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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-09-2012

Recetas neoliberales y enfoque de derechos humanos en la cooperacin para el desarrollo

Revista Pueblos


Vivimos en un mundo en constante cambio, donde la crisis financiera y econmica marca inevitablemente la agenda poltica, desvirtuando nuestras democracias y los derechos adquiridos (por luchados) de los ciudadanos. En este contexto, la percepcin ciudadana de lo que ocurre se desvirta a causa de la desinformacin imperante, pero tambin por el ritmo vertiginoso del cambio, que produce miedo y caos, donde la prdida de derechos se ve como un mal inevitable. Si esto ocurre en los contextos internos de pases desarrollados, qu ocurre en los pases en vas de desarrollo y empobrecidos? Si las recetas neoliberales siguen imponindose en todos los mbitos de actuacin poltica, nacionales e internacional, qu ocurre, en concreto, en el mbito de la cooperacin al desarrollo?

Sin duda, los cambios tambin han afectado a este mbito. Por un lado, han perdido relevancia los agentes nacionales, los Estados como actores de cooperacin. Por otro lado, adquieren cada vez mayor relevancia los actores privados: las ONGD y las empresas privadas, en dos sentidos muy diferentes.

Comenzaremos por hablar de los Estados como agentes de cooperacin. Los donantes habituales reducen sus aportaciones en la Ayuda Oficial al Desarrollo pero de manera desigual en relacin a las vas de materializacin de la misma: la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) bilateral no se reduce en la misma proporcin que la ayuda va ONGD. La clave son los intereses (aunque, como veremos, no son slo los Estados los que se dejan guiar por ellos ni los ms peligrosos). En este contexto, la relevancia que habra podido adquirir un enfoque de derechos en la adjudicacin de la ayuda se ha visto frenada por completo: la AOD, si alguna vez pareci ser algo ms, hoy es un mero instrumento de poltica exterior que los Estados utilizan para asegurar sus relaciones diplomticas, acuerdos comerciales, etc.

Las ONGD ven reducidos sus ingresos a travs de la financiacin pblica y, con ello, su capacidad de actuacin y su influencia en las polticas activas de cooperacin. En este sentido, pierde fuerza la reivindicacin de un enfoque de derechos y surge el peligro de la cooperacin por cooperacin El desarrollo por el desarrollo, que ni siquiera es tal, sino la bsqueda de financiacin para alcanzar sus proyectos, de tal forma que la cooperacin al desarrollo pierde coherencia, efectividad y eficacia.

Entran en juego otros actores privados: las empresas transnacionales. Realmente, su papel como agentes de desarrollo no es nuevo, pero s su auge como actores de cooperacin donde las otras fuentes de financiacin de sta se encuentran en cada libre. Hasta ahora, las empresas transnacionales han hecho alarde de su inversin extranjera directa (IED) como instrumento de desarrollo de los pases receptores.

Esta afirmacin se desentiende por completo de la realidad: los intereses de las empresas nunca pasan por una estrategia de desarrollo en los pases de inversin. Si bien algunos estudios indican que all donde existe inversin extranjera directa hay crecimiento, nadie es capaz de afirmar una relacin causal entre ambas variables. Pero, ms an: debemos alertar del peligro de equiparar crecimiento econmico y desarrollo. Aqu es donde entran en juego, entre otros factores, los derechos humanos.

La IED es capaz de venderse como un instrumento de desarrollo de aquellos pases receptores. Y an su transformacin sigue llegando. La competicin hoy entre los inversores habituales, occidentales, y los nuevos pases emergentes, lleva a desvirtuar por completo el concepto de cooperacin cuando encontramos a estos ltimos hablando de una cooperacin Sur-Sur.

Como decamos antes, los Estados no son los nicos que priman sus intereses en sus estrategias de cooperacin. Cuanto ms, al hablar de empresas privadas, si esta estrategia, no es de cooperacin en s misma, sino comercial y econmica. La realidad se vuelve mucho ms perversa cuando los intereses de unos y otros convergen. Y esto es lo que ocurre en la realidad: las empresas transnacionales, ante una desregulacin internacional al respecto, presionan para que las legislaciones internas de los pases donde pretenden establecerse sean cada vez ms flexibles, produzcan menores costes y mayores beneficios. Las consecuencias de estas actuaciones en las comunidades locales y economa nacionales de estos pases son nefastas a todos los efectos: sociales, medioambientales, de vulneracin de derechos laborales y de derechos humanos, etc.

No es del todo cierta la afirmacin de que exista una total desregulacin internacional. Existen convenios de la Organizacin Internacional del Trabajo (OIT), pero se vulneran sistemticamente; la Declaracin Universal de los Derechos Humanos, pero es papel mojado mientras no existan mecanismos de control y materializacin Encontramos una distincin preocupante entre la proteccin de derechos de las empresas a travs de un llamado hard law y las obligaciones que stas asumen, acogidas a convenios, cdigos de conducta voluntarios (soft law).

Seguramente es una utopa pensar en un mnimo, sin embargo tan simple, como situar los derechos humanos en el centro de los intereses polticos y econmicos. An as, existen mecanismos para hacer efectivas una poltica y economa sostenibles, en definitiva, para materializar las propuestas de quienes defendemos un enfoque de derechos transversal.

En primer lugar, es fundamental la informacin efectiva: el conocimiento para alcanzar el reconocimiento de los derechos individuales y colectivos. Tambin es necesario el conocimiento de las prcticas reales que empresas y gobiernos llevan a cabo, ms all de las etiquetas de sostenibilidad y responsabilidad social que, muchas veces, vienen dadas incluso desde el reconocimiento de instituciones internacionales (por ejemplo, encontramos el Global Compact, con una relacin de empresas que llevan a cabo buenas prcticas y que, sin embargo, en la prctica, vulneran sistemticamente derechos humanos y medioambientales).

En segundo lugar, han de plantearse mecanismos efectivos de control y regulacin de estas prcticas. En el centro de polticas, programas y actuaciones concretas, han de situarse los Derechos Humanos y los convenios internacionales.

El enfoque de derechos como instrumento en la cooperacin se enfrenta, por tanto, a dos retos fundamentales: comprensin y aprehensin. Esto llevar a asumir que los nicos instrumentos legtimos y efectivos de control sern aquellos que pongan en el foco de su actuacin, los propios derechos humanos y una comprensin sostenible y justa del desarrollo. Adems, dichos instrumentos, debern interpretarse bajo el principio de obligatoriedad.

En conclusin, existen los instrumentos para hacer que el enfoque de derechos se materialice en la realidad de las polticas y programas y an ms all del mbito de la cooperacin. Sin embargo, falta la conciencia de cambio que se nos impone con la inevitabilidad de los acontecimientos y las medidas actuales.

Mara Molina es investigadora y consultora en ReSeT.

Fuente: http://www.revistapueblos.org/spip.php/pagina/squelettes/spip.php?article2513



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