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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-09-2012

El Salvador
Cmo se consigui la tregua con las pandillas

Carlos Martnez y Jos Luis Sanz
Sala Negra de El Faro


Seis meses despus de que iniciara la tregua entre la Mara Salvatrucha y el Barrio 18, los gestores de este proceso se decidieron a contar a El Faro una versin distinta a todos los relatos que haban ofrecido anteriormente sobre este experimento. El ex guerrillero y ex diputado Ral Mijango, monseor Fabio Colindres y el propio ministro de seguridad y justicia, David Mungua Pays, describen hoy una estrategia que fue elaborada desde un primer momento en el despacho ministerial, bajo la explcita autorizacin del presidente de la Repblica, Mauricio Funes.

Ni Mijango ni Colindres haban puesto antes del 9 de febrero de 2012 un pie al interior del penal de mxima seguridad de Zacatecoluca y lejos de la versin en la que se aseguraba que ambos haban resultado involucrados como mediadores debido a que coincidieron en labores humanitarias al interior de las crceles, ahora reconocen que la presencia de Colindres fue cuidadosamente diseada por el ministro y el ex guerrillero como una herramienta para proteger y legitimar el plan.

Si en un primer momento se asegur, primero, que la reduccin de homicidios no estaba vinculada con el traslado de 30 lderes de las dos pandillas y, despus, que este es un gesto que estas organizaciones ofrecan a la sociedad a cambio de nada. Ahora se explica que desde un primer momento hubo un pliego de demandas a cambio de las cuales las pandillas ofrecan no matar.

Mungua Pays lo explica: En marzo El Faro devel algo que nosotros no queramos develar, y atribuye al revuelo causado el 14 de marzo por la publicacin de este medio el zigzagueo errtico de las primeras versiones que Gobierno y mediadores ofrecieron.

Debido a la notoria ausencia de un plan de comunicacin, Mijango dice ahora que solicit ayuda del reportero de El Diario de Hoy Paolo Lers, quien desde mayo se sum a los esfuerzos por apuntalar el proceso.

Esta es la nueva versin de cmo se fragu un cese al fuego sin precedentes, entre organizaciones que llevan ms de dos dcadas enfrentadas a muerte.

* * *

El dilogo no lo iniciaron los pandilleros ni arranc en septiembre y octubre, al contrario de lo que Mijango y Colindres han sostenido anteriormente en entrevistas con este y otros medios de comunicacin. Mijango asegura ahora que los primeros contactos que l personalmente sostuvo con palabreros de la Mara Salvatrucha y del Barrio 18 para hablar del cese de la violencia fueron en enero, cuando Mungua Pays ya llevaba ms de un mes como ministro de Seguridad Pblica y Justicia. Y dice que busc esos contactos como parte de un plan discutido con el ministro. No fue posible sino hasta que l ocup el puesto, dice Mijango.

En noviembre de 2011 el presidente Mauricio Funes haba destituido a Manuel Melgar de la cartera de Seguridad Pblica, presionado por los pobres resultados en el rea de seguridad y por la embajada de los Estados Unidos, que consideraba al excomandante del FMLN una persona con las manos manchadas de sangre. Lo haba sustituido por un militar, el general Mungua Pays, desde 2009 ministro de Defensa y abiertamente crtico con la gestin de Melgar. Mungua Pays prometa polticas antidelincuenciales ms duras. Antes de llegar al cargo haba hablado de la posibilidad de intervenir militarmente a las comunidades controladas por las pandillas y de suspender temporalmente en esos territorios las garantas constitucionales.

Desde su despacho, viendo en retrospectiva, Mungua Pays explica ahora el axioma que motiv su proceso de dilogo con las pandillas: Quien controlara la guerra entre pandillas iba a controlar el 75% de muertes (en el pais), dice.Sin embargo, Mijango afirma que durante todo 2011, un tiempo en el que l estaba contratado por el ministerio de Defensa como asesor de Mungua Pays, ambos haban discutido ampliamente la posibilidad de una negociacin con las pandillas como clave para reducir los homicidios. David estaba claro de que este fenmeno no se poda resolver por la va de la represin, dice el negociador. Y la posibilidad se abre cuando es nombrado (al frente de Seguridad).

La llegada del general al cargo implic un alud de cambios en todas las instituciones vinculadas a la seguridad pblica: en pocas semanas fueron sustituidos el director de la Polica Nacional Civil (PNC) y el del Organismo de Inteligencia del Estado (OIE). El secretario de asuntos estratgicos de la presidencia, Hato Hasbn, que hasta ese momento haba sido coordinador del gabinete de Seguridad, qued fuera de esta rea. David Mungua Pays se convirti en una especie de sper ministro y design para todos los puestos relevantes de la rama de seguridad a gente de su confianza, militares la mayora.

En ese escenario de control de las instituciones implicadas, el general decidi echar a andar su plan de dilogo. Tanto Mijango como el mismo Mungua Pays afirman que el presidente Funes conoci desde un primer momento los planes de dilogo con las pandillas, y los aprob.

El siguiente paso, segn afirma Mijango y confirma Mungua Pays, fue decidir a quines deberan incluir en su equipo para echar a andar las conversaciones. Ambos pensaron en la Iglesia.

Arribamos a la necesidad de contar con una figura de prestigio y credibilidad, dice Mijango, que explica que la presencia de un sacerdote en el equipo de mediacin no fue algo casual, sino algo calculado para dar respaldo moral al proceso.

Al mismo tiempo, esa maniobra serva para proteger la negociacin del ataque de sectores influyentes del pas. Una persona vinculada con el empresariado del pas y que trabaj en dos gobiernos de Arena explica de la siguiente forma lo acertada que fue esa decisin: Entre los empresarios de este pas hay gente a la que le pones a un sacerdote delante, o a la Iglesia, y es como si se les desconectara una parte del cerebro: dejan de hacer preguntas.

Mijango cuenta ahora que Mungua Pays y l dedicaron diciembre a encontrar a la persona correcta para cumplir esa funcin. Decidieron buscar por la va ms institucional e invitaron en primer lugar al arzobispo de San Salvador, monseor Jos Luis Escobar Alas. Este declin participar. El siguiente fue el obispo auxiliar de San Salvador, monseor Gregorio Rosa Chvez, que tampoco acept se mediador. Despus tocaron la puerta de monseor Rafael Urrutia, prroco de la Colonia Miramonte y encargado de la causa de canonizacin de monseor scar Romero. Por tercera vez Mijango y el ministro de Seguridad Pblica recibieron un no por respuesta.

Finalmente buscaron a monseor Fabio Colindres. Mijango asegura que en un primer momento no era la mejor figura, porque estaba vinculada con el Ejrcito y la Polica. Sin embargo, dice que el capelln castrense y policial entr inmediatamente en sintona con el proyecto y acept sumarse al esfuerzo. Monseor llega cuando ya habamos avanzado mucho y llega a llenar el vaco de credibilidad que haba, afirma Mijango.

No creo que por estar yo aqu esto tenga ms o menos credibilidad, dice ahora Colindres, que est al tanto de las gestiones que Mijango y Mungua Pays dicen haber hecho. Monseor Escobar Alas, monseor Rosa Chvez o el padre Urrutia lo podran haber hecho tan bien como yo. O mejor.

Ral Mijango dice que su primera accin para buscar el dilogo fue revivir su relacin con algunos palabreros de ambas pandillas que haba forjado en los das en que dirigi un negocio de distribucin de cilindros de gas. El ex diputado del FMLN ha dicho en anteriores entrevistas que la primera relacin que tuvo con las pandillas fue como extorsionado, que como gran parte de los comerciantes del pas que distribuyen mercadera en reas controladas por pandillas, negociaba a diario con los homeboys. Ah me doy cuenta de que son gente con la que se puede hablar y llegar a acuerdos, afirma.

En enero de 2012 haca cuatro meses, dice, que haba dejado ese negocio, pero necesitaba identificar a los principales lderes de la MS-13 y la 18 y los penales en los que estos estaban recluidos. Mijango asegura que habl con los palabreros de las clicas de la comunidad Nueva Israel, controlada por la Mara Salvatrucha, y Las Cabaas de la Roma y Las Palmas, controladas por el Barrio 18. Ellos le dijeron que la mayora de lderes guardaban prisin en la crcel de mxima seguridad de Zacatecoluca. Con esos mismos palabreros Mijango dice que les envi mensajes en nombre de Mungua Pays.

En aquel momento, el director de Centros Penales, Douglas Moreno, era el nico funcionario cercano al exministro Manuel Melgar que haba conseguido mantenerse en el cargo luego de la llegada del general Mungua Pays al ministerio y se especulaba que sera despedido en cualquier momento. Moreno y el ministro haban tenido una relacin spera cuando Mungua Pays estaba al frente de la cartera de Defensa, debido a desacuerdos sobre las labores de seguridad que los militares desarrollaban en las crceles. El 7 de febrero, Moreno fue nombrado viceministro de Seguridad Pblica y su cargo al frente de prisiones lo asumi el hasta entonces subdirector, Nelson Rauda. El plan de Mungua Pays y Mijango ya tena va libre.

Los dos negociadores, Mijango y Colindres, coinciden ahora en que la primera vez que pusieron un pie dentro del penal de mxima seguridad en Zacatecoluca fue el 9 de febrero, dos das despus de la sustitucin de Douglas Moreno. Colindres acepta que era su primera vez en ese penal. Aunque l afirma que desde que era seminarista visita habitualmente otros centros penales del pas, varias fuentes vinculadas a la Pastoral Penitenciaria de El Salvador aseguran sin embargo que el obispo castrense nunca se ha destacado por el trabajo en crceles ni era un visitante regular de estas.

Mijango dice que la primera reunin de dilogo fue solo con lderes de la Mara Salvatrucha. Colindres recuerda: Nos sorprendi que nos conocan a los dos, a m me dijeron: usted es el obispo castrense y a Ral, usted es exguerrillero y exdiputado.

En los das siguientes los mediadores dicen que sostuvieron plticas individuales con las tres facciones del Barrio 18. Desde 2006 la pandilla 18 se encuentra dividida producto de pugnas por el poder, lo que deriv en dos grandes grupos enemistados a muerte, autodenominados sureos y revolucionarios. La ruptura produjo un tercer grupo, conformado por exlderes que quedaron marginados tras el rompimiento.

Mijango dice que comprendi el problema de ser interlocutor de una pandilla dividida en tres para echar a andar su plan. Para m, presentar a una 18 dividida era factor de debilidad de ese acuerdo, y era importante que ellos tuvieran en consideracin que para que el proceso fuera consistente y creble tenan que presentarse como un solo bloque, les dije: si ustedes se presentan ante la MS divididos eso les hace a ellos perder confianza en ustedes, ustedes se tienen que presentar como nmeros y punto, explica.

Las reuniones con las pandillas se sostuvieron a un ritmo diario y los negociadores dicen que se encontraron con un terreno frtil.

Borromeo Henrquez, uno de los lderes y vocero de la MS-13, y Carlos Ernesto Mojica Lechuga, del Barrio 18, han declarado a El Faro que desde hace al menos cinco aos han estado dispuestos a someterse a un proceso de dilogo de este tipo, pero que no haban encontrado el eco necesario en ningn representante de los gobiernos anteriores. Tanto la 18 como la Mara Salvatrucha aseguran de hecho haber sostenido negociaciones formales con el gobierno de Antonio Saca, pero que estas terminaron fracasando.

Una vez que las tres facciones de la 18 acordaron presentarse como un solo bloque y que el nimo conciliador de las dos pandillas era similar, Mijango y Colindres decidieron concertar la primera reunin conjunta entre dos grupos de personas con una larga tradicin de odios y enfrentamientos. La reunin tendra lugar el 20 de febrero.

* * *

Aquel da, Ral Mijango se retras comprando el almuerzo. Descubr la magia del Pollo Campero, puta, eso resuelve conflictos! Para ellos eso era manjar de cardenales. Entonces yo compraba las porciones de pollo para el almuerzo y cada reunin se haca en medio de una comida. Eso es un truco que aprend de los brasileos: una buena mesa resuelve conflictos, asegura.

La reunin con los dos bandos estaba pactada para las 10 de la maana y cuando Mijango lleg al penal con unos minutos de retraso el ambiente estaba tenso y en el aire se respiraban residuos de gas lacrimgeno.

Dentro de sus medidas de seguridad, el penal de Zacatecoluca tiene una celda especial a la que llaman la exclusa. Cada vez que un interno regresa al penal de una audiencia o una visita al hospital, debe permanecer tres das en la exclusa antes de ingresar de nuevo a su celda. La medida est diseada para que los prisioneros defequen antes de ingresar, para evitar que lleven dentro de su cuerpo algn ilcito como drogas, armas o mensajes. Aquella maana, por un error en el procedimiento de seguridad, haban coincidido en la exclusa un miembro de la MS-13 y uno del Barrio 18 y se haban enzarzado en una pelea a puos. Tuvieron que intervenir los militares responsables de la custodia de la crcel para separarlos con palos y gases para evitar que la trifulca tuviera eco entre los otros presos.

En opinin del coronel responsable de la seguridad de Zacatraz, dice Mijango, aquel no era el mejor da para juntar en un mismo saln a casi una veintena de pandilleros rivales. Sin embargo, el militar saba que Mijango gozaba de la autorizacin del ministro Mungua Pays para tomar decisiones y segn el criterio del mediador la reunin deba realizarse como estaba pactada. Poco poda hacer al respecto el coronel, que dispuso a ms de un centenar de hombres listos para actuar en caso de que aquel episodio terminara mal.

El coronel no era el nico que pensaba que aquello era una imprudencia. Cuando el lder de la Mara Salvatrucha, Borromeo Henrquez, El Diablito, se encontr con el mediador, lo reprendi: Has precipitado las cosas, no era el momento.

Al saln de visitas entraron nueve miembros de la Mara Salvatrucha y diez de la pandilla 18. Cada faccin se sent a un extremo de la mesa que haba sido dispuesta para el encuentro, y en el centro de la misma, como una frontera frgil, se colocaron Mijango y monseor Colindres. Cuando un reo es sacado de su celda para una entrevista en la sala de audiencias, el procedimiento de seguridad indica que deber usar esposas en todo momento y que la conversacin deber ser custodiada por al menos seis elementos de seguridad. Sin embargo, Mijango tena la autoridad delegada por el ministro para disponer desatender los protocolos de seguridad y encerrarse con un grupo de internos sin grilletes y sin un solo custodio dentro del saln.

Como todas las sesiones, aquella inici con una oracin religiosa dirigida por Colindres; luego se sirvieron los almuerzos y Mijango exhort a los pandilleros presentes a dejar de lado el incidente de la maana y seguir el curso del proceso, que tena por objetivo reducir los homicidios en el pas.

En un momento de receso, El Diablito se puso de pie y comenz a caminar hacia el extremo de la mesa en el que estaba sentada la delegacin de la pandilla 18. Se dirigi directamente a Carlos Mojica Lechuga, Viejo Lin, quien tambin se puso de pie. El rostro moreno y de cejas pobladas de El Diablito se acercaba cada vez ms a la cabeza afeitada y de rostro delgado de Lin, mientras el resto miraba en silencio aquella maniobra. Los dos lderes pandilleros se estrecharon las manos y comenzaron a conversar. En seguida el resto de miembros de la Mara Salvatrucha imit el gesto y se arm una bola informal de pandilleros rivales enzarzados en una pltica. Los mediadores se levantaron de sus sillas y se apartaron a un rincn para no interrumpir aquella reunin indita.

Esa sesin rompi el hielo entre los viejos enemigos y terminaron tomndose fotos con los mediadores y en grupos donde estaban mezclados los nmeros y las letras. Se haba logrado lo ms importante, recuerda Mijango.

El 24 de febrero se reunieron nuevamente para elaborar un primer borrador del acuerdo y se dieron un plazo para consultarlo con sus compaeros de pandilla encerrados en Zacatecoluca. El 29 consensuaron un breve documento de seis puntos bsicos, escrito a mano, en el que acordaban un pacto de no agresin durante un perodo de tres meses el cual podr ser prorrogado segn la evaluacin positiva que hagamos de la evolucin del proceso y el cumplimiento del compromiso de cada una de las partes. En el documento se expresa la voluntad de las delegaciones de representantes de la MS-13 y el Barrio 18 de entrar en un proceso de dilogo.

El punto cuarto del documento reza: Que la presencia a su ms alto nivel de la Iglesia Catlica y representantes de la sociedad civil como facilitadores y mediadores en el dilogo privado nos inspira la confianza suficiente para considerar que el proceso abierto cuenta con la mayor seriedad y responsabilidad y ello nos compromete a respetar, confiar, y actuar con el mismo nivel de responsabilidad en el cumplimiento de los compromisos que hemos propuesto asumir, en el caso de que nuestras demandas cuenten con respuestas positivas por parte de las autoridades.

El documento no detalla cules eran esas peticiones, sin embargo, Mijango aclara ahora que esas demandas iniciales eran las mismas que luego se plasmaron en lo que se dio a conocer como documento marco para la bsqueda de la paz, que los pandilleros entregaron al secretario general de la OEA, que inclua la derogacin de la Ley de Proscripcin de Pandillas, el acuartelamiento del ejrcito, el cese de los operativos policiales en los territorios controlados por las pandillas, la derogacin de la figura del testigo criteriado y una serie de mejoras en la calidad de vida de los privados de libertad.

Segn el ministro y Mijango, el presidente Funes estuvo al tanto de cada parte del proceso.

El manuscrito est firmado de parte de la MS-13 por Dionisio Arstides Umanzor, El Sirra; Carlos Tiberio, Snyder; Marvin Adaly Quintanilla, Piwi; Sal Antonio Turcios, El 13; lmer Canales Rivera, Crook; Joaqun Moiss Cruz Lpez, Chele; Dany Fredi Ramos; Borromeo Henrrquez, El Diablito, y Carlos Vlez, Cerebro.

De parte de la 18 firmaron Vctor Garca Cern, Duke; Andrs Roberto Barillas, Lgrima; Csar Daniel Renderos Das, Cementerio; Jefri Isaac Corvera, Xochilt; Csar Enrique brego Gonzlez, Cuyo; Rubn Toledo Cea, Humilde; scar Ren Moreira Palacios, Pollo; Jos Heriberto Henrquez, Eddie Boy; Jos Timoteo Mendoza, Chory, y Carlos Ernesto Mojica Lechuga, Viejo Lin.

Mijango asegura que haba un punto adicional: el proceso, sus actores y los acuerdos deban permanecer en absoluto secreto, en espera de que hubiera resultados sostenibles que mostrar.

Con el documento firmado, el ministro, Mijango y Colindres decidieron congelar el proceso. Consideraron que era mejor esperar que el pas diera vuelta a la pgina de las elecciones venideras de alcaldes y diputados para evitar que lo que haban conseguido fuera a contaminarse de la fiebre poltica. Faltaban 11 das para los comicios y la idea era esperar a que los resultados estuvieran en firme y comenzar a operativizar el primero de los acuerdos: los lderes de las dos pandillas deberan ser sacados del aislamiento de Zacatecoluca y trasladados a los penales donde estn recluidos los pandilleros para que pudieran trasmitirles a sus bases los acuerdos que haban alcanzado. El traslado de internos desde Zacatecoluca no se hara de un solo golpe, sino que los traslados tomaran su tiempo, movilizando pequeos grupos de pandilleros en operaciones discretas para evitar que aquel experimento saliera a la luz pblica.

Sin embargo, el domingo 4 de marzo, una semana exacta antes de las elecciones, Mijango cuenta que recibi un mensaje de Zacatecoluca: era urgente que llegara al penal. Se reuni con el rostro ms representativo de la MS, Borromeo Henrquez, y con los representantes de las dos grandes facciones de la 18: Carlos Mojica Lechuga y Victor Garca Cern. Los pandilleros tenan una advertencia que hacerle: sus homeboys en la calle y los lderes operativos de las clicas tenan un plan para boicotear las elecciones. Las dos pandillas se haban puesto de acuerdo para generar un paro de transporte y amenazas durante los das 10, 11 y 12 de marzo, es decir el da previo, el propio da de las elecciones y el da siguiente.

Con esa informacin, Mijango acudi al despacho del ministro. Haba dos posibilidades: las pandillas mentan y se trataba solo de un ardid para acelerar los traslados y la otra es que dijeran la verdad. En el segundo escenario no solo estaba en riesgo el proceso electoral, sino que saban que, de ser verdad, aquel boicot echara a perder cualquier posibilidad de que el experimento tuviera alguna aceptacin entre la sociedad. Si la amenaza era real, los esfuerzos habran sido en vano. Decidieron acelerar el proceso y desordenar el calculado esquema de traslados que haban diseado. Accedieron a trasladar a todos los lderes en solo dos das para que desactivaran la amenaza, antes de que se estropeara el proceso de forma irreversible. Tanto el ministro como Mijango aseguran que el presidente Funes estuvo de acuerdo.

Lo que iba a ser un proceso gradual se transform en autobuses llenos de pandilleros siendo trasladados de madrugada. El da 8 de marzo, a las 2 de la maana, Ral Mijango y monseor Colindres se presentaron en el penal de Zacatecoluca. A los 19 pandilleros que participaron en el proceso desde el principio se sumaron 11 ms, hasta completar 15 personas por cada estructura. Ese da seran trasladados los lderes nacionales de la Mara Salvatrucha y los dos mediadores los acompaaran dentro de los autobuses como garanta de que el Estado les procurara seguridad. Al da siguiente hicieron lo mismo con los miembros del Barrio 18 para llevarlos a otros penales. Entre la primera reunin de dilogo con los pandilleros y los traslados de los mismos fuera de Zacatecoluca haba pasado exactamente un mes.

Hasta entonces, marzo promediaba 13.6 asesinatos diarios. El sbado 10, solo un da despus de que fueron trasladados los pandilleros, hubo 10 homicidios. Al siguiente da, hubo dos. Al siguiente, tres, al siguiente, cinco en cuatro das los lderes de la MS-13 y de la 18 haban dado muestras del poderoso control que ejercen sobre sus estructuras, de su capacidad no ya para matar sino para lograr algo mucho ms difcil: domar y contener a sus gatilleros. Y haban dado la primera seal de su voluntad de hacer cumplir lo pactado. El promedio de homicidios en El Salvador se haba desplomado a un nivel que se mantiene estable seis meses despus.

El mircoles 14 de marzo, David Mungua Pays se neg a tomar una llamada telefnica. Periodistas de El Faro le acababan de explicar a la jefa de comunicaciones del ministro que estaban listos para publicar una nota tituladaGobierno negoci con pandillas reduccin de homicidios y queran incluir su versin de los hechos. La noticia del traslado de los lderes de la Mara Salvatrucha y el Barrio 18 haba llegado a las redacciones de varios medios de comunicacin durante el fin de semana en el que se desarrollaron las elecciones de alcaldes y diputados. Tras consultar a casi una docena de fuentes, los reporteros haban logrado atar los cabos que llevaban hasta el Ministerio. Mungua Pays, como asegurara meses despus, no esperaba verse descubierto y no haba previsto el escenario de tener que dar explicaciones en pblico.

-Por qu no contest aquella llamada, ministro? -le preguntamos a Mungua Pays seis meses despus.

Estamos en su despacho, desde el que ha gerenciado este proceso rebautizado como de paz. Est mucho ms relajado que en aquellos das, en los que improvis respuestas y acus a los periodistas de mentir, de escribir novelas.

-Porque me iban a preguntar: Por qu sac de mxima seguridad a los 30 asesinos ms despiadados del pas?. Y yo no iba a poder responder.

El desconcierto del Ejecutivo al verse descubierto se convirti en un silencio de casi 48 horas y en inesperadas tensiones al interior del gobierno. El ministro Mungua Pays dice que la presin que recibi de su entorno y de Funes fue enorme: Tan grande como para haber abortado el plan. No le fue fcil, dice, convencer al mandatario de seguir adelante. Cuando lo logr, volvi a pensar en cmo encarar a los medios de comunicacin y decidi que lo primero deba ser hablar con los propietarios y jefes de redaccin de los principales peridicos y canales de televisin del pas. Los invit a un desayuno para el viernes 16.

Ese viernes, a las 6 de la maana, el reportero de El Diario de Hoy Paolo Lers recibi una llamada de Mungua Pays. Le peda que acudiera tambin a ese desayuno. Lers reaccion extraado y esquivo: Yo no tengo qu hacer ah. No soy director de medio. Te lo pido como un favor personal, asegura Lers que le dijo el ministro. Acept asistir.

En esa reunin participaron alrededor de 25 personas. Rostros conocidos como el de Narciso Castillo, entonces director de canal 33; Jorge Hernndez, entrevistador de la Telecorporacin Salvadorea; Fabricio Altamirano, director de El Diario de Hoy; o Gabriel Trillos, gerente editorial de La Prensa Grfica. Ellos escucharon al general Mungua Pays negar una y otra vez que se estuviera desarrollando cualquier negociacin y explicar el traslado de los pandilleros con una serie de argumentos confusos convertidos en versin oficial. Nadie de El Faro fue invitado a esa reunin, a pesar de que la cita tena como propsito desmentir a este peridico y advertir sobre supuestas amenazas a la seguridad de sus periodistas.

Una vez acordado que lo que all se dijera sera off the record, el ministro quiso convencer a los presentes de que informes de inteligencia alertaban de un posible ataque con misiles law a la crcel de Zacatecoluca para propiciar una fuga; de que algunos de los internos trasladados padecan enfermedades terminales y el movimiento responda a razones humanitarias; y de que en otros casos se estaba haciendo cumplir la ley penitenciaria, que, dijo, no permita que un preso cumpliera ms del 10% de su pena en una crcel de mxima seguridad.

Los tres argumentos eran falsos. La arquitectura de Zacatecoluca -las celdas estn en el subsuelo de una construccin cuyas paredes dan a un patio circular- impide que alguien se fugue derribando su muro perimetral. Ninguno de los pandilleros trasladados padeca enfermedades especialmente graves que explicaran el movimiento, y en todo caso haban sido reubicados en penales cuyas condiciones higinicas y de atencin mdica son mucho peores que las de Zacatecoluca. La ley, en realidad, no establece el 10% de la pena como el tiempo mximo de reclusin en aislamiento, sino como el mnimo que debe permanecer en Zacatecoluca un preso castigado a soportar el rgimen de mxima seguridad.

Estaba diciendo una sarta de disparates, de pajas. Nadie le crey, recuerda Lers. Era obvio que no saba qu decir. Cuando salimos de all, nadie le haba credo lo que haba dicho. El reportero estaba convencido de que la versin del ministro no iba a aplacar la polmica, sino a acrecentarla. Los periodistas iban a seguir haciendo preguntas incmodas. Era como mostrarle carne roja a unos perros y luego esconderla, y esperar que no escarbaran, explica.

Al salir de aquel desayuno, Lers llam a Ral Mijango, amigo suyo y viejo camarada en el ERP durante la guerra. El reportero asegura que no tena conocimiento de que Mijango estuviera involucrado en este proceso, pero que saba que era -o lo haba sido en los ltimos tiempos- asesor y amigo de Mungua Pays. Quera darle un consejo: que el ministro no diera la conferencia de prensa que tena prevista para esa tarde, que no repitiera en pblico las excusas que haba dado esa maana en privado. Que no d esa conferencia de prensa, Ral. Lo van a destazar.

Mungua s celebr la conferencia de prensa y neg en pblico que hubiera alguna relacin entre los traslados y el repentino descenso de homicidios. La cada de las cifras de muertes violentas se deba, dijo, al fuerte despliegue policial y a la mayor operatividad de su gabinete de Seguridad. Mijango, consciente de que su estrategia de comunicaciones haca aguas por todas partes, acudi esa misma tarde a La Ventana, el bar que regenta Lers y le mostr sus cartas ocultas. Le explic por qu menta Mungua Pays. Le revel los detalles del dilogo y del acuerdo firmado por las pandillas. Le pidi su ayuda para que el proceso, que consideraban en riesgo a causa de la publicacin de El Faro, siguiera en pie.

Lers acept y se convirti, desde ese momento, en parte del equipo que trabaja para sostener el proceso.

Su primera tarea fue difundir en forma de nota periodstica un comunicado de la Mara Salvatrucha y el Barrio 18, fechado el lunes 19 de marzo, en el que tambin ambas pandillas negaban cualquier negociacin con el gobierno y anunciaban su decisin de reducir los asesinatos a cambio de nada.

Pese a que, en la versin de Mijango, el documento que firmaron los pandilleros el 29 de marzo hablaba de demandas, la MS-13 y la 18 aseguraban que era una accin unilateral: No hemos negociado nada con este gobierno, ni pedimos hacerlo, se lea en el documento. El texto no explicaba, sin embargo, si las pandillas haban decidido dejar de matarse entre ellas o si la tregua inclua a cualquier ciudadano. Esta duda, que las autoridades no supieron o quisieron aclarar durante meses, sigue en la mente de muchos salvadoreos an hoy.

Los lderes pandilleros s especificaban haber girado rdenes para cancelar () los atentados en contra de militares, policas y custodios, ampliamente denunciados por las autoridades durante el ao previo. Esos atentados eran, segn el ministro, una represalia por la accin policial y la participacin de la Fuerza Armada en labores de seguridad , especialmente, en la seguridad perimetral de las crceles y el registro de entrada a los familiares de los presos.

En ese documento, las pandillas acusaban a El Faro de mentir y de poner en riesgo la vida de sus lderes al citar -en boca de fuentes de los distintos cuerpos de inteligencia del Estado- la posibilidad de que hubiera dinero involucrado en el cese el fuego acordado. El asunto del dinero se convertira, durante las semanas siguientes, en un argumento utilizado por el Ejecutivo para desacreditar a los periodistas que destaparon la negociacin, y en un motivo de roce entre el peridico y ambas pandillas. En realidad, la nota de El Faro nunca asegur que el gobierno hubiera pagado a los pandilleros o sus familias a cambio de frenar los homicidios, sino que lo rese como una de las posibles cartas de cambio sugeridas por distintas fuentes. Aun as, la mera mencin del dinero en la nota gener fuertes tensiones entre mandos medios de ambas pandillas y sus lderes, que llegaron a temer, segn aseguran varios de ellos, por su autoridad interna y por su vida.

Tanto las autoridades como la cpula de las pandillas han repetido durante los ltimos seis meses que no hubo ningn tipo de pago. El ministro Mungua Pays ha asegurado que los agentes de inteligencia que dieron esa informacin estaban molestos con su nombramiento y que pretendan atacarle y boicotear su gestin. Luego de la publicacin de este medio, el ministro orden investigaciones al interior de sus aparatos de inteligencia, dando como resultado el despido o la marginacin a tareas irrelevantes de agentes sospechosos de filtrar informacin.

Mijango entreg a Lers el comunicado de las pandillas en exclusiva dos das antes de que este se acabara filtrando al pas a travs de la emisora de radio YSKL y el Canal 33 de televisin. Tambin le facilit, con la colaboracin del director de Centros Penales, Nelson Rauda, acceso a las crceles de Ciudad Barrios y Cojutepeque, donde entrevist en exclusiva a lderes de la MS-13 y la 18. El resultado fue una nota titulada Hablan las maras y fechada el 23 de marzo.

Sobre aquella publicacin, Lers dice: Ral me pidi que cuando lo destaparan les ayudara validando el comunicado que iban a hacer pblicas las pandillas. Por eso fui a las dos crceles. Porque necesitaba validar el comunicado. As me met, como un favor, porque se les haba complicado (el proceso) y no saban qu decir.

El ministro Mungua Pays explica ahora las razones por las que ofreci versiones oficiales que no se correspondan con la realidad:

-La publicacin de El Faro comenz a deslegitimar el proceso y a generar dudas, porque ante la opinin pblica yo no iba a tener respaldo -argumenta.

-De dnde sali, por ejemplo, la versin de los misiles law?

-Mir, eso no es que fuera mentira eran hiptesis que ya tenamos de antes; sabamos que haban entrado misiles law al pas y una de las hiptesis era que eran para atacar algn penal.

-Pero por qu no dijo la verdad?

-Qu iba a decir yo? Que los habamos trasladado por un experimento? Ja ja ja ja Olvidate! Nos comen vivos! Tenamos que tener resultados para poder presentarlo. Quin te iba a avalar que movieras a los principales cabecillas de las pandillas?

Los obispos de El Salvador fueron los primeros en saber, fuera del crculo de colaboradores del ministro de Seguridad, que Fabio Colindres y Ral Mijango haban sido mediadores del alto el fuego de las pandillas. Lo supieron el 20 de marzo por la maana, un par de horas antes que el resto de salvadoreos, en una reunin solicitada por Colindres y que cont con la presencia del nuncio apostlico, Luigi Pezzuto. La conferencia episcopal no estaba informada antes de ese martes de que Fabio Colindres estaba mediando, dice el obispo auxiliar de San Salvador, Gregorio Rosa Chvez. Habra que ver si el arzobispo lo supo antes, pero los dems lo supimos ese da, el mismo martes que se lo dijeron al pas.

La reunin se celebr en un clima distendido, y en ella el vicario castrense y el nuncio expusieron lo mismo que diran luego en una conferencia pblica esa misma tarde: que haban visto la situacin de los prisioneros e intercedido por ellos; que los pandilleros de El Salvador haban expresado su deseo de hacer gestos de buena voluntad y reducir los homicidios; que la labor de Colindres no haba sido de mediacin, sino meramente humanitaria; que el Ejecutivo no tena nada que ver con el asunto y simplemente haba facilitado acceso a los centros penales. El resto de obispos recibieron la noticia con satisfaccin y les expresaron su respaldo, sin demasiadas preguntas.

La conferencia de prensa posterior, celebrada en la Nunciatura -la embajada de El Vaticano en El Salvador-, supuso el primer giro radical en la versin oficial sobre lo sucedido. Sentado junto a Pezzuto y Ral Mijango -este apareca por primera vez en escena-, Colindres se present como mediador entre ambas pandillas y afirm que las autoridades de Seguridad haban avalado su labor, la haban facilitado, y haban accedido a trasladar a esos 30 lderes pandilleros con el fin explcito de que dieran rdenes a sus bases de aplicar el alto el fuego. Los misiles, las enfermedades terminales, los aos de pena cumplida, daban paso a versiones con un poco ms de sentido. En aquella conferencia de prensa, el obispo asegur desconocer los nombres de las personas que haban sido trasladadas, puesto que l simplemente haba pedido por algunos en particular que estaban gravemente enfermos.

Ahora, desde su oficina, Colindres reconoce que durante el proceso de mediacin lleg a dialogar con ellos uno por uno. Conoc a sus familias. Fue una cosa muy personalizada, dice. Cuando se le recuerda que en aquella conferencia de prensa asegur no recordar los nombres de los pandilleros con los que haba conversado, se re diciendo que no minti, que lo que l tena en la cabeza en realidad eran sus apodos pandilleriles y no sus nombres.

El director de Centros Penales, Nelson Rauda, en una entrevista en la que intent la tarea imposible de ser sincero sin alejarse de la versin oficial, aceptara das despus que, mediante el traslado, el Estado haba devuelto a los lderes el pleno control operativo de sus pandillas -mermado por las condiciones de aislamiento del penal de Zacatecoluca- con la confianza de que estos, como haban prometido, dieran orden de detener la sangra en las calles.

El vnculo directo entre los traslados y el descenso de homicidios quedaba probado, pero a medida que se conocan los primeros detalles de lo sucedido se multiplicaban las preguntas: Qu riesgos colaterales a largo plazo supona fortalecer el liderazgo de los pandilleros trasladados? Cmo afectaba la tregua a la divisin entre los diferentes grupos del Barrio 18? Hasta dnde llegaba el protagonismo del ministro en un proceso presentado como independiente pero cuyos mediadores eran un amigo y exasesor suyo y el obispo de la milicia, sometido por jerarqua a la autoridad del generalato y del ministro de Defensa? Cmo interpretar este gesto de buena voluntadde las pandillas mientras seguan extorsionando a vecinos y comerciantes de todo el pas y trabajando para redes de venta de droga? Qu recibiran a cambio de ese gesto?

Aquella conferencia de prensa no ofreci muchas respuestas pero dejara para la posteridad dos ancdotas: una, la explicacin de Mijango de que los lderes de las pandillas le haban llamado como mediador, a ttulo personal, porque eran asiduos lectores de sus libros y por recomendacin de Mario Belloso, el tirador que en julio de 2006 asesin a dos policas durante una jornada de protestas frente a la Universidad de El Salvador; otra, la aparicin de la palabra milagro asociada a la tregua. He sido testigo de la construccin de un milagro, dijo el ex guerrilero, y con ello levantaba una barrera ms para quien tratara de someter a la negociacin al escrutinio de los detalles: los milagros no se explican.

Ahora, sentado a la mesa de un restaurante, Mijango recuerda divertido: Cmo me jodi un montn de gente por eso del milagro! Yo no soy religioso. Lo que tena en mente era la manera sorprendente en que ocurrieron las cosas.

Adems, que aquel anuncio se hiciera en la nunciatura y en presencia de Pezzuto, representante del Estado del Vaticano, reforzaba la idea de que la Iglesia Catlica asuma institucionalmente la responsabilidad sobre la mediacin, y liberaba al Ejecutivo de la carga de defenderla y explicar la tregua.

Hasta el da de hoy, para hablar de Mijango y Colindres, las autoridades y los lderes de las pandillas dicen la sociedad civil y la Iglesia.

Monseor Rosa Chvez asegura, sin embargo, que se trata de una construccin, de una apariencia: La Iglesia como tal no ha entrado en el proceso, dice. Solo ha entrado un obispo que acta intramuros, no en nombre de todos nosotros ni coordinado con nosotros. Creo que debo decirlo, por honestidad. Cuando se le pregunta por qu el arzobispado no ha sido rotundo al aclarar ese punto, el obispo auxiliar responde: Tocara al obispo (Colindres) aclarar eso.

Colindres, como respuesta, alude a un comunicado lanzado por la conferencia episcopal a comienzos de abril, y ledo por el arzobispo Escobar Alas el domingo 8 de ese mes, en el que los obispos en conjunto, incluido Rosa Chvez, expresaron su respaldo a la labor del capelln castrense y pedan a los salvadoreos apoyo para su mediacin: A todos los salvadoreos les pedimos como pastores que abran su mente y su corazn con generosidad a los nuevos signos de los tiempos, a los nuevos caminos para la paz que el Seor est abriendo en nuestra nacin, deca el documento.

Hasta el momento, la conferencia episcopal no ha expresado un cambio de postura, reclama Colindres.

Rosa Chvez insiste: Nos pareci buena la iniciativa, y se la apoy en dos momentos, en un comunicado de todos los obispos y luego el arzobispo en una conferencia de prensa. Pero yo esperaba que el proceso tuviera una dinmica envolvente aprovechando la experiencia de la Iglesia y su capilaridad. Sin embargo, en el proceso posterior a aquel anuncio la Iglesia no ha estado informada ni involucrada. La pregunta es: como Iglesia estamos simplemente legitimando o estamos haciendo ms que eso?

Varias personas vinculadas al arzobispado confirman que la labor de mediacin de Fabio Colindres se ha desarrollado, desde marzo, sin comunicacin con el resto de obispos y sin colaboracin del personal de la Pastoral Penitenciaria, la rama de la Iglesia ligada al trabajo con presos y a la lucha por la mejora de sus condiciones de vida. El sacerdote de congregacin de los mercedarios, Juan Carlos Fortn, que desde 2009 encabeza esa labor en El Salvador, apenas ha participado en el proceso. Se le vio nicamente junto a Colindres en una eucarista que ambos celebraron en el penal de Mariona a comienzos de mayo, cuando los presos comunes, inquietos por la oportunidad de mejoras carcelarias y reinsercin que el gobierno estaba prometiendo a los pandilleros, exigieron unirse al dilogo. Hasta hoy la participacin de estos presos comunes ha sido, sin embargo, solo testimonial.

Fuentes del arzobispado aseguran, de hecho, que Escobar Alas trat de evitar que Fortn participara en aquella eucarista y le envi la orden expresa de no asistir y mantenerse al margen del proceso liderado por Colindres. El domingo 20 de mayo el arzobispo afirmo pblicamente que a la Iglesia ya no le corresponda seguir con la labor de mediacin e insinu que Colindres deba apartarse, aunque das despus matiz sus palabras. Desde entonces, se ha mantenido en silencio. Se trat de gestionar una entrevista con el arzobispo para abordar con ms profundidad este asunto, pero su asistente aleg falta de tiempo y remiti a su habitual conferencia de prensa dominical. Rosa Chvez define la actual postura de la conferencia episcopal de prudente: Estamos en un comps de espera, tomando distancia y siguiendo con atencin a lo que est pasando.

Desde el otro lado de esa distancia, Fabio Colindres acepta que la relacin con el resto de la Iglesia y con otros sectores de la sociedad ha sido, en lo que se refiere a esta negociacin, fra. Cuando se le pide que defina las sensaciones vinculadas al trabajo de mediacin que ha realizado, habla de soledad y rechazo.

Personas cercanas a Colindres sugieren que en la base de esa fra relacin entre la conferencia episcopal y el proceso de mediacin hay un conflicto de protagonismo, avivado por la idea de que alguno de los obispos salvadoreos podra ser nombrado cardenal por el Papa Joseph Ratzinger, y que la notoriedad que ha cobrado Colindres podra ponerlo a la cabeza de los elegibles. Cuando se le menciona esta idea, el capelln castrense arquea las cejas y se pregunta: Quin en su sano juicio buscara un ascenso metindose en las crceles y relacionndose con delincuentes?.

***

El domingo 9 de septiembre se cumplieron seis meses exactos desde los traslados de Zacatecoluca y el inicio formal del alto el fuego decretado por los lderes de la Mara Salvatrucha y las diferentes facciones del Barrio 18. Se han superado con mucho los tres meses -prorrogables- que estableca el acuerdo inicial entre el Gobierno y las pandillas. Desde marzo, las pandillas han lanzado cinco comunicados conjuntos en los que se comprometen, adems de a reducir los homicidios, a dejar de operar en las escuelas, a cesar los reclutamientos forzosos y a no ejercer violencia sobre mujeres. El cumplimiento de estas promesas no ha sido absoluto, pero se ha traducido en resultados evidentes: el promedio de homicidios en El Salvador, que antes del 9 de marzo era de 13.6 diarios, ha cado a un promedio de 5.5 diarios desde esa fecha. Si en los primeros ocho meses de 2010 se cometieron 2,868 homicidios, en el mismo periodo de 2012 la cifra es de 1,867. Mil personas menos.

A cambio, en todas las crceles del pas se han tomado medidas para hacer menos duro el da a da de los internos. Se ha aumentado la duracin y frecuencia de la visita de familiares, se ha restituido el derecho a visita conyugal nocturna, se ha aumentado la cantidad de dinero que se puede entregar a los internos, se ha autorizado la tenencia de ciertos electrodomsticos, y se han instalado nuevos televisores en patios de recreo.

Estas concesiones, enmarcadas todas dentro de la legalidad, no impiden que los presos salvadoreos sigan viviendo en condiciones inhumanas de hacinamiento y falta de higiene. La crcel de Ciudad Barrios, ocupada por miembros de la MS-13 y donde estn recluidos sus lderes, alberga a cerca de 2,500 hombres pese a tener capacidad para 800, y hace pocas semanas que tiene suministro elctrico, y por tanto iluminacin, en todos los sectores.

Mucho ms relevante es que en abril, curiosamente durante las vacaciones de Semana Santa, el Gobierno decidiera retirar a la Fuerza Armada de los controles de acceso y registro de visitantes a las crceles. Aunque las autoridades dijeron que esta medida no estaba vinculada a la negociacin, el repliegue de la Fuerza Armada estaba entre las demandas iniciales que las pandillas hicieron al Gobierno en las reuniones de negociacin celebradas en Zacatecoluca en febrero, segn asegura Mijango.

Acciones como estas alimentan las dursimas crticas que la negociacin entre la administracin Funes y las pandillas sigue enfrentando, por parte de quienes la consideran una concesin a grupos criminales o advierten que legitima a las pandillas en un momento en el que stas comienzan a tomar conciencia de su evidente poder poltico. El Ejecutivo, sin embargo, rehye cualquier debate tcnico. Ni el Presidente -que prometi personalmente una entrevista a El Faro para hablar de este tema y no la ha concedido- ni el Ministro de Seguridad han respondido a quienes denuncian la posibilidad de que la reduccin de la violencia esconda el trnsito de estos grupos a formas ms sofisticadas de actividad criminal y trata de cerrar la discusin sobre un nico punto: las cifras.

En ese terreno, quienes han tratado de desvirtuar los resultados de la negociacin asegurando que el descenso de homicidios vino acompaado de un aumento de las desapariciones, han tropezado en la falta de asideros: tanto segn los datos de la Polica como segn los del Instituto Nacional de Medicina legal, que se ha mostrado muy crtico con el proceso de dilogo, las desapariciones han disminuido desde el inicio de la tregua.

Ms complicado resulta adivinar el futuro del proceso en su conjunto. Aunque los lderes de la MS-13 y la 18aseguran en pblico que su compromiso con la reduccin de la violencia es permanente y no depende del cumplimiento de su pliego de condiciones, tanto las autoridades como fuentes cercanas a las pandillas afirman que desde las crceles de Ciudad Barrios, Cojutepeque o Quezaltepeque se siguen ordenando asesinatos como medida disciplinaria para aquellos pandilleros o clicas que no estn acatando la orden de alto el fuego. Las pandillas tratan de afianzar, matando, la orden de no matar.

Por su parte, el Ejecutivo ha trabajado desde marzo para tratar de sumar apoyos internos y externos a la negociacin. El pasado julio logr que la Organizacin de Estados Americanos (OEA) anunciara pblicamente su respaldo al proceso y que su secretario general, Jos Miguel Insulza, que visit el pas por invitacin gubernamental, se comprometiera a verificar el cumplimiento de los compromisos de las partes. Funcionarios de este organismo supervisarn a finales de septiembre la entrega de 3,000 armas, anunciada por la MS-13 y la 18. La OEA ha anunciado tambin la creacin de una mesa tcnica destinada a poner en marcha planes de prevencin de violencia, mejora del sistema carcelario y reinsercin de pandilleros. Esa mesa estar integrada por representantes de la OEA, del Gobierno de El Salvador, de agencias de cooperacin internacional y del sector privado.

La reinsercin, en el caso de que el dilogo con las pandillas llegue a acuerdos estables, es otro punto de difcil cumplimiento. Por la cantidad de personas implicadas en el proceso -se estima que hay alrededor de 60,000 pandilleros en El Salvador- y por la falta de oportunidades y recursos en un pas en el que ms del 50% de la poblacin urbana no tiene un empleo formal. El presidente Funes invit en marzo a buscar un gran acuerdo nacional por la seguridad destinado a definir, consensuar y viabilizar estrategias en este campo, y ha sostenido desde entonces reuniones preliminares con diversos sectores del pas. Sin embargo, en paralelo, se estaba desarrollando una labor de bsqueda de apoyos.

Paolo Lers recuerda que en mayo le invitaron a una cena en la residencia del nuncio apostlico, Luigi Pezzuto. A ella asistieron, entre otros, los economistas Roberto Rubio y William Pleytez, y los empresarios Roberto Kriete, presidente de AviancaTaca, Javier Simn, presidente de la Asociacin Salvadorea de Industriales (ASI), y Antonio Cabrales, influyente ganadero y durante varios aos presidente de Fusades. Estaba tambin presente el arzobispo de San Salvador, Jos Luis Escobar Alas. De esa reunin, dice, naci un grupo de trabajo al que se bautiz como Comisin Humanitaria, destinado a lograr entre los empresarios respaldo -sobre todo econmico- a la tregua.

Soy parte de un equipo que bsicamente yo he construido, explica Lers. Comenc a hablar con empresarios. Algunos me mandaron a la mierda porque decan que eso (financiar planes de reinsercin o prevencin) era hacerle el trabajo al Estado. Otros me aceptaron. Y en ese proceso es que yo me volv un intermediario entre los empresarios y Ral y los otros (Colindres y Mungua Pays).

Cuando se le pregunta a Paolo Lers si es, en lo que respecta a la negociacin con las pandillas, un activista o un periodista, l responde: No lo s, no lo s. Es una mescolanza rara. Yo estoy ah en una mescolanza rara. Lers asegura que la direccin de El Diario de Hoy ha estado siempre consciente de su rol como impulsor de la negociacin.

Ricardo Chacn, jefe de redaccin de El Diario de Hoy, confirma esta versin: Que Paolo tenga su compromiso particular es cosa de l. Es como si formara parte de un partido (poltico). Siempre que hemos publicado hemos contrastado y cuando l ha hecho una entrevista ha sido en buena lid informativa. No le estamos haciendo favores a nadie. Las publicaciones han sido siempre con los estndares de este peridico.

Aquel ya lejano martes 20 de marzo, mientras el pas digera la noticia de que un obispo y un exdiputado del FMLN haban negociado un alto el fuego de las pandillas, el entonces subdirector del Organismo de Inteligencia del Estado, coronel Simn Molina Montoya, llam al celular del periodista de El Faro Sergio Arauz. El militar, parte del crculo de colaboradores ms cercano a Mungua Pays, reclamaba porque en la primera nota del peridico sobre la negociacin una fuente le sealaba como el coordinador del proceso de dilogo. Ahora que Mijango sala de los entretelones hacia la luz, Molina Montoya se animaba a reclamar por ello: Ahora ya saben quin es el que est detrs de esto. Aclrenlo.

Aun hoy, meses despus de aquella conferencia de prensa de Mijango y Colindres, resulta complicado afirmar quin es quin en el proceso de negociacin con las pandillas. Muchos funcionarios de esta administracin aseguran saber poco ms de lo que han ledo en los peridicos, y altos cargos policiales aclaran que en las decisiones de comienzo de ao nadie consult a la cpula policial. La negociacin se ha gestionado, hasta hoy, en secreto y con un pequeo grupo de colaboradores. La misma palabra, ne-go-cia-cin, es negada por aquellos que confiesan que, bajo la coordinacin del ministro de Seguridad, fueron a hablar con los lderes de las dos principales pandillas del pas y les animaron a firmar un acuerdo que est condicionado a que el Estado cumpla sus demandas.

El pasado 22 de junio, a travs de Mijango, los lderes de la Mara Salvatrucha y el Barrio 18 hicieron llegar formalmente al presidente una propuesta de negociacin pblica. En realidad, era una reedicin de las demandas que ya haban hecho en secreto desde Zacatecoluca, convertida en un llamado a transparentar el dilogo e incorporar a observadores internacionales. Ms de dos meses despus, no han tenido respuesta.

A Ral Mijango, sin embargo, ese hermetismo y la permanente negativa del Ejecutivo a asumir su autora del proceso, empiezan a incomodarle. El gobierno en esto est siendo muy ambiguo, esto se ha hecho parecer cosa de monseor Colindres y ma, se queja.

El silencio del presidente contrasta con lo expresado por los negociadores nombrados por su ministro: Ral Mijango ya advirti el 25 de junio que el siguiente paso en el proceso deba ser una mesa formal de negociacin. Fabio Colindres asegura tambin que el proceso debe culminar en una mesa y en acuerdos formales, muy similares a los acuerdos de paz (de 1992). Hablamos de 70,000 hombres que, si el narcotrfico los arma, no hay ejrcito en la regin que los pueda combatir, dice. El mismo partido FMLN, por boca de su diputado Benito Lara, insina que ha llegado el momento de dar ese paso.

La llegada de la etapa preelectoral, sin embargo, parece condicionar los pasos de los diferentes implicados en el proceso, temerosos a partes iguales de que la tregua se convierta en arma arrojadiza de campaa y de una opinin pblica que, asumen, no ve con buenos ojos el dilogo con los pandilleros. Cuando le preguntamos al ministro Mungua Pays, por ejemplo, si el lanzamiento del grupo policial antipandillas, en plena negociacin, fue una estrategia comunicacional, asiente de inmediato: Claro. Tenamos que dar ese mensaje, porque la gente lo estaba pidiendo. En ese momento haba tantas cosas que no se podan develar porque no tenamos argumentos entendibles.

Ahora, los impulsores de la negociacin han decidido que necesitan transparentarla. El pasado da 1 de septiembre se hizo pblica la existencia del Comit Humanitario y el trabajo de Paolo Lers, por ejemplo, pas a ser de dominio pblico. Ahora que nos ha aceptado (Antonio) Cabrales, tengo para ir a buscar a (Alfredo) Cristiani y a Norman (Quijano), dice Lers. La intencin es pedirles que no estropeen esto, que no se vayan a posicionar antes de saber bien en qu consiste esto.

Fuente: http://www.salanegra.elfaro.net/es/201209/cronicas/9612/



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