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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-09-2012

Las multinacionales mandan. Los ciudadanos dejan hacer

Fernando G. Jan
Rebelin


En la vaporosa calima de la irresponsabilidad de cada ciudadano reside la imposicin del modo de produccin y apropiacin que ms conviene a las multinacionales, a sus tecnoestructuras y a sus lacayos polticos y sindicales. El becerro de oro volvi, se paseo por las calles, encandil a los humildes, a los asalariados, a aquellos que se sentan confortados en su ilusa situacin intermedia. Ahora todos se lamentan desorientados. Unos reciben cuchilladas, otros golpes bajos de los que esperan recuperarse; muchos todava confan en que no les alcance ni lo uno ni lo otro y se agazapan complacientes con los poderosos. Poco a poco son engullidos sin querer saber que de su conformismo inicial y de su amilanamiento posterior slo se sigue la miseria para muchos, la pobreza para otros, la esclavitud para todos.

La globalizacin, nueva fase de concentracin del capital, precisa de la renuncia de los Estados −otrora edificados cmo mscara garante de la proteccin de los desvalidos− a nuevas porciones de soberana formal. Las gentes, encantadas por la milonga cosmopolita y viajera y por la felicidad que produce la propiedad −aun hipotecada−, se creyeron sentados a la mesa de los seores del mundo, o partcipes, o aspirantes, que los medios de comunicacin para las masas ya se encargaron de propagar la buena nueva.

La Unin Europea, interesado fruto de la banca y de las mayores empresas, con su recubrimiento pacifista (evitemos otra guerra mundial), bajo el manto de los grandes proyectos de la historia de la Humanidad (unificar Europa, como si todos los pueblos de Europa fueran comunes en otra cosa que el distingo entre enriquecidos y empobrecidos), en nombre de una democracia que oculta las verdades (menudea la contribucin del periodismo amenazado en su pupitre), que perpeta el servicio de de las administraciones y de la justicia a favor de los poderosos; todo eso, sumado a las aspiraciones de quienes se ilusionaban con fulgurantes carreras internacionales, as fuesen de servidumbre (las multinacionales marcan las directrices y los ritmos del cambio tcnico, de las barreras de entrada en el sector, de lo que se puede decir o no, si se quiere prosperar). Ah, camino de servidumbre!

Adase para mejor comprender el caso de Espaa, con una mitad o ms de sus ciudadanos acomplejados por el dedo sealador de haber vivido una dictadura, avergonzados del Spain is different, el deseo ansioso de poseer esos coches potentes, que eran seal de un nivel de vida superior. Entraron los capitales de accionistas europeos a tomar posesin de las empresas pblicas y privadas ms rentables a cambio. Y se fue privatizando y desmantelando el tejido productivo autctono, por improductivo, por anticuado, falto de competitividad. La Unin Europea entr en Espaa y no viceversa.

Ahora tenemos ante nuestros ojos lo que ha significado todo esto y la renuncia a nuestra soberana, la enorme burbuja generada por el crdito barato concedido en ltima instancia por el Banco Central Europeo, que bien pudo evitarlo y no lo hizo, a conveniencia de bancos y multinacionales que se endeudaron hasta lo indecible (vase la deuda empresarial acumulada y su impago, promotores-constructores al frente y cajas de ahorro, bancos y gigantescas empresas cuyos ingresos se amparan en mercados de libre competencia que no existe, assea por el volumen de inversiones necesarias para entrar en el negocio). Los sacrificios para el pago de las deudas, su socializacin a travs de los poderes pblicos, arrancan el trabajo y el ahorro de los que se ven sometidos por leyes y tratados a los que se crean ciudadanos de un Estado que les amparaba y protega tambin en la desgracia, empobrecindoles hasta la inanicin en nombre de Europa, sumando un nuevo tratado unificador que obligue a empobrecer ms a los pases del sur, en nombre de una supuesta disciplina del norte, que se saltaron a la torera cuando les convino.

Gobiernos acomodaticios a los poderosos, a los que estorba ahora el reclamo de la soberana frente a instituciones europeas, quieren acomplejar a sus pueblos para conseguir sus propsitos con la combinacin de miedos como arma, en lugar de recuperar su mercado domstico, generador de empleo a largo plazo.

Fernando G. Jan es Profesor Titular. Economa y Empresa. Universitat de Vic.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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