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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-09-2012

La economa sumergida se ha disparado a raz de la actual crisis
La batalla por los derechos de las trabajadoras del hogar

Enric Llopis
Rebelin


Teresa, de 54 aos, ha trabajado como empleada del hogar para una familia de clase media de Valencia durante los ltimos cuatro aos. Realizaba todo tipo de tareas aunque sin contrato. Con la entrada en vigor de la nueva legislacin, que obligaba a los empleadores a que regularizaran la situacin de Teresa, sta fue despedida de modo fulminante. No nos queremos convertir en empresarios, le espetaron. Regularizarla implicaba la firma de un contrato y darle de alta en la seguridad social.

De origen colombiano, Arabella labor dos aos como interna cuidando a personas mayores, cuando se le comunic el despido. Estaba dada de alta en la seguridad social, pero cuando reclam a los empleadores que le aplicaran las ventajas que, para la trabajadora del hogar, establece la nueva normativa, fue despedida. Ahora su caso est pendiente de juicio.

Los derechos de las trabajadoras del hogar continan pendientes de reconocimiento pleno, en las leyes y en la prctica; todava queda una larga batalla, pese al avance que representa la nueva ley aprobada el 1 de agosto de 2011 (la ltima del ejecutivo de Zapatero, con el impulso de los sindicatos mayoritarios). Si se considera el caso del Pas Valenciano, entre diciembre de 2011 (un mes antes de la entrada en vigor de la nueva ley) y agosto de 2012, aument en un 28,3% (83.511 personas) el nmero de empleadas del hogar dadas de alta en el rgimen general de la seguridad social. Por el contrario, el porcentaje de trabajadores, del conjunto de sectores econmicos, inscritos en la seguridad social durante el mismo periodo se redujo un 2,5%.

Uno de los grandes retos, a juicio de la sociloga Tatiana Sapena, es normalizar el trabajo del hogar, es decir, profesionalizarlo, considerarlo como cualquier otro empleo y dejar de vincularlo a la economa sumergida; en una palabra, dignificarlo; para ello, hay que ver como normal la implantacin de cursos de formacin y, sobre todo, acabar con la cultura de la chacha, en la que la buena voluntad del empleador es ms importante que los derechos de las trabajadoras; de eso se trata, del reconocimiento de derechos; desgraciadamente, an pesan mucho las vinculaciones emocionales y los lazos afectivos como paliativos de relaciones laborales injustas.

El mundo del trabajo domstico est ms regulado de lo que habitualmente se cree; y son las diferentes administraciones las responsables de que se cumpla la ley, agrega la sociloga. La nueva legislacin, por ejemplo, obliga a la existencia de contratos en todos los casos y a que el empleador d de alta en la seguridad social a todas las trabajadoras del hogar. Sin embargo, permanece un notorio lado oscuro: contina sin reconocerse el derecho a la prestacin por desempleo; el aislamiento de las empleadas en el centro de trabajo (el hogar) hace difcil la accin colectiva; casos de acoso sexual; labores en negro y sin derechos; empleadores que se comunican el precio de la hora en busca de la mejor oferta; adems, el empleador puede romper el contrato y ejecutar el despido en condiciones muy ventajosas (el libre desistimiento); tampoco existen convenios colectivos en el sector (por la falta de una patronal con la que negociar).

Miriam, empleada domstica oriunda de Paraguay, insiste en lo que es, a su juicio, uno de los puntales para la defensa de los derechos laborales: las campaas de sensibilizacin. Contamos con muy poca informacin; existe un gran desconocimiento de nuestros derechos, sobre todo por parte de las trabajadoras inmigrantes; en el momento en que el empresario no quiere regularizarte, hay que ir de inmediato a la inspeccin de trabajo; los patronos siempre buscan lo mejor para sus intereses.

Los cambios experimentados por la sociedad espaola en las ltimas dcadas han afectado sobremanera al sector del trabajo domstico: envejecimiento de la poblacin y necesidad del cuidado de los mayores; aumento de la movilidad geogrfica (familias que residen lejos de sus mayores o padres que permanecen toda la jornada fuera de casa); carencia de infraestructuras bsicas para las nuevas necesidades (centros de da, residencias, guarderas para nios entre 0 y 3 aos); incorporacin de la mujer al mercado laboral (son ellas las que fundamentalmente se encargan de las tareas domsticas), entre otros factores. El trabajo abarca, hoy, cuestiones muy diversas, ms all de las tareas bsicas del hogar que se realizaban tradicionalmente.

Hay, sin embargo, algunos factores que han permanecido en el tiempo. En opinin de Amparo Madrigal, del rea de trabajadoras del hogar de CCOO, histricamente estos empleos los han ocupado sobre todo mujeres, y as contina ocurriendo; han sido, adems, trabajos muy minusvalorados por la sociedad y de las diferentes administraciones; Tampoco se les han reconocido tradicionalmente sus derechos. Insiste tambin en la necesidad de un cambio cultural, que reconozca a la empleada del hogar como a una trabajadora ms, con todos sus derechos.

En los ltimos aos se ha instaurado un nuevo modelo en el estado espaol, consecuencia de la bonanza econmica. El trabajo domstico ha dejado de ser una cuestin de empleadas nacionales contratadas por seoritos. Las espaolas abandonaron paulatinamente estas ocupaciones, que han pasado a ser desempeadas, en buena medida, por mujeres inmigrantes. Ahora los empleadores de las trabajadoras del hogar son, en muchos casos, tambin trabajadores asalariados o pensionistas, que contratan (o no) a otras trabajadoras a cambio de una retribucin, explica Amparo Madrigal.

La ley aprobada en agosto de 2011 sustituye al marco regulador existente hasta entonces: el Rgimen Especial de Empleados del Hogar, del ao 1967, y un Real Decreto de 1985. El marco jurdico antiguo consideraba las actividades domsticas por debajo de los derechos que el Estatuto de los Trabajadores reconoce para el resto de ocupaciones. No haba obligacin de suscribir un contrato laboral por escrito (bastaba el acuerdo verbal); las empleadas discontinuas (por horas o empleadas en diferentes hogares) cotizaban ellas mismas a la seguridad social, y no el empleador, por su trabajo. Por el contrario, la nueva normativa establece, para el empleador, la obligacin de firmar contratos de trabajo por escrito y dar de alta en la seguridad social a todas las trabajadoras domsticas (y no slo, como ocurra, anteriormente, a las internas). Precisamente es ste uno de los principales cambios de la nueva normativa.

Con la anterior legislacin, adems, la prestacin en el caso de las bajas por enfermedad se perciba a partir de los 29 das, mientras que la ley actual permite el cobro a partir del cuarto da de baja. Otra sustantiva mejora se da en la cobertura de los accidentes domsticos, muy habituales en el sector. Al cotizar el empleador a la seguridad social, las trabajadoras cuentan con una prestacin en caso de accidente. Asimismo, el empleador cotizaba, antes de la nueva norma jurdica, 165 horas al mes a la seguridad social, con independencia de las horas de trabajo. Hoy, el nmero de horas cotizadas ha de ser equivalente al de trabajadas. Adems, se reconoce el derecho a dos pagas enteras anuales, al igual que el comn de los trabajadores.

Sin embargo, la nueva ley tambin deja problemas por resolver. De entrada, la dificultad de controlar su cumplimiento, ya que la inspeccin de trabajo no puede entrar en los domicilios particulares (centros de trabajo), legalmente inviolables. Asimismo, en la prctica los empleadores estn formalizando contratos de trabajo y dando de alta en la seguridad social a las trabajadoras, pero pagando una cantidad de las retribuciones en negro; as, un empleador que abone 10 euros la hora de trabajo (a los que deben agregarse otros 3 euros de cotizaciones a la seguridad social, el 30% legalmente estipulado), declarar habitualmente el pago de 5 (lo establecido como salario mnimo interprofesional en el sector), por los que cotizar 1,5 euros. Los restantes 5 euros (para llegar a los 10 euros por hora de trabajo) los abona el empleador en negro. De este modo el empleador se ahorra una parte de las cuotas a la seguridad social. Una parte de las cotizaciones, incluso, pueden repercutirse sobre el trabajador, de la retribucin que se le abona en negro. Precisamente la economa sumergida, que afecta a otros muchos sectores, como la hostelera o las labores agrcolas, se ha disparado en el estado espaol a raz de la actual crisis.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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