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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-09-2012

Neocacerolazo: el da despus

Eduardo Lucita
Rebelin


Las movilizaciones del jueves 13 por la noche, que interpelaron al gobierno, han desatado una serie de controversias, incluso entre sus crticos ms acrrimos. Cmo caracterizarlas, quines las integraron y cules fueron sus contenidos, son los ejes de ese debate.

En nuestra Amrica latina los cacerolazos, herramienta de protesta privilegiada por las capas medias, han estado histricamente asociados a la derecha pinochetista que jaque sin pausa al gobierno de la Unidad Popular del presidente Salvador Allende hasta derrocarlo. Precisamente se acaba de cumplir en este septiembre un nuevo aniversario de aquel golpe, tan cruel como sangriento, que pusiera fin a la va chilena al socialismo.

Aquel rol de las cacerolas fue resignificado en Argentina cuando la revuelta plebeya del 19 y 20 de diciembre del 2001 y en innumerables jornadas posteriores, cuando el lema Piquete y cacerola, las presida.

Las capas medias de la sociedad, que junto con otras clases y fracciones, se hicieran escuchar en aquellas jornadas han vuelto a ocupar el centro de la escena en el pas la semana pasada. La densidad y extensin geogrfica de esas movilizaciones sorprendieron al gobierno que solo atin a respuestas defensivas. Se discute la cantidad de personas involucradas, no es discutible en cambio que las cacerolas regresaron, pero que su contenido cambi.

 

Contexto general

Esta nueva expresin poltica, centralmente de las capas medias y altas urbanas no tuvo un catalizador como lo fue la Resolucin 125 por las retenciones mviles en el 2008, pero no se da en el vaco, sino en el marco de una disputa entre distintas fracciones de la burguesa y el capital. A la cual se suma el descontento creciente de sectores populares, de trabajadores en negro, de clase media pobre.

Se trata de una relacin contradictoria entre el gobierno nacional, sectores del capital mercado internista y del progresismo poltico que pugnan frente a fracciones exportadoras, corporaciones transnacionales, conglomerados mediticos formadores de opinin y la oposicin derechista.

Convocatoria

La movilizacin fue caracterizada por sus propagandistas y comentaristas varios como espontnea. Desconocen que la espontaneidad es siempre relativa. Puede forzarse su asimilacin porque no respondi a formas clsicas de convocatoria, no tuvo liderazgos claros y visibles, no evidenci representatividad alguna ni respondi a organizaciones preexistentes. Pero no puede obviarse que era convocada desde inicios del mes por las redes sociales cuyo poder, como en los Indignados de Espaa, en La Primavera rabe o los Occupy Wall Street resulta evidente- que fue apoyada por diferentes diputados de la oposicin y por la Iglesia y divulgada por medios de comunicacin masiva.

Esta espontaneidad no solo fue organizada y convocada sino que se dio en el marco de la disputa que sealamos ms arriba, y en la que quienes participaron -concientes o no- tomaron partido.

Como sabemos las capas medias de la sociedad, especialmente las medias y bajas, tienden a un movimiento pendular -son numerosas las muestras de su volatilidad en nuestra historia- pueden servir al movimiento obrero y popular, como pueden ser correas de transmisin de los intereses de las clases dominantes. Es esto ltimo lo que ha primado ahora y por la que mutaron aquella impronta progresiva del 2001-2002 por la regresividad actual, an cuando algunas reivindicaciones fueran legtimas.

 

Contenidos de clase

Esa regresividad se expresa en los contenidos polticos que mostraron un abanico de causas. Entre otras: inseguridad y corrupcin (que atemorizan y ofuscan a diversos sectores de la sociedad); el uso de la cadena nacional (que obtur el horario de las novelas y sac del aire a Tinelli y sus bailantes); las amenazas a la libertad de prensa (por la prxima entrada en vigencia del artculo del la Ley de Medios que obliga a la desinversin de los conglomerados); controles cambiarios (que condicionan viajes, limitan la capacidad de ahorro y acentuaron el control fiscal de los patrimonios de los que mas tienen); el INDEC (que miente); la re-reeleccin (que rompe el juego de la alternancia democrtica); junto con lo que la columnista de La Nacin, Beatriz Sarlo, calificara como El lenguaje del odio utilizado en Facebook y Twitter contra los Planes descansar o la Asignacin para coger (sic).

En ltima instancia la concentracin puso en escena lo que distintas vertientes del pos-modernismo hacen ingentes esfuerzos en ningunear. Que la sociedad argentina, como toda sociedad capitalista, es una sociedad de clases. No se trata de excomulgar a las capas medias como un todo, pero el carcter de sus hechos y movilizaciones lo definen su orientacin y los intereses que expresan, por ms que puedan haber participado tambin algunos sectores de trabajadores y medios del conurbano.


Resistencias al populismo

Es esa orientacin la que pone en evidencia la persistencia de las resistencias de este sector al populismo. A sus medidas distribucionistas, por mas tmidas que sean; a la proteccin del mercado interno, contrario al libre comercio que pregonan la OMC y el establishment; a su estatalismo a medias, a su antiimperialismo limitado, sin embargo no excento de contradicciones y rispideces; a su latinoamericanismo, que incluye la UNASUR y relaciones privilegiadas con Venezuela, Bolivia, Ecuador Lo asimilan al chavismo, que a estas alturas ya es sinnimo de comunismo.

No por nada, estuvieron ausentes en las movilizaciones los reclamos de los trabajadores y sectores populares. Nada se dijo de la caresta de la vida y de los monopolios formadores de precios; de la prdida de puestos de trabajo; de la precarizacin laboral; de la desnacionalizacin de la economa; del salario familiar; de los mnimos no imponibles; del trabajo en negro; de la megaminera Mucho menos de los hechos de Humahuaca por apropiarse de terrenos; de los 60 presos de la Panamericana por reclamar por planes sociales; de la agresin a los jubilados cordobeses; de la represin en el Chaco ese mismo da; del acoso a los pueblos originarios o del Curso sobre Seguridad Nacional que en el Ministerio de Defensa acaba de impartir un veterano de Vietnam, que por si fuera poco cumpli funciones en el pas durante la dictadura militar. Nada de esto parece estar en las preocupaciones de los caceroleros del jueves 13.

 

Ms all de la coyuntura

El neo-desarrollismo en curso est siendo condicionado por la crisis mundial y sus propias limitaciones. Sostenerlo en el tiempo demandar transcender esos lmites, lo que inevitablemente recrear las tensiones sociales y polticas en el marco del bonapartismo sui-gneris que intenta la presidenta.

En la medida en que las contradicciones se agudicen exigir definiciones polticas claras. En este sentido el reciente neocacerolazo es un llamado de atencin al gobierno pero sobretodo para los trabajadores y sectores populares, incitndolos a su intervencin poltica.

Como cuando la Resolucin 125 o la Ley de Medios, la izquierda y centroizquierda han tomado posicionamientos contradictorios. Algunas fracciones apoyaron decididamente las movilizaciones, otras las rechazan pero nuevamente entienden que se trata de una disputa interburguesa en la que nada tienen para hacer. Otros sectores, como es de suponer, apoyan sin mediaciones al gobierno interpelado.

 

Programa popular de reformas

Para quin esto escribe no se trata de subsumirse detrs de alguna de las fracciones en pugna, tampoco de abstenerse. Por el contrario es necesario comprender que los trabajadores y los sectores populares no son indiferentes a como se resuelva la disputa en curso.

Por lo tanto se trata de intervenir afirmando la independencia poltica, aunque circunstancialmente se est apoyando medidas propuestas por fracciones burguesas o pequeo burguesas, estn o no en el gobierno. Al mismo tiempo que se enfrenta a la derecha se debe ofrecer otro camino para romper la encerrona. Se trata de proponer un programa popular de reformas y transformaciones que en su desenvolvimiento expresen sin ambigedades una orientacin y objetivos antiimperialistas y anticapitalistas.

La nica salida realista a la encrucijada que se vislumbra es ir por ms. En la proteccin de los salarios, del empleo, de las libertades pblicas, de los derechos sindicales, del ambiente y los bienes comunes, de los pobladores originarios, en la recuperacin de los sectores estratgicos para el desarrollo sumando las voluntades de quienes quieran sinceramente transformar de raz nuestra sociedad.


Eduardo Lucita es integrante del colectivo EDI Economistas de Izquierda.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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