y ancianos apacibles sentados bajo el sol, los retenes de la polica comunitaria, instalados a las entradas y salidas del pueblo, el rastro reciente de barricadas y fogatas en sus calles y el dolor palpable entre los habitantes por sus ltimos muertos, dicen otra cosa.

En un sitio donde la supervivencia ha estado vinculada durante siglos a la conservacin de la naturaleza, las advertencias de confrontacin son tan reales que para verificarlas nicamente es necesario asomarse al corazn de una comunidad que en los ltimos aos ha perdido ms de 20 mil hectreas de bosque. El asesinato de 13 comuneros y la desaparicin de casi una veintena de personas en los ltimos diecisis meses, a manos de los mismos depredadores de los recursos naturales, son tambores que anuncian un conflicto mayor, dice un viejo cheranense con ojos de chaman, sentado a las afueras del edificio de Correos, convertido hoy en una de las principales sedes del Consejo Mayor del Gobierno Comunal.

Para los indgenas de Chern no hay duda que el secuestro y asesinato de sus compaeros, en ese lapso, es parte del clima de violencia y zozobra que se vive en la zona, despus de que los ltimos dos gobiernos estatales y el actual gobierno Federal han sido incapaces de combatir la tala inmoderada de arboles, el transporte ilegal de madera y la instalacin de aserraderos clandestinos, muchos de estos administrados hoy por agentes del narcotrfico.

A las pginas de medios locales y nacionales han saltado imgenes de habitantes armados patrullando su poblado en una clara demostracin de que ya no estn dispuestos a soportar que se siga destruyendo su entorno y se asesine a miembros de la comunidad que la protegen. El estado de emergencia en que vive ahora este pueblo no tiene que ver con el azar sino con un plan trazado desde el gobierno de abandonar a sus habitantes en un entorno de inters no slo del narco sino de trasnacionales involucradas en el jugoso negocio de la madera, segn dicen algunos comuneros.

Nosotros sabemos que atrs de la violencia contra nuestro pueblo estn los intereses de las trasnacionales de la madera y el papel. Son stas las que se estn comiendo nuestros bosques. A los narcos los dejan operar para que siembren miedo. Pero atrs est la voracidad de los grandes capitales protegidos por los gobiernos en turno, dice un indgena muy informado con el que hablo frente a la plaza del pueblo.

El relato de este hombre se traduce en una sucesin de imgenes atroces. Desde la plaza central se ve como los cerros que rodean al pueblo han perdido el mayor nmero de sus rboles viejos. Pese a que las montaas an guardan verdor, en sus faldas hay brechas dibujadas por donde los talamontes meten sus camionetas para sacar la madera. En el tramo carretero entre Chern y Ptzcuaro, circulan camiones de doble rodada cargados de cientos de metros cbicos de pinos, encinos y oyameles, convertidos en astillas. Los talamontes trozan los rboles gigantescos en aserraderos clandestinos para luego trasportar la mercanca a lugares insospechados. Como en esta tarde, su premura los delata. Circulan a alta velocidad y las lonas, bajo las que esconden su pecado, son rasgadas por el viento pertinaz. Los pedazos de manera minscula vuelan en el aire. Caen en el pavimento. Esta ruta despiadada ahora nos convierte en testigos del trasiego. Es extrao. He viajado ms de mil kilmetros para ver lo que no pueden ver los ojos de una de las policas mejor pertrechadas del pas.

En Chern sus pobladores viven de la siembra de maz, trigo, papa y de otros productos agrcolas. Pastorean sus vacas a los pies de las montaas y en sus das de fiesta matan chivo, gallina y guajolote. La madera la trabajan de manera moderada. Una de sus formas de sobrevivencia, para no diezmar los bosques, la han encontrado en la recoleccin de la resina, un producto natural de propiedades tiles en tares industriales.

La modificacin del artculo 27 constitucional, decretada por el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, a mediados de su administracin, abri a la venta y especulacin las parcelas en ejidos y propiedades comunales. Dos aos despus, el gobierno mexicano firm el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canad. Estas iniciativas no mejoraron las condiciones en el campo. Las empeoraron, en muchos sentidos. Por ejemplo, permitieron que algunas trasnacionales, aliadas al capital nacional, se fueran apoderando de la riqueza natural de muchas comunidades indgenas, seala Salvador Campanur Snchez, uno de los lderes comunales con quien convers va telefnica despus de no poder hacerlo de manera directa en su comunidad.

Asediados por su reserva natural, una de las de mayor diversidad de la meseta Purhpecha, a los bosques de Chern llegaron desde esos aos los nuevos latifundistas a hincar el diente. Casi veinte aos despus, las tierras, hmedas y frtiles de este valle, las quieren los aguacateros para extender su cultivo. La siembra de aguate se comera la flora y la fauna y se tragara el agua. Desde 2008 se acrecent la presencia de narcotraficantes y talamontes, una rara simbiosis delictiva, a quienes se les seala como responsable de rapar cerros y sembrar miedo en la comunidad.

La colusin del crimen organizado y policas en Michoacn, sobre todo en sus partes serranas, es proporcional al grado de impunidad existente entre las cpulas del gobierno. Esto se entiende si se observa como la inoperancia policiaca ha larvado un conflicto entre comuneros y delincuentes. El inters de proteger al narco en Chern, o la incapacidad de combatirlo, demuestra, adems, el fracaso de Caldern en su guerra contra el narcotrfico, que ha costado al pas ms de ochenta mil muertos.

La violencia criminal en contra de Chern no es gratuita. Su irrupcin se dio en tiempos en que los pobladores convirtieron a la comunidad en el primer municipio autnomo del Estado. El proceso no fue fcil. Signific aos de lucha para que este pueblo finalmente seleccionara a sus autoridades de acuerdo a sus usos y costumbres. El 22 de enero de este ao, el Instituto Electoral de Michoacn reconoci, a regaadientes, el nombramiento de un cabildo autnomo, despus de que una sentencia de la Sala Superior del Tribunal Federal Electoral reconoca ese derecho a los comuneros.

Sin precedentes en la historia reciente, la conversin de la autoridad, dispuesta ya no desde el gobierno ni los partidos polticos, sino desde los habitantes de una pequea demarcacin, representa para Chern y otros pueblos el inicio de la ruptura del viejo pacto impuesto desde hace varias dcadas entre las comunidades indgenas de la regin y un Estado asolado por el narcotrfico, la corrupcin y la impunidad.

El flagelo de descomposicin moral de las instituciones mestizas alcanz la mdula de los partidos polticos, cuyos dirigentes nunca estuvieron aqu a la altura de las demandas de sus antiguos electores. Esta debacle institucional amenaza ahora con romper el orden de los poderes fcticos de la zona, conformado principalmente por talamontes, narcotraficantes, polticos del anterior y actual rgimen y empresas trasnacionales, beneficiarias de la extraccin ilegal de la madera.

El reconocimiento del derecho de elegir sus autoridades de acuerdo a sus usos y costumbres, no fue una concesin gratuita por parte del Tribunal Federal Electoral, en todo caso la clave constitucional de esta decisin hay que buscarla en la presin y a la luz de los distintos tratados internacionales, firmados y ratificados por el gobierno mexicano, seala Campanur Snchez, cuya voz se escucha sosegada atrs de la bocina del telfono. La serenidad con que reflexiona y responde a las preguntas es la misma captada por algunos medios que lo han entrevistado en los momentos ms lgidos del conflicto.

Cuando Campanur Snchez habla de los tratados internacionales que avalan la autonoma de su pueblo, se refiere concretamente al Convenio 169 de la Organizacin Internacional del Trabajo y a la Carta Internacional de los Derechos Humanos, suscrita por todos los pases miembros de la Organizacin de Naciones Unidas.

Lo vital para Campanur es el modo autonmico en que se decidi la ltima eleccin en su municipio y su correlato hay que buscarlo, dice, en el espritu de los acuerdos de San Andrs Sacamachen de los Pobres, firmados entre el EZLN y una representacin del gobierno Federal, el 16 de febrero de 1996.

La esencia de estos acuerdos no fue respetada por el gobierno. Los partidos polticos representados en las dos Cmaras del pas hicieron lo mismo. Por eso las comunidades indgenas, particularmente las zapatistas en Chiapas, han asumido de facto su autonoma.

El racismo y el desprecio con el que el mal gobierno nos ve y nos trata es una de las razones por las que no se reconoce nuestros derechos indgenas. La otra es porque al no reconocer la autonoma de nuestros territorios se facilita al capital extranjero la depredacin de nuestros recursos naturales, seala Campanur.

El acuerdo del pueblo de rechazar la instalacin de casillas para las elecciones oficiales del mes de noviembre de 2011, en las que se votara para gobernador, diputados locales y presidente municipal, se da en el marco de la mayor crisis poltica y de seguridad que haya vivido ese pueblo en los ltimos tiempos. Los cheranenses entendieron, lo que siempre el Estado haba pasado por alto: en un clima de ingobernabilidad y vaco de poder, era demasiado riesgoso la celebracin de un proceso comicial, organizado con las reglas de siempre, porque exista la posibilidad de que su control quedara en manos de los segmentos ms corruptos de la clase poltica y sus aliados, entre stos, el narcotrfico. En ese sentido, los lderes naturales del pueblo apretaron para que la eleccin de sus autoridades de diciembre del 2011 se diera de acuerdo a sus tradiciones y ganamos la primera batalla, reflexiona Campanur.

Atrs de la historia de este triunfo, yace la tradicin rebelde de los cheranenses y el fuerte apego a su cultura. La decisin de gobernarse as mismos les viene de siglos y la concrecin de un gobierno autnomo, regido por sus usos y costumbres, representa una vieja aspiracin de la nacin Purhpecha. Para los habitantes de Chern, un municipio que no rebasa los 20 mil habitantes, ubicado a 123 kilmetros al noroeste de Morelia, en la recin adquirida independencia de sus autoridades reside la posibilidad de restablecer el equilibrio de un gobierno comunal que vele de manera genuina por los intereses de la gente, pero sobre todo, que detenga la grave deforestacin de sus bosques.

La lucha de los pobladores por ejercer el derecho a la eleccin de sus autoridades de acuerdo a su visin ancestral, deshecha vicios polticos arraigados entre quienes haban ejercido aqu el mando e incorpora la tesis del ambientalista mexicano Vctor M. Toledo en el sentido de que un modelo de desarrollo comunitario sustentable es posible cuando una comunidad toma o recupera el control de los procesos que la determinan o la afectan.

Esta previsin arroja luz para entender el escalamiento de la violencia en Chern en los ltimos tiempos. Obligado a reconocer la soberana de las nuevas autoridades, la administracin de Fausto Vallejo, arribado al poder estatal en febrero pasado, con las mismas tretas con que se ha valido su partido el PRI para ganar elecciones, en vez de atender la demanda de proteccin y seguridad de los habitantes de ese municipio, opt por el uso de un aparato difusor de mentiras oficiales, cuyo fin es atribuir a la crisis de Chern tintes de una pugna intracomunitaria.

En todo caso, las diferencias entre los comuneros de Chern, Casimiro Leco y Capcuaro se han escalado debido a que stas dos ltimos comunidades, as como otras, han convertido, tras la ineficacia policial, porciones importantes de sus territorios en refugio de los malos, como llaman aqu a los narcotraficantes. Casimiro Leco y Capcuaro, pueblos aledaos a Chern, han cobijado a gentes llegadas de otras partes del pas, a quienes se les seala como responsables de la tala clandestina de los bosques comunales, segn explican gentes cercanas del Consejo Mayor.

Por eso no es raro que autoridades de Casimiro Leco, Capcuaro y otros poblados, exijan al gobierno de Vallejo suspenda la instalacin de las Bases de Operaciones Mixtas y otro tipo de controles policiacos, que, si operan de acuerdo a la ley, permitira la detencin de los responsables de la tala y trasiego de madera. Atrs de estas solicitudes no es extrao que se halle la mano de crimen organizado, adems de otras esferas opositoras a la autogestin y autonoma por la que han optado los cheranenses.

Para muchos comuneros es claro que el reagrupamiento de estos intereses

en lugares cercanos a la cabecera municipal y la aparicin de su estela delictiva, es posible gracias a la permisividad de las unidades policiacas de Michoacn, el Ejrcito y la Polica Federal. Ante la ausencia de proteccin, los comuneros optaron por la creacin de su propia polica comunitaria, en abril del ao pasado, cuyas brigadas son las que ahora patrullan los cuatro barrios del pueblo

Nosotros lo que pedimos al gobierno es que el Ejrcito y la polica patrulle a las afueras del pueblo y detenga a los que sacan de manera ilegal la madera de nuestra comunidad, enfatiza un comunero. Para l no hay duda que el clima explosivo que hoy viven se debe a la pasividad y odos sordos de las autoridades.

La impunidad en este valle se ahonda en el tema de justicia y esclarecimiento de los asesinatos cometidos en los ltimos meses. Hasta ahora la Procuradura de Justicia del Estado no tiene noticias de los responsables del secuestro y asesinato de Guadalupe Gernimo y Urbano Macas, dos comuneros cuyos cuerpos aparecieron torturados en los alrededores de la comunidad, en la segunda semana del mes de julio pasado. En Chern existe la certeza que los homicidas de Gernimo y Macas son talamontes del rancho El Cerecito, quienes se pasean a la luz del da sin que nadie los moleste. Frente a la presin de los comuneros y tras fatigosas mesas de negociaciones con autoridades estatales, a lo nico se ha comprometido el gobierno de Fausto Vallejo es con pensiones para las viudas, la creacin de becas de trabajo para pueblos donde se cobijan los talamontes y el establecimiento de las Bases de Operaciones Mixtas (BOM) en los municipios de Tanaco, Paracho y en el mismo Chern.

Las Bases de Operaciones Mixta es un agrupamiento policial de lite integrado por miembros del Ejrcito, polica del Estado y polica Federal, creado en el marco de la iniciativa Mrida y dentro de los planes de seguridad nacional, patrocinados por el gobierno norteamericano. La efectividad de las BOM ha fracasado en el destierro de los crteles de la droga que mantienen a su merced importantes porciones del territorio michoacano.

Felipe Caldern dispuso en estas tierras, el 11 de diciembre de 2006, once das despus de haber asumido la presidencia del pas, el primer captulo de su guerra contra el narcotrfico denominado Operativo Conjunto Michoacn. En el caso de este Estado, la iniciativa slo ha logrado, ms all de magras victorias, acrecentar la virulencia del narco y expoliar al mximo sus pugnas internas por la conquista de mayores territorios. El saldo rojo y quiz ms dramtico de esta guerra ha sido el acoso del narcotrfico dirigido a sectores sociales que hasta antes de la refriega haban permanecido lejos de su mira.

En la meseta Purhpecha existe la creencia de que la aventura del presidente contra el narcotrfico es una mala pelcula, filmada en un clima donde la peor parte la han llevado los pobladores. Pero s se analiza el guion de la cinta, se encontrar que su argumento no es tan estpido si ste se plante con claros tintes de control social. Inaugurado en un ambiente de ingobernabilidad y una cida disputa palaciega entre Felipe Caldern y Leonel Godoy, en ese entonces gobernador del Estado, el Operativo Conjunto Michoacn permiti el incremento de policas y militares en ciudades y pueblos como una medida, ineficaz para derrotar al narcotrfico, pero suficiente para enviar seales ante indicios de convulsin social en el pas. En ese contexto, se introdujo en la agenda ciudadana el tema de la narco violencia, bien aprovechada como cortina de humo frente a la crisis econmica y la ilegitimidad con que lleg Caldern al poder el 1 de diciembre de 2006. El miedo a las matanzas del narcotrfico y su horrendo espectculo de cuerpos desmembrados en las calles, no solo arrincon a los ciudadanos tras las rejas de sus casas, sino permiti que una importante franja de stos regresara a votar por el PRI en la ltima eleccin presidencial. La parte ms amarga de la historia pudiera ser la irrupcin de los carteles de la droga y la operacin de su actividad criminal, como un nuevo factor de acomodo en la guerra sucia del gobierno contra segmentos independientes del movimiento social.

* * *

En Chern fueron las mujeres las primeras en levantar la voz. Fueron ellas las que decidieron enfrentar a los talamontes. Estaban cansadas de sus abusos. De sus burlas. De sus amenazas. La cuota impuesta a los comercios de la comunidad creca da con da, as como aumentaba el volumen de la madera extrada ilegalmente de sus bosques.

El 15 de abril de 2011, se recuerda como el da en que decenas de ellas llamaron al pueblo a levantarse contra los narcos. El punto de reunin fue el calvario, una vieja iglesia, referente obligado en la tradicin catlica del pueblo. Tras el repique de las campanas de la iglesia, se juntaron los pobladores de los cuatro barrios. Cuentan algunos que el prroco local haba llamado a la conciencia de los fieles en su ltima homila. Ante el acoso de los talamontes, el prelado preguntaba si en Chern no haba hombres que defendieran a la comunidad. Fue entonces cuando todos se juntaron. Los ms jvenes quemaron cohetes. Llamaron la atencin. Llevaban palos y machetes. Reunieron toda la herramienta necesaria que encontraron a su paso para blindar su autodefensa. Organizados, taparon las entradas del pueblo. Prendieron las primeras fogatas en puntos claves, ordenaron el establecimiento de rondines y construyeron, con todo el material a su alcance, retenes en las esquinas. Ese da, los cheranenses haban perdido el miedo.

Testigos de los hechos cuentan cmo fueron cercados los intrusos. Cayeron en la trampa uno a uno. Ese da, histrico para muchos, se quemaron varias camionetas cargadas de madera que suban y bajaban de los cerros. Se detuvo a cinco talamontes, quienes, por decisin del pueblo, seran entregados das despus a las autoridades federales.

Despus de estos enfrentamientos, los cheranenses daban una leccin de valenta al pas. El 15 de abril de 2011, Chern se revelaba como una de las pocas comunidades de Mxico, que decida enfrentar con las uas al monstruo del crimen organizado

Pero la batalla todava no la gana este pueblo y su tranquilidad depende que las autoridades estatales y federales atiendan con prontitud la crisis si no quieren que la paz y orden que tanto glorifican les siga estallando en pedazos.

Por eso es creble la advertencia de los cheranenses cuando afirman que en aqu solo hace falta una chispa para que prenda todo Estn preparados para lo que venga, dicen. S el gobierno no acta, entonces nosotros vamos actuar, sealan.

* * *

En la tarde del domingo 28 de julio, regreso a Morelia. Algunos kilmetros despus de cruzar la primera bifurcacin que conduce a Ptzcuaro, veo, a la derecha, tras la ventanilla del auto, volcanes de astillas de madera colocados en unos patios inmensos. Son los exteriores de Cepamisa, la filial mexicana de la trasnacional Kimberly Clark, en su rama de papel, que a esa hora se ven poco alumbrados. No dejo de preguntarme de dnde habrn salido esos millones de metros cbicos de madera descuartizada. Por momentos, la lluvia cae en torrenciales. An me acompaan los rostros y las voces tranquilas de los hombres con los que he hablado en Chern. En el avin de la Ciudad de Mxico al infierno de Ciudad Jurez reviso la declaratoria del Yo Soy 132 leda por sus voceros frente a las instalaciones de Televisa, el da que esa empresa trasmita la inauguracin de los juegos olmpicos. Sin aludirlos por su nombre, el planteamiento de los muchachos recoge como algo central la resistencia de los pueblos indgenas del pas. Todo pareciera indicar que en Mxico los contrapesos estn por juntarse. Chern ser uno stos?

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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