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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-09-2012

Una izquierda ms all del progresismo

Eduardo Gudynas Brecha
Semanario Brecha


En Amrica del Sur, all donde existen gobiernos progresistas, las izquierdas que no participan de esas administraciones han navegado casi en solitario. Pero poco a poco se estn reorganizando, alimentadas por las contradicciones de esos gobiernos. En Ecuador ese proceso se est acelerando, y una coordinadora de partidos y grupos de izquierda logr unificarse para presentar un candidato presidencial nico para las prximas elecciones. Los gobiernos progresistas sudamericanos son un conjunto muy heterogneo: van desde la impronta bolivariana de Hugo Chvez en Venezuela, hasta la moderacin institucionalizada uruguaya. Todos ellos se han presentado como promotores de cambios, en unos casos revolucionarios de acuerdo a las versiones de Bolivia, Ecuador y Venezuela, y en otros ms modestos, como el protosocialismo que defienden algunos integrantes del Frente Amplio.

En ese contexto, los grupos de izquierda que no integraron inicialmente esos gobiernos quedaron muy relegados, con un bajo perfil y en muchos casos con escasa adhesin electoral. Pero a medida que los aos se sucedieron, acumularon contradicciones, sumaron unas cuantas desilusiones, y esa izquierda que estaba fuera de los gobiernos comenz a reorganizarse. Este viene siendo un proceso lento y trabajoso, por ejemplo en Argentina y Brasil, pero ha cobrado un fuerte mpetu en Ecuador.

Tensiones y desilusiones

Mirando la situacin ecuatoriana con ojos uruguayos parecera que en ese pas est en marcha un gobierno mucho ms volcado a la izquierda.

El actual gobierno ecuatoriano es liderado por Rafael Correa, quien asumi inicialmente en 2008 tras un perodo de profunda crisis poltica y econmica. Despus de la cada de Lucio Gutirrez, un grupo de lderes polticos y ciudadanos que durante aos vena pujando por una renovacin de la poltica partidaria conform el movimiento Patria Altiva i Soberana [sic] (pais), desde donde catapultaron a Correa. ste exhibi una gran capacidad para de-sempearse como candidato, con buenas dosis de carisma, complementando su formacin como economista. Ya en el gobierno, logr avances iniciales significativos en varios frentes: lanz con xito la redaccin de una nueva Constitucin, fortaleci a un aparato estatal muy debilitado, aument su control sobre los recursos petroleros, redujo la pobreza, instal programas de asistencia a los ms pobres por medio de pagos mensuales, fortaleci la obra pblica, y el pas apareci como un destacado promotor de la integracin latinoamericana. La retrica del gobierno es por momentos muy fuerte, en comparacin con las escalas uruguayas, dados los repetidos llamados a la revolucin ciudadana o el socialismo del siglo xxi.

Se hicieron muchas cosas, y en un lapso corto. Pero con el paso del tiempo la administracin de Correa tambin comenz a mostrar tensiones y no pocas contradicciones. Se mantuvieron estructuras econmicas tradicionales, la reduccin de la pobreza se enlenteci y se cay en discutibles batallas contra el periodismo. El papel del pas como exportador de materias primas se reforz, y Correa se lanz a promover la minera a gran escala a cielo abierto.
Reclamos y protestas ciudadanas comenzaron a volverse ms frecuentes. La respuesta de Correa fue, en unos casos, burlarse de ellas, tratndolas de infantilismos de izquierda; en otros las critic duramente, y ms recientemente se enfrasc en judicializarlas y criminalizarlas.

Si se repasan estas y otras particularidades de la situacin ecuatoriana, sin duda hay muchas diferencias con Uruguay, pero tambin aparecen unas cuantas similitudes, como el reforzamiento de una economa exportadora de materias primas o la insistencia en la minera.
Entre esos avances y retrocesos, distintos actores de la izquierda ecuatoriana que inicialmente fueron apoyos clave para el gobierno comenzaron a desilusionarse, y poco a poco abandonaron el gobierno, o quedaron en posiciones contrarias.
Es cierto que este fenmeno de la desilusin es una sombra que est presente en otras izquierdas gobernantes. Ocurre all donde muchos actores polticos consideran que la marcha gubernamental no cumple con las expectativas de lo que podra llamarse un espritu de izquierda. Esto puede deberse a muy distintos motivos; por ejemplo, que unos esperaban reformas econmicas ms profundas, mientras que otros consideran que su propio sueo de la revolucin no se concret.

Paralelamente, el progresismo gobernante alimenta esta situacin al presentarse a s mismo como la nica opcin viable de cambio, como la verdadera representacin de la izquierda, y cerrando prcticamente todas las puertas al debate y la renovacin ideolgica. Esto hace que muchos militantes abandonen las cuestiones polticas.
Ese humor estuvo muy presente, para poner un caso, en Brasil durante la campaa de reeleccin de Lula da Silva en 2006, y es ahora muy claro en Bolivia, frente a la marcha del gobierno de Evo Morales. En este terreno hay similitudes con Uruguay, donde tambin se palpa una mezcla melanclica de desilusin y desinters de una porcin de la izquierda frente al gobierno de Jos Mujica.

De todos modos, muchos de los que se colocaron por fuera de los apoyos o participacin en estos gobiernos en una primera etapa parecen evitar el debate pblico. Para varios de ellos la razn es muy simple: ms all de sus diferencias con esos gobiernos, entienden que la oposicin conservadora es mucho peor, y no desean que sus cuestionamientos puedan fortalecerla. Esto sin duda est presente en Bolivia, donde la derecha poltica defiende ideas muy conservadoras, sigue aorando las reformas neoliberales y tiene unos cuantos reflejos autoritarios. En Brasil, en cambio, la situacin es mucho ms compleja, ya que parte de esos sectores conservadores son aliados del Partido de los Trabajadores en la coalicin que sostiene al gobierno.
Pero esas actitudes no duran para siempre. La postura de muchos desilusionados cambia, regresan sus nimos militantes, entienden que su nmero es cada vez mayor y por lo tanto ven posible el retorno a la militancia, renace la discusin ideolgica, y se tejen nuevas alianzas con los movimientos sociales. Parecera que en algn momento se cruza un umbral, y muchos de esos actores desencantados o retrados comienzan a reorganizarse, reaparece la pasin y retornan a la arena poltica. Eso es lo que estara pasando en Ecuador.

Reorganizacin

Los distintos partidos de izquierda y movimientos sociales que no participan del gobierno de Correa iniciaron un proceso de acercamiento. Su primera meta fue lograr la unidad, lo que no siempre es sencillo. Ese esfuerzo fructific en la Coordinadora Plurinacional por la Unidad de las Izquierdas, con una composicin mixta. Por un lado la integran partidos consolidados, como el Movimiento Popular Democrtico (mpd) o el Pachakutik (que es la expresin de las organizaciones indgenas), grupos polticos (que provienen por ejemplo del socialismo), y por otro lado movimientos como Montecristi Vive.
Ante la necesidad de comenzar a prepararse para las elecciones presidenciales de 2013, esta coordinadora apel a una prctica novedosa: seis precandidatos presidenciales recorrieron el pas conjuntamente para presentar sus propuestas. El proceso finaliz el 1 de setiembre, en una convencin con unos 5 mil participantes, donde se eligi a Alberto Acosta como candidato presidencial.

Acosta es un economista nacido en Quito en 1948 y con ms de tres dcadas de militancia junto a los movimientos sociales y las izquierdas ecuatorianas. En esto se diferencia de Correa, quien es un recin llegado a la poltica. Pero a la vez, Acosta estuvo muy cerca de Correa, ya que fue uno de los idelogos clave de la conformacin inicial del movimiento pais, fue ministro de Energa y Minas en el primer gobierno del actual jefe de Estado, seguidamente fue el candidato ms votado a la Asamblea Constituyente, de la que fue designado presidente.
En los trabajos de esa Constituyente, a inicios de 2008, se acentuaron las contradicciones entre Acosta y Correa, y entre una izquierda renovada y un progresismo convencional. Mientras que Acosta deseaba profundizar el esquema de derechos y garantas de la nueva Constitucin, Correa buscaba acelerar las deliberaciones para poder retomar su campaa poltica. En aquellas circunstancias, Acosta renunci a la presidencia de la Asamblea Constituyente. A partir de ese momento se acentu el perfil de Correa volcado al progresismo extractivista, calific a quienes lo critican por izquierda como infantiles, indic que la nueva Constitucin tiene demasiadas garantas, y aplic medidas de judicializacin contra sus crticos (segn algunos anlisis hay ms de 200 lderes ciudadanos con causas judiciales abiertas).

A pesar de sus antecedentes, Acosta no es un poltico clsico. Algunos diran que es casi uruguayo: es sobrio, no canta ni baila en los actos polticos, algo que otros candidatos han vuelto tan comn. Es uno de los economistas ms respetados de Ecuador, ha sido docente universitario pero tambin acompa a los movimientos sociales, por ejemplo aquellos que denunciaban la deuda externa. Mantiene relaciones estrechas con los movimientos indgenas, defiende posturas de pluralidad cultural, y es tambin un defensor de los derechos de la naturaleza. Estos rasgos son muy difciles de encontrar en Uruguay, donde los ms encumbrados economistas en el gobierno han dejado de discutir algunos temas de la izquierda clsica, como el endeudamiento extranjero, y ahora celebran a las calificadoras de riesgo. Y por cierto, estn muy lejos del ambientalismo.

Todo esto hace que la candidatura de Acosta posiblemente represente uno de los primeros ejemplos de una divergencia entre izquierda y progresismo. La primera mirada busca una renovacin de los compromisos con la justicia social y ambiental, desde una visin crtica del desarrollo contemporneo, mientras que la segunda se mantiene enfocada en lograr el crecimiento econmico y asegurar la inversin extranjera como ingredientes clave para una justicia muy recostada en la redistribucin econmica.

http://www.brecha.com.uy/


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