Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-09-2012

Carta a los amigos de Espai Marx sobre Francisco Fernndez Buey

Manuel Martnez Llaneza
Rebelin


Queridos amigos,

lo que yo puedo contar de Paco Fernndez Buey es de escasa relevancia, sobre todo para muchos de vosotros que lo conocisteis y trabajasteis con l durante aos; por eso no escrib nada tras su fallecimiento aparte de manifestar mi pesar. Sin embargo, he visto que, en las numerosas notas que se le han dedicado, apenas aparecen referencias a un momento que l vivi intensamente y que me parece importante en la historia de PSUC y, por extensin, de la lucha de los comunistas. Me ha parecido oportuno compartir mis recuerdos en este espaimarx cada vez ms afortunadamente poblado, aunque es seguro que algunos tendris claves ms claras que yo y podrais aportar cosas de ms inters sobre el tema. Disculpadme el rollo.

Conoc a Paco en el contexto de las luchas de los PNN de los aos 70, que propiciaron pronto reuniones del Comit de Profesores de Universidad de Barcelona del PSUC, del que l era el responsable, con el correspondiente de Madrid del PCE, del que yo era el responsable, y, a veces, con algunos otros camaradas, principalmente de Valencia, y ms adelante de otras universidades. (Como ancdota, la organizacin de profesores de Universidad de Madrid del PCE la creamos en el ao 68 cuatro profesores, uno de los cuales se llamaba Andreu Mas-Colell, el actual conseller neoliberal de economa del gobierno cataln, y vena del PSUC en trnsito a estudios en USA). Nos reunamos con motivo de las asambleas que el movimiento realizaba en distintas ciudades o hacamos viajes a propsito a Madrid o Barcelona, siempre por nuestra cuenta y con el apoyo y acogida en su casa de los camaradas. Luego de la reunin nos bamos a bailar a la Paloma.

No voy a extenderme sobre el movimiento de PNN de Universidad del que se ha escrito mucho, aunque no siempre bien, ya que creo que se trat de la movilizacin no obrera ms importante del franquismo y post, y fue modelo para las luchas en la enseanza, sanidad y otros sectores. S dir unas palabras, porque son pertinentes para el asunto, sobre el papel que jugamos los comunistas. En aquellos tiempos, la lucha en los sectores profesionales se basaba sobre todo en acciones de tipo corporativo en los colegios profesionales a las que intentbamos insuflar elementos polticos antifranquistas y de libertad, y en declaraciones polticas de los notables del sector, o de todos los sectores a los que alcanzbamos, con la subsiguiente recogida de firmas; poco ms. La inquietud y queja en el medio universitario -caliente an por las luchas contra el SEU y sus efmeros sucesores- debido a la situacin precaria de los profesores era muy difusa y se intent canalizar por diversos tipos de fuerzas polticas con soluciones que se movan entre la profesional de un lado, que pretenda la dignificacin de la institucin universitaria y de los profesores en su conjunto (incluyendo los sueldos de los Catedrticos, en verdad tambin escasos), y planteaba la presin a travs de la creacin de asociaciones de profesores de enseanza superior acogidas a la reciente ley de Asociaciones, pero sin recoger una crtica a la situacin de la institucin ni de su papel social, y, de otro, la revolucionaria que postulaba que todos los profesores ramos pequeo burgueses algunos con mala conciencia- y que slo podamos hacer algo til en la vida si nos sacrificbamos a ttulo personal ayudando al movimiento estudiantil, nico sujeto revolucionario junto con el movimiento obrero.

Slo en el Partido supimos analizar la situacin y trasladar, no sin pocas dificultades con la Direccin, las consecuencias de la dialctica trabajador-intelectual-ciudadanopoltico de los profesores precarios en la situacin concreta de aquella universidad y aquella situacin poltica a una propuesta de accin y de programa, todo ello analizado en su contexto y no por un rebuscado paralelismo formal con la clase obrera: la base la formaran los profesores no-numerarios, que eran los que ms soportaban las contradicciones econmicas y profesionales de la situacin universitaria, y, de ellos, los ms profesionalizados; la forma sera en consecuencia el movimiento, con sus acciones y asambleas, y no la asociacin profesional; el objetivo, resolver su situacin personal cambiando la universidad, o al revs; la herramienta, el contrato laboral, que significaba una subversin profunda de toda la base de la institucin. El concepto de universidad democrtica, libre y gratuita al servicio del pueblo encajaba perfectamente en este planteamiento y as era admitido con naturalidad por el movimiento. El que -tras aos de largos debates en la muy politizada, pero poco concurrida por parte de los profesores, Facultad de Ciencias Polticas y Econmicas- saltase la primera huelga en las facultades de Ciencias de mano de los PNN que se pasaban el da en los laboratorios, nos empez a dar la razn. Dejo aqu este inciso, importante para entender el resto.

Volviendo a los comunistas de Barcelona y Madrid, nuestro acuerdo era total. No se plante ningn problema de competencia, y discutimos y nos coordinamos siempre como camaradas. No creo que tuviera nada que ver en ello que Paco no fuera cataln ni yo madrileo; la admiracin que tenamos todos por la lucha del PSUC tuvo su espejo en la ms clida acogida por su parte. Tengo una memoria buena en general, pero fatal para nombres y caras, por lo que no puedo contar en detalle cmo se rompi aquello, pero s tengo grabadas las impresiones que me produjo. En el ao 74 o 75 aparecieron en el comit de Barcelona otro tipo de militantes con seas de identidad propias y distintas de los dems. No llamaban al PSUC, familiarmente, suc, sino formalmente peese, como si la C fuera obvia o no hubiera caso fuera de ella, y ponan en primer trmino constantemente el problema nacional cataln: no vala que todos gritramos Llibertat, amnistia i Estatut dAutonomia si no ramos catalanes. Rechazaban la huelga como forma de lucha poltica y pareca que no creyeran siquiera que hubiera lucha de clases: la guerra era de posiciones y la llegada de la democracia, segn ellos, iba a traer de forma natural un socialismo culto y civilizado, no como el de los pases del Este. Los profesionales no debamos sindicarnos en sindicatos de clase, sino en sindicatos de rama democrticos (amarillos los llambamos nosotros que, segn ellos, tenamos un sentido instrumental de la democracia). Su vara mgica era la hegemona, que iba a servir para todo; los viejos conceptos marxistas y leninistas haba que arrumbarlos y sustituirlos por los de un Gramsci casi desconocido en Espaa del que daban una imagen de pensador divino o gur ajeno a las miserias humanas y completamente propiedad suya. Recuerdo que, en un debate ya algo duro en el que ataqu fuertemente algunos de esos planteamientos, Paco, que tena la palabra despus de m, aprovechando que yo luca en esos tiempos una gran barba, se posicion con una media sonrisa empezando con Estoy completamente de acuerdo con lo que acaba de decir Carlos Marx, que sac de quicio a los hegemnicos.

Parece ser que Sol Tura ya tena encandilado a Carrillo y Eullia Vintr era quien mandaba en todos los niveles de la enseanza. Paco fue sustituido, creo que por Eliseo Aja, y con l sus compaeros hasta llegar a la absoluta hegemona de Bandera Roja (Banderas Blanca los llambamos); los desencuentros fueron crecientes hasta un rompimiento de hecho entre ambas organizaciones. Cuando en el 77 lanzamos un debate entre todas las organizaciones comunistas de profesores que se haban creado en varias universidades, Barcelona ni siquiera particip.

Eplogo

Bandera Roja desembarc en Madrid de la mano de Carrillo, aunque con menos fuerza, en febrero de 1976. Nos acusaban de sacristanistas, delito resumen de todos nuestros errores tericos y polticos. Tuvimos tan ilustres camaradas como su jefe en Madrid, Jos Luis Malo de Molina, el Director del Banco de Espaa que primero se atrevi a escribir que los males espaoles se deban a los altos salarios de los trabajadores, o la despus ministra del PP, precisamente de Educacin, Pilar del Castillo, entre otros, todos gente muy fina. Yo me haba hecho con los Scritti politici que haba editado Paolo Spriano y descubr a un Gramsci dirigente obrero, luchador y pensador que no se pareca en nada al que me haban contado. Pudimos parar su ofensiva en la Universidad de Madrid, no en el Partido, y mi desahogo fue poderle espetar a uno que me acusaba de intransigente que Lintransigenza anch una virt democratica. Pequeas cosas para tan grandes males. Luego vino de su mano el IX Congreso.

No habl con Paco despus de aquellos acontecimientos salvo algunos saludos rpidos en actos pblicos. No s siquiera si me reconoci claramente en esas ocasiones, ya que, poco despus del tiempo de nuestras reuniones universitarias, me quit la barba. Siempre me lo he preguntado, pero no tuve ocasin de preguntrselo a l. S supe, paradojas de la vida, que se haba convertido en uno de los mejores conocedores, estudiosos y divulgadores de Gramsci, del bueno, del mo, del comunista.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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