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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-09-2012

Neoliberalismo, pobreza y hambre en Espaa

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada



Las 10 de la noche es la hora habitual de cierre de los supermercados. Mientras las cajeras hacen cuentas, otros empleados pasan revista a los productos que deben ser retirados. Alimentos a punto de caducar y aquellos que, por su deterioro, pierden valor de cambio. Dichas piezas no son destruidas: se entregan a instituciones de beneficencia, bancos de alimentos, albergues o comedores populares. Conceptualizadas como donaciones, constituyen una fuente de abastecimiento de ONG. En Espaa esta actividad nunca desapareci, aunque en los aos 60 del siglo pasado fue perdiendo peso. Se constituy en un aspecto residual que afectaba, mayoritariamente, a quienes, voluntariamente, decidan vivir como vagabundos. Visibles para los servicios sociales y entidades caritativas, no representaban un problema social ni poltico. La imagen tradicional del vagabundo se completaba con alcohlicos, perturbados mentales y una minora de excluidos. Personas mayores, solitarias, que pernoctaban en albergues municipales. Sin embargo, era infrecuente verlos en las calles o pidiendo limosna. Se ubicaban en las iglesias y en horario de misa. Por caridad cristiana.

A finales del siglo XX, la realidad dio un vuelco. La pobreza urbana no era consecuencia del desajuste estructural de una sociedad que careca de bienes y servicios o sufra las consecuencias de la migracin campo-ciudad. Quienes demandaban servicios sociales de beneficencia eran un sector ms heterogneo. Se incorporaron jvenes drogadictos, parados de larga duracin y una poblacin emigrante, apodada como rumanos gitanos. En los semforos ms congestionados de las grandes ciudades surgan actividades limosneras impensables. Limpiaparabrisas, vendedores de pauelos, aparcacoches. Ms adelante se incorporaron discapacitados fsicos, madres con hijos en brazos y menores de edad. A medida que proliferaban, se les achac ser responsables del aumento de la inseguridad ciudadana. Represin, traslado al extrarradio y crcel, fue la respuesta. Las Olimpiadas de Barcelona y la Expo Universal de Sevilla en 1992 consagraron la accin represiva. El crecimiento de la marginalidad se defini como un fenmeno pasajero, producto de la inmigracin ilegal, de los sin papeles y la drogadiccin. En definitiva, pura coyuntura. Ajustar y aplicar leyes restrictivas a la inmigracin fue la solucin. Espaa era un pas pujante, con su economa en crecimiento; no haba razn para alarmarse.

Por contraste, los informes socioeconmicos sealaban una realidad diferente. En la ltima dcada del siglo XX el paro, la privatizacin y el cierre de servicios sociales hablaban de un aumento en el nmero de hogares donde la pobreza creca y se tornaba crnica. La desigualdad aumentaba, afectando directamente a los hogares cuya renta bsica bordaba los lmites de la exclusin. Las familias ms vulnerables presentaban un cuadro alarmante. Apenas podan hacer frente a las hipotecas. Con sueldos que perdan poder adquisitivo y los efectos de las primeras reformas laborales, se entraba en un callejn sin salida. El neoliberalismo slo produca desigualdad, pobreza, exclusin y abra la puerta al jinete apocalptico del hambre. Y lo ms sangrante, la pobreza infantil haca su aparicin. El trabajo basura a tiempo parcial agrav la pobreza en las clases populares, y el ingreso de Espaa al euro fue la puntilla. El reajuste gener una inflacin encubierta y el nacimiento del sector social llamado mileuristas. Salario insuficiente para cubrir alimentacin, vestimenta, casa, educacin y ocio. Fue el comienzo del fin de la sociedad de las clases medias y la pauperizacin de las clases populares.

Para encubrir los resultados de una poltica de exclusin y miseria se potenci el acceso al crdito como forma de mantener el consumo. El endeudamiento familiar creci exponencialmente. Nadie sin tarjeta de crdito. Se ampliaron los plazos de hipotecas de 20 a 40 aos, la burbuja inmobiliaria llegaba a su cenit. El paro se mantena en lmites tolerables, y tan contentos. Las luces rojas llevaban encendidas mucho tiempo, pero los responsables polticos de turno, PP o PSOE, atribuyeron su encendido a un fallo en el tablero de mando. El siglo XXI se inici con un Espaa va bien e ir mejor.

El hambre no estaba en el horizonte. Pocos pensaban en ver decenas de personas acudiendo da tras da a los contenedores de basura para abastecerse y comer aquello que los supermercados consideran imposible reciclar, ni siquiera donar. Me refiero a los lcteos caducados, frutas pasadas, verduras pochas, pan rancio, carnes donde son visibles las familias bacterianas y los pescados malolientes.

Ya no se trata de vagabundos. Los visitantes habituales de los contenedores son padres de familia que han perdido el empleo, la casa, jubilados con pensiones esculidas e inmigrantes que han perdido todo. Algunos viven en albergues, otros en sus coches y algunos en las plazas y bajo los puentes. Ahora bien, dado que no es de buen gusto ver a ciudadanos despojados de sus derechos acudir a surtirse en la basura y proyectan una mala imagen, algunos ayuntamiento han tomado cartas en el asunto. Girona, gobernado por CiU, ha puesto en funcionamiento una norma que obliga a los supermercados a cerrar con candado sus contenedores, para evitar que sean asaltados, y de paso como medida de sanidad pblica. A cambio, con los alimentos caducados sus servicios sociales harn un cesta de urgencia para muertos de hambre.

El asalto a supermercados en Andaluca se extiende por Espaa. Hay hambre, no hay empleo y el trabajo precario no es la solucin. Las acciones del Sindicato Andaluz de Trabajadores, del cual el alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Snchez Gordillo, es afiliado, apropindose de comida para repartirla entre familias que no pueden hacer frente a la alimentacin de sus hijos, pone el problema en la agenda poltica y enfatiza la hipocresa de una elite poltica que pide la inhabilitacin, juicio y crcel para Sanchez Gordillo. Otra vez, matar al mensajero. No sera mejor tomar nota y cambiar de poltica?

Son las 10 y media de la noche, los contenedores de basura de los supermercados son trasportados de los hangares a la calle, esperan decenas de personas. Miran con ojos expectantes; en su interior est su nica comida del da. De forma ordenada y sin precipitarse, con educacin, rebuscan en su interior. El neoliberalismo en Espaa y sus responsables polticos han destapado el hedor de su vergenza.



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