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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-09-2012

En un mundo de mentiras la verdad es terrorista
Esa terrible impostura

Camilo de los Milagros
Rebelin


A 11 aos de los extraos sucesos de 2001 todava espero que el gobierno norteamericano explique de modo convincente la voluminosa masa de inconsistencias que contiene la versin oficial sobre el 11 de septiembre. En el lodazal de confusin que se produjo tras los atentados, mltiples teoras surgieron. Pero la ms fantasiosa e inverosmil fue fabricada a dos manos entre la Casa Blanca y los grandes medios de comunicacin al servicio del capital. Es la teora ms conspiratoria de todas: un grupo de fanticos hasta entonces prcticamente desconocidos, sin mayor poder, declaran la guerra a Estados Unidos porque s, logrando vulnerar la seguridad del pas ms militarizado del globo. Adicionalmente amenazan toda la civilizacin occidental, demostrando una demencial violencia gratuita. Pondrn una terrible bomba en Madrid luego. Tambin en Londres. Incluso tienen vnculos con esos ateos izquierdistas de Latinoamrica. Su presencia puede estar en cualquier lugar, a cualquier hora, a travs de cualquiera; Estados Unidos exporta masivamente su paranoia intoxicndonos con una retrica xenfoba de odio. En el transcurso de dos das, el 14 de septiembre, luego de un discurso de George Bush en la Catedral Nacional, repentinamente de la noche a la maana el planeta entero est metido sin saber muy bien cmo, a la brava, en una guerra bblica de los malos contra los buenos.

 

A la ficcin literaria se le exige, no que sea real, sino al menos verosmil, creble. De lo contrario una novela, una pelcula, deviene falsa, impostada. As el 11 de septiembre resulta una terrible impostura segn la tesis de Thierry Meyssan [1] . No es creble un operativo de tal magnitud y precisin ejecutado por esa nebulosa de fanticos identificada con Al-Qaeda. No es creble que en 8 horas la inteligencia americana haya descifrado las claves del hecho -resumibles as: Osama; Afganistn- y sin embargo no logr prevenirlo antes. No hay evidencias de la supuesta entidad maldita que amenaza con arrasar Occidente, hay en cambio mercenarios fundamentalistas financiados durante dcadas por Washington [2] . No es creble ninguno de los silogismos nacidos de ese axioma falso: los inexistentes vnculos de Irn o Irak con los Talibanes, el mito de las armas de destruccin masiva, la imposible bomba atmica de Tehern. Todo un guin tpico de Hollywood enfermo de fantasa, que los norteamericanos, el pueblo ms estpido sobre el universo, aceptaron con muy buena gana. Cmo no: lo vieron por la tele.

Luego, cuando la nusea que para tapar una mentira llamaba otra en espirales escandalosas, desemboc en la supuesta muerte de Osama Bin Laden el ao pasado, el final de la saga result poco menos que decepcionante. Al mentiroso Bush se le reconoce el tenebroso espectculo de las torres desmoronndose ante millones de telespectadores. Pero el mentiroso Obama adems de impostor es idiota: pretende hacernos creer la muerte de un muerto que no aparece, y adems, era la segunda vez que se mora [3] . O andaba de parranda.

Y los americanos? Hombre, lo vieron por la tele.

La mentira se blinda sutil contra cualquier crtica. Evade la discusin usando la evidencia incuestionable de las torpes apariencias. Cmo negar que fuera un ataque terrorista si vimos los aviones por televisin? Cmo negar que el difunto fuera Bin Laden si aparecieron imgenes, eso s, un poco ms gordito, mientras miraba la tele como los americanos? Todo est controlado, hasta la disidencia: un libro escrito por un Navy Seal contradice la versin oficial sobre el presunto asesinato de Osama. La diferencia fundamental entre las versiones consiste en apuntar si Bin Laden se hallaba parado o sentado en su habitacin cuando lo mataron [4] . Y no se olvide esto: Obama nunca cumpli su promesa de tomar una cerveza en la Casa Blanca con los superhroes del Navy Seal. Vaya debate.

Ms lejos de las desquiciadas ansias geopolticas norteamericanas, de la rapia por el petrleo y gas del Medio Oriente, del gran juego contra Rusia y China, todos componentes claves en la guerra contra el terror, que constituyen sus autnticas motivaciones, el 11 de septiembre induce a reflexiones de una complejidad distinta. Para mi constituye una fractura epistemolgica entre lo real y lo impostado, en ltimas, entre el margen peligroso que nuestro mundo establece como frontera de lo cierto y lo falso. El 11 de septiembre se consum definitivamente el proceso de desintegracin de la modernidad, esa poca cimentada en una visin racional y certera de las cosas, en una visin verdadera, o al menos, anhelante de la verdad.

Gramsci afirm con lucidez que toda verdad, cualquiera sea, es siempre revolucionaria. Invirtiendo la idea a nuestros tiempos comprobaremos que la verdad es peligrosa, es terrorista. Pero en un doble sentido. Adelantndonos a la conclusin, es una verdad que provoca miedo y terror, de ser asumida como cierta. Es una verdad que es mejor olvidar sepultada bajo 100 pisos y miles de cadveres.

Consecuentemente la falsedad no puede recubrirse ms que de nuevos engaos. Hay que engrasar esa maquinaria genocida, mantenerla aceitada con el temor, el odio y las justificaciones pueriles que instruyen a la sociedad retrasada mental de Norteamrica por qu su Ejrcito lleva 11 aos perdiendo una costosa guerra en Afganistn. Para que el pblico no olvide por qu sus muchachos regresan de Oriente cobijados con plstico negro, aparece invariablemente en el marco de las conmemoraciones del 9/11 algn extrao acontecimiento (video, atentado, amenaza) resucitando el shock de esos terribles das. Never forget, America. Este ao no sera excepcin: un video con el testamento de dos de los suicidas donde explican las razones de su acto datando la grabacin en abril de 2011. Pero... Diablos, George, hay un problema! en la supuesta confesin de Bin Laden aparecida en 2001 [5] se afirma que ninguno de los atacantes conoca la misin hasta poco antes de abordar los aviones. Otra incongruencia para la absurda versin oficial.

Viendo que el espritu crtico de los norteamericanos es tan inspido como las pechugas de sus Nuggets, ninguno se preocupa por contrastar fuentes o ahondar en la severa inconsistencia que entraa la doctrina de guerra contra el terror. Ni siquiera figuras prominentes dentro del progresismo y la intelectualidad norteamericana como Michael Moore cuestionan el axioma fundamental de dicha doctrina: la creacin de un enemigo a la medida, irreal, fabricado con mentiras estructurales, que permite arrojar guerras injustificables saltndose cualquier barrera poltica, diplomtica o legal. Una curiosa trasposicin de los valores salvajes del neoliberalismo a la estrategia militar. Hay que decirlo como es: Estados Unidos no combate el terrorismo. Qu combate entonces?

Si la falacia encarnada en el espritu norteamericano fuera una simple circunstancia podra abordarse como asunto de coyuntura, partidos polticos corruptos o Bad Guys ("chicos malos"), idiota concepto del que los estadounidenses estn enamorados. Pero no son circunstancias, ni Bad Guys: la mentira resulta orgnica al ejercicio poltico, militar y econmico de la potencia por lo menos desde que arrebat Cuba a los espaoles con un episodio de falsa bandera. Hace un siglo. Un siglo de engaos extrapolables a todos los aspectos cotidianos del American Way of Life: las repetidas estafas bancarias y empresariales de proporciones desorbitadas; Hollywood o Walt Disney con su industria de la fabulacin; la masiva publicidad engaosa; el kitsch y el pastiche; Pearl Harbor; las tetas de silicona y las hamburguesas de carne que no es carne, en fin. El Nobel turco Orhan Pamuk, proveniente de una cultura dnde la verdad otorga honra a las personas, se aterraba con las panaderas de Nueva York que ventilan olores artificiales de pan fresco para atraer los transentes. Ms aterrador an constituye el hecho que los transentes conozcan el engao, pero lo acepten gustosos. Y es justo aqu, en el consentimiento, donde esta sociedad del fraude se diferencia de todas las anteriores. Mentiras ha habido siempre, pero nunca tan asquerosas. Nunca tan poco fiables. Nunca tan inverosmiles y difciles de tragar, y as mismo paradjicamente asumidas por la gente.

Este pas de la impostura, que obvi el salvajismo de la esclavitud y el exterminio de sus nativos inventando un conjunto de leyendas infantiles sobre la libertad y grandeza de una nacin cimentada en el "trabajo duro" de sus colonos, impone con el poder del brutal aparato militar la doctrina pueril y ms que pueril de guerra contra el terror. Pero cul terror? Cul amenaza y para quin? El terrorismo global no causa ni el 1% de las vctimas que causa la pobreza, la falta de acceso a servicios bsicos y salubridad en el sur global. 2.819 vctimas del 9/11 nunca pesarn ms que los millones de muertos y refugiados producto de las atrocidades sistemticas cometidas por Estados Unidos en Medio Oriente. Si Norteamrica ordenara todas las vctimas en la misma balanza, saldra perdiendo. Pero de negocios saben bastante los norteamericanos.

Los gobiernos del mundo han aceptado tal doctrina, la han aclimatado magistralmente, como sucede en el caso Colombiano con extremos dramticos. Opositores o socios de Estados Unidos la asumen para sus propios fines: a Rusia le sirve para reprimir el independentismo checheno. A China para acosar la disidencia musulmana. A Gadafi o Bachar Al-Assad para eliminar la oposicin interna. A Turqua para perseguir los guerrilleros Kurdos que son en esencia laicos. A Espaa para negar violentamente derechos polticos y autonoma al pueblo Vasco. A Israel para legitimar el genocidio de palestinos. A India para sealar a Pakistn. A Pakistn para sealar a la India. Un concepto ambiguo y escurridizo que otorga carta blanca de ejercer, ahora s de verdad, el terror sistemtico contra cualquier oposicin. El resultado est a la vista: un mundo ms violento, ms opresivo y ms peligroso por obra y gracia de aquellos que aseguran garantizar la paz, la libertad, la seguridad. Un mundo sin principios, donde todos quieren pescar bajo las aguas de la ambigedad.

 

La insoportable impostura creada por el 11 de septiembre convierte nuestro mundo en una sociedad del engao generalizado. La representacin del hecho mismo, la teatralizacin de un conjunto indeterminado de supuestos ocultan asuntos tan ciertos cmo que el gobierno Norteamericano negocia con los Talibanes que jur exterminar, arma bandas ligadas con Al-Qaeda en Siria y el norte de frica, se preocupa ms por desarticular la gobernabilidad en la regin que por consolidarla y pacta continuamente con el diablo [6] . Y por debajo un ro obsceno de petrleo.

Qu es lo que nos cuesta creer del 11 de septiembre? Por qu esa verdad a la vista se revela esquiva, perturbadora, tenebrosa? La moraleja terrible es que hemos aceptado la versin cmoda de los norteamericanos, fabricada con un malo ideal a la medida. Es una versin que coincide punto por punto con siglos de eurocentrismo, volviendo sobre esa dicotoma entre Oriente y Occidente que ahora se llama choque de civilizaciones. Y como tal se trata de una dicotoma impuesta, igual que toda ideologa poltica responde ms bien a intereses concretos de entidades econmicas concretas. Es una versin que deja tranquilas las consciencias asustadas de millones de ciudadanos remndole a un barco que se hunde. Lo terrible de la verdad tras el 9/11 es la ceguera consentida. Por voluntad propia gobiernos, intelectuales y ciudadanos prefieren evitar un anlisis crtico de los hechos. Nadie quiere escarbar en esos escombros. Es un anlisis que podra traer conclusiones sombras.

La libertad no es algo precisamente deseable si nos hace responsables de nuestros actos, como demuestra Lars Von Trier en su filme Manderlay. La verdad no necesariamente tiene que ser bonita. Cmo dicen las abuelas, duele. Hay un cuento de Tahar Ben Jelloun [7] en el que un hombre rabe slo tiene hijas con su mujer. Siete veces han concebido esperando un heredero y siete veces la providencia lo ha castigado con una hembra. Es una deshonra. La octava vez -la ltima- el hombre elige que su criatura ser varn, independientemente de la voluntad de la providencia. Reconocer lo contrario es humillares. Nace una nia, pero l, libre, ya ha elegido: desde ese momento ver al primognito que tanto ha esperado mientras cae preso en convulsiones de locura y esquizofrenia. Siguiendo al hombre del cuento nuestro mundo tiene todo ante los ojos pero escoge el fraude. Sera peor para nosotros, cmodamente sentados ante el televisor despus del trabajo, reconocer una verdad que nos hace cmplices del holocausto, una verdad que aterroriza e infunde ms miedo que el hecho en s: las torres gemelas no las tumb ningn loco de barba espesa escondido en las montaas de Afganistn. Esa es la impostura consentida ms terrible, ms horrorosa de nuestro tiempo.



[1] Thierry Meyssan, La terrible impostura, Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 2002.

[2] Hay demasiada documentacin al respecto, desde los conocidos vnculos de la CIA con Al-Qaeda hasta las relaciones comerciales entre la familia Bush y la familia Bin Laden. Para la muestra este video, dnde el Presidente Ronald Reagan recibe en la Casa Blanca a los Muyahidines Afganos que luego formaran el rgimen Talibn. Entonces eran luchadores por la libertad, qu tiempos aquellos: http://www.youtube.com/watch?v=y3f9mlUQzJA

[3] Numerosas fuentes sealan que Osama Bin Laden muri poco despus del 9/11. Eso explicara porque varias de sus apariciones posteriores son montajes obvios. La versin ms impactante, por la credibilidad de la fuente, es de la antigua presidenta pakistan Benazir Bhutto durante una entrevista en 2007. Fue asesinada dos meses despus de las declaraciones. Video disponible en: http://www.youtube.com/watch?v=i6xMFfH94hY

[4] Libro del asesinato de Bin Laden, best seller sin salir a la venta, El Espectador, Bogot, 31 de agosto de 2012. Disponible en: http://www.elespectador.com/noticias/actualidad/articulo-371485-libro-del-asesinato-de-bin-laden-best-seller-sin-salir-venta

[5] Este video ampliamente difundido por los medios de comunicacin supuestamente fue hallado en los primeros das de la invasin a Afganistn. Se tiene como la prueba irrefutable de la culpabilidad de Bin Laden en los atentados del 9/11. El presunto Osama asegura que los suicidas slo conocieron la misin poco antes de acometerla: http://www.youtube.com/watch?v=KhctMpvszqQ

[6] Pepe Escobar, El tiro por la culata en Bengasi, Rebelin 14 de septiembre de 2012. Disponible en: http://rebelion.org/noticia.php?id=156036

[7] Tahar Ben Jelloun, "El nio de arena", 1985.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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