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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-09-2012

El 25S en sus lmites: el ajedrez y el go

John Brown
Rebelin


Nos acercamos, peligrosamente, a la fecha anunciada. El 25S, desde antes del verano, se haba convertido en un smbolo. Si las asambleas del 15M haban permanecido centradas en la Puerta del Sol, centro histrico de Madrid, siempre, salvo alguna breve incursin, se mantuvieron prudentemente alejadas del muy cercano Congreso de los Diputados. El 15M respetaba as un tab: por mucho que afirmase que al rgimen actual "lo llaman democracia y no lo es", y que los diputados y gobernantes "no nos representan", evit cuidadosamente un enfrentamiento directo con el smbolo de la "representacin del pueblo". Por un lado, no ignoraban las asambleas y comisiones del 15M que gobierno y parlamento son instrumentos de un poder de clase, y que por consiguiente, gobiernan y legislan en favor del 1%. Tampoco ignoraban que ese gobierno y esa actividad legislativa favorables al 1% se ejercen "en nombre del pueblo". La representacin moderna, en efecto, hace al pueblo, lo constituye unificando a los mltiples individuos bajo un mando. No hay pueblo sin representacin y sin mando, no hay pueblo sin exclusin de la vida poltica de los individuos que componen la multitud objeto de gobierno. El pueblo es la multitud representada, unificada, sustituida por una figura unificada (el "pueblo") y sometida a un mando. EL 15M, aun habiendo entendido esto en buena medida, no lleg a traducirlo a la prctica, no lleg a comprender hasta las ltimas consecuencias que el parlamento que sustituye y manda a la multitud, que la priva de existencia poltica, no puede ser un interlocutor para sus reivindicaciones. Los iniciadores del 25S, primero como propuesta annima y clandestina, luego como asamblea abierta y transparente, comprendieron bien esta limitacin del 15M que se traduce en trminos de geografa urbana madrilea en la imposibilidad de atravesar el muro imaginario -y ltimamente tambin material y represivo- que separa a la multitud y su proyecto constituyente de la institucin central de la vieja legitimidad capitalista representativa que el propio movimiento cuestiona con su propia existencia y con sus acciones.

A pesar de la intensa campaa de descalificaciones contra la iniciativa del 25S, a pesar de la intimidacin por parte del aparato represivo del rgimen de las personas ms visibles en su promocin y organizacin, que ya se ha traducido en detenciones e identificaciones e incluso en actuaciones judiciales, habr probablemente mucha gente el 25S alrededor del Congreso. Es mucha la indignacin existente, mucha la voluntad de romper con el poder existente, mucha tambin, debido al paro masivo generado por la crisis-saqueo, la gente disponible para manifestarse un martes en horario laboral. Esto es lo probable, pero no se puede adivinar qu efectos tendrn la intimidacin y la represin sobre el nivel de resistencia de la poblacin. Por esto mismo, no hay que dramatizar si no hay mucha participacin. A pesar de las intenciones, sobre todo iniciales, de los promotores del 25S, centradas en la disparatada idea de una "toma", "toma del Congreso",o incluso de una "toma del poder", lo que est en juego el 25S no es nada de eso. Las asambleas que han tomado en sus manos con valor cvico y transparencia la organizacin del 25S han pasado de la terminologa de la toma a la del asedio, de la del asalto a la del agotamiento del adversario. Ya no se trata de dar "jaque mate" al rgimen, de escenificar como se hace en el ajedrez un enfrentamiento decisivo que pone trmino a la partida. Este enfrentamiento decisivo nunca tendr lugar, pues jams habr un asalto al parlamento ni ninguna toma del poder. De lo que se trata el 25S, no es de tomar el Congreso, sino de mostrar que ya ha sido tomado y que lo ha sido por fuerzas que nada tienen que ver con la democracia como son la banca y, en general, el capital financiero. La partida ya no puede ser una partida de ajedrez, sino una partida de otro juego que no pertenece a la tradicin occidental, el "go".

Existen dos maneras fundamentales de concebir la guerra: de manera muy resumida pueden calificarse como la clausewitziana y la taoista. La primera deriva su nombre del gran estratega prusiano Carl von Clausewitz, autor de un clsico tratado "De la Guerra" (Vom Krieg). Si Napolen, afirmaba que "nada deseo ms que una gran batalla", Clausewitz sostena en un artculo de 1805 sobre la estrategia del general Von Blow, que "la estrategia no es nada sin la batalla, la batalla es la materia bruta con la que trabaja, es su medio de accin". Esto es hasta tal punto cierto que Clausewitz comparar en De la Guerra (Libro I, captulo 2) la batalla final con el ajuste de cuentas comercial por el que concluye una trasaccin: "La decisin mediante las armas representa para toda operacin de guerra, sea esta grande o pequea, lo que el pago en efectivo representa en las transacciones financieras". A esta doctrina, an hoy dominante en Occidente se contrapone la doctrina taoista cuya ms famosa exposicin se encuentra en el tratado El arte de la guerra del general y filsofo chino Sun Tzu (siglo VI aC), aunque ya importantes elementos de ella se encuentran en el Tao Te King de Lao Tzu (siglo VI aC). En este ltimo libro, el principal del canon taoista, se afirma a propsito de la guerra: "El arte militar ensea: No debo empezar primero, tengo que esperar. No debo atacar avanzando siquiera una pulgada, sino que, por el contrario, me alejo un pie. Esto se llama actuar sin accin, vencer sin violencia. En este caso, no habr enemigo y puedo evitar malgastar fuerza.No hay peor desgracia que odiar al enemigo! Odiar al enemigo es el camino que lleva a la prdida de mi ms precioso Tao! As que, las batallas las ganan aquellos que las evitaron." (Tao Te King 69). Sun Tzu, en su tratado sobre la guerra sostendr asimismo que "Generalmente, la mejor poltica en la guerra es tomar un estado intacto; arruinarlo es inferior. Capturar el ejrcito enemigo entero es mejor que destruirlo. Tomar intacto un regimiento, una compaa o un escuadrn, es mejor que destruirlo. Conseguir cien victorias en cien batallas no es la medida de la habilidad: someter al enemigo sin luchar es la suprema excelencia. De este modo, lo que es de mxima importancia en la guerra es atacar la estrategia del enemigo. Lo segundo mejor es romper sus alianzas mediante la diplomacia. En tercer lugar viene atacar a su ejrcito. Y la peor de todas las estrategias es atacar ciudades." (Sun Tzu, El arte de la guerra, Captulo 3). Lo que nos ensea la doctrina taoista es una guerra que evita la batalla y la destruccin, en la que la victoria es el resultado de la capacidad de anticipacin y de la flexibilidad, una guerra en la que el ejrcito vencedor es el que mejor emula al agua: "Ahora, un ejrcito puede ser semejante al agua, pues al igual que el agua que fluye evita las alturas y se dirige al llano, un ejrcito debe evitar la fuerza y atacar sobre la debilidad. Y al igual que el agua fluye y toma forma de acuerdo con el terreno, as un ejrcito se dirige a la victoria de acuerdo con la situacin del enemigo. Igual que el agua no tiene una forma constante, no hay condiciones constantes en la guerra. Al que es capaz de conseguir la victoria modificando sus tcticas de acuerdo con la situacin del enemigo, bien puede llamrsele divino." (Ibid. Cap.6).

Dos juegos, el ajedrez y el go ejemplifican estas dos maneras de entender la guerra -y la poltica. El ajedrez persigue, como se sabe, la muerte del rey, el jaque mate (del rabe "Shah mata": el emperador (Shah en persa) ha muerto). El objetivo del ajedrez es llegar a una batalla ltima y decisiva en que, liquidando al rey, se tome el lugar del poder. En el go, en cambio, el objetivo es el siguiente: " hacer ms puntos que el contrario. Los puntos se consiguen cercando territorio (intersecciones) en el tablero con las piedras propias o capturando las piedras del oponente." La partida concluye de esta sorprendente manera: "Cuando los jugadores no encuentran ninguna jugada que aumente su territorio, reduzca el de su oponente, o capture algunas piedras, pasan su turno, cuando los dos pasan consecutivamente la partida ha terminado y se procede a contar los territorios de cada uno." A diferencia del ajedrez, no hay enfrentamiento decisivo, sino que todo el juego consiste en reducir el territorio y la movilidad del adversario sin llegar a destruirlo, aumentando al mismo tiempo el territorio y la movilidad propios.

Cuando el poder se entiende como relacin, nunca hay una jugada definitiva, ni una toma del poder. Una relacin no se "toma", sencillamente porque, a pesar se siglos de ideologa teolgico-poltica que ha pretendido en Occidente lo contrario, el poder no es una cosa. Como nos ensean el juego del "go" y la propia realidad la nica realidad del poder es la correlacin de fuerzas. No hay nunca ningn poder absoluto, ni ningn poder sustancial. Creo que hay que liberarse de algunos de los fantasmas sustancialistas que envuelven la percepcin del 25S y de los que la izquierda sigue presa. Que el poder los tenga es perfectamente comprensible, pues l juega a ese juego: que el poder es algo que ellos tienen y que amenazamos con quitarles. No hay mejor prueba de que el poder vive en ese fantasma que la absurda jaula con que est rodeando ahora mismo el Congreso de los diputados, cercndolo del mismo modo que los ricos de los pases pobres protegen su propiedad mediante murallas, vigilantes y cmaras.

Para ellos el poder es un bien que puede y debe protegerse del asalto de quienes no lo tienen, a costa incluso de quedar presos de sus propios recintos y dispositivos de seguridad. Del lado de la poblacin que se rebela frente al rgimen, se entiende menos que persista esa creencia en la sustancialidad del poder, pues de la poblacin -de nosotros- depende que el poder exista. El poder slo existe por la reproduccin de nuestra obediencia a una minora que ejerce el mando. El poder existe gracias a la obediencia. Desde este punto de vista, no hay poder que tomar, sino una relacin de poder que puede y debe modificarse para debilitar e incluso disolver el mando. Esta accin sobre la estrategia del adversario ha venido desarrollndose desde el 15 de mayo de 2011 y seguir despus del 25S, hasta la cada del rgimen. Un rgimen no se destruye en un slo da mediante un ataque frontal, se mina desde dentro de su relacin constitutiva mediante la desobediencia y la autoorganizacin. Como en el asedio de Jeric, habr que dar muchas vueltas alrededor del Congreso, evitando cuidadosamente los enfrentamientos decisivos a los que -probablemente- nos invite el propio poder, hasta que este caiga atronado por las poderosas trompetas de la indignacin masiva. En Portugal, la ltima jugada de la partida de go, ha dado sus primeros resultados. Sigue la partida, sigue el cerco del adversario hasta que este se disuelva igual que un mal sueo se disipa con el despertar.

Blog del autor: http://iohannesmaurus.blogspot.com/2012/09/el-25s-en-sus-limites-el-ajedrez-y-el-go.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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