Portada :: Mundo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-09-2012

La guerra de Yemen (y 3)

Francisco Veiga
Eurasianhub


La estrategia que Osama Bin Laden y Ayman al Zawahiri infundieron a al Qaeda se basaba, esencialmente, en tres grandes conclusiones convertidas en directrices. La primera sostena que las estrategia seguida por los islamistas radicales hasta los aos ochenta del siglo XX, no serva. Pretender erradicar del poder, uno a uno, a los dirigentes laicos y pro-occidentales (o pro soviticos) del mundo musulmn, era una empresa estril. Al menos para al Zawahiri qued demostrado con el asesinato del presidente egipcio Anwar al Sadat en 1981. La operacin, brillantemente concebida, desencaden una contundente represin contra sus autores y los islamistas radicales egipcios, pero sin desencadenar ningn tipo de revolucin o cambio poltico en el pas.

A cambio, el objetivo real era atacar a las grandes potencias que sostena a los felones: los Estados Unidos muy especialmente- y la Unin Sovitica. A priori, el objetivo pareca inalcanzable; pero la victoria en la guerra de Afganistn cambi la perspectiva. All, los guerrilleros muyahidines, muchos de ellos de ideologa islamista, arrinconaron a los invasores soviticos, que en 1989 tuvieron que retirarse del pas. Esa derrota contribuy al colapso de la superpotencia, con lo que se reforz la creencia de los fundadores de Al Qaeda en que la victoria total era posible. La guerra de Afganistn tambin termin de convencer a Bin Laden y al Zawahiri de la potencia y capacidad de manipulacin de los americanos en el mundo musulmn.

Por lo tanto, la estrategia de hostigar a los Estados Unidos y atacar el corazn de su territorio, siempre fue la idea estratgica central de bin Laden y al Zawahiri. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 fueron el momento cumbre de esa lnea de accin.

Los americanos lo entendieron enseguida, y por ello su esfuerzo se centr en buscar y eliminar a los lderes de Al Qaeda, all donde estuvieren; y tambin, en revertir su estrategia. El ataque contra Afganistn, en 2001, form parte de la primera lnea de accin. La invasin de Irak, en 2003, ya fue expresin del segundo plan: volver a meter el genio en la botella. En efecto, llevar la guerra al pas de Saddam Hussein supuso atraer las fuerzas de combate de Al Qaeda y aliados a una especie de batalla de desgaste, tanto en lucha contra las tropas estadounidenses, como contra milicias y activistas rivales, sunes o chiitas.

La guerra en Irak desgast las fuerzas de Al Qaeda, al tiempo que tergivers el sentido estratgico original de su lucha. Al principio, los yihadistas an golpearon en Madrid (2004) y Londres (2005). Pero luego, las acciones terroristas se espaciaron, perdieron contundencia y se limitaron a atacar objetivos en otros pases rabes. Osama bin Laden pareca estar perdiendo el control global de la organizacin, a favor de comandantes locales, ms empeados en sus estrategias particulares y en el enfrentamiento con los cruzados en el campo de batalla. Entre los papeles que se encontraran en su mansin de Abbottabad, tras su muerte, el lder y fundador de Al Qaeda se quejaba de esta situacin e instaba a la reanudacin de la estrategia directa contra los Estados Unidos.

De ah la importancia de Anwar al Awlaki, que funda AQAP en el corazn histrico de Arabia y terruo de los bin Laden, y planifica de nuevo los ataques contra el gigante americano: el frustrado atentado en el vuelo de la Northwest Airlines parece apuntar, de nuevo, a la estrategia maestra de Al Qaeda. Por si fuera poco, al Awlaki es estadounidense l mismo y los laboratorios de AQAP parecen ser capaces de elaborar bombas indetectables.

De ah la importancia central de Yemen en la estrategia de Al Qaeda, en una segunda fase que supona retirarse de Afganistn y Pakistn pas, al fin y al cabo no rabe- y asentarse en el bastin mstico del mundo rabe-musulmn. Adems, desde all se podan redesplegar las fuerzas de Al Qaeda por la vecina frica, por el Sahel y hacia Nigeria y Mali y Mauritania, tomando a Somalia como cabeza de puente.

Los americanos eran muy conscientes de ese peligro. Entre la no muy abundante bibliografa dedicada a la historia y cultura del Yemen, sobresale un cierto nmero de ttulos relacionados especficamente con el poder de Al Qaeda en el pas y la lucha de los Estados Unidos por destruirlo.

Tal como lo menciona Bobby Ghosh en su reportaje, y para desilusin de Washington, el presidente Saleh no estaba por la labor. No era slo una cuestin de corrupcin organizada. Ocurra que el poder del longevo presidente yemen -33 aos en el poder- se basaba en la capacidad para mantener un equilibrio entre todas las fuerzas sociales y polticas en el Yemen: las tribus, desde luego, pero tambin los islamistas radicales, protegidos por uno u otro jefe tribal.

A la llegada de la Primavera rabe, los observadores occidentales que mitificaron el fenmeno la gran mayora de ellos- olvidaron dos hechos importantes: que en Yemen las protestas comenzaron ya en enero de 2011, a la par que en El Cairo; y que diferencia de aquellos otros pases en que triunf con el destronamiento del respectivo autcrata y la apertura a la democracia, no se instaur una deriva poltica hacia el islamismo poltico. Lo cual, teniendo en cuenta que Yemen es uno de los corazones del Islam rabe ms vigorosos, resulta bien significativo.

El tira y afloja con Saleh para forzar su partida dur un ao, durante el cual AQAP se extendi por el sur. Se hizo con armamento pesado capturado al Ejrcito yemen, llevaron a Abyan voluntarios somales, y hasta afganos, pakistanes y chechenos, y se lanz a una guerra abierta contra Sanaa y los americanos. Y entonces, estos empezaron a meter el genio en la botella, tambin en Yemen. En mayo lograron asesinar a bin Laden, y en septiembre liquidaron a al Awlaki. AQAP y los grupos afines golpearon en Sanaa una y otra vez, matando a militares yemenes, a la vez que perdan territorio y bastiones, empujados por el Ejrcito, las tribus y los drones. Pero los estrategas americanos haban logrado conjurar el peligro de que Yemen se convirtiera en la nueva base para La Base, desde la cual golpear Estados Unidos o los pases occidentales. Ese era el sentido ltimo de la portada de Time para el 11 de septiembre de 2012.

Post scriptum

El martes 11 de septiembre, grupos de alborotadores intentaron asaltar la Embajada estadounidense en El Cairo y el consulado de esa misma potencia en Bengasi, Libia, donde asesinaron al embajador, Christopher Stevens. Al menos en la capital egipcia, los asaltantes esgriman banderas de Al Qaeda, y hasta llegaron a izar una en el mstil de la Embajada. En Bengasi se insiste en la autora del grupo radical yihadista Ansar al-Sharia.

Los agresores esgrimieron, como motivo de su furia, la emisin en la televisin americana de un desconocido film del muy marginal productor judo-americano Sam Bacile, apoyado, al parecer por el pastor fundamentalista Terry Jones

Emitido en la fatdica fecha del 11 de septiembre, la provocacin es muy burda, a lo que contribuye la nefasta calidad del producto. La administracin estadounidenses debera ser consciente de que este tipo de provocaciones genera un impacto desproporcionado, capaz de arruinar su estrategia contra Al Qaeda, que tantos esfuerzos, vidas y millones de dlares le ha costado. Y que adems une a todos los musulmanes, sunnes y chitas, contra los Estados Unidos. Algo de lo cual los militares americanos son muy conscientes.

Si la emisin del film ha tenido algo que ver con el rechazo del presidente Obama a recibir al primer ministro israel Benjann Netanyahu a fin de comprometerse a discutir sobre un futuro ataque contra Irn, el hecho podra revestir una notable gravedad.

Caso de que los asaltos no hayan estado relacionados con la argumentada emisin del film, y hubieran sido programados con anterioridad para sealar el retorno de la vieja estrategia de Al Qaeda coincidiendo con el undcimo aniversario del 11-S, entonces es que algo no est funcionando en el plan americano de meter al genio en la botella.

Si, adems, se confirmara la noticia de que Tariq al Fadhli, un antiguo comandante yemen de al Qaeda ha llegado a un acuerdo con EE.UU. y Arabia Saudita que prev el envo de 5.000 combatientes del grupo terrorista a Siria con el fin de respaldar a los rebeldes y derrocar al presidente Bashar al Assad, es que Washington y Ryad han ido demasiado lejos en la manipulacin de la otrora Primavera rabe, convertida en una arrolladora Primavera Islamista que, como opina ms de un diplomtico yemen en Sanaa, los americanos difcilmente podrn controlar.

Fuente: http://eurasianhub.com/2012/09/13/la-guerra-de-yemen-y-3/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter