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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-09-2012

No todos los socialistas quieren bailar sobre la tumba de Margaret Thatcher. Yo quiero que siga viva durante mucho tiempo

Owen Jones
The Independent

Traducido para Rebelin por Hctor Glvez.


Pocas cosas mueven ms a la prensa de derechas hacia una apopleja marcada por el convencimiento de su superioridad moral que el odio contra Thatcher. Ese odio se mostr en la Conferencia de Centrales Sindicales [TUC conference] de la semana pasada, durante la cual se vieron camisetas que prometan bailar sobre su tumba. El sbado se informaba de que algunos fans de Liverpool cantaban vamos a hacer una fiesta el da que muera Maggie Thatcher; hecho finalmente defendido como una irritante caricatura de lo acontecido en Hillsborough hace 23 aos. Numerosos grupos en Facebook estn dedicados a organizar celebraciones una vez que tal cosa suceda.

Personalmente, temo la muerte de Margaret Thatcher. Ser una horripilante combinacin de la histeria que sigui al trgico accidente de la Princesa Diana y una emisin de un mes de duracin en favor del Partido Conservador. Le devolvi el 'Gran' a Gran Bretaa, nos dirn nuestros medios imparciales; aquellos que disientan no tendrn voz en los grandes medios o sern descalificados como izquierdistas rencorosos. Polticos laboristas veteranos se sentirn obligados a unirse a los oficios en honor de una Primera Ministra que, en muchos casos, fue responsable de la destruccin profunda e irreparable de las comunidades a las que stos representan. Espero que viva mucho tiempo.

Pero la derecha se niega a entender por qu, ms de dos dcadas despus de haber sido derrocada, Margaret Thatcher sigue siendo despreciada por una gran parte de la poblacin. En la medida en que eso les concierne, no se trata ms que de un resentimiento propio de una izquierda llena de odio, que an est furiosa por haber sido absolutamente derrotada. Es una seal de la pura maldad que es propia de un cierto tipo de izquierdista, tal y como dijo recientemente el Tory y europarlamentario Daniel Hannan. Recuerdo la sensacin de desesperacin, la conviccin de que Gran Bretaa estaba acabada que compartamos antes de que Thatcher llegara al poder, aadi. Bueno, al menos Gran Bretaa se ve floreciente hoy en da.

Una persona de derechas pero razonable aceptara que su gobierno de once aos hizo emerger las ms grandes divisiones que ha sufrido Gran Bretaa en tiempos modernos. Consideren o no inevitable ese cisma, deberan darse cuenta de que el odio contra Thatcher es slo una de sus manifestaciones. Tal vez si algn gobierno laborista hubiera sumido a las prsperas clases medias de los alrededores de Londres en una situacin de desempleo masivo y pobreza, y si los corredores de bolsa desesperados por salvar su modo de vida hubieran sido perseguidos por policas a caballo a travs de la City, la derecha britnica sera capaz de entender esta amargura. El odio contra Thatcher no es un reflejo anti-Tory: despus de todo, no se descorcharn botellas de champn cuando muera John Major, ni hubo banderines para celebrar las muertes de Ted Heath, Alec Douglas-Home, Harold Macmillan o Anthony Eden.

Thatcher es vilipendiada por algunos no slo porque machacara a la izquierda, al movimiento obrero y el acuerdo social-demcrata de la posguerra. Lo es porque lo hizo con entusiasmo y sin mostrar ningn tipo de preocupacin por el terrible coste humano que conllev. Una guerra de clases fue librada en los aos 80, y los vencidos (como suele ser el caso) fueron abandonados en una amargura inconsumible: mi propia familia entre ellos.

Nac en Sheffield, y ese ao el desempleo alcanz el 15,5%, era casi cuatro veces mayor que el da que Thatcher puso por primera vez el pie en Downing Street. Mis padres vieron cmo quedaba rpidamente devastada una ciudad hasta entonces floreciente. Mi madre recuerda el suburbio industrial, entonces prspero, de Attercliffe, con sus fundiciones de hornos de arco elctrico y el tililar de las llamas que veas al pasar. En 18 meses haba quedado reducido a ruinas: los edificios fueron demolidos, dejando un pramo desierto rodeado de vallas y hierbajos. Cuando Thatcher vino a Sheffield a dar un discurso en el Cutlers' Hall en 1983, mi hermano mayor estaba entre aquellos que le tiraron huevos. Durante las huelgas mineras, mi padre estaba en Orgrave en los das que precedieron a la infame Batalla; con la polica montada persiguiendo a los mineros a travs de los campos, pareca un campo de batalla medieval. Embarazada de mi hermana melliza y de m desde haca varios meses, mi madre vio a los convoyes de polica dirigirse hacia Orgreave, un ejrcito que iba a hacer frente a un enemigo interior.

La ruina industrial de Gran Bretaa era inevitable, eso dicen los defensores de Thatcher. La industria era ineficiente y haba sido corroda por los matones de los sindicatos: el Ministro de Thatcher Geoffrey Howe me dijo que l "a menudo se preguntaba por la nota de suicidio dejada por gran parte de la industria britnica". Pero fue un sabotaje. Primero, la abolicin de los controles de intercambio permiti a la City florecer a costa de otros sectores de la economa. Despus permitieron que se disparara el valor de la libra, con tipos de inters que alcanzaron el 17 por ciento, haciendo prohibitivamente caro el acceso al crdito, que es crucial para la manufactura.

Sir Alan Budd advirti al gobierno Thatcher y temi que ellos "nunca creyeran ni por un momento que esa era la va correcta para reducir la inflacin", una via que de hecho fue un medio altamente efectivo para hacer crecer el desempleo, "un mtodo extremadamente apropiado para debilitar a la clase obrera". Las comunidades de clase obrera fueron arrojadas a la basura, y en algunos casos jams pudieron recuperarse de aquello, debido a una cruzada ideolgica.

Reflexionando acerca de la huelga minera hace algunos aos, incluso la mano derecha de Thatcher, Norman Tebbitt, acept que "los cierres se llevaron a cabo en una escala excesiva", con el resultado de que "muchas de esas comunidades quedaron completamente devastadas". Como Jack Straw apunt la semana pasada, el gobierno de Thatcher necesitaba que "la polica se pusiera de su lado" durante estos levantamientos industriales, creando una "cultura de la impunidad" en el seno de los cuerpos policiales. En Orgreave se culp (con el apoyo de los medios de comunicacin convencionales) a los mineros por la Batalla, hasta que aos depus el cuerpo de polica fue obligado a desembolsar cientos de miles de libras en compensacin. Y fue ese mismo cuerpo (los "Boot Boys" de Maggie) el que desprestigi a aquellos que haban muerto en Hillsborough por culpa de su incompetencia y de su desprecio por la clase obrera.

De acuerdo con lo que afirman los espadones de Thatcher, ella arregl nuestra "economa destartalada" y dio impulso a una era de prosperidad. Es extrao, por tanto, que el perodo de crecimiento y de mejora del nivel de vida ms constantes en Gran Bretaa fuera el de las tres dcadas que siguieron a la guerra, con sus altos impuestos sobre las rentas altas, sus sindicatos fuertes y su intervencionismo estatal.

Desde que Thatcher dio comienzo a la era de los bajos impuestos, los sindicatos dbiles y los mercados liberalizados, el crecimiento ha sido menor y ha estado distribuido de forma ms desigual, y adems hemos vivido tres dramticas recesiones. Nuestros apuros actuales estn totalmente contectados con el fracaso del Nuevo Laborismo a la hora de dar marcha atrs a la desregulacin financiera de la que Thatcher fue pionera. "Ni siquiera estabas vivo entonces", replican en tono aleccionador los aclitos de Thatcher a una generacin que es en gran medida anti-Thatcher; una generacin que es la primera desde la Segunda Guerra Mundial que tiene que enfrentar un futuro peor que el de sus padres, con pocas expectativas de tener un hogar a un precio asumible gracias a la venta masiva de vivienda pblica acometida por Thatcher. Una nueva generacin de izquierdistas que representa un revulsivo contra la desmoralizacin de sus padres.

Y sin embargo el odio contra Thatcher es tan comprensible como ftil. Celebrar la posibilidad de su muerte se ha convertido en un sustitutivo macabro para satisfacer la frustracin que sentimos al saber que no hemos podido derrotar al thatcherismo. La Dama de Hierro morir sabiendo que su legado es hoy ms fuerte que nunca. Y slo tendr sentido organizar celebraciones el da en que el thatcherismo sea finalmente purgado de este pas y en que hayamos construido una Gran Bretaa que funcione de acuerdo con los intereses de la clase trabajadora. Entonces podremos regocijarnos de verdad.

Fuente: http://www.independent.co.uk/voices/comment/not-all-socialists-want-to-dance-on-margaret-thatchers-grave-i-want-her-to-go-on-and-on-8143089.html



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