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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-09-2012

El 25-S coacciona al 15-M

Pedro Larr
Rebelin


Tras el reto al Congreso que supone la convocatoria del 25-S, multitud de fuerzas se alzan en lucha: desde rentabilizar la convocatoria electoralmente, hasta liderar el nuevo proceso constituyente. Frente a la polarizacin inicial de intereses particulares, en el 15-M se abren sustanciosos debates.

La Plataforma En Pie convoca a ocupar el Congreso y abrir un proceso constituyente, pero los trminos en que redactan la convocatoria han invitado a sumarse a numerosas organizaciones fascistas y ultraliberales.

Desde diferentes colectivos de izquierdas, tan ilusionados como preocupados con la convocatoria, se pone en marcha una Coordinadora que democratiza el proceso y aclara los objetivos. Pero se mantiene la fecha, por lo que el tiempo para enriquecer el debate acerca de una accin de tal magnitud es insuficiente. En consecuencia, no se ahuyenta el peligro real de una atroz escalada represiva, ni tampoco se elabora una propuesta de hoja de ruta a implementar el da 26.

Muy al contrario, el debate se deteriora con oportunistas, socialdemcratas y populistas que intentan rentabilizar la convocatoria en funcin de espurios intereses electorales. Proponen dirigir el nuevo proceso, incitan a superar el debate 'monarqua o repblica' y hasta crean pginas para votar o modificar artculos de la actual Constitucin. Argumentan, bsicamente, que tras las protestas ante el Congreso se podra construir una nueva opcin electoral, y recuperar el bienestar perdido.

La improvisacin en la convocatoria, la contaminacin del debate y la pluralidad y ambigedad de objetivos recuerdan mucho a las Revoluciones Naranja. Con el apoyo meditico y financiero de grandes corporaciones y conocidos mecenas de EE.UU., estas revoluciones fueron instigadas en diferentes pases justamente cuando la poblacin empezaba a cuestionar el modelo neoliberal impuesto internacionalmente tras el desmantelamiento del sistema comunista. Los argumentos, all y aqu, son de corte social y regeneracin democrtica. Los annimos promotores difunden ampliamente entre redes sociales y plataformas virtuales, se infiltran en colectivos y movimientos sociales y abusan de iconografas simblicas. En sus manifiestos abundan apelaciones emocionales a la paz, la alegra o la prosperidad. Finalmente, piden acabar con la clase poltica en general, dejando claro que su finalidad no es otra que asfixiar a la izquierda revolucionaria.

La convocatoria del 25-S hay que entenderla en el contexto de un mes de septiembre en el que han vuelto a escena las viejas dinmicas de saturacin y solapamiento de convocatorias que ya se dieron el pasado ao tras la irrupcin del 15-M. Numerosas manifestaciones, reforma de la Constitucin, campaas contra el Senado o consulta popular se realizaron previamente a un proceso electoral.

Este ao, el referndum contra los recortes, la saturacin de manifestaciones y la convocatoria constituyente tienen lugar en fechas previas al proceso electoral en Euskadi. En esta consulta seguramente irrumpa una mayora absoluta de las fuerzas soberanistas, que abrira un proceso independentista con enorme repercusin en todo el pas. Y casualmente, el asalto al Congreso es el da anterior a la convocatoria de Huelga General en Euskal Herria. A la vista del enorme apoyo popular a la manifestacin independentista en Catalunya, queda claro de nuevo que Espaa se deshilacha... si nadie toma medidas previamente.

En el parlamento de cualquier pas occidental, es constante el enfrentamiento verbal entre sus miembras, a pesar de que casi siempre es tan agrio como poco sustancioso. Escenifican fundamentalmente la oposicin entre los dos grandes partidos, pero sus intereses son comunes: perpetuar el capitalismo. Para ello no dudan en pactar la eliminacin de todo obstculo que se interponga a sus intereses. Y actualmente empiezan a darse serios indicios de que el bipartidismo se hunde inexorablemente, aqu y en otros muchos pases (Grecia, por poner un ejemplo cualquiera).

As que una reforma constitucional permitira a la oligarqua dominante cambiar el marco legislativo sobre el que se asienta el reparto autonmico, o blindar los procesos legales, impidiendo la formacin de los poderes legislativo y ejecutivo. O tal vez incluso quitarse de en medio los vestigios feudales en el poder de una aristocracia parasitaria que sigue enriquecindose sin lmite y que, con tanto escndalo de corrupcin y cuestionamiento social, seguramente empieza ya a dejar de servir a los intereses de clase de la burguesa nacional que la mantiene. Sustanciosa fortuna sera reidamente disputada, a no ser que alguien recobre un papel relevante frente al desbordamiento de los procesos independentistas.

Tampoco sera descartable la reedicin de un modelo poltico que defina nuevas competencias policiales y judiciales, terriblemente represivas, ya que permitira acabar de form a definitiva co n el auge de las expresiones populares de rabia. Un rgimen invariablemente al servicio de las oligarquas transnacionales, pero en el que mafia, corrupcin y autoritarismo se justificaran sin necesidad de los actuales subterfugios legales.

Sin embargo, tambin desde la izquierda revolucionaria emergen distinguidas seoras que se postulan para liderar el nuevo proceso constituyente, aun careciendo del ms mnimo apoyo popular. O intelectuales que, tras atribuir al 15-M la convocatoria, le recomiendan olvidar el ideario radicalmente pacifista que tanta adhesin social produjo a este movimiento, y le acusan de no querer asumir el coste represivo. Entre celos, lo que transmiten es que el 15-M o acepta ser suplantado por una nueva izquierda constituyente, o se va a hundir bajo la represin gubernamental.

Despus de 35 aos de estafa, soborno y estupidizacin, el capitalismo ha colonizado nuestras mentes y secuestrado nuestras vidas, casi a perpetuidad. En las actuales circunstancias, la izquierda slo puede ser escrupulosamente honesta y claramente antisistema, si quiere recuperar la legitimidad social. Y el 15-M ha abierto un nuevo perodo de luchas cuya mayor sea de identidad es el asamblesmo, la ms antigua y natural forma de decidir colectivamente. Ahora, en condiciones de absoluta igualdad de las personas participantes (sin representantes, lderes ni referentes). Se excluyen, nicamente, las ideologas excluyentes, as como los desbordes individuales de cualquier persona, independientemente de su ideologa. El 15-M, por tanto, materializa la nica democracia radical y sin apellidos posible, la Asamblea Popular, sentando as las bases del nico y autntico proceso constituyente posible.

La convocatoria del 25-S sorprende al 15-M en un perodo de latencia (que no letargo) y muy lejos de haberse desinflado: sin visibilidad meditica, pero con una gran actividad interna. Especialmente en mbitos locales, en organizacin estatal o en comunicacin internacional. En consecuencia, se discute sobre el inters estratgico del reto al Congreso, las posibles alternativas o la confluencia social que pueda aglutinar. Sin embargo, despus de ms de un ao de trabajo, no se ve bien que la capacidad de proponer, convocar o difundir sea desigual. Aprovechamos las circunstancias dadas o mantenemos la prioridad de los valores en los procesos? Acudir a rodear el Congreso supondr un grave retroceso poltico y social o por el contrario ha llegado el momento decisivo? Debemos construir nuevo poder o podemos vivir sin el poder? Hay pronunciamientos en todos los sentidos: desde el hartazgo con tanta manipulacin, genialidad y bravuconadas; hasta la solidaridad con las Asambleas ya adheridas. Surgen ad hesiones y rechazos, pero tambin todo tipo de nuevas propuestas de consenso, marchas, opciones legales in situ, o llamadas a volver a acampar.

El 25-S ha obligado al 15-M a salir de su latencia. Preso de su identidad y principios, el movimiento intenta infructuosamente consensuar una respuesta unitaria. Pero como en todo proceso de aprendizaje, de la latencia puede surgir inteligencia. Y en el 15-M, como en cualquier organizacin revolucionaria, las teoras rgidas y ortodoxas, los principios y objetivos inamovibles, o incluso hasta las propias siglas, acaban constriendo los deseos y necesidades de las personas. El proceso constituyente ha de ser el resultado de la convergencia final de todas las asambleas soberanas, y no al revs. La extensin del movimiento asambleario a todos los centros de produccin, sectores sociales y luchas polticas devendra, entonces, en autntica inteligencia colectiva.

La efectividad de cualquier manifestacin puede evaluarse segn el grado de conciencia que genere al terminar. Slo de un gran proceso de debate colectivo puede surgir una gran accin. Slo de la conciencia colectiva de un pueblo, la decisin de reelaborar el modelo de convivencia. Si el resultado se basa, o no, en la necesidad de disponer de un cuerpo legal, es algo que habrn de decidir las personas afectadas.

Y ya que el Congreso se ha cruzado en la ruta, podemos acudir a ocuparlo, rodearlo o rescartalo. Pero mientras los escaos sean limitados, corremos el riesgo de volver a pervertirnos. As que tambin podemos bordearlo y pasar de largo, y seguir construyendo nuestro propio camino.

El fin no justifica los medios, y aunque el poder levante pasiones, tambin se puede construir antipoder. A fin de cuentas, para normalizar un proceso poltico colectivo, las personas no necesitamos credenciales de ninguna clase.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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